Semana en el Oratorio

Mes de febrero, mes del Amor

31.1.24

Oración universal para pedir por nuestra salvación



Dios mío, yo creo en Vos, pero fortificad mi fe. Dios mío, yo espero en Vos, pero asegurad mi esperanza. Dios mío, yo os amo, pero redoblad mi amor. Dios mío, yo me arrepiento de haberos ofendido, pero aumentad mi arrepentimiento.

Os adoro como a mi primer principio, os deseo como mi último fin, os doy gracias como mi bienhechor perpetuo, os invoco como mi soberano defensor.

Dios mío: dignaos adornarme con vuestra sabiduría, contenerme con vuestra justicia, consolarme con vuestra misericordia, y protegerme con vuestro poder.

Yo os consagro mis pensamientos, mis palabras, mis acciones, mis sufrimientos, así como todos mis actos y voluntades, a fin de que no piense en adelante más que en Vos, que no hable más que de Vos, que no obre sino según Vos, y que no sufra más que por Vos.



Señor, yo quiero lo que Vos queráis para mí, porque Vos lo queréis, y tanto como lo queráis.

Os ruego que iluminéis mi entendimiento y abraséis mi voluntad; purifiquéis mi cuerpo y santifiquéis mi alma.

Dios mío, ayudadme a expiar mis pecados pasados, a vencer mis tentaciones futuras, a corregir las pasiones que me dominan, y a practicar las virtudes que me convienen.

Llenad mi corazón de ternura por vuestras bondades, de aversión por las imperfecciones de mi alma (y que siempre sea consciente de ellas), de celo por mi prójimo, de menosprecio por el mundo.

Que no me olvide, Señor, que debo ser sumiso para con mis superiores, caritativo para con mis inferiores, fiel para con mis amigos, e indulgente para con mis enemigos.

Venid a mi socorro para vencer el deleite con la mortificación, la avaricia con la limosna, la cólera con la dulzura, y la tibieza con la devoción.

Dios mío, hacedme prudente en las empresas, animoso en los peligros, paciente en las adversidades y pruebas, y humilde en todos los sucesos y acontecimientos.

No permitáis que me olvide nunca de poner atención en mis oraciones, templanza y moderación en mis comidas, exactitud y concentración en mis trabajos, y constancia en mis resoluciones.

Señor, inspiradme el esmero de tener siempre una conciencia recta, un exterior modesto, una conversación edificante, y una conducta reglada.

Que me aplique incesantemente a dominar los instintos y pasiones, a fomentar la gracia, a guardar vuestra ley divina, y a merecer la salvación.

Dios mío, descubridme cuánta es la pequeñez de la tierra, la grandeza del cielo, la brevedad del tiempo, y lo inabarcable de la eternidad.

Haced que me prepare para la muerte, que tema vuestro juicio, que evite el infierno, y que obtenga, en fin, el Paraíso como es vuestra voluntad.

Por Jesucristo nuestro Señor. Así sea.


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