Semana en el Oratorio

Desprecio de los bienes mundanos

30.10.18

De las virtudes y de los vicios: Unión



La Unión es la madre de la Perfección, y nace de la Caridad, es decir, de Dios, porque Dios es Caridad.

Nunca llega a la Unión sino el alma purificada, crucificada y ejercitada en las virtudes.

A la Unión no llega sino el alma humilde y obediente.

A la Unión no llega sino el alma muerta a todo propio querer. El lazo que estrecha al alma a la Unión es la Voluntad divina. La Unión es la antesala del cielo. Todavía existe más allá de la Unión otra cosa más alta, como grado de la misma.




La Unión se efectúa en la obscuridad y silencio de un alma pura. La Unión ya no tiene enemigos que la perturben. La Unión sube a un punto en donde ni las pasiones, ni los vicios ni el demonio alcanzan a penetrar.

El Espíritu Santo entra en la posesión de esta dichosa alma y en cierto modo la transforma en Sí mismo, en sus íntimas comunicaciones con ella; la cubre de sus gracias y de sus dones, la confirma en la Pureza, la llama su Esposa, y en ella forma su Nido, y sus delicias.

Las virtudes brotan de Mí y a Mí vuelven, aprisionando a las almas en mis divinas redes.

Las virtudes son hermosas, bellas, encantadoras, emanadas de mi misma virtud y perfección.

La Unión, la Santidad y la Perfección propiamente no son virtudes sino grados de Gracia, muy eminentes, por medio de los cuales el alma se eleva hasta perderse en su Dios, como principio y fin de ella; son grados de Gracia que contienen a todas las virtudes en una escala sobrenatural, atrayendo hacia sí al mismo Dios, foco en donde están todas las perfecciones en grado infinito.

Con la luz de la Unión, Santidad y Perfección se ve a Dios como crecido en hermosura, belleza, omnipotencia, bondad, ternura, sabiduría, y amor para con sus pobres criaturas.

v. Concepción Cabrera de Armida | Preparación: OratorioCarmelitano.com / OratorioCarmelitano.blogspot.com