Ermitaños carmelitas

Bienvenido al
EBMEDC
(EREMITARUM BEATISSIMAE MATER ET DECOR CARMELI)




vita eius non est ex his (Luc. 12:15)
la vida no consiste en las cosas


Contenido:
- Presentación
- Quiénes somos
- Carisma
- Pautas eremíticas
- Votos




- Presentación
Echa un vistazo a las parroquias, conventos e institutos religiosos de tu ciudad: la mayoría son grandes instituciones alojadas en lujosos y enormes edificios. Han perdido la pobreza evangélica de los primeros tiempos, y la dedicación al Señor como principal motor y alimento para el desarrollo de su vida cristiana.

A la par, surgen grupos de creyentes que intentan saciar su sed de vivencia evangélica con grupos parroquiales de lo más diverso, pero ninguno de ellos les ofrece el compromiso de vida que sienten en su alma, como una especial llamada del Espíritu Santo a llevar una vida enraizándola más en los valores cristianos y en su sentir religioso.

Son "los ermitaños de hoy", una nueva forma de anacoretas, de ascetas que responden a la realidad de su tiempo con una forma de vida que choca con el materialismo y superficialidad del mundo actual.

Tal como en tiempos antiguos el Señor los impulsaba a habitar en el desierto, hoy habitan en nuestras ciudades de hormigón y asfalto, son una luz de esperanza en búsqueda de una respuesta pura y real al Evangelio que se convierte en un ejemplo de los nuevos ideales que impulsa el Espíritu de Dios.

Acorde con estos tiempos que reclaman unos nuevos medios para nuevos retos, el Eremitorio Carmelitano quiere ser esa opción de vida anacorética entre el ajetreo y desdén del mundo moderno, una vida de compromiso evangélico entre la sociedad de hoy porque el cristiano no ha de ser ajeno a su tiempo, sino que debe difundir su fe con su vida, actitud y ejemplo, en cualquier lugar donde Dios le haya colocado. El Señor es quien llama y quien nos convoca a seguirle sin titubeos, alentados por la libertad y el amor a Cristo de los hijos de Dios.

Seguir al Crucificado es, por lo tanto, una manera de vida inspirada y edificada en su propia vida, con todo nuestro ser, íntegramente, hasta nuestra resurrección en su venida gloriosa.






- Quiénes somos.
Los Eremitarum Beatissimae Mater et Decor Carmeli (en español, "los ermitaños de la Santísima Madre y Hermosura del Carmelo", en abreviatura popular "el Eremitorio Carmelitano") nacen para responder a la creciente demanda de vocación a una vida comprometida con el Evangelio y dentro del carisma carmelitano, en soledad o en recogimiento personal, con unos ideales cercanos o acordes con una vocación religiosa pero para aquellas personas que no pueden, no quieren o no se sienten llamados a la vida en comunidad.

Por eso mismo, nuestra Regla de Vida es lo más sencilla y básica posible, dándole al ermitaño/a o anacoreta la posibilidad de cumplir con compromiso su ideal religioso. La mayoría de Órdenes Religiosas requieren y exigen una serie de pasos previos a la profesión solemne, como son el postulantado, noviciado, estudios diversos, etc. etc. Si bien esto es necesario, en muchas ocasiones (por edad, dificultades personales o enfermedad) muchos cristianos llamados a una vida consagrada y más comprometida con las enseñanzas de Cristo no pueden verse realizados en su entrega de amor a Dios. Por eso desde el Eremitorio Carmelitano defendemos y recomendamos unos votos temporales que el religioso/a puede renovar anualmente. De esta manera no se le impide al religioso ermitaño la posibilidad de adaptarlos a su modo de vida particular, dándole flexibilidad entre las vicisitudes de su quehacer diario.

La incorporación al Eremitorio Carmelitano es una opción personal y gratuita que cualquiera puede realizar animado por su sentimiento y grado de implicación que desee en la vida religiosa de su comunidad. Tratamos así de evitar que los diversos ermitaños o religiosos se vean impedidos en su crecimiento espiritual por la soledad, aglutinando y animando a un encuentro de intereses comunes que se reúnen con las mismas intenciones, teniendo como centro al Señor Jesucristo.

El ermitaño pasa a ser, de este modo, no solo un seglar comprometido con los valores evangélicos, sino un auténtico religioso de vocación con la voluntad, el corazón y la intención puesta en el seguimiento de Cristo y en sus ideales evangélicos.

Caminando hacia el Cielo en cristiana unión, el Eremitorio Carmelitano quiere ser una alternativa más para animar a vivir en santidad y lograr así recorrer el camino de este peregrinaje terrenal, hacia nuestro destino en la unión definitiva y eterna con Cristo nuestro Salvador. "Sicut misit me Pater, et ego mitto vos" (Juan 20:21). Que la fuerza y la sabiduría del Dios Nuestro Padre y la caridad y unión del Espíritu Santo nos acompañen siempre. Amén.






- Carisma
El ermitaño/a lleva una vida cristiana y consagrada, empapada de oración contemplativa, de silencio y soledad, de austeridad y pobreza, de virginidad por amor al Reino y de disponibilidad evangélica, de acuerdo con aquella vivencia evangélica de los Padres del desierto, y también con la actual normativa canónica de la Iglesia. Este carisma propio del monje o monja eremita es, en el mundo de hoy, una interpelación a nuestra sociedad del bienestar por la forma radical de vivir los valores del Evangelio de las bienaventuranzas. Todo esto, que es obra y gracia del Padre, hace que el eremita anticipe y acelere la venida del Reino en nuestro mundo, sin ser del mundo.

El eremita, llevado por un amor apasionado a Jesucristo, está presente, pero de manera muy original, en nuestro mundo, situándose con su contemplación en el corazón mismo de la Iglesia, y muy cerca de Jesús, el Señor Resucitado, que ha venido, está con nosotros y tiene que venir. Esta contemplación, sin embargo, no le hace sentirse extraño en la creación ni a los hermanos, porque el Espíritu que hace nuevas todas las cosas, humaniza el corazón contemplativo haciéndolo más fraterno, solidario y acogedor.

Este estilo de vida monástica y eremítica tiene como espacio o lugar de realización el silencio y soledad del desierto más profundo, de acuerdo con las palabras bíblicas: "Le llevaré al desierto y le hablaré al corazón". Este "desierto" es un don del Espíritu que crea las condiciones necesarias de silencio y soledad para escuchar la Palabra, y esto ya sea en la montaña o la ciudad; haciendo de la ciudad "el propio desierto", gracias al Espíritu Santo, pero siempre con "una separación más estricta del mundo" (CIC, c. 603), característica propia del anacoreta ("estar en el mundo, sin ser del mundo").

La misma norma de vida del anacoreta determina de qué manera quiere vivir el sentido cristiano de la penitencia. Si "todos los fieles, cada uno a su manera, están obligados por la ley divina a hacer penitencia" (CIC, c. 1249), el ermitaño hace, de la penitencia, según la definición eclesial de vida eremítica (cf. CIC, c. 603), un rasgo fundamental de su opción por el desierto. Esta penitencia se concreta en un estilo de vida pobre en todo, sin seguridades temporales, sin comodidades, sin compañía, una vida necesariamente obligada a la ley del trabajo, fiel a la consigna monástica "ora et labora" para ganarse el pan de cada día. Este estilo penitente va llevando el eremita en la conversión del corazón, a una austeridad de pobre, a una confianza total en Dios Padre que cuida de las flores del campo y los pájaros del bosque, y a la plena libertad de los hijos de Dios. Con este sentido de penitencia, el eremita se ajustará su horario personal, dándole protagonismo siempre que sea capaz al tiempo de oración y de meditación, sin menoscabar con ello las horas obligadas de trabajo y al tiempo de descanso necesario, así como a las posibles idas a visitar a la familia para cumplir con los deberes de piedad filial o de relaciones familiares. El horario le ayudará a aprovechar el tiempo y a evitar la ociosidad, dando, sin embargo, espacio a aquellos imprevistos imposibles de programar que vienen exigidos por la educación o la caridad. Este horario puede ser diferente según la época del año.

Se le recomienda al ermitaño que en ciertas fiestas y tiempos litúrgicos intensifique esta compunción del corazón con vigilias de oración y días de ayuno más intensos, siempre habiendo hecho el debido discernimiento y con el consejo de su confesor o/y consejero espíritual.

Nota: Estos apuntes sobre el carisma de los ermitaños en el mundo moderno es a modo de orientación, y está basado en los estatutos del ermitaño de la Diócesis de Tarragona.






- Pautas eremíticas
· El ermitaño carmelita se compromete a seguir una vida religiosa en toda la amplitud y profundidad que su estado le permita. Tal estado se refiere a su estado social, de salud y de medios materiales. Esta vida religiosa incluye la asistencia a los actos religiosos que la Iglesia considera de obligación a todo cristiano (asistencia a misas, guardar fiestas, confesión habitual, etc.).

· Si por su aislamiento se diera el caso de imposibilidad de asistir a los cultos, se tratará por todos los medios de suplir esa asistencia con oír misa por otros medios, oraciones diarias y actos de devoción.

· Aunque siempre es necesaria una etapa de discernimiento, desde el Eremitorio Carmelitano presuponemos que el ermitaño que solicita su adhesión ya lleva una vida de práctica eremítica habitual, y quiere hacerlo público para afianzar su vocación y seguir el carisma carmelitano. Este medio de discernimiento, necesario en toda vocación, queda paliado en este aspecto por haber seguido hasta ahora la persona que solicita su adhesión una forma de vida, más o menos reglada, de acuerdo con su espiritualidad y la compañía del Espíritu Santo, que supone un discernimiento que no solo se debe valorar, sino considerar como una realidad innegable.

· Respecto a los temores existentes en toda vida eremítica (falsa modestia y pobreza solo de apariencia, búsqueda de una vida bohemia o prácticas de piedad simuladas, además de orgullo espiritual, soberbia y cerrazón a la Iglesia) consideramos que el Señor, en su infinita bondad y sabiduría, y el propio confesor espiritual del ermitaño, lograrán encauzar correctamente estas desviaciones o, en su caso, la misma renuncia del ermitaño a su estado será algo inevitable con el tiempo. Lo que no queremos es cerrarle las puertas a una vocación floreciente que puede ofrecer una gran riqueza tanto a la propia Iglesia, como a la comunidad circundante y a la vida eremítica en general. Por otro lado, no siempre estos juicios de valor son correctos y puede dar como resultado que un ermitaño muy fiel a las disposiciones evangélicas acabe renunciando a ese carisma, cuando a veces puede ocurrir que otro que inicia el camino temblorosamente, acaba consiguiendo un gran fruto en su compromiso evangélico y en su opción personal por el Señor resucitado.






- Votos
La práctica de los votos religiosos convencionales de pobreza, castidad y obediencia, se complementa por unos votos particulares que intentan incentivar nuestro amor a Nuestra Señora del Monte Carmelo, que son recomendables pero no exclusivos.

- La obediencia se refiere a:
· Estamentos católicos de la Iglesia: el papa, los obispos, su confesor o confesores, y en general cualquier representante directo de la Iglesia Católica con la suficiente autoridad.
· La obediencia atañe a su vida civil siempre y cuando ésta no se vea impedida o sea imposible de aplicar debido al estado especial de desarrollo de las tareas del ermitaño. En este sentido, el ermitaño carece del soporte y auxilio de una comunidad religiosa y por ello debe convivir directamente con el mundo sin contaminarse por ese mismo mundo, para lo cual se hace necesaria una vida de oración constante, mortificación y devoción.
· La obediciencia es también el sometimiento absoluto a la voluntad del Padre, abrazando así con espíritu de fe y de amor en el seguimiento de Cristo, obediente hasta la muerte, sometemos nuestra propia voluntad a Dios que nos revela su querer en su Palabra, y por medio de la jerarquía de la Iglesia, de los superiores, de los hermanos en religión y de los acontecimientos y situaciones concretas, sin olvidar la dirección interior del Espíritu Santo.

- La castidad se refiere a:
· Mantenerse alejado de cualquier tipo de relación sentimental con una persona del otro sexo, llevando a cabo la preferencia de dedicarse solamente a Dios y consagrarse a Él. En este sentido, abarca también no solo una vida pura, sino un corazón puro.

- La pobreza se refiere a:
· Mantener un nivel de vida que consista en lo básico imprescindible para vivir, sin acumular riquezas ni hacer ostentación de ningún tipo, dejando de lado todo lo superfluo y toda apariencia de lujo, de lucro inmoderado y acumulación de bienes, dando así testimonio de pobreza evangélica en figura del propio Cristo, que no tenía "dónde reclinar su cabeza". También a nivel espiritual se aplica a un espíritu sencillo y humilde, sin soberbia ni alardes.
· Socorrer y asistir a necesitados siempre que se tenga ocasión y dentro de las posibilidades de cada uno.

Respecto a los compromisos del Eremitorio Carmelitano en particular, estos son:
· Compromiso de orar por las ánimas de los difuntos. Es un deber esencial de todo cristiano pero, en especial, de los carmelitas, puesto que Nuestra Señora del Carmelo es una advocación de ayuda directa en el Purgatorio, gracias a las promesas de su escapulario.
· Compromiso de realizar la Visita Semanal, sino puede ser presencialmente en una iglesia, en nuestro lugar de retiro o en aquél lugar en que nos encontremos. Preferiblemente la Visita deberá ser el sábado, por ser el día dedicado a Nuestra Santa Madre, pero en caso necesario se puede sustituir por cualquier otro día.

Como sugerencia, se incluye también la práctica del rezo diario de la oración para salvar a mil almas del purgatorio y demás prácticas de piedad, así como destinar indulgencias para las ánimas del Purgatorio y "el acto heroico"(1).

Por supuesto, estos compromisos y recomendaciones estarán supeditadas a la disponibilidad de cada eremita que por razones de edad, enfermedad, o de circunstancias personales o temporales, no pueda realizarlas. No queremos añadir más obligaciones a su vida eremítica y ascética, atendiendo siempre al buen juicio y devoción, así como corresponsabilidad religiosa, de cada miembro del eremitorio.

Por otro lado, conviene señalar las especiales características de los llamados a ser ermitaños o anacoretas en el mundo de hoy, es decir:
· Un aislamiento lo más firme posible de todo lo que acontezca en el mundo, excepto de aquellas cuestiones imprescindibles que deba conocer o que, por fuerza mayor o necesidad, esté obligado a conocer. Esto incluye la abstinencia (o ayuno completo) de televisión, periódicos, revistas, Internet..., según el llamado particular. Con este fin se intenta que el ermitaño no se vea afectado en su sustento de lo necesario para autosubsistir pero, a la vez, se le recomienda la privación de todo lo ajeno que impida o menoscabe su relación con el Señor.
· Complementa a lo anterior la relación básica e imprescindible con familiares, amigos, etc., y también correspondencia, llamadas telefónicas y demás tipos de intercambios, que pudieran afectar a la vida religiosa, siempre iluminados por el Espíritu Santo. Obviamente esto depende de las condiciones personales y particulares de cada ermitaño, habiendo casos en los que la soledad y el retiro puede ser más aconsejable y otros en los que no sea posible en la medida deseada. No obstante se recomienda siempre el máximo recogimiendo como sacrificio también al Señor en una vida que deseamos dedicarla exclusivamente a Él.
· El aislamiento incluye alejarse de la dirección o gestión de organismos pastorales, diocesanos o parroquiales, así como no llevar a cabo -de forma habitual al menos- en la parroquia ningún tipo de actividad catequética ni social organizada, cosas que si bien son buenas, corresponden a otros carismas en la Iglesia, a no ser que un superior por una necesidad caritativa particular nos requiera, pero en todo caso deberá de ser una intervención temporal para no dañar nuestro camino ermitaño. Una excepción a esto puede ser la Adoración Eucarística, o prácticas de recogimiento, siempre que éstas puedan realizarse de manera solitaria y en intimidad con el Señor.
· El ermitaño deberá reducir siempre que sea posible los viajes, exceptuando aquellos con fines únicamente religiosos (de su lugar de retiro a la iglesia). También deberá huir de su presencia y protagonismo público, y de visitas de curiosos.

(1): El acto llamado heroico es ceder a las almas purgantes todas las riquezas expiatorias de nuestras buenas obras y de todas las riquezas de la Iglesia que podríamos reservar para nuestra ventaja.

Donaciones

Si te gusta la página, ayúdanos a su mantenimiento.
¡Muchas gracias!