6.07.2017

¿Es el escapulario de la Virgen del Carmen algo "físico"?


Desde muy antiguo siempre hubo una gran controversia sobre si la Virgen Carmelitana entregó a San Simón Stock un escapulario real o solo era una representación. Parece ser que el acto de entrega en la visión del monje era más bien una especie de muestra de vivir una vida santa.

Recordemos que el escapulario era una prenda de uso habitual del monje, pero no era una prenda que se ponían todo el tiempo, sino cuando iban a realizar alguna labor. Por ello, hacerle la entrega de un escapulario simbólico a San Simón era como indicarle que hicieran obras de caridad y devoción hacia ella, y a cambio la Madre del Señor los reconocería a su vez, para librarlos del purgatorio. No tendría ningún sentido de otro modo darles una prenda para salvar a los monjes, que éstos no usaban todo el tiempo. Así, la representatividad del escapulario era como una especie de indicación del "ora et labora", o sea: oración y obras buenas.




Como nos dice Cristo en su Evangelio: "no sirve con decir 'Señor, Señor', sino hacer la voluntad de mi Padre".

Desde tiempo muy antiguo la Iglesia tuvo muchos problemas para reconocer el escapulario carmelitano como elemento de salvación "sin más" y por sí mismo. Tuvieron que pasar muchos años, y fue más bien el clamor popular y la extensión a esa devoción lo que consiguió que casi cien años después el papa Juan XXII la reconociera gracias a una visión, y mucho más recientemente el papa San Pío X (en 1910) permitiera el uso de la medalla-escapulario. Fue precisamente ese uso de la medalla lo que impulsó definitivamente al uso masivo por parte de los fieles católicos.

Pero muy acertadamente la misma Iglesia nos advierte, al recomendar el escapulario carmelitano a sus fieles, que el escapulario por sí solo no salva, y a de ir obligatoriamente acompañado de una vida santa, devota a la Madre del Señor, y llena de actos de bondad y misericordia conforme al Evangelio y a la fe que profesamos.

Por desgracia actualmente en muchos sitios el escapulario se ha tergiversado completamente, se llega a recomendar ponerlo de una u otra forma, que tenga determinada imagen o decoración, y demás consejos triviales frutos más bien del folclore que de la autenticidad evangélica e histórica, amenazando con que, de lo contrario, el fiel devoto no se salvará. Pero ¿fue así como lo recomendó la Virgen? Desde luego ella no habló de llevarlo de una manera o de otra, de hecho ni siquiera habló de adorno, imagen o decoración alguna, y si actualmente el escapulario son dos cintas o una medalla, no debería haber inconveniente en que por esa misma razón el escapulario fuera también una pulsera, una tela colgada en el cuello en la parte frontal únicamente, o incluso una tarjeta que llevemos con nosotros. Recordemos lo que le dijo nuestra Santa Madre a San Simón Stock:

"Recibe, hijo Mío muy amado, el Escapulario de tu Orden, será como la Divisa de Mi Confraternidad para ti y para todos los Carmelitas, un signo especial de Gracia; quienquiera que muera portándolo, no sufrirá el fuego eterno. Es la muestra de la salvación, una salvaguardia en peligros, un compromiso de la paz y de la concordia".

Como se puede ver, esta breve explicación es muy subjectiva. En ella habla de "muestra", "compromiso" y "signo", todo ello deja evidencia de la representatividad del escapulario. Cuando nuestra Santa Madre Carmelitana le decía a San Simón Stock que los monjes mueran portándolo, no se estaba refiriendo -sería absurdo pensarlo- que debían morir con la ropa de trabajo, más bien que deberían morir portando sus beneficios. Y ya que nuestra Madre habla de "divisa", usemos ese mismo ejemplo: un millonario no lleva siempre el dinero consigo, aunque el dinero sea lo que le da valor como millonario, no es necesario que cargue siempre con él, es suficiente que cargue con una pequeña cantidad (es decir: lo que sería para nosotros y en la actualidad "un trozo de tela" del escapulario) en cualquier parte de su cuerpo, o incluso un cheque o una tarjeta de crédito. Su "dinero" puede estar bien seguro en el banco, lo mismo que nuestras buenas obras y oraciones están a buen recaudo en el tesoro celestial.

De hecho ni los propios monjes llevaban siempre consigo el escapulario, hasta tal punto que, tras la promesa entendida literalmente de la Virgen Carmelitana, los monjes carmelitas se vieron obligados a vestir siempre el escapulario. La Constitución de la Orden de 1369 los castiga incluso con la excomunión automática si van a misa sin esa prenda. Esto nos da una buena muestra del apego material incluso de algunos de los carmelitas a ese vestido, lo cual es importante por supuesto, pero más es el tipo de vida que lleve el monje que lo viste.

Era muy habitual, además, que muchos laicos intentaran adoptar vestimentas religiosas. Así, era costumbre usar cinturones, y entre los devotos de la Virgen Carmelitana podían usar mantos (de color blanco, por cierto, no marrón ni negro) o el hábito al completo. El general de los Carmelitas desde 1564 a 1578, Giovanni Battista Rossi, fue quien cambió esta tradición promoviendo y difundiendo el uso del pequeño escapulario marrón para quienes no fueran monjes o religiosos con votos perpetuos o temporales de la Orden. Así, se acabó con todo ese entramado de vestir una cosa u otra del hábito carmelitano.

En los tiempos actuales muchos miembros religiosos, incluyendo presbíteros o diáconos carmelitas, no llevan siempre esa prenda, de hecho en la mayoría de ocasiones suelen salir a la calle con ropas de laico. Por todo ello se deduce que el escapulario debe ir unido, inseparablemente, con obras santas, lo contrario no tendría ninguna lógica ni fundamento.

A este respecto es comprensible la actitud de algunos directores y sacerdotes responsables de cofradías carmelitas, que deciden prescindir del acto de imposición del escapulario dejando que sea el mismo fiel carmelita quien se lo imponga (o quien se lo vista) cuando se considere comprometido a seguir fiel y estrictamente una vida religiosa conforme a tal carisma carmelitano. Conviene no olvidar que la práctica de la imposición del escapulario no fue algo normalizado hasta alrededor del año 1600, casi cuatrocientos años después de haberle sido dada la promesa por la Señora del Carmelo a San Simón Stock. Así se evita que la imposición del escapulario sea un mero trámite -como en ocasiones por desgracia lo es- y luego el fiel se olvide, creyendo que con solo llevarlo colgado del cuello ya se salvará.


La devoción al escapulario carmelitano es una devoción íntima, un compromiso personal que adquirimos con la madre de Cristo para llevar una vida lo más santa que nos sea posible, en el marco del carmelo y con obras cristianas. No se entendería el escapulario de otra manera. Por eso la imposición en sí del escapulario es un acto que pasa a un segundo plano ya que lo más importante es cómo vivamos nuestra consagración a la Madre de los Carmelitas diariamente.

En este contexto el escapulario cobra todo su sentido, y deja de ser una especie de amuleto para convertirse en lo que es realmente: un símbolo, una muestra exterior de nuestro compromiso interior y de lo que vivimos interiormente, de nuestro ideal carmelitano.

Por otro lado, es cierto que el escapulario como prenda de vestir importa, recordemos que muchas ánimas del purgatorio se han presentado a los vivos con las ropas que solían llevar cotidianamente en su día a día. Según algunas de ellas, el Señor les permitía representarse así aunque en el purgatorio su alma, obviamente, ya no necesitase de ropa alguna. Era solo una representación. Pero sería muy inocente y simplista pensar que, con los millones de seres humanos que mueren a diario, nuestra Santa Madre visite cada día el purgatorio buscando entre ellos a quién lleva el escapulario y quién no. Más bien su uso pero, sobre todo, nuestros actos con él y la devoción a la Madre Carmelitana es lo que nos predispone a ser auxiliados por ella, y no el simple hecho de llevar su escapulario que, como objeto físico, no podremos llevarnos con nosotros a la otra vida. Es un hecho de fe que los santos a los que seamos más devotos nos vienen a prestar ayuda al morir (así lo confirmaron algunas almas purgantes), por ello, si fuimos devotos a la Virgen del Carmelo, ella nos auxiliará, tal y como se lo prometió a San Simón (y a muchos otros santos, con diferentes promesas, por cierto). Podría decirse que nuestros actos de bondad y la devoción hacia ella dejan en nuestra alma una "impronta" que sería lo más parecido a un "escapulario místico", un escapulario mucho más efectivo que un trozo de tela físico. Así, aunque el monje carmelita en su época no falleciese con su escapulario como prenda de vestir, podríamos decir que sí puede llevarlo en sus obras religiosas y santas. Del mismo modo los religiosos carmelitas en la actualidad llevan su escapulario en sus muestras de devoción y en sus obras. Porque un mal carmelita lleno de pecados mortales será difícil que salve su alma aunque lleve consigo el hábito carmelitano, ya que le faltará lo que le da brillo, lustre y poder a ese vestido, es decir: las obras y los actos de una vida santa.

De todo ello se deduce, y resulta evidente, que el auténtico valor del escapulario son las virtudes y devociones, así como inclinaciones y favores que impregna en nuestras almas hacia la Madre del Señor, en su advocación como Virgen del Carmelo. Es reseñable, y de mucha importancia, que la Virgen Maria le haya dado a San Simón un escapulario, que es el vestido "de las obras", o sea, la parte del monje que se dedica a la acción, indicando que el devoto debe esforzarse en realizar actos y obras meritorios para alcanzar el cielo. La Madre Carmelitana podría haberle dado a San Simón cualquier otra cosa: un anillo, una pulsera, un colgante, un rosario... Incluso una medalla, pero no, le dio el escapulario en representación de algo. No debemos fijarnos en la prenda en sí; es algo cotidiano y habitual en la Biblia presentar algo físico en representación de otras cosas, para indicarnos un mensaje más profundo, como el mismo Cristo cuando hablaba en parábolas. Así, el escapulario es una representación del esfuerzo y el trabajo del fiel carmelita, religioso o seglar. Por eso mismo el carmelo en general siempre fue bastante reticente al uso de la medalla, y el papa San Pío X lo permitió como un ultimo recurso, ya que la medalla elimina el espíritu representativo que la Madre de Jesús quería hacer ver (y hacernos entender) al darle a San Simón el escapulario. En este sentido, como dijimos al principio, el escapulario podría traducirse como cualquier cosa que represente para el devoto carmelita su especial consagración y su esfuerzo diario por ser mejor cristiano, de hecho podría incluso llevar el escapulario en su cartera o en su bolso, y la promesa de salvación debería seguir siendo válida con él tanto como lo es el mismo trozo de escapulario o la misma medalla. Y es así porque, como nos dice bien claro la Iglesia, el escapulario en sí no salva, salvan los actos de fe, caridad y misericordia, así como nuestro amor a Dios, todo ello representado en el "ora et labora"(reza y trabaja) de la propia prenda de trabajo, o sea: del escapulario monacal.

No podemos, por ello, tomar al pie de la letra las palabras de la Virgen del Carmen, sería contraproducente: hoy en día nadie llevaría el escapulario de los monjes por la calle (excepto los religiosos que visten de hábito). ¿Alguien puede pensar entonces que nuestra dulce Madre no tenía en cuenta eso, y que nos obligaría a llevar un hábito que mucha gente, por muy devota que sea, no podría llevar en su vida diaria? Ni mucho menos. Santa María del Carmelo al ofrecernos el escapulario nos estaba ofreciendo un símbolo que nos sirviera como refuerzo a una vida devota: fe y acción. Notemos lo paradójico que resulta esto en una comunidad de monjes contemplativos, como lo era entonces el carmelo. Pero no, no es una contradicción: las obras de caridad y misericordia pueden realizarse en cualquier lugar, por aislados que estemos, con nuestros hermanos de comunidad o con cualquiera con el que nos encontremos en el camino.

La religión cristiana es una religión de amor, es "la ciencia del amor", y el escapulario del Carmen es una prenda que no solo debe recordarnos todo eso, sino que representa a todo eso muy bien, y por eso la Madre de Jesús la eligió. Porque encierra el hábito monacal (la oración) con el hábito para las tareas (la acción).

Gracias, Madre Carmelitana, por ofrecernos a los carmelitas tu prenda de amor, un humilde escapulario, la parte más sencilla y laboriosa del vestido monacal, en representación al cariño que te tenemos y a las labores y esfuerzos que tenemos que pasar por esta vida para alcanzar la auténtica Vida. Que ese tu vestido nos recuerde siempre nuestra auténtica patria, el Cielo, y nos haga siempre presente la vida de acción y oración, traducida en unas buenas obras y en actos de ardorosa devoción hacia el Señor, para que así revestidos nos reconozcas y nos auxilies en nuestro paso al otro mundo. Que tu Hijo Jesús nos aliente siempre a ser fieles a ese especial estado de amor hacia tu obra del Carmelo y su carisma. Ruega a Él por nosotros. Amén.


Ludobian de Bizance | Preparación: OratorioCarmelitano.com / OratorioCarmelitano.blogspot.com

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