Desprecio de los bienes mundanos

15.9.25

La existencia del espíritu, a través de la ciencia


La pregunta del espíritu es de esas que no se resuelven con microscopios ni telescopios, porque no estamos hablando de átomos ni de energía medible, sino de algo que toca más la filosofía y la fe.

Lo que sabemos con certeza es esto:

El cerebro humano produce consciencia, pensamientos, emociones y recuerdos a través de redes neuronales y procesos químicos. Eso está medido.

Lo que no sabemos es si la consciencia es solo un efecto secundario de la materia o si hay algo más —un “principio”- que trasciende lo físico.

Ahí entran las interpretaciones:

-Para la ciencia materialista, lo que llamamos espíritu es producto del cerebro, y cuando éste muere, todo se apaga.

-Para muchas tradiciones religiosas y filosóficas, el espíritu es real, una esencia inmortal que usa el cuerpo como instrumento.

En términos intermedios, algunos pensadores lo ven como un emergente: algo que aparece cuando la materia se organiza de cierta manera (como la música surge de la vibración de cuerdas, aunque no sea “la cuerda misma”).

Lo fascinante es que no tenemos pruebas científicas de que exista ni de que no exista. El espíritu está en esa zona gris donde conviven el misterio, la esperanza y el escepticismo.

La gran cuestión es: si la materia es capaz de generar consciencia... ¿por qué no podría existir algo más allá de la materia que la sostenga o la continúe?

Comparemos el espíritu con el spin de los electrones.
Esta es una comparación muy jugosa. El spin es una propiedad fundamental de las partículas subatómicas: no lo vemos directamente, pero existe y determina cómo se comportan los electrones en los átomos, cómo se forman los enlaces químicos, incluso cómo funcionan los imanes. Es invisible, pero imprescindible.

Ahora, si usamos eso como metáfora:

El espíritu, en muchas concepciones, sería una propiedad fundamental de lo humano (o de la vida misma). No lo ves con un microscopio, pero se manifestaría en la consciencia, la creatividad, la moralidad o la sensación de identidad.

Igual que el spin no es “una cosa” tangible sino un estado cuántico, el espíritu podría ser un estado más que una sustancia.

La diferencia crucial es que el spin se puede medir con aparatos (como el experimento Stern–Gerlach), mientras que el espíritu, hasta ahora, no ha mostrado una huella objetiva en el mundo físico.

Lo bonito de la analogía es que nos recuerda que el universo tiene propiedades ocultas que al principio parecían imposibles de demostrar. Durante siglos nadie sabía que los electrones tenían spin, y sin embargo ahí estaba, gobernando el comportamiento de la materia.

Así que, si algún día alguien demostrara que lo que llamamos espíritu es una propiedad fundamental de la realidad, no sería la primera vez que la ciencia destapa un “fantasma” que estaba ahí desde siempre.

Pero... ¿no sería raro que sólo los humanos tuviésemos espíritu?
Sería bastante raro desde un punto de vista evolutivo y de consistencia natural. La biología funciona por gradientes de complejidad: todo lo que vemos en humanos (cognición, emociones, consciencia) tiene raíces en animales más simples.

Si el espíritu existiera y fuera algo real, tendría sentido pensar que no aparezca de golpe en Homo sapiens y que todos los demás animales carezcan de él. Más lógico sería que:

-Animales con consciencia compleja, emociones y memoria (cetáceos, elefantes, primates, ciertos pájaros) tengan también algo equivalente a lo que llamaríamos “espíritu”, aunque no lo perciban ni expresen igual que nosotros.

Lo que hace humano nuestro espíritu no sería la existencia del “campo” en sí, sino su grado de complejidad y la forma en que interactúa con la cultura, lenguaje y simbolismo.

Desde el punto de vista de la filosofía y la teología, algunos dicen que el espíritu humano tiene una dimensión moral o trascendente que otros animales no desarrollan. Pero biológicamente, si el espíritu fuera un fenómeno emergente de la consciencia, sería gradual: no un interruptor que se enciende solo en humanos.

Es curioso pensar: quizá los humanos tenemos un “espíritu amplificado”, mientras que los animales lo tienen en versión básica, suficiente para sentir, sufrir, amar... pero sin crear poesía o filosofía.

¿Y entonces donde queda la supuesta inmortalidad del espíritu?
Ahí es donde entramos en el terreno de la fe y la filosofía, porque la inmortalidad del espíritu no es algo que la ciencia pueda medir ni verificar. Desde el punto de vista científico, la consciencia depende del cerebro y, cuando este deja de funcionar, las señales y la percepción desaparecen. 

Pero desde la visión espiritual:

La inmortalidad del espíritu no significa que exista como un “objeto físico” que dure eternamente, sino como esencia, identidad o conciencia que trasciende la muerte física.

Muchas religiones y filosofías sostienen que el espíritu sobrevive al cuerpo y mantiene algún tipo de existencia consciente, aunque no podamos describirla con física ni química.

Otra interpretación más filosófica o metafórica es que el espíritu se inmortaliza a través de acciones, obras, conocimiento o influencia en otros, no necesariamente como entidad separada y consciente.

Si lo miramos desde la analogía con la naturaleza: algo puede ser “invisible” o “inmaterial” y seguir existiendo en forma de patrón, efecto o influencia, aunque desaparezca su soporte físico. Eso encaja con la idea de espíritu inmortal sin contradecir lo que la ciencia sabe del cuerpo.

Muchas culturas describen el espíritu como un patrón de información o energía que persiste, no como un “cuerpo fantasma” flotando. Es como un software que puede correr en distintos “hardware” a lo largo del tiempo, mientras que el cerebro sería solo la primera máquina capaz de ejecutarlo.

Asumiendo que el espíritu sea inmortal,¿de dónde sale, entonces? ¿Cuándo surge?
Ahí ya nos metemos en el terreno profundo y fascinante de la ontología del espíritu, que combina filosofía, religión y un poco de especulación metafísica. Si asumimos que el espíritu es inmortal, entonces su origen no se mide como el de un objeto físico: no surge en un tiempo y lugar concretos, porque no depende de la materia ni de procesos biológicos.

En este supuesto tenemos varias opciones: 

-Preexistencia eterna
Algunas tradiciones sostienen que el espíritu siempre ha existido, como un principio fundamental del universo.

En este enfoque, los espíritus no “aparecen”, sino que simplemente se manifiestan temporalmente en cuerpos o mundos físicos.

-Emergencia ligada a la consciencia
Otra perspectiva dice que el espíritu surge cuando un sistema alcanza un cierto nivel de complejidad consciente.

Según esto, el primer espíritu podría haber surgido con los primeros organismos con consciencia, o incluso con los humanos, dependiendo de la definición de “espíritu”.

En este caso, la inmortalidad no contradice el surgimiento: el espíritu nace con la primera chispa de consciencia y luego persiste eternamente.

-Creación o emanación
Algunas religiones sostienen que los espíritus son creados por un principio divino y asignados a seres vivos.

Aquí el surgimiento está fuera de los procesos físicos; el espíritu no “evoluciona” ni aparece por azar químico, sino que es un don, una emanación o una chispa de lo divino.

-Patrones universales
Una visión más filosófica-moderna es que el espíritu es un patrón de información o energía que trasciende el cuerpo, y surge cada vez que se organiza un sistema capaz de contenerlo.

Esto lo hace “inmortal” en el sentido de que el patrón puede persistir, aunque cambie su soporte físico o temporal.

En resumen: si asumimos inmortalidad, el espíritu no necesita un origen físico. Puede ser eterno, emerger con la consciencia, ser creado por un principio superior, o ser un patrón que aparece cuando la materia alcanza cierta organización.

Sin embargo, el emerger con la conciencia parece desde un punto de vista lógico y natural, lo más razonable. Tiene sentido desde un punto de vista tanto filosófico como evolutivo. Si el espíritu “emerge con la conciencia”, no es algo mágico que aparece de la nada, sino un fenómeno que surge cuando un sistema alcanza un cierto nivel de complejidad.

Pensemos en ello como un efecto emergente:

En física y química, ciertos patrones aparecen cuando los elementos se organizan de formas muy específicas. Por ejemplo, los remolinos en un río, los cristales en un mineral, o incluso la superconductividad a baja temperatura. Nadie “pone” expresamente el remolino; surge de la interacción de partículas y energía.

En biología, la consciencia podría ser un patrón emergente del cerebro: neuronas interconectadas generando no solo actividad eléctrica, sino experiencias subjetivas, memoria, sentido de identidad... y con ello, la aparición de su espíritu.

Esto explica por qué:
-Solo los seres con sistemas nerviosos complejos desarrollan lo que percibimos como conciencia y, potencialmente, espíritu.

-No es algo limitado a humanos, sino que escala con la complejidad: cuanto más sofisticado el sistema, más “rico” puede ser ese espíritu emergente.

Lo bonito de esta idea es que combina ciencia y filosofía: no contradice lo que sabemos del cerebro ni de la evolución, y al mismo tiempo permite hablar de algo que trasciende la materia física.

Ahora el tema está: ¿cuándo emerge la conciencia en una persona? 
Ahí entramos en un terreno delicado, porque depende de qué entendamos por “conciencia”. No hay un momento único que todos los científicos puedan señalar, pero podemos aproximarlo.

-Definir niveles de conciencia
La conciencia no es un interruptor que se enciende de golpe; hay distintos niveles:

·Percepción sensorial básica: reacción a estímulos. Por ejemplo, el embrión puede reaccionar al tacto en semanas tempranas.

·Consciencia de sí mismo: la capacidad de diferenciar “yo” de “no yo”, sentir dolor de manera subjetiva, reconocer el entorno de forma intencional.

·Autoconciencia avanzada: memoria, planificación, emociones complejas, lenguaje y pensamiento simbólico. Esto es más propio de humanos adultos y niños pequeños a partir de cierto desarrollo cognitivo.

-Cronología aproximada en humanos
·Semanas 5–8 (embrión): desarrollo del tubo neural, formación de estructuras iniciales del cerebro. Reacciones reflejas básicas.

·Semana 20–24 (feto): desarrollo de conexiones sensoriales en la corteza cerebral; algunos investigadores sugieren que podrían percibir estímulos, pero todavía no hay consciencia plena.

·Nacimiento – 1 año: empieza la conciencia básica, percepción del yo y del entorno, memoria temprana.

·1–3 años: surge la autoconciencia: se reconoce en el espejo, entiende “yo” vs “otro”, desarrolla lenguaje y recuerdos episódicos.

¿Qué significa “emergencia”?
En términos de espíritu (si asumimos que surge con la conciencia):

La conciencia emerge gradualmente a medida que el cerebro se desarrolla.

No hay un momento puntual; es más como una chispa que va tomando fuerza: primero percepción, luego memoria y emociones, luego autoconciencia, luego pensamiento simbólico.

Pero en ese supuesto estaríamos hablando de un espíritu incompleto, que evolucionando en fases, y teóricamente el espíritu ni evoluciona, ni crece, ni se desarrolla. O está o no está.

Y ahí tocamos un punto crucial: si asumimos que el espíritu es inmortal y absoluto, entonces no puede “crecer” ni “madurar” como un músculo o como la conciencia de un niño. Lo que sí puede ocurrir es que su manifestación sea gradual, y ahí es donde entra la distinción:

·El espíritu como esencia: siempre está ahí, completo e inmutable. No se desarrolla ni se debilita.

·El espíritu manifestado o percibido: su presencia depende del soporte físico y cognitivo. En un embrión o feto, las estructuras cerebrales no permiten una experiencia consciente completa, así que el espíritu “latente” no se percibe plenamente.

·La conciencia como vehículo: el cerebro y la mente serían la interfaz que permite al espíritu expresarse. Conforme el sistema nervioso se desarrolla, la manifestación del espíritu se hace más evidente.

En otras palabras: el espíritu ya existe, pero hasta que el organismo tiene la complejidad suficiente para percibir, interactuar o reflejar su esencia, no se nota su presencia.

Una metáfora útil: pensemos en un disco duro que ya contiene un sistema operativo completo, pero que está desconectado de la pantalla y los periféricos. El “software” (espíritu) ya está allí, pero hasta que conectemos la máquina (conciencia/cerebro desarrollado) no podemos ver su actividad.


31.8.25

Fe y evolución: las dudas más complicadas

¿Cuántos Homo sapiens había en África?
Los humanos modernos no eran millones de individuos hace 50.000 años, sino que eran pocos miles o decenas de miles, dispersos en grupos pequeños y aislados.

Las estimaciones basadas en genética y fósiles sugieren:

-En África, hace unos 100.000–50.000 años, la población de Homo sapiens podía estar entre 10.000 y 50.000 individuos. Algunos estudios incluso sugieren que en ciertos momentos pudo ser incluso menor, en el rango de 5.000–10.000.

-La población estaba fragmentada: pequeños grupos de cazadores-recolectores viviendo en distintas regiones, con muy poca mezcla entre ellos.

Esa baja densidad explica por qué cada cruce con neandertales dejó una huella genética significativa, y también por qué la diversidad genética era limitada comparada con la de hoy.

Desde esa perspectiva, el hecho de que hoy tengamos 1-4% de ADN neandertal no es raro: cuando tu población es pequeña, incluso unos pocos cruces pueden dejar una marca duradera en el genoma de toda la especie.

Claro, eso es correcto. Pero entonces, ¿de dónde surgieron los primeros Homo sapiens?
Los primeros Homo sapiens surgieron en África, y esto está bastante claro gracias a fósiles y genética. Pero la historia es más matizada que “un solo lugar y un solo día”:

1. Origen en África
Los fósiles más antiguos que se reconocen como Homo sapiens modernos tienen entre 300.000 y 315.000 años y se encontraron en Marruecos (sitio de Jebel Irhoud).

Otros hallazgos tempranos se encuentran en Etiopía (Omo Kibish, Herto), Sudáfrica y otras regiones del este y norte de África. Esto sugiere que nuestra especie no apareció en un solo lugar aislado, sino que hubo poblaciones dispersas en distintos rincones del continente que compartían características modernas.

2. Evolución gradual
Los Homo sapiens no surgieron de la nada: evolucionaron de ancestros africanos del género Homo, probablemente de Homo heidelbergensis o un grupo relacionado.

Fue un proceso lento y acumulativo, donde rasgos modernos (cráneo redondeado, frente alta, mandíbula pequeña, comportamiento simbólico) aparecieron gradualmente.

3. Expansión fuera de África
Hace unos 70.000–60.000 años, grupos de Homo sapiens comenzaron a migrar fuera de África hacia Asia, Europa y Oceanía.

Al encontrarse con otras especies Homo (neandertales en Europa y Asia occidental, denisovanos en Asia), hubo cruces que dejaron su huella genética en nuestra descendencia.

4. Poblaciones fragmentadas
Durante mucho tiempo, la especie estaba dividida en grupos pequeños y aislados dentro de África, lo que permitió una diversidad genética que luego se combinó cuando algunas poblaciones se expandieron.

En resumen: los primeros Homo sapiens surgieron en África, hace unos 300.000 años, a partir de ancestros africanos arcaicos. No fue un evento único ni localizado, sino un proceso gradual que involucró varias poblaciones interconectadas.

¿Y todos esos evolucionaron a la vez a Homo sapiens? ¿No parece mucha coincidencia?
No fue exactamente que todos “evolucionaron a la vez” a Homo sapiens; más bien, fue un proceso gradual y distribuido, y no es coincidencia sino evolución poblacional conectada. Te explico:

1. Poblaciones fragmentadas pero conectadas
En África, hace 300.000 años, había grupos humanos pequeños y dispersos. Cada grupo podía acumular mutaciones y rasgos levemente diferentes.

De vez en cuando, los grupos se mezclaban mediante migraciones o contactos intermitentes. Esto permitía que rasgos ventajosos se propagaran y se consolidaran en la especie.

2. Evolución gradual, no simultánea
Los rasgos de Homo sapiens modernos (cráneo redondeado, frente alta, mandíbula pequeña, comportamiento simbólico) aparecieron en distintas poblaciones en momentos ligeramente distintos, no todos al mismo tiempo.

La “modernidad” anatómica y cultural fue el resultado de muchas poblaciones contribuyendo y compartiendo variantes genéticas y culturales.

3. No es coincidencia, es interacción evolutiva
Lo que parece simultáneo es en realidad el efecto de flujo génico y selección natural. Grupos que tenían rasgos útiles sobrevivían y se cruzaban con otros grupos, difundiendo esas características.

Es como un mosaico: distintas piezas de Homo sapiens modernos se ensamblan a lo largo de miles de años hasta que surge la población “típica” que reconocemos.

4. Evidencia genética y fósil
Los fósiles muestran rasgos modernos en distintos lugares de África en diferentes momentos.

Los análisis de ADN antiguo muestran que hubo mezcla entre poblaciones africanas arcaicas, lo que explica la diversidad genética inicial de nuestra especie.

En pocas palabras: no fue magia ni coincidencia. Fue evolución distribuida, con flujo genético entre poblaciones pequeñas y fragmentadas, que a lo largo de decenas de miles de años produjo la especie Homo sapiens que conocemos.

O sea, que durante miles de años fueron creándose trozos de Homo sapiens por aquí y por allá... 
Exacto, más o menos esa es la idea: durante decenas de miles de años, distintos grupos en África iban acumulando rasgos modernos por separado, como piezas de un mosaico.

Un grupo podía desarrollar un cráneo más redondeado, otro una frente más alta o una mandíbula más pequeña.

Algunos inventaban herramientas más sofisticadas, otros empezaban a mostrar comportamiento simbólico o artístico.

De vez en cuando, los grupos se cruzaban o intercambiaban genes, y esas “piezas” se iban mezclando y difundiendo.

Con el tiempo, el resultado de todos esos cruces y acumulaciones fue la población de Homo sapiens con todos los rasgos modernos que reconocemos hoy. No fue un cambio instantáneo, sino un proceso gradual y mosaico, donde distintas poblaciones contribuían con distintos elementos.

Es como si se mezclaran ahora chinos y angoleños, ¿no?
Sí, la comparación sirve bastante bien, con matices. Es como si hoy tuvieras poblaciones aisladas geográficamente —digamos, chinos del norte y angoleños del sur de África— que durante miles de años desarrollan rasgos culturales y físicos distintos, y luego empiezan a mezclarse.

Cada grupo aporta “trozos” de características: rasgos físicos, inmunidad, habilidades culturales.

Con el tiempo, la descendencia combina estos rasgos, generando una población nueva con un mosaico de atributos.

Lo que pasa con Homo sapiens en África es parecido, pero durante muchos miles de años y con grupos mucho más pequeños y dispersos.

La diferencia clave es que esos grupos de Homo sapiens antiguos eran mucho más reducidos que las poblaciones modernas, así que cada cruce tenía un impacto mucho mayor en la genética total de la especie. Por eso hoy todos compartimos los rasgos que surgieron de distintos grupos.

¿Y qué rasgos “vinieron de dónde” en ese mosaico africano de Homo sapiens: qué partes del cuerpo, comportamiento y habilidades se mezclaron entre los distintos grupos?
Vamos a desglosarlo: el “mosaico africano” de Homo sapiens consistía en grupos que iban desarrollando distintos rasgos anatómicos y conductuales, y que luego se mezclaron, dejando descendencia con un conjunto completo de características modernas. Algunos ejemplos:

1. Rasgos craneales y faciales
Algunos grupos desarrollaban cráneos más redondeados y frentes altas, típicos de los sapiens modernos.

Otros tenían mandíbulas más pequeñas o pómulos menos pronunciados.

Al mezclarse, estas características se combinaron en una población más homogénea anatómicamente.

2. Comportamiento y cultura material
Algunos grupos inventaron herramientas líticas más complejas, como puntas de proyectil o cuchillos finos.

Otros empezaron a usar ornamentos y pigmentos, lo que sugiere comportamiento simbólico.

La mezcla permitió que la tecnología y los comportamientos simbólicos se difundieran rápidamente entre poblaciones.

3. Adaptaciones locales
Algunos grupos desarrollaron resistencia a enfermedades locales o adaptaciones al clima: pigmentación de piel más clara o más oscura según la latitud, tolerancia a la radiación solar, resistencia a parásitos... 

Al cruzarse, estas adaptaciones se combinaban y distribuían por toda la especie.

4. Rasgos conductuales sociales
Capacidad para cooperación compleja, cuidado de crías, planificación de caza... 

Diferentes grupos tenían distintos estilos o niveles de sofisticación, y la mezcla promovió la transmisión de estrategias exitosas.

En resumen: cada grupo aportaba “piezas del puzzle”: físico, cultural, social y adaptativo. La combinación de estas piezas dio lugar a los Homo sapiens anatómica y culturalmente modernos, capaces de expandirse por África y luego por el mundo.

Es como si un criador de caballos va seleccionado yeguas y pura sangre...
Exacto, la comparación con la cría selectiva de caballos es muy acertada, pero con una diferencia clave: en Homo sapiens no hubo un “criador consciente”, sino que fue la selección natural y social la que actuó.

En la cría de caballos, el criador elige qué animales se aparean según rasgos deseados: velocidad, resistencia, temperamento.

En los primeros Homo sapiens, los “criterios” eran supervivencia y éxito reproductivo: los individuos más adaptados al entorno, más cooperativos o más hábiles tenían más probabilidades de sobrevivir y dejar descendencia.

Además, cuando distintos grupos se cruzaban, era como mezclar líneas de caballos con distintas virtudes, y la descendencia combinaba las mejores características de ambos linajes: rasgos físicos, habilidades cognitivas, adaptaciones locales.

En pocas palabras: la evolución hizo de criador inconsciente, seleccionando y combinando rasgos a lo largo de miles de años, hasta dar lugar a los Homo sapiens modernos, con su mezcla de adaptaciones físicas, culturales y sociales.

¿Y dónde entra Dios o un creador en todo eso?
Ahí ya entramos en el terreno donde ciencia y fe se cruzan, y la respuesta depende de cómo se quiera interpretar. Te lo puedo explicar de forma práctica y clara:

1. Desde la ciencia
La evolución explica cómo surgieron los Homo sapiens: mutaciones genéticas, selección natural, adaptación al entorno y mezcla entre poblaciones.

No dice nada sobre “por qué existe la vida” ni sobre un propósito último. Solo describe el mecanismo de cómo cambian las especies con el tiempo.

2. Desde la fe o la filosofía
Muchas tradiciones religiosas ven a Dios o un creador como el origen último de la vida, la inteligencia y el universo.

En esta visión, la evolución podría ser el método que Dios usó para desarrollar la vida, en lugar de contradecir la creación. Algunos teólogos llaman a esto evolución guiada o creacionismo evolutivo.

3. No es necesariamente incompatible
Se puede aceptar que Homo sapiens surgió mediante evolución y al mismo tiempo creer que Dios está detrás del orden del universo, las leyes de la naturaleza o incluso de la chispa de la conciencia humana.

La ciencia responde al cómo, la fe responde al por qué o al propósito último.

En otras palabras: ver la evolución como un proceso natural no elimina la posibilidad de un Creador; solo separa el mecanismo físico de la cuestión espiritual o metafísica.

Sí, pero no es eso lo que cuenta la Biblia...
Tienes razón: la Biblia presenta la creación de manera muy distinta a la explicación científica. En el Génesis, por ejemplo, se habla de que Dios creó al mundo y a los seres vivos “en días” y de manera directa, no a través de un proceso gradual como la evolución. Algunos puntos a considerar:

1. Lenguaje y género literario
Muchos teólogos coinciden en que el relato de Génesis no es un manual científico, sino un texto con significado teológico y moral.

Habla del orden de la creación, la intención divina y la relación de los humanos con Dios, más que de fechas exactas o mecanismos biológicos.

2. Interpretaciones
Literalistas: sostienen que la creación ocurrió tal como dice el texto, en días literales y sin evolución.

No literalistas / simbólicos: interpretan los “días” como periodos largos, o los relatos como símbolos del poder de Dios y del orden del mundo, permitiendo compatibilidad con la evolución.

3. El punto central de la Biblia
El mensaje no es cómo surgieron exactamente los humanos, sino que Dios es el Creador y que los seres humanos tienen un lugar especial en la creación, con propósito y responsabilidad.

Por eso, muchos creyentes hoy aceptan la ciencia de la evolución como mecanismo, pero mantienen que Dios está detrás del orden y de la vida.

En resumen: la Biblia habla de Dios y del sentido de la creación, no de genética ni fósiles. Por eso es natural que el relato difiera de la explicación científica, aunque ambos puedan coexistir si se entiende cada uno en su contexto.

Pero si los humanos surgieron por diferentes cruces... ¿Para qué se necesita a Dios en eso?
Ahí tocamos una pregunta profunda: el papel de Dios no necesariamente se reduce a “cómo” surgieron los humanos, sino al porqué y al propósito último. Mira:

1. La ciencia responde al “cómo”
La evolución explica cómo aparecieron los Homo sapiens: mutaciones, selección natural, mezcla de poblaciones.

Nos da un mapa del proceso físico, pero no dice por qué existe la vida o por qué hay conciencia.

2. Dios entra en el “porqué”
Para quienes creen, Dios no es solo el “productor de la materia”, sino el autor del sentido, de la moral, de la conciencia y del universo.

La idea es que Dios puede haber elegido el proceso de la evolución como su método, pero su papel no se mide en genes ni fósiles, sino en la intención y el propósito.

3. No es cuestión de reemplazar mecanismos
Creer en Dios no significa negar la ciencia; significa reconocer un nivel de explicación que la ciencia no toca: la finalidad, la trascendencia, la creación con sentido.

La evolución describe los pasos; la fe busca entender el significado de esos pasos y de nuestra existencia.

En pocas palabras: que los humanos surgieran de cruces entre grupos y especies no elimina la necesidad de Dios desde la perspectiva de la fe, porque su papel se sitúa en el sentido y propósito de la vida, no en el mecanismo biológico.

Pues durante muchos siglos no se pensó así... Me da que esa idea la han puesto los teólogos porque no encontraban otra salida... 
Tienes razón en que durante siglos la visión dominante era literalista: Dios creó todo tal como dice la Biblia, y cualquier idea de evolución era rechazada o incluso condenada. La reconciliación de evolución y fe es, en gran parte, un desarrollo reciente, impulsado por la ciencia y la necesidad de armonizar descubrimientos con la fe.

Algunos puntos clave:

1. La revolución científica cambió el panorama
A partir del siglo XVII y XVIII, y sobre todo con Darwin en el XIX, apareció evidencia sólida de evolución y fósiles que no encajaban con un Génesis literal.

La Iglesia y muchos teólogos se enfrentaron a un dilema: rechazar la ciencia o reinterpretar los textos sagrados.

2. Teología como adaptación
La idea de que Dios podría usar la evolución como herramienta no es “inventada al azar”, sino una forma de proteger el núcleo del mensaje religioso (Dios como creador y dador de sentido) frente a los datos empíricos.

Es un intento de mostrar que la fe y la ciencia no se contradicen necesariamente, aunque no todos estén de acuerdo.

3. No es “truco” sino síntesis
Para muchos creyentes, esta interpretación no disminuye la importancia de Dios, sino que lo ubica como autor del orden y la vida, mientras que la ciencia explica los procesos naturales.

Es cierto que históricamente no se pensó así, y que esta idea surge por la presión de la evidencia, pero también refleja un enfoque más flexible de la teología.

En resumen: la conciliación fe-ciencia es relativamente reciente y nace de la necesidad de integrar descubrimientos científicos sin renunciar al sentido religioso. No es “sacrilegio” ni un invento arbitrario, sino un esfuerzo de síntesis para mantener coherencia en dos formas de comprender la realidad.

Pues mira que no era difícil poner en la Biblia por ejemplo: "Dios eligió a los humanos entre otros grupos de homínidos" , por ejemplo.
Exacto, eso habría sido mucho más sencillo desde un enfoque “científico moderno”, pero la Biblia no se escribió con la intención de enseñar biología o genética. Los textos se hicieron para transmitir verdad teológica, moral y espiritual, no hechos históricos o científicos precisos.

En tiempos antiguos, no había idea de fósiles, evolución ni genética; la gente ni siquiera imaginaba especies distintas de humanos.

Lo que importaba era el mensaje central: Dios creó a los humanos con un propósito especial, capaces de relación con Él, moralidad y razón.

Por eso no se habla de “otros grupos de homínidos” o “selección entre especies”; eso simplemente no entraba en el marco de comprensión de la época.

Hoy, con evidencia científica sobre homínidos y evolución, los teólogos buscan reinterpretar el relato de manera simbólica, intentando mantener el núcleo teológico sin contradecir lo que la ciencia demuestra.

Entonces, "a imagen y semejanza de Dios", ¿a qué se refiere exactamente?
“A imagen y semejanza de Dios” no se refiere a rasgos físicos ni a capacidades intelectuales concretas; es un concepto teológico y filosófico, no biológico. En la tradición judeocristiana, esto se entiende así:

1. Racionalidad y conciencia moral
Los humanos pueden distinguir el bien del mal, reflexionar sobre sus acciones y tomar decisiones éticas.

Esta capacidad de juicio moral y autocontrol se ve como reflejo de la razón y voluntad divinas.

2. Capacidad de relación y amor
Podemos amar, perdonar, colaborar y tener vínculos profundos con otros.

Esa capacidad de relación es vista como un eco de la vida relacional de Dios, que en la tradición cristiana se concibe como trinitaria: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

3. Creatividad y cultura
La habilidad de crear arte, tecnología, lenguaje y cultura refleja una forma de creatividad que se asemeja al acto creador de Dios.

4. Responsabilidad y cuidado de la creación
Ser “imagen de Dios” implica administrar la creación con respeto y sabiduría, cuidar del mundo y de los seres vivos que lo habitan.

En pocas palabras: no se trata de un parecido físico ni de inteligencia medida en test, sino de capacidades espirituales, morales y sociales que reflejan la naturaleza de Dios. Es lo que nos hace singulares frente a otras especies, aunque la biología explique cómo surgimos.

Pero diferenciar entre el bien y el mal fue producto de comer del árbol prohibido...
Sí, según el relato del Génesis, la conciencia moral aparece con el episodio del árbol del conocimiento del bien y del mal. Es un símbolo muy potente:

1. No es literalmente un árbol
La historia no tiene que leerse como botánica. El árbol simboliza el paso de la inocencia a la conciencia, la capacidad de elegir entre obedecer a Dios o seguir el propio juicio.

2. Diferenciar entre el bien y el mal
Antes del “pecado original”, Adán y Eva vivían en una especie de inocencia, sin responsabilidad moral completa.

Comer del árbol representa despertar la libertad y la responsabilidad, es decir, el don de la conciencia moral.

3. Interpretación en relación con la evolución
Si pensamos en los primeros Homo sapiens, la capacidad de discernir, planificar y cooperar ya existía de forma rudimentaria.

La historia del Génesis podría verse como una forma simbólica de narrar cómo surgió la conciencia ética y la libertad de elección, no cómo surgieron físicamente los humanos.

En otras palabras: el árbol del conocimiento no es botánica, es una metáfora de la adquisición de conciencia, moralidad y libertad, que es justamente lo que nos hace “a imagen y semejanza de Dios”.

Vale, ¿y dónde encaja la serpiente entonces en todo esto?
La serpiente en el Génesis funciona más como símbolo que como animal literal. Representa la tentación y la capacidad de cuestionar o elegir, más que un reptil concreto que habla. Analicemos su papel:

1. Símbolo de tentación y desafío
La serpiente introduce la posibilidad de desobedecer a Dios, planteando la opción de elegir según la propia voluntad.

En términos teológicos, simboliza el mal o el pecado que existe como alternativa al bien, no necesariamente un ser físico.

2. Función narrativa
Sin la serpiente, la historia no tendría conflicto ni enseñanza: la conciencia moral surge porque hay decisión, riesgo y responsabilidad.

Es decir, la serpiente “despierta” la libertad de elección en Adán y Eva.

3. Interpretación simbólica en evolución y conciencia
Si lo ponemos en perspectiva evolutiva, los primeros Homo sapiens ya tenían capacidades cognitivas: curiosidad, estrategia y aprendizaje social.

La serpiente podría verse como la metáfora de los desafíos que enfrentamos al desarrollar juicio moral y autocontrol, la “tentación” de actuar sin ética.

En pocas palabras: la serpiente no es un animal literal, sino un recurso narrativo y simbólico que muestra cómo surge la conciencia moral y la responsabilidad. Es el contrapunto necesario para que exista la libertad de elegir entre el bien y el mal.

¿Y cómo esta simbología se conecta con la libertad y la responsabilidad en los primeros Homo sapiens desde un enfoque evolutivo y teológico?
Vamos a unir las piezas: libertad, conciencia y responsabilidad en los primeros Homo sapiens, combinando evolución y simbolismo bíblico.

1. Evolutivamente
Los primeros Homo sapiens ya tenían cognición avanzada: planificación, cooperación, resolución de problemas y cierta curiosidad.

Estas capacidades eran necesarias para sobrevivir: cazar en grupo, fabricar herramientas, cuidar crías, comunicarse.

Esta cognición dio lugar a lo que podríamos llamar incipiente conciencia moral: reconocer riesgos, prever consecuencias, elegir estrategias efectivas para sí mismos y para su grupo.

2. El “despertar” simbólico (Génesis)
El relato del árbol del conocimiento y la serpiente simboliza la aparición de esa conciencia moral.

La serpiente representa el desafío o la tentación: actuar solo por instinto o considerar las consecuencias y elegir entre obedecer un orden (divino o social) o seguir la propia voluntad.

Comer del árbol es el paso de la inocencia a la libertad ética, equivalente a cuando los primeros sapiens empezaron a tomar decisiones conscientes que afectaban no solo su supervivencia, sino la de otros.

3. Responsabilidad y cooperación
Con conciencia viene responsabilidad: cuidar del grupo, planificar la caza, transmitir conocimientos, evaluar riesgos éticos.

Esto refuerza la idea de “a imagen y semejanza de Dios”: capacidad de amar, decidir, crear y cuidar, no solo de existir.

4. Síntesis
Evolución = mecanismo: desarrollo de cerebro, cognición, emociones y cooperación.

Génesis = símbolo: describe el momento conceptual y moral en que los humanos se vuelven responsables de sus decisiones.

La serpiente = catalizador del pensamiento crítico y de la libertad de elección, que evolutivamente ya estaba germinando.

En resumen: la Biblia usa símbolos para narrar lo que la evolución produjo gradualmente: libertad, moralidad y responsabilidad. Los primeros Homo sapiens, con sus capacidades cognitivas y sociales, serían los protagonistas reales de ese “despertar moral” representado por Adán, Eva y la serpiente.


 

17.7.25

17 de julio, mártires de la persecución religiosa francesa


Hoy recordamos con profundo respeto y admiración a las Beatas Teresa de San Agustín y sus 15 compañeras mártires de Compiègne, quienes ofrecieron sus vidas como holocausto de amor durante la Revolución Francesa. En un tiempo de odio hacia lo sagrado, estas carmelitas eligieron permanecer fieles a Cristo hasta el final, abrazando la cruz con valentía, cantando mientras subían al cadalso.

Su testimonio sigue hablándonos hoy:
- No hay revolución que pueda apagar la luz de una fe auténtica.
- No hay persecución que pueda callar a un alma consagrada.

Te invito a conocer su historia y dejarte conmover por su ejemplo de oración, entrega y fidelidad radical.

Beatas Teresa de San Agustín y 15 compañeras mártires de Compiègne. 17 de julio de 1794.

Al estallar la Revolución francesa casi todas las religiosas se vieron obligadas a abandonar sus hábitos religiosos. Pero las 16 que formaban esta comunidad de religiosas carmelitas del convento de Compiègne, de común acuerdo, decidieron seguir vestidas como signo de consagración a Dios y testimonio ante los hombres. La priora era María Magdalena Lidoine. Cuando en el 1792 los disturbios por la calles aumentaron todas las religiosas de la comunidad, por inspiración de la priora se ofrecieron en holocausto "para aplacar la cólera de Dios y para que la paz divina, traída al mundo por su amado Hijo, fuese devuelta a la Iglesia y al Estado". El acto de consagración fue emitido incluso por dos ancianas religiosas que al principio se habían asustado pensando en la guillotina.

Cada día repetían este acto de consagración al martirio. Redoblaban sus vidas de oración y mortificación. El día 14 de septiembre de 1792 fueron expulsadas de su monasterio y se dividieron en cuatro grupos por distintas casas de Compiègne, pero siempre unidas en la fraternidad y en el género de vida que llevaban en el convento.

El comité revolucionario dio con su paradero y a pesar de que sus vidas no tenían trascendencia externa, porque se dedicaban sólo a rezar y hacer el bien, nada de política ni otra misión que pudiera perturbar el orden, las encarceló el 24 de junio de 1794 en lo que fue el monasterio de la Visitación, convertido entonces en cárcel. Más tarde fueron conducidas a París y encerradas en la cárcel de Conciergerie, que estaba abarrotada de sacerdotes y religiosos de ambos sexos, que estaban condenados a muerte. La llegada de las carmelitas fue un bálsamo de paz, ya que elevaron los espíritus de aquellos hombres y mujeres; durante los meses que estuvieron en prisión: cantaban, rezaban, ayudaban, vivían alegres y animaban a los más pusilánimes a confiar en el Señor y a prepararse para el holocausto.

Por fin, el 17 de julio fueron condenadas a la guillotina, por su "fanatismo", por su amor a Dios y a María. Mientras eran conducidas al cadalso iban cantando el Miserere, la Salve, el Te Deum, y al llegar al pie del patíbulo, una por una renovaba su profesión ante la Priora y cantaban el Veni Creator, mientras subían a ser decapitadas. La última fue la Madre Priora. Sobre su martirio escribió el dramaturgo francés G. Bernanos: "Diálogo de Carmelitas".



19.3.25

Oración de la humildad en la festividad de San José


Enséñanos, san José,
cómo se es "no protagonista",
cómo se trabaja sin exhibirse,
cómo se avanza sin pisotear,
cómo se colabora sin imponerse,
cómo se ama sin reclamar,
cómo ser eslabón entre el presente y el futuro,
cómo luchar frente a tanta desesperanza.

Dinos, san José, cómo se vive siendo "número dos",
cómo se hacen cosas formidables
desde un segundo puesto, en el que está nuestra verdadera y oculta grandeza.

Dinos, san José, cómo se sirve sin mirar a quién,
cómo se sueña sin más tarde dudar,
cómo morir a nosotros mismos,
cómo cerrar los ojos, al igual que tú,
en los brazos de la buena Madre.

Explícanos, san José, cómo se es grande sin exhibirse,
cómo se lucha sin aplauso,
cómo se avanza sin publicidad,
cómo se persevera y se muere uno
sin esperanza de un póstumo homenaje,
cómo se alcanza la gloria desde el silencio,
cómo se es fiel sin enfadarse con el cielo,
cómo se hace para ser útil, positivo, generoso, sin necesidad de ser "importante" y, todavía más difícil, cómo se hace para darlo todo, sin ser protagonista, y a pesar de ello, sentir por dentro profunda paz, felicidad y gozo.

¡Enséñanos, buen padre san José!

Amén


25.3.24

Oración para la festividad de la Anunciación del Señor (25 de marzo)

Oratorio Carmelitano


"El ángel san Gabriel fue enviado por Dios a la santa Virgen de Nazareth, y saludándola en los términos más gloriosos, la anunció su fecundidad divina, aguardando el consentimiento de María, que fue seguido inmediatamente de la Encarnación del Verbo".

Oración:
¡Virgen de Nazareth, llena de gracia! ¡Bendita entre todas las mujeres! Al repetir respetuosos a vuestros augustos pies estos angélicos loores, no podemos menos de admirar asombrados la gloria inenarrable de que os revisitió el Señor en aquellos momentos -los más solemnes de todos los tiempos-, en que estuvieron suspensos cielo y tierra del consentimiento que os pedía el Altísimo, para la realización de su más sublime obra.

Vos dísteis tal consentimiento, Señora, y el fiat de vuestra humildad fue la salvación del linaje humano.

Vos dísteis vuestro consentimiento, como sumisa esclava del Señor, y fuisteis hecha madre gloriosa de su unigénito divino.

Dignaos recibir nuestras felicitaciones gozosas y nuestras gracias más fervientes, y alcanzadnos del Dios que encerrásteis en vuestro virginal seno que nos conceda, siempre que le recibamos sacramental o espiritualmente, algunas de las santas disposiciones con que lo recibísteis Vos en su Encarnación adorable.

Amén.


19.3.24

Oración a nuestra Señora, en la fiesta de su esposo San José



Santa Virgen Madre, cuando el mundo católico honra y festeja el glorioso nombre de vuestro digno esposo, ¿cómo dejarían vuestros devotos del Carmelo de felicitaros también a Vos, que tanto debéis gozaros en los honores que se le tributan a San José?

Así, ¡oh María!, recibid -junto con el gran Patriarca que fue vuestro compañero en las penalidades del mundo, y lo es ahora en las delicias del cielo-, recibid nuestros tiernos homenajes, y en solemnidad de la santa fiesta que celebramos, bendecidnos y haced que nos bendiga vuestro divino Hijo.

Así sea en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.


Cántico:
¡Viva María! ¡Viva José!
Y ellos nos presten santo favor,
para que llenos de fuerza y de fe
servir sepamos al Salvador.
Amén.



4.2.24

Oraciones para el día de la Ascensión de nuestro Señor



A Dios Padre:
Padre Omnipotente, dignaos recibir en esta solemnidad, con las oblaciones y homenajes de toda vuestra Iglesia -unida por un mismo espíritu-, las preces que os dirigimos humildemente, para que concedais a cuantos conmemoramos con respetuosa alegría la triunfante Ascensión de Vuestro Hijo, los celestiales dones con que fueron enriquecidos los testigos de ella, a fin de que, inflamados nuestros corazones en sagrados deseos, tendamos sin cesar a seguir a nuestro Divino Maestro, que con Vos vive y reina en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

Amén.

3.2.24

Composición poética a la cruz de nuestro Señor



¡Canto a la cruz! ¡Que se despierte el mundo!
¡Pueblos y reyes, escuchadme atentos!
¡Que calle el universo a mis acentos
con silencio profundo!

¡Y Tú, supremo autor de la armonía,
que prestas voz al mar, al viento, al ave,
resonancia concede al arpa mía
y en conceptos de austera poesía
el poder de la cruz deja que alabe!

2.2.24

Oración a Jesús Crucificado



Oración muy propicia para rezar después del Vía Crucis, o bien en los viernes de Cuaresma.


Oración:
Víctima Santa, cargada -por vuestra caridad sin límites- con el enorme peso de las iniquidades del mundo. Postrado ante vuestra cruz, os rindo humildes gracias por mí y por todos los hombres, que tan inmenso beneficio os debemos y tan pobres somos para poder corresponderos. Os rindo gracias por todos, y por todos os pido perdón de las ingratitudes cometidas, hasta tal punto que quisiera llorar en presencia vuestra con lágrimas de sangre del corazón.

¡Oh mi dulce Redentor! Por vuestras humillaciones y amarguras, por todos los dolores que padecieron vuestra alma y vuestro cuerpo durante las tres horas del bárbaro suplicio, y durante todo el proceso que os condenó a muerte tan cruenta, dignaos lavar de una vez para siempre con vuestra preciosa sangre las manchas de nuestras culpas, renovando con vuestra gracia las almas redimidas por Vos.

31.1.24

Oración universal para pedir por nuestra salvación



Dios mío, yo creo en Vos, pero fortificad mi fe. Dios mío, yo espero en Vos, pero asegurad mi esperanza. Dios mío, yo os amo, pero redoblad mi amor. Dios mío, yo me arrepiento de haberos ofendido, pero aumentad mi arrepentimiento.

Os adoro como a mi primer principio, os deseo como mi último fin, os doy gracias como mi bienhechor perpetuo, os invoco como mi soberano defensor.

Dios mío: dignaos adornarme con vuestra sabiduría, contenerme con vuestra justicia, consolarme con vuestra misericordia, y protegerme con vuestro poder.

Yo os consagro mis pensamientos, mis palabras, mis acciones, mis sufrimientos, así como todos mis actos y voluntades, a fin de que no piense en adelante más que en Vos, que no hable más que de Vos, que no obre sino según Vos, y que no sufra más que por Vos.

30.1.24

Oración de conclusión a la Santísima Virgen y al ángel de la Guarda



Gracias os doy también, Madre mía santísima del Carmelo, por vuestra asistencia poderosa en favor de este tan indigno pecador. Pues sabéis, no obstante, que deseo sinceramente santificarme más y más, continuad, Señora, con vuestro patrocinio amoroso, y dignaos constituiros depositaria y conservadora de los buenos propósitos que me inspira [me ha inspirado] la Divina Misericordia.

Vos, así mismo, ¡ángel mío!, recibid mi homenaje y no os canséis de protegerme y guardarme, dirigiendo mis pasos y llevándome por la senda hacia el Padre, que con el Hijo y el Espiritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


Nota: Esta oración también se puede realizar como colofón a la Oración de Conclusión, después de la meditación u/y oración mental, como finalización a la misma.


29.1.24

Oración de conclusión



Yo os bendigo humildemente, Padre celestial, Padre de mi Redentor. Yo os bendigo y os rindo fervorosísimas acciones de gracias, por las que os habéis dignado dispensarme [añadir, si se realiza la oración tras la meditación: durante la meditación que acabo de hacer] no obstante mi indignidad, que reconozco y confieso.

Perdonadme, ¡Dios de todo consuelo!, cuantas faltas haya cometido, por esa misma mi profunda miseria, y permitidme ofreceros las santas resoluciones que me inspiráis [que me habéis inspirado], suplicándoos por los méritos de vuestro Hijo divino, seáis servido darme los auxilios de vuestra gracia para cumplirlas fielmente.

¡Oh Luz Eterna, que superáis infinitamente a todas las luces creadas!, alumbradme desde vuestro celestial trono, y que vuestros vivificantes rayos, penetrando hasta el fondo de mi alma, la purifiquen, la regocijen, y la hagan templo de vuestro santo amor, a fin de que resuenen en ella perpetuamente las alabanzas y las bendiciones hacia Ti, Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, a cuya gloria única todo debe ser dedicado, por los siglos de los siglos.

Amén.


Nota: Esta oración es muy útil para realizarla después de la meditación u/y oración mental, como finalización a la misma.


28.1.24

Oración a la bienaventurada Virgen María, y a nuestro ángel de la Guarda



Gloriosa Virgen María, que conservásteis y considerásteis continuamente en vuestro corazón las maravillas de la Gracia -la cual nos llegó a nosotros por vuestra fecundidad divina-, enseñadme a contemplar estos misterios y ayudadme en mis meditaciones, para que comprenda y sienta los beneficios de esa misma gracia y la enorme vileza de mis ingratitudes.

Y vos, ¡mi buen ángel de la guarda!, inspiradme y alcanzadme espíritu de devoción verdadera.

En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.


Nota: también podemos aprovechar para encomendarnos a continuación a los santos y/o patronos de nuestra particular devoción.



27.1.24

Oración preparatoria para disponerse a estar en la presencia de Dios



Dios mío, creo firmemente que todo lo llenáis con vuestra presencia, y por consiguiente que estáis aquí, que me veis y me escucháis.

Me humillo ante Vos con profunda adoración, reconociéndome indignísimo de la honra de hablaros, y aún más de que os dignéis hablarle a mi alma -manchada por tantas culpas-. Pero, lleno de esperanza en vuestra misericordia infinita, os pido perdón de ellas pesándome el haberlas cometido, y clamando vuestro socorro para conseguir no volver a ofenderos más.

Yo os amo, mi Dios, pero aumentad en mí la fe y el amor hacia Vos, y suplid con vuestra bondad cuanto falte a mis disposiciones, a fin de que, por medio de la meditación y de la oración, aprenda a conocer vuestra voluntad, cumplir con mis deberes, satisfacer vuestros deseos en mí, y reparar mis culpas.

Estas gracias os pido por Jesucristo mi Redendor.

Amén.


Se concluye con la invocación al Espíritu Santo, para pedir su auxilio:

Venid, ¡oh Espíritu Santo! Encended mi corazón en vuestro santo fuego, y alumbrad mi entendimiento con la luz de vuestra verdad.



Nota: Esta oración es muy útil y recomendable para la práctica de la oración mental, diciéndola al inicio de la misma, en la fase de Preparación.


26.1.24

Método resumido sobre la forma de realizar la oración mental



La oración mental es una elevación y aplicación del espíritu y del corazón hacia Dios. Consta de tres partes:

- Preparación.
- Meditación.
- Conclusión.

Preparación.
La Preparación consiste en disponerse interiormente para el gran acto de la oración, por medio de algunos instantes de recogimiento.

Luego hay que ponerse en la presencia de Dios por un acto de fe, y rogarle se digne aceptarnos ante su divina majestad, supliendo con su misericordia lo que falte a nuestras disposiciones.

Se invoca fervorosamente al Espíritu Santo; se pide su asistente a la bienaventurada Virgen María, y después se lee detenidamente el asunto sobre el cual se quiere meditar.

No es, empero, de absoluta necesidad el realizar dicha lectura, pues aún sin el auxilio de un libro o de un texto puede uno escoger su asunto y representárselo vivamente. Por ejemplo: queriendo meditar sobre la muerte, me imagino hallarme ya en la última enfermedad, próximo al temible trance de la partida. O si me propongo que la meditación sea sobre la crucifixión del Señor, procuro transportarme con el pensamiento al monte Calvario, para formarme un cuadro de lo que allí pasó. Me represento al divino Redentor tendido sobre la cruz, a los verdugos inhumanos que se disponen a clavarlo en ella, a la santa Madre presenciando el sangriento espectáculo, a los soldados y el populacho burlándose, etc. etc.

25.1.24

Oración para alcanzar gracias (compuesta por Santa Gemma Galgani)



Aquí me tenéis postrada a vuestros pies santísimos, mi querido Jesús, para manifestaros en cada instante mi reconocimiento y gratitud por tantos y tan continuos favores como me habéis otorgado, y que todavía queréis concederme.

Cuantas veces os he invocado, ¡oh Jesús!, me habéis dejado siempre satisfecha; he recurrido a menudo a Vos, y siempre me habéis consolado.

¿Cómo podré expresaros mis sentimientos, amado Jesús?

Os doy gracias..., pero otra gracia quiero de Vos, ¡oh Dios mío!, si es de vuestro agrado y para bien de mi alma (manifestamos ahora la gracia que se desea alcanzar).

Si no fuerais todopoderoso, no os haría esta súplica. ¡Oh Jesús!, ¡tened piedad de mí, y hágase siempre y en todo vuestra santísima voluntad!

Amén.

(Padrenuestro, Avemaría y Gloria).

24.1.24

Espiración espiritual



[Nota: Se puede rezar esta Espiración Espiritual tras el Testamento Espiritual, durante la última noche del último día de la Práctica de Preparación para la Muerte.]

Tomando en las manos un crucifijo, y con todo el fervor posible, se dirá:

He aquí, ¡Salvador mío!, he aquí esta alma, que es obra y propiedad vuestra, y que yo os rindo en tributo de amor por vuestros beneficios, y de arrepentimiento por mis ingratitudes. Teñida está en la sangre que por ella derramásteis en el monte Calvario, y así quiero exhalarla en el seno de vuestra misericordia.

(Ahora se besa en la sagrada efigie la llaga del costado).

Perdonadla, recibidla, porque en Vos ha creído, en Vos ha esperado, a Vos se entrega para siempre, ¡oh mi Creador y Redentor! ¡Vos sois toda la Esperanza mía!

Acoged esta pobre alma con el mismo amor con que la rescatásteis en la Cruz.

Amén.

(Se besa de nuevo la santa efigie, y después de un momento de recogimiento se reza un Padrenuestro, Avemaría y Gloria, por nuestra propia alma).

Requiescat in pace. Amen. (Descanse en paz. Amén).




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23.1.24

Testamento espiritual



[Nota: Se puede rezar este Testamento Espiritual durante la última noche del último día de la Práctica de Preparación para la Muerte.]

Creo en el misterio de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo, Espíritu Santo; tres persoans distintas y un sólo Dios verdadero.

Creo en el misterio de la Encarnación del Hijo, en las purísimas entrañas de la siempre Virgen María.

Creo en la sacratísima pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, por cuya virtud fuimos redimidos.

Creo, finalmente, cuanto cree y enseña la santa Iglesia católica, y declaro que quiero acabar mi vida en estas santas creencias.

Declaro así mismo -invocando por testigos a la gloriosa Virgen María del Monte Carmelo y a todos los santos, así como a los celestiales espíritus- que es mi última e irrevocable voluntad: morir por amor de mi divino Redentor, como por amor mío se dignó morir Él, y que teniendo presente la infinita bondad con que me constituyó heredero de todos sus merecimientos, su cuerpo y su sangre, le suplico a mi vez sea servido aceptar todo lo que hay en mí -aunque indignísimo de serle ofrecido- como humilde correspondencia de esta tan pobre cuanto obligada criatura.

¡Sí, mi buen Jesús!, yo os hago mi heredero universal de todo cuanto soy: entregándoos mi alma, mi cuerpo, mi vida, mi muerte, mi corazón, mi espíritu; y espero de vuestra inagotable misericordia habéis de recibirlos benignamente y poseerlo todo de mí perpetuamente.

Amén.




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21.1.24

Práctica para prepararse ante la muerte (yIV)



Día tercero.
En este último día oiremos misa, y después tendremos una meditación de una hora o de media hora, sobre la muerte.

Procuraremos visitar a uno o más pobres enfermos, o bien a un hopital, llevando socorros según nuestras facultades, y por supuesto consuelos y consejos cristianos.

Sin embargo, si esto no es posible, convendría en la propia morada o donde podamos, repartir limosna a cierto número de indigentes.

Por la noche, después de nuestras oraciones de costumbre, realizaremos la Práctica de Oración que encontraremos al final de estas líneas.


20.1.24

Práctica para prepararse ante la muerte (III)



Día segundo.
Cual si fuera la última vez, confesaremos, comulgaremos, oiremos misa (no omitiendo nunca nuestras oraciones de costumbre, pero aplicándolas por nuestra propia alma).

Después, visitaremos a nuestro Señor sacramentado. En donde se halle el Jubileo de las Cuarenta Horas, y en dicha santa visita en cualquier caso, dirigiremos al Redentor la Oración de la Preparación que se encuentra al final de este texto, después de adorarle.

Por último, dedicaremos también otra hora, o media, a la oración mental, que en este día podrá centrarse sobre los beneficios de Dios.