7.7.18

Novena a Ntra. Sra. la Virgen del Carmen. Día 1


Novena a Nuestra Señora la Virgen del Monte Carmelo

¡Madre del Carmelo! Vengo a tus plantas lleno de gozo y de esperanza.

De gozo, porque sé que tu escapulario es "el canal abundante por donde bajan raudales continuos de gracias y de favores sobre el mundo; el bendito vestido espiritual que protege a los hombres por los difíciles caminos de la vida; el áncora de salvación en las múltiples borrascas espirituales y temporales; el escudo defensor en las luchas contra los enemigos del alma y contra los peligros del cuerpo".

Y de esperanza, porque tu Escapulario es "señal segura de predestinación; garantía de un feliz éxito en el tránsito a la eternidad; llave que abre las puertas del cielo", pues como Tú misma dijiste: "El que muera con mi Escapulario no se condenará".

Yo sé, Madre, que "Tú eres siempre el camino que conduce a Cristo y que todo encuentro contigo no puede menos de terminar en encuentro con Cristo mismo".

Tú conociste, Madre, las penas y tribulaciones de aquí abajo, la fatiga del trabajo cotidiano, las incomodidades y estrecheces de la pobreza y los dolores del Calvario.

Por eso acudo a Ti, Madre del Carmen, en esta Novena, "para que socorras las necesidades de la Iglesia y del mundo, escuches benignamente los clamores de paz que a Ti se elevan desde todos los confines de la tierra, ilumines a los que rigen los destinos de los pueblos y obtengas de Dios la paz verdadera que se funda sobre las bases sólidas y duraderas de la justicia y el amor", también por mis necesidades, por las almas del purgatorio y por nuestra salvación eterna.

Por Jesucristo nuestro Señor. Así sea.






DÍA 1.°

MARIA, MADRE DE GRACIA Y DE MISERICORDIA


El gran místico carmelita Padre Miguel de San Agustín escribe en sus Instrucciones Místicas: "No puedo menos de recomendar a todos encarecidamente una entrañable devoción, un amor filial y un tierno afecto a María, la Madre amable, como medio de singular eficacia para vivir como buen cristiano; y ello, porque saludándola como la saludamos, con los títulos de Madre de gracia y Madre de la misericordia -gracia y misericordia que son de todo punto indispensables para llevar una vida piadosa-, ¿a quién podríamos recurrir con más derecho en busca de la gracia que a la Madre de la Misericordia? Así pues, me atrevo a hacer mías las palabras del Apóstol: !Acerquémonos confiadamente al trono de la gracia a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia en el tiempo oportuno".

Ahora bien, para poder acercarnos confiadamente a la que es trono y Madre de la misericordia, debemos primero granjearnos su amor. Por eso, todos cuantos se glorían de llamarse esclavos, hijos o hermanos de María, han de esmerarse en armonizar su vida con las exigencias de tal título, procurando parecerse a Patrona tan santa, a Madre tan amable y a Hermana tan compasiva en alguno de sus rasgos espirituales mediante la imitación de sus perfecciones y la asimilación de sus buenas cualidades. Tú -no importa quién- que amas a María como a Madre, imita su humildad, castidad, pobreza y obediencia; copia de tan soberano modelo el amor de Dios y del prójimo, así como de las demás virtudes.

Pon tu persona entera en manos de María. Acércate a Ella como a la maestra más sabia, como a la Virgen más prudente. En una palabra, pórtate con Ella como corresponde a un hijo que se precie y comprobarás por experiencia que Ella es la Madre del amor puro y de la esperanza santa, que te colmará de toda gracia y de verdad, y te alumbrará con toda esperanza de vida y de virtud.

(Pídase ahora la gracia que se quiere conseguir de nuestra Madre Carmelitana en esta novena).

SALUTACIONES
- ¡Madre mía del Carmelo! Gracias por habernos dado tu escapulario, llave de oro para abrir las puertas del cielo.
Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

- ¡Madre mía del Carmelo! Gracias por haberme vestido con tu santo escapulario, prenda segura de salvación.
Dios te salve María...

- ¡Madre mía del Carmelo! Gracias por tu escapulario, canal abundante por donde bajan raudales continuos de gracias sobre el mundo.
Dios te salve María...

- ¡Madre mía del Carmelo! Gracias por tu Escapulario, protección segura contra los peligros del alma y del cuerpo.
Dios te salve María...

- ¡Madre mía del Carmelo! Gracias por tu promesa: "En la vida protejo, en la muerte ayudo y después de la muerte salvo".
Dios te salve María..., y Gloria...

SÚPLICA
Acordaos, oh Virgen del Monte Carmelo, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que visten devotamente vuestro santo escapulario haya dejado de experimentar vuestra protección y auxilio en la vida y en la muerte. Animado yo con esta confianza acudo a Vos, y, aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia. No desechéis mis súplicas, oh Madre de los carmelitas; antes bien, oídlas y atendedlas amorosamente presentándolas ante el trono de vuestro divino Hijo Jesús para que sean favorablemente despachadas. Así sea.

Oficiante: Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Respuesta: Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

ORACIÓN FINAL
Te suplicamos, Señor, que nos asista con su intercesión poderosa la Santísima Virgen María, Madre y Reina del Carmelo, para que, guiados por su ejemplo y protección, lleguemos hasta la cima del monte de la perfección que es Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Así sea.

| Preparación: OratorioCarmelitano.com / OratorioCarmelitano.blogspot.com

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