Semana en el Oratorio

Mes de febrero, mes del Amor

4.2.24

Oraciones para el día de la Ascensión de nuestro Señor



A Dios Padre:
Padre Omnipotente, dignaos recibir en esta solemnidad, con las oblaciones y homenajes de toda vuestra Iglesia -unida por un mismo espíritu-, las preces que os dirigimos humildemente, para que concedais a cuantos conmemoramos con respetuosa alegría la triunfante Ascensión de Vuestro Hijo, los celestiales dones con que fueron enriquecidos los testigos de ella, a fin de que, inflamados nuestros corazones en sagrados deseos, tendamos sin cesar a seguir a nuestro Divino Maestro, que con Vos vive y reina en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

Amén.

3.2.24

Composición poética a la cruz de nuestro Señor



¡Canto a la cruz! ¡Que se despierte el mundo!
¡Pueblos y reyes, escuchadme atentos!
¡Que calle el universo a mis acentos
con silencio profundo!

¡Y Tú, supremo autor de la armonía,
que prestas voz al mar, al viento, al ave,
resonancia concede al arpa mía
y en conceptos de austera poesía
el poder de la cruz deja que alabe!

2.2.24

Oración a Jesús Crucificado



Oración muy propicia para rezar después del Vía Crucis, o bien en los viernes de Cuaresma.


Oración:
Víctima Santa, cargada -por vuestra caridad sin límites- con el enorme peso de las iniquidades del mundo. Postrado ante vuestra cruz, os rindo humildes gracias por mí y por todos los hombres, que tan inmenso beneficio os debemos y tan pobres somos para poder corresponderos. Os rindo gracias por todos, y por todos os pido perdón de las ingratitudes cometidas, hasta tal punto que quisiera llorar en presencia vuestra con lágrimas de sangre del corazón.

¡Oh mi dulce Redentor! Por vuestras humillaciones y amarguras, por todos los dolores que padecieron vuestra alma y vuestro cuerpo durante las tres horas del bárbaro suplicio, y durante todo el proceso que os condenó a muerte tan cruenta, dignaos lavar de una vez para siempre con vuestra preciosa sangre las manchas de nuestras culpas, renovando con vuestra gracia las almas redimidas por Vos.

31.1.24

Oración universal para pedir por nuestra salvación



Dios mío, yo creo en Vos, pero fortificad mi fe. Dios mío, yo espero en Vos, pero asegurad mi esperanza. Dios mío, yo os amo, pero redoblad mi amor. Dios mío, yo me arrepiento de haberos ofendido, pero aumentad mi arrepentimiento.

Os adoro como a mi primer principio, os deseo como mi último fin, os doy gracias como mi bienhechor perpetuo, os invoco como mi soberano defensor.

Dios mío: dignaos adornarme con vuestra sabiduría, contenerme con vuestra justicia, consolarme con vuestra misericordia, y protegerme con vuestro poder.

Yo os consagro mis pensamientos, mis palabras, mis acciones, mis sufrimientos, así como todos mis actos y voluntades, a fin de que no piense en adelante más que en Vos, que no hable más que de Vos, que no obre sino según Vos, y que no sufra más que por Vos.

30.1.24

Oración de conclusión a la Santísima Virgen y al ángel de la Guarda



Gracias os doy también, Madre mía santísima del Carmelo, por vuestra asistencia poderosa en favor de este tan indigno pecador. Pues sabéis, no obstante, que deseo sinceramente santificarme más y más, continuad, Señora, con vuestro patrocinio amoroso, y dignaos constituiros depositaria y conservadora de los buenos propósitos que me inspira [me ha inspirado] la Divina Misericordia.

Vos, así mismo, ¡ángel mío!, recibid mi homenaje y no os canséis de protegerme y guardarme, dirigiendo mis pasos y llevándome por la senda hacia el Padre, que con el Hijo y el Espiritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


Nota: Esta oración también se puede realizar como colofón a la Oración de Conclusión, después de la meditación u/y oración mental, como finalización a la misma.


29.1.24

Oración de conclusión



Yo os bendigo humildemente, Padre celestial, Padre de mi Redentor. Yo os bendigo y os rindo fervorosísimas acciones de gracias, por las que os habéis dignado dispensarme [añadir, si se realiza la oración tras la meditación: durante la meditación que acabo de hacer] no obstante mi indignidad, que reconozco y confieso.

Perdonadme, ¡Dios de todo consuelo!, cuantas faltas haya cometido, por esa misma mi profunda miseria, y permitidme ofreceros las santas resoluciones que me inspiráis [que me habéis inspirado], suplicándoos por los méritos de vuestro Hijo divino, seáis servido darme los auxilios de vuestra gracia para cumplirlas fielmente.

¡Oh Luz Eterna, que superáis infinitamente a todas las luces creadas!, alumbradme desde vuestro celestial trono, y que vuestros vivificantes rayos, penetrando hasta el fondo de mi alma, la purifiquen, la regocijen, y la hagan templo de vuestro santo amor, a fin de que resuenen en ella perpetuamente las alabanzas y las bendiciones hacia Ti, Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, a cuya gloria única todo debe ser dedicado, por los siglos de los siglos.

Amén.


Nota: Esta oración es muy útil para realizarla después de la meditación u/y oración mental, como finalización a la misma.