7.7.18

El combate espiritual: no confiar de visiones ni apariciones


- Del asalto de las ilusiones y falsas apariencias en la hora de la muerte. -

En los últimos ataques, hija mía, si nuestro común enemigo que no se cansa jamás de molestarnos y afligirnos transformándose en ángel de luz (II Cor. XI), se esfuerza por seducirte con ilusiones y falsas apariencias, procura mantenerte firme y constante en el conocimiento de tu nada, y dile animosamente: "Retírate, infeliz; vuelve a las tinieblas de donde has salido, que yo no soy digna de que Dios me favorezca con visiones celestiales, ni necesito de otra cosa que la misericordia de mi amado Jesús, y de los ruegos de María santísima, del glorioso San José y de los demás Santos".

Y si te pareciere, por muchas y casi evidentes señales, que son apariciones celestiales, no por eso dejes de repelerlas de ti; y no temas que esta resistencia tuya, fundada en el conocimiento de tu miseria, desagrade al Señor; porque si fueren cosas suyas, bien sabrá manifestarlo para que no dudes, y no te suceda algún mal: pues el que da su gracia a los humildes (Jacob. IV, 6), no los priva de ella cuando se humillan.




Estas son, hija mía, las armas más comunes de que usa el demonio contra nosotros en el último combate. Pero, además de esto, suele también asaltarnos particularmente por aquella parte que reconoce más flaca en nosotros; porque estudia y observa todas nuestras inclinaciones para hacernos caer por ellas en el pecado. Por esta causa, antes que llegue la hora de esta grande y peligrosa batalla, debemos armarnos bien y pelear esforzadamente contra nuestras pasiones más violentas, y que más nos dominan, para que con más facilidad y menos trabajo podamos resistirlas y vencerlas en aquel tiempo formidable que será el fin de todos los tiempos.

"...et pugnabis contra eos usque ad internecionem eorum" (I Reg. XV, 18).

Lorenzo Scúpoli C. R. | Preparación: OratorioCarmelitano.com / OratorioCarmelitano.blogspot.com

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