Desprecio de los bienes mundanos

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30.7.26

Discretio spirituum

"Non omnis spiritus est credendus".
"No todo espíritu debe ser creído".
(máxima inquisitorial)


Reflexión
No toda emoción es verdad.  
No todo pensamiento es tuyo.


Significado
Esta sentencia cierra el círculo con una dosis de realismo crítico. Después de hablar del corazón, la intención, la ayuda de lo alto y la fortaleza interior, esta máxima te dice: cuidado, no todo lo que parece elevado o inspirado es digno de confianza.

"No todo espíritu debe ser creído" significa:

No toda idea, profecía, inspiración o mensaje que se presenta como "superior" o "iluminado" merece tu adhesión. Hay espíritus (entendidos como influencias, doctrinas, líderes carismáticos o corazonadas) que pueden ser engañosos, incluso cuando hablan de verdad, bondad o trascendencia. Debes someterlos a prueba.

Esto implica 4 cosas clave:

1. Lo elevado también puede ser falso.
El mentiroso no siempre habla de cosas mundanas. A veces usa un lenguaje espiritual, moral o trascendente para dar peso a su engaño. Un líder que dice hablar "en nombre de Dios", una idea que promete "salvación", una intuición que te urge a actuar sin pensar... todo eso puede ser un espíritu falso disfrazado de luz.

2. El discernimiento es tu herramienta.
Frente a cualquier mensaje elevado, debes preguntar:
   · ¿Qué frutos produce? (¿trae paz, claridad y justicia, o confusión, miedo y división?)
   · ¿Qué interés oculto sirve? (¿engrandece al que lo predica o a la verdad?)
   · ¿Resiste el escrutinio del tiempo y la coherencia? (¿se mantiene o se contradice al cabo de los días?)

   No todo lo que brilla es oro, ni todo lo que habla de lo alto viene de lo alto.

3. La conexión con las anteriores.
   · Esta máxima es el control de calidad de la "ayuda de lo alto" que mencionamos líneas atrás. No toda ayuda que se dice de lo alto lo es realmente.

   · Es el filtro para el "temor de Dios" (del cual también hemos tratado anteriormente): no todo el que usa ese lenguaje lo siente de verdad.

   · Es la advertencia contra el "corazón recto" malinterpretado: incluso alguien con buenas intenciones puede ser engañado por un espíritu falso.

4. El espíritu verdadero se reconoce por su coherencia.
Un espíritu verdadero:
   · No contradice la verdad conocida.
   · No exige obediencia ciega.
   · No siembra miedo o culpa desmedida.
   · Invita a la reflexión, no a la sumisión.


En la práctica
Cuando alguien te diga:

· "Es mi misión divina...".
· "Tengo una revelación...".
· "Debes confiar en mí, esto viene de lo alto...".

No te dejes deslumbrar. Aplica tu discernimiento:

· Pide pruebas (como harías con cualquier otra afirmación).
· Observa su vida (¿coherencia entre lo que predica y lo que hace?).
· Dale tiempo (el tiempo desenmascara al espíritu falso).
· Consulta con otros (un espíritu verdadero no teme a la comunidad).


La lección
"Observa las palabras, los gestos, los regalos y el tiempo; construye tu corazón con rectitud; confía en lo alto, pero no sin oración; y recuerda que la verdadera fuerza no grita, y que ni todo espíritu merece tu fe".


20.7.26

Fortitudo interior

"Fortitudo non est in voce, sed in corde".
"La fortaleza no está en la voz, sino en el corazón".
(máxima inquisitorial)


Reflexión
La fuerza del inquisidor es silenciosa, no ruidosa.


Significado
Hemos llegado a una máxima que desmonta el ruido. Después de todo lo analizado —palabras, gestos, regalos, intenciones— esta nos recuerda que el verdadero poder no se demuestra, se tiene.

"La fortaleza no está en la voz, sino en el corazón" significa:

Gritar, imponer, llenar el espacio con palabras o amenazas no es señal de poder, sino de inseguridad. La verdadera fuerza es silenciosa, firme y no necesita alardear. Reside en la convicción interna, en la capacidad de sostener la verdad sin doblegarse, incluso cuando no hay testigos que te aplaudan.

Esto implica 4 cosas clave:

1. El volumen es una coartada
Quien tiene razón no necesita alzar la voz. Quien está seguro no necesita repetirse. El que grita, en realidad, está intentando convencerse a sí mismo o tapar el vacío de sus argumentos. La voz fuerte es, muchas veces, el primer síntoma de debilidad.

2. El corazón como centro de gravedad.
La fortaleza del corazón no es testarudez ni dureza. Es la capacidad de:
   · Mantener la calma cuando todo tiembla.
   · No traicionar tus principios cuando nadie te ve.
   · Soportar la presión sin romperte ni doblegarte.
   · Perdonar sin que te humillen.
Esa es una fortaleza que no se ve, pero se siente. Y no necesita vocearse.

3. El contraste con el mentiroso.
El mentiroso necesita:
   · Voz alta para tapar sus contradicciones.
   · Palabras muchas para llenar el silencio.
   · Actitud agresiva para disuadir preguntas.

El que tiene fortaleza en el corazón, en cambio:
   · Habla pausado.
   · Calla sin miedo.
   · Mira sin desafiar.
   
4. La voz se entrena, el corazón se forja.
Cualquiera puede aprender a proyectar la voz, a usar tonos amenazantes o a repetir consignas con seguridad. Pero la fortaleza del corazón se construye con:
   · Experiencia (haber caído y levantarse).
   · Verdad (no tener nada que esconder).
   · Rectitud (no deber nada a nadie).


La lección
La verdadera fortaleza no la da lo que muestras, sino lo que sostienes en silencio.

El que tiene el corazón fuerte:

· No necesita gritar.
· No necesita regalar para comprar.
· No necesita ordenar las palabras con trampa.
· No necesita confesar rápido para tapar otra cosa.

Simplemente es. Y su presencia, sin estridencias, es más poderosa que mil voces alzadas.


En la práctica
Cuando enfrentes a alguien que alza la voz, recuerda:

· No te dejes intimidar por el volumen. Es solo ruido.
· Mide su silencio, no su grito. Ahí está su verdad.
· Observa si puede sostener su postura sin gritar. Si no puede, su fortaleza es ficticia.

Y cuando tú estés en una situación de presión:

· No alces la voz para ser escuchado. Habla más bajo. Eso obliga al otro a escuchar.
· No amenaces con lo que harás. Actúa con coherencia. Esa es tu verdadera voz.
· No finjas seguridad si no la tienes. Reconoce tus dudas. Eso es fortaleza.


10.7.26

De auxilio superno

"Auxilium de alto venit".
"La ayuda viene de lo alto".
(máxima inquisitorial)


Reflexión
No estás sola/o.  
Nunca lo has estado.


Significado
Llegamos a la cúspide. Esta máxima cierra el círculo de forma perfecta: después de analizar el engaño humano (palabras, cuerpos, regalos), después de la ética personal (corazón recto) y después de la humildad trascendente (temor de Dios), esta te habla de dónde viene la verdadera solución.

"La ayuda viene de lo alto" significa:

Cuando has hecho todo lo que está en tu mano —has sido recto, has esperado, has observado, no has caído en la trampa de los malos ni de los rumores—, y aún así no encuentras salida, la solución no vendrá de tu ingenio ni de tus argucias, sino de algo que te trasciende: la providencia, una perspectiva más alta que la tuya.

Esto implica 4 aspectos clave:

1. No todo depende de ti
Las máximas anteriores te han dado herramientas para leer, detectar y protegerte. Pero hay situaciones donde tu inteligencia no basta. Reconocerlo no es derrota, es sabiduría. La ayuda "de lo alto" llega cuando dejas de forcejear y abres espacio para que Dios actúe.

2. Lo alto es también una cuestión de perspectiva
Cuando estás metido en el problema, ves solo el suelo. "Lo alto" es cualquier cosa que te saque de ahí: un consejero externo, un día de distancia, un sueño que te da claridad, una conversación casual que te ilumina, un momento de oración. No es fantasía, es cambiar el ángulo de mirada.

3. La ayuda no llega cuando quieres, sino cuando la necesitas
Esta máxima te enseña a esperar sin desesperar. El mentiroso tiene prisa; el sabio, paciencia. La ayuda divina no responde a tus plazos, pero llega. Por eso el tiempo (tu viejo amigo juez) también es el canal de esa ayuda.

4. La conexión con todo lo anterior:
   - Si has usado todas las herramientas para detectar y no has encontrado la verdad, espera: la ayuda llegará.
   - Si has sido recto y aún así te han dañado, espera: la justicia no es inmediata, pero es real.
   - Si has sentido el temor de Dios (la humildad ante el Señor), ya has abierto la puerta a esa ayuda.


La lección
Esta máxima no te dice "no hagas nada, espera un milagro". Te dice:

- Haz todo lo que puedas (usa las máximas anteriores).
- Reconoce tus límites (no todo depende de ti).
- Mantén los ojos abiertos (la ayuda puede llegar de donde no esperas).
- No desesperes (el tiempo trabaja a favor de la verdad).


En la práctica
- Cuando enfrentes una mentira, detecta.
- Cuando te enfrentes a ti mismo, construye.
- Cuando ya no puedas más, suéltate en las manos del Padre.

La ayuda de lo alto no es un premio, es una promesa: quien busca la verdad con rectitud, encuentra luz; quien la encuentra, encuentra paz; y quien tiene paz, ha recibido la mayor ayuda.


4.7.26

De pugna spiritali (5). La perfección cristiana

"Non coronabitur, nisi qui legitime certaverit".
"No será coronado sino quien haya combatido legítimamente". 
(De pugna spiritali)


Meditación
La corona no se entrega al que aparenta luchar, sino al que combate de verdad.  
La perfección no está en los cilicios ni en los ayunos: está en vigilar el corazón, donde se libra la guerra que nadie ve.  
Quien confía en lo exterior se engaña; quien vigila lo interior, se protege.



2.7.26

De rectitudine cordis

"Cor rectum lumen est animae".
"El corazón recto es luz del alma".
(máxima inquisitorial)


Reflexión
Cuando la intención es limpia, la visión es clara.


Significado
Cambiamos el registro. Dejamos atrás la detectivesca (el engaño, el cuerpo, el tiempo) y entramos en la filosofía moral. Esta máxima no es una herramienta para atrapar mentirosos, sino un faro para orientar tu propia vida.

"El corazón recto es luz del alma" significa:

La integridad (un corazón sin dobleces, sin segundas intenciones) ilumina tu ser entero. No necesitas adornos, ni coartadas, ni memoria de elefante para mantener mentiras. Tu transparencia te hace ligero, claro y, sobre todo, libre. Esa claridad es la "luz" que guía tus actos y que los demás perciben sin que tú la anuncies.

Esto implica cuatro cosas clave:

1. La rectitud simplifica la vida
Quien tiene el corazón recto no necesita:
   - Recordar qué versión le contó a quién.
   - Medir sus palabras por miedo a contradecirse.
   - Vigilar sus gestos por si delatan algo.
   Esa ausencia de lastre es la "luz": una existencia sin sombras donde todo está a la vista. Vivir así es más sencillo, aunque a veces más incómodo (porque decir la verdad duele).

2. La rectitud es un imán invisible
La gente percibe la coherencia. No hacen falta pruebas: un corazón recto transmite seguridad. En cambio, una persona tortuosa, por muy hábil que sea, siempre proyecta una penumbra que desconfía. La luz no se finge; se irradia.

3. La rectitud no es ingenuidad
Tener el corazón recto no significa ser torpe o confiado. Significa que, aún conociendo el mal, eliges no usarlo. Es una decisión activa, no una ausencia de malicia. Por eso es "luz del alma": es una conquista interna, no un estado de pureza infantil.

4. La rectitud es el antídoto contra todas las máximas anteriores. Fíjate:
   - Si tienes el corazón recto, no necesitas un orden retorcido, dices las cosas como vienen.
   - No necesitas adornos, lo simple es suficiente.
   - No temes al silencio porque no hay nada que ocultar.
   - No das excusas excesivas, una vez basta.
   - Tu memoria no se contradice porque solo hay una versión: la verdad.
   - Tu confesión es sincera porque no hay trampa.
   - El tiempo juega a tu favor, porque tu vida es coherente.
   - No necesitas rumores, porque tu luz habla por sí sola.


La lección
Todas las máximas anteriores que analizamos eran herramientas para detectar la oscuridad (la mentira, el engaño, la manipulación), un manual de detective para leer a los demás. Esta última es un manual de sabiduría para leerte a ti mismo, la alternativa positiva: en lugar de pasar la vida cazando mentirosos, puedes optar por ser tú la luz.

No te dice "cómo atrapar al otro", te dice "cómo ser tú".


En la práctica
- En un conflicto: en lugar de enredarte en excusas, di "me equivoqué", repáralo.
- En una acusación: en lugar de defenderte con argucias, di "investiga, no tengo nada que esconder".
- En la duda: en lugar de calcular beneficios, pregúntate "¿esto es recto?".

Esa pregunta, repetida, va encendiendo la luz.



30.6.26

La guerra interior

"Contra nos ipsos pugnamus, et a nobis ipsis impugnamur".
"Combatiendo contra nosotros mismos somos de nosotros mismos combatidos". 
(De pugna spiritali)


Meditación
El enemigo interior conoce nuestras grietas.  
No se vence con fuerza, sino con vigilancia.  
La batalla más gloriosa es la que nadie ve:  
la que se libra contra los movimientos secretos del corazón.  




2.2.24

Oración a Jesús Crucificado



Oración muy propicia para rezar después del Vía Crucis, o bien en los viernes de Cuaresma.


Oración:
Víctima Santa, cargada -por vuestra caridad sin límites- con el enorme peso de las iniquidades del mundo. Postrado ante vuestra cruz, os rindo humildes gracias por mí y por todos los hombres, que tan inmenso beneficio os debemos y tan pobres somos para poder corresponderos. Os rindo gracias por todos, y por todos os pido perdón de las ingratitudes cometidas, hasta tal punto que quisiera llorar en presencia vuestra con lágrimas de sangre del corazón.

¡Oh mi dulce Redentor! Por vuestras humillaciones y amarguras, por todos los dolores que padecieron vuestra alma y vuestro cuerpo durante las tres horas del bárbaro suplicio, y durante todo el proceso que os condenó a muerte tan cruenta, dignaos lavar de una vez para siempre con vuestra preciosa sangre las manchas de nuestras culpas, renovando con vuestra gracia las almas redimidas por Vos.

31.1.24

Oración universal para pedir por nuestra salvación



Dios mío, yo creo en Vos, pero fortificad mi fe. Dios mío, yo espero en Vos, pero asegurad mi esperanza. Dios mío, yo os amo, pero redoblad mi amor. Dios mío, yo me arrepiento de haberos ofendido, pero aumentad mi arrepentimiento.

Os adoro como a mi primer principio, os deseo como mi último fin, os doy gracias como mi bienhechor perpetuo, os invoco como mi soberano defensor.

Dios mío: dignaos adornarme con vuestra sabiduría, contenerme con vuestra justicia, consolarme con vuestra misericordia, y protegerme con vuestro poder.

Yo os consagro mis pensamientos, mis palabras, mis acciones, mis sufrimientos, así como todos mis actos y voluntades, a fin de que no piense en adelante más que en Vos, que no hable más que de Vos, que no obre sino según Vos, y que no sufra más que por Vos.

28.1.24

Oración a la bienaventurada Virgen María, y a nuestro ángel de la Guarda



Gloriosa Virgen María, que conservásteis y considerásteis continuamente en vuestro corazón las maravillas de la Gracia -la cual nos llegó a nosotros por vuestra fecundidad divina-, enseñadme a contemplar estos misterios y ayudadme en mis meditaciones, para que comprenda y sienta los beneficios de esa misma gracia y la enorme vileza de mis ingratitudes.

Y vos, ¡mi buen ángel de la guarda!, inspiradme y alcanzadme espíritu de devoción verdadera.

En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.


Nota: también podemos aprovechar para encomendarnos a continuación a los santos y/o patronos de nuestra particular devoción.



27.1.24

Oración preparatoria para disponerse a estar en la presencia de Dios



Dios mío, creo firmemente que todo lo llenáis con vuestra presencia, y por consiguiente que estáis aquí, que me veis y me escucháis.

Me humillo ante Vos con profunda adoración, reconociéndome indignísimo de la honra de hablaros, y aún más de que os dignéis hablarle a mi alma -manchada por tantas culpas-. Pero, lleno de esperanza en vuestra misericordia infinita, os pido perdón de ellas pesándome el haberlas cometido, y clamando vuestro socorro para conseguir no volver a ofenderos más.

Yo os amo, mi Dios, pero aumentad en mí la fe y el amor hacia Vos, y suplid con vuestra bondad cuanto falte a mis disposiciones, a fin de que, por medio de la meditación y de la oración, aprenda a conocer vuestra voluntad, cumplir con mis deberes, satisfacer vuestros deseos en mí, y reparar mis culpas.

Estas gracias os pido por Jesucristo mi Redendor.

Amén.


Se concluye con la invocación al Espíritu Santo, para pedir su auxilio:

Venid, ¡oh Espíritu Santo! Encended mi corazón en vuestro santo fuego, y alumbrad mi entendimiento con la luz de vuestra verdad.



Nota: Esta oración es muy útil y recomendable para la práctica de la oración mental, diciéndola al inicio de la misma, en la fase de Preparación.


26.1.24

Método resumido sobre la forma de realizar la oración mental



La oración mental es una elevación y aplicación del espíritu y del corazón hacia Dios. Consta de tres partes:

- Preparación.
- Meditación.
- Conclusión.

Preparación.
La Preparación consiste en disponerse interiormente para el gran acto de la oración, por medio de algunos instantes de recogimiento.

Luego hay que ponerse en la presencia de Dios por un acto de fe, y rogarle se digne aceptarnos ante su divina majestad, supliendo con su misericordia lo que falte a nuestras disposiciones.

Se invoca fervorosamente al Espíritu Santo; se pide su asistente a la bienaventurada Virgen María, y después se lee detenidamente el asunto sobre el cual se quiere meditar.

No es, empero, de absoluta necesidad el realizar dicha lectura, pues aún sin el auxilio de un libro o de un texto puede uno escoger su asunto y representárselo vivamente. Por ejemplo: queriendo meditar sobre la muerte, me imagino hallarme ya en la última enfermedad, próximo al temible trance de la partida. O si me propongo que la meditación sea sobre la crucifixión del Señor, procuro transportarme con el pensamiento al monte Calvario, para formarme un cuadro de lo que allí pasó. Me represento al divino Redentor tendido sobre la cruz, a los verdugos inhumanos que se disponen a clavarlo en ella, a la santa Madre presenciando el sangriento espectáculo, a los soldados y el populacho burlándose, etc. etc.

23.1.24

Testamento espiritual



[Nota: Se puede rezar este Testamento Espiritual durante la última noche del último día de la Práctica de Preparación para la Muerte.]

Creo en el misterio de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo, Espíritu Santo; tres persoans distintas y un sólo Dios verdadero.

Creo en el misterio de la Encarnación del Hijo, en las purísimas entrañas de la siempre Virgen María.

Creo en la sacratísima pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, por cuya virtud fuimos redimidos.

Creo, finalmente, cuanto cree y enseña la santa Iglesia católica, y declaro que quiero acabar mi vida en estas santas creencias.

Declaro así mismo -invocando por testigos a la gloriosa Virgen María del Monte Carmelo y a todos los santos, así como a los celestiales espíritus- que es mi última e irrevocable voluntad: morir por amor de mi divino Redentor, como por amor mío se dignó morir Él, y que teniendo presente la infinita bondad con que me constituyó heredero de todos sus merecimientos, su cuerpo y su sangre, le suplico a mi vez sea servido aceptar todo lo que hay en mí -aunque indignísimo de serle ofrecido- como humilde correspondencia de esta tan pobre cuanto obligada criatura.

¡Sí, mi buen Jesús!, yo os hago mi heredero universal de todo cuanto soy: entregándoos mi alma, mi cuerpo, mi vida, mi muerte, mi corazón, mi espíritu; y espero de vuestra inagotable misericordia habéis de recibirlos benignamente y poseerlo todo de mí perpetuamente.

Amén.




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21.1.24

Práctica para prepararse ante la muerte (yIV)



Día tercero.
En este último día oiremos misa, y después tendremos una meditación de una hora o de media hora, sobre la muerte.

Procuraremos visitar a uno o más pobres enfermos, o bien a un hopital, llevando socorros según nuestras facultades, y por supuesto consuelos y consejos cristianos.

Sin embargo, si esto no es posible, convendría en la propia morada o donde podamos, repartir limosna a cierto número de indigentes.

Por la noche, después de nuestras oraciones de costumbre, realizaremos la Práctica de Oración que encontraremos al final de estas líneas.


20.1.24

Práctica para prepararse ante la muerte (III)



Día segundo.
Cual si fuera la última vez, confesaremos, comulgaremos, oiremos misa (no omitiendo nunca nuestras oraciones de costumbre, pero aplicándolas por nuestra propia alma).

Después, visitaremos a nuestro Señor sacramentado. En donde se halle el Jubileo de las Cuarenta Horas, y en dicha santa visita en cualquier caso, dirigiremos al Redentor la Oración de la Preparación que se encuentra al final de este texto, después de adorarle.

Por último, dedicaremos también otra hora, o media, a la oración mental, que en este día podrá centrarse sobre los beneficios de Dios.


19.1.24

Práctica para prepararse ante la muerte (II)



Día primero.
Apenas abramos los ojos, imaginemos escuchar la sentencia que nos condena a la muerte, y reconociéndola justa, dispongamos el corazón para sufrirla resignados.

Puestos enseguida de rodillas, invocaremos a la Santísima Virgen del Carmen, al ángel de la Guarda, y al glorioso Patriarca San José, a quien los fieles veneran como especial abogado para alcanzar una buena muerte, rogándoles con todo lo íntimo del corazón que nos asistan y amparen.


17.1.24

Canto de un corazón que se eleva en agradecimiento a Dios nuestro Padre



¿No es delirio, Señor?, Tú, el absoluto en belleza, poder, inteligencia;
Tú, de quien es la perfección esencia
y la felicidad santo atributo;

Tú, a mí -que nazco y muero como el bruto-,
Tú, a mí -que el mal recibo por herencia-,
Tú, a mí -precario ser, cuya impotencia sólo estéril dolor tiene por fruto...-.

¿Tú me buscas, ¡oh Dios!, Tú, el amor amío
te dignas aceptar como victoria
ganada por tu amor a mi albedrío?

¡Si!, ¡no es delirio que a la humilde escoria
digno es de tu infinito poderío
hacer capaz de acrecentar tu gloria!


12.1.24

Oración a la bienaventurada Virgen María, por habernos socorrido en medio de conflictos



Asimismo, también es muy propia esta oración para encomendar a Nuestra Señora -poniéndola bajo su protección-, la familia que nos ha dado el cielo.

El olor de tus perfumes
me atrae, ¡oh Mística rosa!,
y aspirarlos fervorosa
quisiera mi alma a tus pies,
pues ellos la embalsamaron
cicatrizando su herida,
y hoy pretende agradecida
que algo que darte le dés.

Tú eres Estrella del alba,
haz brotar, pues, con tus albores
de devoción santas flores
que rendir pueda en tu altar,
cual rasgando sombras tristes
durante mi noche oscura
supiste con tu luz pura
mi corazón alumbrar.

¡Causa de nuestra alegría!,
santificarla te toca
pues que la Iglesia te invoca
Puerta del Cielo también,
y que probarme te plugo
al escuchar mis gemidos
que eres Madre de afligidos
y de los flacos sostén.

Nada tengo, nada darte puedo,
¡oh Reina de los Santos!
aunque de favores tantos
deudor confieso ser,
pero pues Madre de gracia
te nombra el orbe cristiano
vengo a implorar de tu mano
lo que te anhelo ofrecer.

Y es, Señora, amor tan grande
por el Hijo que es tu gloria
que de mis culpas la historia
consiga borrar al fin,
y al dejar la tierra mísera
en que hoy gime desterrada
mi alma te halle en la morada
donde te canta el serafín.

¡Santa Reina de los ángeles!,
por tu dicha y honra inmensa
te ruego me dés defensa
del mundo en la áspera lid,
para que el fiero enemigo
que nos persigue tirano
pruebe que no eres en vano
Fuerte torre de David.

¡Refugio de pecadores!,
no deseches mi esperanza
y pues que a todos alcanza
tu tierna solicitud,
sé siempre la protectora
de la familia que amo
y por la cual hoy te aclamo
de los enfermos salud.

¡Oh auxilio de los cristianos!,
tu patrocinio nos valga
cuando el espíritu salga
de esta cárcel terrenal;
y en aquella patria eterna
que nos conquistó tu Hijo
entremos con regocijo
bajo tu manto real.

A cuantos amo te entrego,
no los rechaces, María,
mi pecho te los confía
Madre santa del Carmelo,
y tu poder sin medida
bendiga por doquier el hombre
cuando con gozo te nombre
Gloriosa Madre de Dios.


11.1.24

Copla a Jesucristo, en momentos en que nos sintamos dañados por otros



Versos de un alma arrepentida tras haber sentido impulsos de venganza, odio y enojo, por un daño recibido.


Dulce Jesús, buen Maestro,
cuyos preceptos divinos
son perdonar las ofensas
bendiciendo al que nos las hizo.

Vos, que en la Cruz del Calvario,
sufriendo infame suplicio
rogábais al Padre Eterno
por los verdugos impíos,

mirad postrarse ante Vos
mi corazón intranquilo,
porque preceptos y ejemplos
puso culpable en olvido
tumultuosas pasiones
que aún quieren alzar sus gritos,
y con sus impulsos tiranos
turbaron mi pecho mísero.

A vuestros pies lo deploro
contemplando hoy el abismo
del que me habéis apartado
por vuestro amor infinito.

Gracias os doy, y perdono
-según mandato divino-
a cuantos mal me hayan hecho
o hacérmelo hayan querido.

Hacednos misericordia
a ellos y a mí, Juez benigno,
pues todos somos hermanos
por vuestra cruz redimidos.

Mas libradme siempre Vos
del verdadero enemigo,
del que solo temer debo
y del que sólo abomino.

Libradme, sí, buen Jesús,
del espíritu maligno,
y que todo en gloria sea
de vuestro nombre santísimo.

Amén.


8.1.24

Plegaria para cuando se asista a una agonía



Del sufriente que agoniza tened, Jesús, compasión, y perdonadle las culpas que pueda tener y con las que ciegamente os ofendió. No permitáis que descargue la muerte su horrible hoz, sin que antes su alma experimente una saludable contricción.

Que la luz de vuestra gracia brille triunfante ¡oh mi Dios!, disipando las tinieblas y el horror de esta hora.

Por vuestros padecimientos en la cruz os pido que no despreciéis mi oración, ni miréis mi indignidad que reconozco y confieso, y por la cual me duelo. Sino, más bien, ved solamente esas llagas que vuestro amor os ha impreso, las cuales claman misericordia mucho más alto que mi oración.

Misericordia, pues, Jesús, misericordia, mi Señor, para esa alma que del mundo parte llamada por Vos.

En su auxilio también humildemente invoco con todo mi corazón a la Reina de los Santos, nuestra Señora del Carmelo, refugio de los pecadores y auxiliadora en las angustias.

Que toda la corte celestial acuda también veloz, rogando ante Dios misericordia; clamando misericordia ante Ti, Señor.

Amén.


Nota: Se acompaña de un Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Si las circunstancias del momento lo permiten, es conveniente recitar también las Letanías de los Santos, diciendo: "tened piedad de su alma" y "rogad por su alma", en lugar de "tened piedad de nosotros" y "rogad por nosotros".


2.1.24

Oración ante alguna desgracia o hecho desafortunado



Oh buen Jesús, que hoy me veis llegar triste a vuestros pies; compadeced mi flaqueza y dad consuelo a mis ansias.

Vos sois mi Rey y mi dueño, Vos el esposo de mi alma y el salvador de mi vida; Vos sois el amigo que más me ama. ¿A qué otro, pues, recurrir pudiera con confianza mi indefenso corazón, cuando las inquietudes y los pesares le asaltan?

Vos, que en su fondo leéis y escucháis cómo os clama, venid Señor en su auxilio. Venid, Señor, sin tardanza.