Semana en el Oratorio

Desprecio de los bienes mundanos

24.5.18

El combate espiritual: Medios para ayudarnos a adquirir virtudes


- De los medios para adquirir las virtudes, y cómo debemos servirnos de ellos por algún tiempo, para aplicarnos a una sola virtud. -

Sobre todo lo que dejo advertido, debes también saber, hija mía, que para llegar a una eminente y sólida virtud, es necesario que tengas un corazón grande y generoso, y una voluntad resuelta, invariable y firme para vencer las contradicciones, penas y dificultades que se hallen en este camino. Es necesario asimismo que tengas una inclinación y afecto particular a la virtud. Esta inclinación se adquiere considerando frecuentemente cuán agradables son a Dios las virtudes, cuán nobles y excelentes son en sí mismas, y cuán útiles y necesarias para nosotros; pues en ellas empieza y acaba toda la perfección cristiana.

Harás todas las mañanas eficaces propósitos de ejercitarte en ellas según las ocasiones que probablemente se te pueden ofrecer en aquel día, y te examinarás muchas veces para reconocer si has ejecutado fielmente estos propósitos y buenas resoluciones, y para renovarlos con mayor eficacia y fervor.




Deberás observar particularmente esta regla con la virtud que te hubieres propuesto, y de que tuvieres mayor necesidad.

Aplicarás a esta virtud todas las reflexiones que hicieres sobre los ejemplos de los Santos, y todas tus meditaciones sobre la vida y pasión de Jesucristo, tan útiles e importantes en todos los ejercicios espirituales; lo mismo harás con las ocasiones que se te ofrecieren a propósito para esto, aunque sean entre sí diversas, como diremos luego.

Procura acostumbrarte a los actos de las virtudes, así exteriores como interiores, de modo que llegues finalmente a ejecutarlos con aquella misma prontitud y facilidad con que antes hacías los que eran conformes a tus apetitos. Acuérdate de lo que te dije en otra parte, que los actos más contrarios a las inclinaciones de la naturaleza son los más propios y eficaces para introducir en el alma el hábito de la virtud.

Las sentencias de la Sagrada Escritura pronunciadas con la boca o con el corazón, como se debe, tienen virtud y fuerza maravillosa para ayudarnos en este santo ejercicio; por esta causa conviene que tengas muchas en la memoria, que se ordenen a la virtud que desees adquirir, y que las repitas muchas veces al día, particularmente cuando se excita y mueve la pasión contraria. Como por ejemplo: si deseas adquirir la virtud de la paciencia, podrás servirte de las palabras siguientes o de otras semejantes:

- "Fuji patienter sustinete iram, quae supervenit" (Baruch, IV, 25). ("Hijos, llevad con paciencia la ira de Dios, que castiga vuestros desórdenes").

- "Patientia pauperum non peribit in finem" (Ps. VI, 19). ("La paciencia de los pobres no será privada para siempre del bien que espera").

- "Melio est patiens viro forti, et qui dominatur animo suo expugnatore urbium" (Prov. XVI, 32). ("El hombre paciente es mejor que el fuerte y valeroso; y el que sabe dominarse a sí mismo vale más que un conquistador de ciudades").

- "In patientia vestra possidebitis animas vestras" (Luc. XX 19). ("En vuestra paciencia poseeréis vuestras almas").

- "Per patientiam curramus ad propositum nobis certamen" (Hebr. XII,1). ("Corramos de suerte en este campo, que por la paciencia ganemos el premio que Dios nos propone").

Para lo mismo podrás también añadir las aspiraciones siguientes: "¿Cuándo, Dios mío, se hallará armado mi corazón con el escudo de la paciencia? ¿Cuándo, Dios mío, por contentaros, sufriré con ánimo alegre y tranquilo cualquiera penalidad y trabajo? ¡Oh dichosas tribulaciones, pues me hacen semejante a mi Redentor, Jesucristo, lleno de penas y de aflicciones! ¡Oh vida de mi alma! ¿Viviré yo alguna vez contenta y gozosa por vuestra gloria, entre las tribulaciones? Feliz seré yo, si con llamas de tribulaciones me abraso en deseos de sufrir otras mayores".

De estas breves oraciones podrás servirte, y de otras que sean conformes al progreso que hicieres en la virtud, o que te dictare tu devoción.

Estas oraciones se llaman jaculatorias, porque son como flechas encendidas que se tiran al cielo, y tienen la virtud de levantar nuestro corazón y de penetrar en el de Dios, si van acompañadas de dos circunstancias que son como dos alas: la una es el conocimiento del gusto que recibe Dios de vernos ocupados en el ejercicio de las virtudes; la otra un eficaz deseo de adquirirlas por el sólo fin de agradar a su divina Majestad.

Lorenzo Scúpoli C. R. | Preparación: OratorioCarmelitano.com / OratorioCarmelitano.blogspot.com

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