Semana en el Oratorio

Desprecio de los bienes mundanos

23.5.18

Diario de Santa Gemma Galgani [34]


Viernes, 24 de agosto de 1900
Más tarde vino Jesús a quitarme la corona de espinas, vino pronto, diciendo que ya había hecho bastante; y porque yo no quería, pues no estaban cumplidas las horas, me dijo que soy siempre muy pequeña y que ya es bastante lo que hago.

Sufrí durante varias horas continuamente; Jesús me acarició mucho. A cierto punto de nuestra conversación le pedí luz para el Confesor; y entonces se me ocurrió contarle lo que me había dicho el Ángel de la Guarda. Me había dicho la mañana anterior que el Padre Germán tiene bastante luz para mis cosas, y que me quiere bien. Referí sin pensar la cosa a Jesús, y Jesús no sabía nada de lo que me había dicho el Ángel de la Guarda ([No sabía nada, esto es, mostraba no saber. Con un alma tan inocente el Redentor, amabilísimo, se complacía en juguetear]) se puso serio y me dijo que no quería que el Ángel de la Guarda me ande soplando al oído.




Pero mientras me decía esto, en vez de asustarme, como me sucede cuando Jesús se pone serio y enfada, tomé más confianza y le pregunté:

- ¿No podrías, Jesús ... ? - Callé, creyendo que me entendía sin decir más, y Jesús, entendiendo, me dijo:

- No te aflijas, hija mía, pronto vendrá el Padre Germán. ¿Has entendido? -Me preguntó.

- Sí-, respondí. Y por último me dijo estas palabras:

- No temas, pronto vendrá -. Me hizo señas con la mano de que se iba, y desapareció.

Luego, más tarde, me fui a la iglesia para recibir como de costumbre la bendición, pero me parecía estar un poco cansada. En efecto, era verdad, mas no es, según tengo ya dicho otras veces, cansancio propiamente dicho, es desgana y pocas ganas de rezar; el Ángel de la Guarda me dijo al oído que rezase estando sentada. Al principio no quería acceder, pero insistió dos veces, y entonces obedecí y estuve siempre sentada. Ciertamente que estuve muy a gusto, porque de rodillas no podía estar.

Ayer tarde me dio a entender que cuando Jesús se queja de que no hago la meditación, no se refiere al jueves y al viernes, sino a los otros días, y así es en efecto, pues esos dos días nunca la olvido. Le prometí ser más exacta en hacerla, y me mandó me fuera a la cama, porque estaba cansada, y que tratase de dormir. Le pedí que estuviera conmigo, pero no me lo prometió, así ha sido, no ha estado.

- Ahora - le dije - vete corriendo a Jesús y pídele con insistencia que se deje ver, pues mañana tengo que confesarme.

A lo que me dijo en seguida:

- ¿Y si viniera el cohermano Gabriel?

- Me da lo mismo - respondí -. Pero Jesús o el cohermano Gabriel es necesario que yo los vea, ruégale que me conceda esta gracia, la necesito mucho.

- ¿Y no podrías decírmelo a mí? - Me preguntó.

- Tú vete -le dije - a estar con Jesús y ponte al corriente de todo, y, luego, ven a decírmelo-. Me hizo señas de que así lo haría.

Acababa de hablarme del Cohermano Gabriel y, como siempre que lo oigo nombrar no puedo menos de alegrarme, exclamé:

- ¡Oh, cuánto hace que espero al Cohermano Gabriel, cómo lo deseo!

- Pues precisamente por eso, porque tienes tantas ganas de verlo, Jesús no quiere darte este gusto.- Entonces riendo me enseñó que, cuando viniera Jesús, no dejase traslucir mi manía por ver al Cohermano Gabriel, que así me contentaría más fácilmente.

Comprendí que se burlaba, porque a Jesús no se le puede ocultar nada. - Muéstrate indiferente - me dijo -, y ya verás como Jesús te lo manda más a menudo.

- Pero si no puedo estarlo - le dije.

- Yo te enseñaré: le debes decir así a Jesús: Si viene, bien, si no, es lo mismo -, y al decir estas palabras se reía mucho.

Entonces comencé a repetirlo también yo y conocí que él se divertía. Me mandó que fuese a la cama, diciendo que por esa noche tenía que estar sola, pues, si estuviera él no dormiría, y se fue, y así es en verdad estando él no duermo; se entretiene enseñándome muchas cosas que se hacen en el cielo, y la noche se pasa sin sentir. Pero esta noche no ha sido así, me ha dejado sola y me he dormido; me he despertado, sin embargo, varias veces y él me decía:

-A dormir, si no, me voy de verdad.

He oído tronar muy fuerte y tenía miedo, entonces vino y se dejó ver. Me bendijo otra vez y volví a quedar dormida.

Santa Gemma Galgani | Preparación: OratorioCarmelitano.com / OratorioCarmelitano.blogspot.com

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