Semana en el Oratorio

Desprecio de los bienes mundanos

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12.9.17

Todo lo creado es nada frente al Señor


Hermanos lectores: si consideramos cuantos, y cuales, son los bienes que nos prometen en el Cielo, dice San Gregorio, despreciaríamos por viles cuantos hay en la tierra. Porque todo lo terreno, comparado con lo Celestial y eterno, por rico que sea, es nada, y por deleitoso que parezca, se acaba volviendo una carga: carga por cuidarlo, carga por temer perderlo, carga por obtenerlo, carga por el imprevisible futuro. Nada de lo terrenal satisface, nada consuela, todo lo de acá deja el corazón vacío.

Ea, pues, almas, tiempo es este de negociar, para ser rico por una eternidad, y si queremos pisar las estrellas con los pies descalzos, como dice nuestra madre Santa Teresa, conviene antes descalzarse de todos los afectos de la tierra, en la cual somos peregrinos, y atender a purificarnos, pues no entra en el Cielo mancha alguna. Pasemos en esta vida penas temporales, si queremos gozar de los eternos gustos.

30.5.17

El engaño y las miserias de los mundanos


Discípulo: Os suplico, Sabiduría llena de misericordia, que iluminéis a estos pobres ignorantes.

No, no son ignorantes, puesto caso que a cada momento sienten y comprenden sus miserias. Lo que ellos quieren es distraerse para gozar de los placeres a sus anchas. No se disculpen sus errores, que cuando lleguen a confesar su engaño, será ya tarde. Es una desgracia muy grande, que nunca será tan lamentada como se merece.

Pues, sencillamente, fijándose en que ellos rehuyen del todo las fatigas y la cruz de mi humanidad, piensan que así podrán vivir una vida más dulce y más placentera, y luego se encuentran sumidos en nuevas angustias y tormentos. Rechazan mi yugo suave, me abandonan a mí, que soy el soberano Bien, y a la postre se encuentran con el soberano mal. Temen la niebla, y al huir de ella caen en plena tempestad. Y además de esto, por justo juicio de mi justicia, viven de continuo agobiados por el peso de mil géneros de miserias.