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28.9.21

Luces Vespertinas: 16. Mis bienes



Mis bienes, además de la religión y de la virtud, son la salud, la ciencia, la alegría, la fama...

- Salud.
¿Cuidas de tu salud? ¿Demasiado poco, o mucho? ¿Eres afeminado, aprensivo, esclavo de tu salud? ¿O por el contrario eres machote, duro, incorregible? ¿Eres sobrio o justo? ¿Conveniente y medido? ¿Sucio o descuidado y desarreglado? Examina tus comidas, bebidas, vestidos, sueño, habitación...

- Alegría.
¿Tienes buen humor y fomentas tu alegría y la de los tuyos? Dos cosas sólo deben ser capaces de quitar el buen humor: el pecado, mientras lo tengas, y el dolor o desgracia actual, enfermedad, hambre, abandono, malestar o peligro inminente de ello. Cuando esto tengas, procura remediarlo si puedes. Con tristeza y abatimiento no se hace nada en la vida. Haz todo lo que puedas por tener buen humor. Pero, ¿acaso tengo demasiada alegría? ¿Soy alborotador, informal, importuno, charlatán y molesto?

- Ciencia.
Nada hay tan propio del hombre como la cienca. ¿Sé yo de algo? ¿Sé lo que debe saber un hombre de mi posicion y cultura? ¿Procuro aprender lo que puedo dentro de mi condición? ¿Dedico algún tiempo a mi cultura, a la erudición, a la lectura? ¿Tengo presunción de sabio, soy pedante, atrevido? ¿Aprovecho bien mis conocimientos? ¿Soy más bien curioso de apacentar mi fantasía que mi entendimiento y mi corazón? ¿Miro por la instrucción y educación de los de mi casa, y les facilito los medios para ello?

- Fama.
Ten cuidado de guardar buen nombre, dice la Sagrada Escritura. La buena fama es uno de los mejores bienes. ¿Miro cuidadosamente por mi buena opinión y la de los míos? ¿Procuro merecerla con mi buena conducta pública y de los míos? ¿Pretendo tener buena fama con malos hechos y acciones? ¿Soy ambicioso? ¿Soy sinvergüenza y escandaloso?

Procura no tener mala fama. Pero no hagas las buenas acciones por ganar gloria vana. Tampoco te figures que, porque uno tenga mala opinión de ti, los demás también la tengan. Hay casos en que puede uno alegrarse de que ciertas gentes le tengan a uno en mala opinión.

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27.9.21

Luces Vespertinas: 15. Mis dineros



- 1.: ¿De dónde provienen mis dineros? ¿De ganancias justas o injustas? ¿De ganancias decentes o bochornosas? ¿De ganancias excesivas o convenientes? ¿De ganancias perjudiciales al prójimo?

- 2.: Y, ¿en qué se van? ¿Doy lo necesario para lo necesario a la esposa, a los hijos, a los súbditos, a los dependientes? ¿O soy avaro y doy poco?

¿Doy lo conveniente para lo conveniente, además de lo necesario? Siempre, si se puede, conviene dar algo más de lo necesario, según las circunstancias, y ser generoso en gastar razonablemente para ti, para tu esposa, para tus hijos, para tus subalternos. ¿Das las propinas o cantidades convenientes?

¿Das o derrochas en cosas superfluas e inútiles? ¿En lujos y ostentación? ¿En vicios y juegos? ¿En diversiones y destrozos?

¿Cuánto das al culto y a obras pías? ¿Cuánto das a la caridad y a la beneficencia?

¿Te sobra demasiado capital? ¿Te sobra demasiada renta? Y, ¿qué haces de ello? ¿Lo derrochas sólo porque lo tienes, sin acordarte de los que no tienen? ¿Lo acumulas para tener más, teniendo ya demasiado? ¿Aumenta tu limosna como aumenta tu dinero?

Si tal vez no tienes familia, o tienes poca, o ya tienes mucho para ella, ¿no sería mejor conservar, sí, algo del capital, o si es conveniente irlo aumentando algo según las circunstancias, pero el exceso de la renta dedicarlo a buenas obras?

Los años que ganas más, ¿por qué no das más también a obras de piedad y de misericorida? ¡Cuántas cosas podrían hacer más útiles con su dinero los que ganan mucho!

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26.9.21

Luces Vespertinas: 14. Mis negocios



¿Qué negocios tengo? ¿Demasiados? ¿Demasiado pocos? ¿Superiores a mis fuerzas? ¿Me convendría tener menos para dedicarme más a Dios, al prójimo, al descanso, a la salud, a mis familia, a mi cultura o a otras obras buenas?

¿Son negocios dignos, o bajos, sucios, comprometidos, injustos o/y peligrosos?

¿Los llevo bien, al día, ajustados o descuidados? ¿Los tengo arreglados para caso de muerte? ¿Tengo hecho el testamento? ¿Tengo arregladas las cosas para mi familia, para mis hijos, el día en que yo les falte?

¿Tengo demasiado afán de lucro? ¿Gano demasiado? ¿Soy en el negocio interesado, venal, exigente, fraudulento, injusto, sobornador?

¿Tengo deudas? ¿Y pudiendo, no las pago? Procura no tener nunca ninguna deuda. ¿Gasto sin tener dinero para hacerlo? No gastes hasta tener el dinero en la mano.

¿Dejo para mañana las cosas? No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

¿Tengo demasiados servidores? Lo que tú puedas hacer por ti, no lo hagas por otros.

¿Puedo dar trabajo además, a otros, por caridad? Esta es la mejor limosna que podrías hacer.

¿Tengo pleitos? Más vale un mediano arreglo que un buen pleito.

¿Me gusta engañar? El que engaña, a nadie engaña antes que a sí mismo.

¿Soy astuto? La astucia es moneda falsa y la sinceridad es oro.

¿Tengo negocios ajenos? ¿Soy administrador, tutor, consejero, gerente, albacea? Y, ¿cómo los llevo? ¿Con fidelidad, diligencia, justicia?

¿Me estoy arruinando? ¿Y qué hago? ¿Sé cual es mi deber? ¿Consulto qué debo hacer? ¿Obro dignamente?

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25.9.21

Luces Vespertinas: 13. Mis horas



¡Oh, el tiempo! ¡El tiempo es oro! ¡El tiempo es cielo! ¡Dichoso quien aprovecha bien el tiempo!

Hora de acostarse... ¿A qué hora me acuesto? Esta es la raíz del orden en el tiempo: acostarse a buena hora. El tiempo de la noche es el más perdido por regla general. El retirarse tarde a casa es detestable.

Hora de levantarse... ¿A qué hora me levanto? Esta es otra de las raíces del orden del tiempo. Conviene dormir alrededor de ocho horas, algo más los jóvenes, algo menos los adultos.

Horas de Dios... ¿Doy algún tiempo a Dios? ¿A la oración matutina y vespertina? ¿A la misa y a la comunión? ¿A hacerle algunas visitas al Señor? ¿A estudiar algo de religión?

Horas del trabajo... ¿Le doy el tiempo conveniente al trabajo? ¿A mi obligación? El trabajar es un deber, una felicidad para quien puede hacerlo, y una fuente de virtudes. Milagro será que un hombre que no trabaja sea virtuoso. Si un hombre es muy trabajador, es probable que tenga bastantes virtudes.

Horas de diversión... Hay que dar cada día a la diversión, al esparcimiento o al descanso, algún tiempo, sobre todo después de comer o de cenar. Y los domingos más tiempo aún. Pero, ¿me doy demasiadas horas de diversión? ¿Dejo por ellas el trabajo conveniente o mis obligaciones, u otros actos de cultura humana más importantes? Y, ¿qué clase de diversiones son las mías? ¿Son diversiones mundanas o decentes, dignas o imprudentes?

Horas de comer... ¿Paso demasiado tiempo comiendo y bebiendo? ¿Como y bebo sin razón fuera de sus horas? ¿Tengo orden en las horas de comida?

Hora de amistad... ¿Paso con la familia y amigos las horas convenientes? No hay mejor diversión que la familia. No hay mejor placer que la amistad.

¿Tengo orden, exactitud, oportunidad?

No olvides la regla sana de los tres ochos: "ocho horas de dormir, ocho horas de trabajar, y ocho horas para todo lo demás". No olvides este principio, puesto que el día tiene 24 horas y lo que puedas hacer hoy, no lo dejes para mañana.

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24.9.21

Luces Vespertinas: 12. Mi estado



Una de las cosas de más transcendencia para el hombre es el estado de vida. Elegirlo bien es el mayor acierto; cumplir sus obligaciones es la mayor perfección.

Dios, cuanto está de su parte, desea que cada uno siga el estado que más cuadre con sus propias cualidades, y donde con éstas mejor pueda servirle y perfeccionar su alma.

A unos señala el estado de perfección, de religiosos, de sacerdotes, de apóstoles. A los más señala el estado general de casados. Dentro de cada estado de éstos, a unos les convendrá una confesión religiosa u Orden, a otros otra; y a unos un casamiento, y a otros otro. Y todo esto es muy de considerar a tiempo.

- 1º. Elegir.
Si aún estás a tiempo de elegir estado, mira bien lo que eliges, y elige lo que Dios quiera de ti, que será lo más perfecto. Antes de elegir estado, haz los ejercicios de San Ignacio de Loyola.

¿Pienso qué estado voy a elegir? ¿Y lo pienso mirando a mi gusto, o mirando a la perfección y a la voluntad de Dios? ¿Busco un estado donde pueda vivir sin pecado y practicar yo bien la virtud, dado mi carácter y condiciones?

¿Que me conviene ser? ¿Sacerdote? ¿Religioso? Y, ¿de qué confesión? ¿Casado? Y cuando se me presenta la ocasión, ¿pienso si aquello me conviene a mi alma, para poder cumplir mis obligaciones y servir a Dios, o sólo busco mi placer, mi capricho, la riqueza, la ilusión, la vanidad? ¿Qué será de mí en ese estado de aquí a un año, o a dos años, a cinco, a diez...?

- 2º. Ejercer.
Si no estoy en tiempo de elegir estado, ¿qué estado tengo? ¿Qué obligaciones? ¿Qué obligaciones tengo además conmigo, con mi consorte, con mi familia? ¿Las conozco? ¿Las estudio? ¿Las sopeso? ¿Cumplo como buen esposo, buen hijo, o padre, o hermano, según lo que sea?

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22.9.21

Luces Vespertinas: 11. Mi profesión



La perfección la ha de adquirir el hombre en el ejercicio de las obras de cada día, sobre todo en el ejercicio de su profesión.

- 1º. Elegir.
Lo primero que debo pensar (si aún estoy a tiempo y no he elegido profesión, o puedo elegir otra) es qué profesión debo elegir. Y lo mismo se dice del oficio, o sitio en que practicarlo, oficina, taller, y aún ciudad, pueblo o casa.

Debo elegir una profesión u oficio que me permita con toda libertad practicar mis obligaciones de cristiano y de hombre, y en que no tenga peligro de pecar ni condenarme. ¿Lo he hecho así? Si no lo he hecho, ¿puedo rectificar lo hecho?

Para hacer bien esta elección son muy convenientes los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. Y convendría hacerlos después de tomar el grado de bachiller, y antes de elegir profesión o modo de vida.

Esto mismo debe decirse de los cargos y dignidades, como de gobernador, de alcalde, de superior de cualquier cosa, de consejero... ¿Valgo yo para ello? ¿Podré ejercerlo sin pecar?

- 2º. Ejercer.
Además tengo que examinar cómo ejerzo mi profesión. ¿Qué obligaciones y de qué importancia tengo? ¿Procuro cumplir bien con ellas como debo? ¿Estudio lo que es necesario para practicarlas bien ? ¿Soy diligente y activo, y prudente en su ejecución? ¿Abuso de mi cargo, o de mi crédito, o de la ignorancia de los demás? ¿Me dejo sobornar o seducir, o hago trampas y las oculto?

Sobre todo ciertas profesiones son muy responsables, como médicos, jueces, fiscales, magistrado, profesores, escritores, comerciantes, superiores...

En cambio el que ejerce su profesión cristianamente, con diligencia y pureza de intención, adquiere muchos méritos ante Dios y gana mucha recompensa para la otra vida.

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21.9.21

Luces Vespertinas: 10. Mis peligros



Todos tenemos peligros de pecar, de los que no podemos salir. Pero además hay otros peligros, de los que sí podemos salir. Para los primeros, cautela; para los segundos, huída.

¿Tengo yo algunos peligros especiales de pecar? ¿Son necesarios y de los que no puedo escapar? ¿Son voluntarios y de los que puedo librarme?

Peligros habituales:
¿Vivo en mala casa? ¿Vivo en mala familia? ¿Ando en malas compañías? ¿Ando en malas sociedades? ¿En malas oficinas? ¿Tengo malos amigos que me influencian negativamente? ¿Tengo malos condiscípulos? ¿Tengo malos profesores? ¿Tengo malos jefes? ¿Sufro malos compañeros?

¿Tengo que soportar malos empleos? ¿Tengo compromisos de estafas, de sobornos, de fraudes, de deshonestidad, de complicidad, de conversaciones, de peligros contra la fe y contra la libertad de mi conciencia y prácticas religiosas?

¿Tengo que soportar la política? ¿Tengo que soportar las armas, a los militares? ¿Tengo malas lecturas? ¿Sufro malas cátedras? ¿Asisto a espectáculos peligrosos? ¿A diversiones desaconsejables?

¿Puedo evitar estos peligros? Entonces, ¿qué hago para evitarlos? ¿No puedo evitarlos? Pues, ¿qué cautelas tomo y cómo me fortalezco contra esas tentaciones?

El que no tiene más remedio que vivir en peligro, tendrá gracia de Dios para librarse, si nosotros queremos; pero tendrá que vivir con mucho cuidado y una constante oración.

Es obligatorio evitar los peligros, cuando se pueda. Y quien no deja las ocasiones o se mete en ellas sin razón suficiente, a voluntad y sin necesidad, peca leve o gravemente, según sea el peligro de pecar, y de ordinario acabará realmente por pecar y depravarse.

Sobre todo son muy de evitar las ocasiones de pecados deshonestos e impuros, por el sumo peligro de caer, y las de perder la fe, por la suma importancia de esta virtud para la vida religiosa y para salvarse.

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19.9.21

Luces Vespertinas: 9. Mis vicios



Vicio es el hábito de obrar mal y la inclinación fuerte de la voluntad al pecado. Se adquiere con la repetición de actos malos. Los pecados repetidos engendran el vicio. Fácilmente se cae en el vicio, pero difícilmente se sale de él. Sin embargo, es posible preservarse del vicio, y también salir de él, con diligencia y gracia de Dios.

El hombre más desgraciado es el vicioso; el vicio oscurece el pensamiento y esclaviza la voluntad. Es frecuente llamar pasiones a los vicios; pero el vicio es una pasión dominante y desordenada.

¿Tengo yo algunos vicios? Y, ¿cuales? ¿Empiezo a tenerlos? ¿Los descuido y los voy dejando crecer? ¿Estoy a tiempo para no caer en ellos? Y si los he contraído, ¿cómo me desenredaré?

Los vicios principales son los siete pecados capitales.

- ¿Soy soberbio? ¿Me estimo en más de lo que soy? ¿Quiero que me estimen en más de lo que soy? ¿Me antepongo a otros iguales o mayores? ¿Visto, gasto, vivo, mando, hablo con más lujo, dignidad, gloria, que lo que puedo o me pertenece? ¿Tengo ambición de honores? ¿Ocupo puestos para los que no valgo? ¿Trato con altivez y orgullo a mis prójimos? ¿Blasfemo? ¿Digo palabras soeces?

- ¿Soy avaro? ¿Quiero lo que no me pertenece? ¿Soy demasiado afanoso en ganar y negociar? ¿Soy mezquino y cicatero? ¿Hago fraudes? ¿Estafo de esas maneras sociales tan comunes? ¿Juego? ¡Mal vicio!

- ¿Soy deshonesto? ¿Soy casto y digno en los pensamientos, espectáculos, lecturas, conversaciones, trato, amistades? ¡Mal vicio también el de la lujuria!

- ¿Soy iracundo? ¿Me dejo llevar de la cólera por poca cosa y frecuentemente? ¿Me incomodo y tengo mal humor? ¿Riño? ¿Grito? ¿Insulto? ¿Maltrato? ¿Soy áspero de trato? ¿Oigo explicaciones y disculpas? ¿Tengo malas ideas contra otros? ¿Tomo las cosas por el mal lado? ¿Soy rencoroso y vengativo? ¿Soy suspicaz y celoso?

- ¿Tengo gula? ¿Soy demasiado aficionado a comer, y a comer bien? ¿Y a beber, sobre todo? ¿Soy aficionado al alcohol o a las drogas? ¡Mal vicio también? ¡Líbrenos Dios de él!

- ¿Soy envidioso? ¿Tengo pesar y sentimiendo de que otros suban y sean felices? ¿Y hago algo por impedir el bien ajeno? ¿Doy malos informes, quito la fama, rebajo el mérito, oculto la excelencia de mis prójimos?

- ¿Soy perezoso? ¿Soy negligente en cumplir mis obligaciones, mi oficio, mi carrera? ¿Estudio o trabajo lo necesario? ¿Soy negligente en tener bien a mi familia, en educarla y formarla? ¿Pienso lo necesario en mi modo de obrar? ¿Soy sobre todo tibio y negligente en mis prácticas religiosas? Este vicio es el más extendido y causa de muchísimos pecados.

Los peores de estos vicios son la impureza, el juego, la embriaguez. Los más comprometidos son la codicia y la impureza. Los más radicales y causas de los demás son la soberbia y la pereza.

Ten mucho cuidado con las mujeres, con el vicio, con el dinero y con el juego.

¿Eres escandaloso? ¿Das mal ejemplo en la familia o/y fuera de casa?

¿Voy cayendo en alguno de estos vicios? ¿Estoy ya en él? ¿Qué hago para no caer o para salir de él?

Los remedios para no caer y para salir del vicio son: el trabajo, huir de las ocasiones, la oración, un buen confesor, y la frecuencia en los sacramentos. Es infalible la victoria. Pero se necesita para ello constancia, y ésta suele faltar a muchos. Tenlo muy presente.

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18.9.21

Luces Vespertinas: 8. Mis virtudes



Virtudes son los hábitos y costumbres de obrar bien de oridinario, las fuerzas que algunos tienen para practicar el bien habitualmente. ¿Tengo yo alguna virtud? ¿Tengo muchas o pocas? ¿Son endebles o sólidas?

- 1º. Virtudes teologales.
¿Tengo fe? Y fe viva, no débil, muerta o apagada. ¿Tengo fe instruida, no ignorante? ¿Fe completa, no parcial, tímida y oculta? ¿Tengo fe sólo teórica, o manifiesta, práctica, aplicada a todas las cosas y en todos los aspectos de mi vida?

¿Tengo esperanza? Mis aspiraciones, mis bienes, mis ideales, ¿están todos en esta vida, o en la otra?

¿Tengo caridad? ¿Tengo amor de Dios verdadero, sobre todas las cosas, queriendo antes perderlas todas que ofenderle? ¿Le tengo amor por ser Él quien es? ¿O tengo amor sólo cuando me salen bien las cosas? ¿Tengo caridad con el prójimo, verdadera, sincera y práctica?

- 2º. Virtudes cardinales.

Son las principales virtudes a las que se refieren otras muchas:

¿Tengo prudencia? ¿Procedo con reflexión, con calma, con cautela? ¿O procedo con precipitación, inconstancia, negligencia e inconsideración? ¿Tengo demasiada prudencia? ¿Tengo demasiada astucia, trampa y doblez? ¿O tengo demasiada solicitud de lo temporal y de lo porvenir? ¿O demasiada timiedez que no veo sino los inconvenientes?

¿Tengo justicia? ¿Doy a cada uno lo suyo? ¿Juzgo y hablo de cada uno como es justo? ¿O atiendo al favoritismo, adulo, abuso de mi posición, y soy parcial? ¿Respeto los derechos de todos, incluso de los inferiores?

¿Tengo fortaleza? ¿Soy valiente para emprender? ¿Soy magnánimo para ejecutar? ¿Soy paciente para resistir? ¿Soy entero para no ceder? ¿Soy consecuente para terminar lo empezado? ¿Soy demasiado fuerte, o/y terco, o/y ambicioso?

¿Tengo templanza? ¿Guardo la debida moderación en los placeres? ¿Guardo moderación en la honestidad y continencia en mi estado y condición? ¿Tengo mansedumbre y bondad? ¿Tengo clemencia y generosidad? ¿Tengo modestia en el vestir y en el proceder? ¿Tengo humildad en el pensar y obrar, y moderación en todo lo que me gusta y atrae?

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17.9.21

Luces Vespertinas: 7. Mis mortificaciones



Todo cristiano debe mortificarse algo en la vida:

- 1º: ¿Me mortifico lo necesario para cumplir mis deberes, o dejo de cumplirlos cuando me cuesta?

- 2º: ¿Me mortifico lo que manda la ley, en los ayunos, en las vigilias, en la promiscuación?

- 3º: ¿Me mortifico algo también voluntariamente para ejercitar las virtudes, o para castigar mis pecados, o por imitar a Nuestro Señor Jesucristo, o por acostumbrarme, como en gimnasia, para cuando tenga la necesidad de mortificarme, o para evitar la sensualidad?

Un hombre inmortificado es insoportable, es un degenerado. Un hombre mortificado es un verdadero hombre: esta es su mejor alabanza, es un hombre libre, feliz, dueño de sí mismo.

· En el cuerpo: ¿Cómo uso de los placeres de los sentidos, curiosidad de la vista, deleite de la música, sueño, frío y calor, rigores de la vida, miserias de la sociedad? ¿Uso de alguna mortificación y aspereza, con consejo y prudencia?

· En el entendimiento: ¿Mortifico mi curiosidad de saber lo que no me conviene, o porque me induce al vicio, o porque me aparta de la fe, o porque me lleva al error, o porque me está prohibido? ¿Soy terco de juicio y no lo doblego cuando hay motivo?

· En la imaginación: ¿La dejo fantasear libremente lo que quiere, o la refreno para que no divague inútil y perjudicialmente? ¿Me doy demasiado a los placeres de la imaginación? ¿A las lecturas de novelas y ficciones? ¿Al teatro, cine, juegos fantásticos?

· En la voluntad: ¿Sé sufrir las contrariedades de la vida, los sucesos desagradables? ¿Sé sonreír a la adversidad? ¿Sé hacer frente a la dificultad? ¿Sé mantenerme sereno en la desgracia? ¿Sé dominar mi carácter?

· En el corazón: ¿Mortifico mis excesivas vehemencias, sea en mis afectos, deseos, simpatías, inclinaciones sensuales, sea en mis aversiones, repugnancias, antipatías y odios? ¿Mortifico mis siete pasiones? ¿O me dejo llevar de ellas fácilmente?

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16.9.21

Luces Vespertinas: 6. Mi carácter



Carácter es el modo propio y particular de ser y obrar que habitualmente tiene cada persona.

En parte es natural: cada uno nace con un carácter y modo de ser suyo, propio.

En parte es obra nuestra: virtud o defecto, según lo hayamos hecho. Y así juzgamos y decimos: "¡Qué buen carácter tiene!", o: "¡qué mal carácter tiene!".

El carácter, tal como nos lo da Dios, suele ser bueno con defectos. Y si lo cultivamos y formamos, se libra de los defectos y aumenta lo bueno que tiene de su naturaleza, aumentando así nuestros méritos. Educa, pues, tu carácter.

Lo primero que debo hacer es conocer mi carácter. ¿Me conozco? ¿Qué carácter tengo? ¿Bueno o malo? ¿Enérgico o débil? ¿Valiente o tímido? ¿Vehemente o apático? ¿Impetuoso o parado? ¿Alegre o triste? ¿Sincero y noble, o doblado y tramposo? ¿Variable y caprichoso, o constante y formal? ¿Flexible o inflexible y terco? ¿Entero o blando? ¿Afable y risueño, o áspero y hosco? ¿Humilde y servicial, o soberbio y desdeñoso? ¿Leal o falso? ¿Perezoso y dejado, o diligente y trabajador? ¿Digno o degradado? ¿Fuerte o débil? ¿Animoso o apocado? ¿Razonable o alocado?

¿Qué pensarán otros de mi carácter?

Lo segundo que debo hacer es educar mi carácter; para lo cual me hace falta reflexionar siempre al obrar, tomarme cuentas después de obrar, castigarme cuando obro mal, sin perdonarme; corregirme y siempre ir adelante a lo bueno. El mejor medio es examinarse la conducta todos los días unos minutos, o al acostarse, o a la mañana siguiente.

Tal vez no tengo carácter, ninguna energía, ninguna cualidad en mi modo de ser, sino las generales y muy generales, indefinidas y vagas. ¡Qué gran desgracia!

El hombre es lo que es el carácter y vale lo que vale su carácter. Si el carácter es bueno, el hombre es bueno; si el carácter es malo, el hombre es malo; si el carácter es rico en cualidades buenas, el hombre vale mucho; si es nulo, el hombre no vale nada.

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15.9.21

Luces Vespertinas: 5. Mis oraciones



¡Qué poco rezamos los hombres! ¿Y por qué? Porque obligación tenemos, y los hombres más que las mujeres ya que somos más vehementes en las pasiones, tenemos cargos y responsabilidades que, de ordinario, nos llevan a cometer más pecados.

La doctrina católica enseña:

- 1º, que para salvarnos nos es necesario orar;

- 2º, que sin orar no podemos permanecer sin pecado mucho tiempo;

- 3º, que aún para muchas cosas humanas nos es muy necesaria o conveniente la oración;

- 4º, y que si oramos frecuentemente pidiendo a Dios nuestra salvación, nos salvaremos de seguro. Yo, ¿oro? ¿Rezo algo? ¿Sé las oraciones comunes de la Iglesia?

¿Rezo algunas oraciones al levantarme, al acostarme y después de comer? ¿Invoco a Dios en las tentaciones de pecar, y/o en los casos apurados?

¿Oigo misa los domingos? ¿Y por qué no, además, otros días? ¿No podría? Esta sería una de las mejores devociones. Y en la misa, ¿estoy distraido? ¿O llevo devocionario? ¿Y por qué no? Y, ¿estoy en buena postura?

¿Visito al Santísimo siquiera una vez al día?

¿Rezo algo en familia, por ejemplo, el rosario?

¿Comulgo frecuentemente? ¿O una sola vez al año? ¿Y por qué no con más frecuencia? La misa y la comunión diaria sería la mejor devoción de un cristiano.

Y si caigo en pecado mortal, ¿estoy mucho tiempo en él? ¿Por qué no hago pronto un acto de contrición pidiendo a Dios mi perdón? ¿Y por qué, si puedo, no me confieso pronto y comulgo?

En mi casa, ¿hay imágenes que me inciten a orar? ¿Cuadros cristianos? ¿Agua bendita? ¿Un crucifijo decente, que no debe faltar en ninguna casa cristiana?

¿Tengo una piedad egoísta, inútil, sensual, hipócrita, supersticiosa, nimia, ñoña, con lo que desacredito la verdadera devoción? ¿Tengo mucha piedad y poca caridad? ¿Muchas devociones y descuido de mis obligaciones?

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14.9.21

Luces Vespertinas: 4. Mis ideales



Ideal es lo que cada uno desea llegar a ser. Todo hombre debe tener, y en efecto tiene, algún ideal. ¿Cuál es el mío? ¿Qué quiero yo llegar a ser?

1-. Ideales vanos.
¿Quiero ser rico? Ideal muy mezquino y vano. Al que no tiene más que ese ideal le llaman "asno de oro".

¿Quiero ser glorioso? Entre los ideales vanos, el "menos malo", o el mejor; pero es muy vano, si no se junta con el verdadero mérito; querer gloria sin mérito es ridículo.

¿Quiero gozar? El placer es el ideal más animal y rebajado; el que lo sigue se embrutece.

¿Quiero ser famoso? La fama es un canto de cisne, una meta efímera y caduca y, de gran modo y de muchas formas, lleva a la perdición a quien la alcanza.

Estos ideales no elevan al hombre, lo rebajan y degradan.

2-. Ideales buenos.
Aunque no sean los verdaderos ideales del cristiano, son ideales humanamente y naturalmente buenos. Estos son:

- El saber. La sabiduría es un hermoso ideal; su camino es el estudio, la reflexión, el trabajo y el sacrificio.

- El ser honrado y no manchar la vida con ningún deshonor.

- El ser laborioso y cumplidor de su oficio.

- El vivir alegre y hacer alegres a otros, sin pecado.

- El ser provechoso al prójimo, a la sociedad, a tu pueblo, a la humanidad.

- El ser buen amigo, buen esposo, buen hijo, y sobre todo, buen padre o madre de familia.

3-. Los verdaderos ideales del cristiano.
El mejor: servir a Dios en todo y salvar el alma.

No pecar jamás, diverte a malo, y practicar siempre la virtud, et fac bonum (huye de lo malo y haz lo bueno). El de San Estanislao: "Yo no he nacido para las cosas de este mundo, sino para las futuras". El de San Ignacio: "A. M. D. G." ("
Ad maiorem Dei gloriam", "para la mayor gloria de Dios"). El de Santa Teresa: "Tener a Dios. Sólo Dios basta; quien a Dios tiene, nada le falta". "Vuestra soy, para Vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí? ".

El de Jesucristo: "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad". El del padrenuestro, que es precioso: "Dios nuestro padre, los cielos nuestra patria; glorificar a Dios, servirle como a rey; hacer su voluntad; ganar el pan de cada día; amar a nuestros hermanos; no pecar; y librarnos de todo mal cuanto podamos".

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13.9.21

Luces Vespertinas: 3. Mis prácticas



El hombre debe ser consecuente; y no hay mayor bajeza que la inconsecuencia. ¿Soy católico consecuente con mis ideas? ¿Soy católico práctico? ¿Tengo prácticas católicas? Es decir: 1º: ¿son católicas todas mis prácticas? 2º: ¿tengo todas las prácticas católicas que debo tener según mis ideas?

1-. Mi conducta, mis prácticas, mis costumbres, mi vida en la sociedad, ¿es digna de un católico, o hago cosas indignas de un cristiano? ¿Cometo pecados mortales? ¿Muchos? ¿Habitualmente? ¿Cuál de ellos sobre todo? No hay cosa peor que un pecado mortal. ¿Cometo pecados mortales y sin reparo ninguno? ¿Y cuales son esos pecados, sobre todo? ¿Me hago mejor o peor cristiano cada día? ¿Me jacto de mis maldades y pecados? ¡Qué bajeza! ¿Cometo pecados de escándalo! ¡Qué falta de responsabilidad! ¿Incito a otros a pecar? ¡Qué maldad!

Los que no obran como católicos, deshonran su religión.

2-. ¿Tengo todas las prácticas católicas que debo tener? Hoy, según una denominación venida de Francia, se dice que practica o no practica de aquel que comulga y confiesa por Pascua, y cuando al menos oye misa todos los domingos. Y cierto, esto es esencial. Al menos, ¿hago esto?

Pero no basta esto. Si de veras soy católico y tengo ideas e instrucción católica y sentimientos y educación cristiana, debo tener más prácticas católicas. Toda mi vida, mi casa, mis usos, mis lecturas, mis amistades, mis negocios, mis diversiones, mis obras de piedad y de caridad, mi vestir, mi comer, mi vivir, todo debe ser cristiano y estar pintado de cristiano y caracterizado de cristiano.

Yo debo ser consecuente con mis ideas. Y además tengo obligación de serlo y de practicar la doctrina cristiana por lo menos en lo que es obligatoria, es decir, en no hacer nada de lo que a ella se oponga, y en hacer lo que ella me mande. Más aún, debería procurar subir a la perfección evangélica.

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12.9.21

Luces Vespertinas: 2. Mis ideas



El hombre debe ser consecuente; y no hay mayor bajeza que la inconsecuencia. ¿Soy católico consecuente con mis ideas? ¿Soy católico práctico? ¿Tengo prácticas católicas? Es decir: 1º: ¿son católicas todas mis prácticas? 2º: ¿tengo todas las prácticas católicas que debo tener según mis ideas?

1-. Mi conducta, mis prácticas, mis costumbres, mi vida en la sociedad, ¿es digna de un católico, o hago cosas indignas de un cristiano? ¿Cometo pecados mortales? ¿Muchos? ¿Habitualmente? ¿Cuál de ellos sobre todo? No hay cosa peor que un pecado mortal. ¿Cometo pecados mortales y sin reparo ninguno? ¿Y cuales son esos pecados, sobre todo? ¿Me hago mejor o peor cristiano cada día? ¿Me jacto de mis maldades y pecados? ¡Qué bajeza! ¿Cometo pecados de escándalo! ¡Qué falta de responsabilidad! ¿Incito a otros a pecar? ¡Qué maldad!

Los que no obran como católicos, deshonran su religión.

2-. ¿Tengo todas las prácticas católicas que debo tener? Hoy, según una denominación venida de Francia, se dice que practica o no practica de aquel que comulga y confiesa por Pascua, y cuando al menos oye misa todos los domingos. Y cierto, esto es esencial. Al menos, ¿hago esto?

Pero no basta esto. Si de veras soy católico y tengo ideas e instrucción católica y sentimientos y educación cristiana, debo tener más prácticas católicas. Toda mi vida, mi casa, mis usos, mis lecturas, mis amistades, mis negocios, mis diversiones, mis obras de piedad y de caridad, mi vestir, mi comer, mi vivir, todo debe ser cristiano y estar pintado de cristiano y caracterizado de cristiano.

Yo debo ser consecuente con mis ideas. Y además tengo obligación de serlo y de practicar la doctrina cristiana por lo menos en lo que es obligatoria, es decir, en no hacer nada de lo que a ella se oponga, y en hacer lo que ella me mande. Más aún, debería procurar subir a la perfección evangélica.

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11.9.21

Luces Vespertinas: 1. Mi religión



¿Profeso alguna religión? ¿Profeso la religión verdadera? Este problema es el más importante de los problemas.

Religión es el conjunto de los deberes que tengo yo para con Dios.

El hombre debe tener alguna religión. O cree en Dios, o creerá en otras cosas, cada vez más inútiles e inservibles. El principal oficio del hombre, del que no se puede librar porque está en su propia esencia, es tener alguna religión. El hombre está obligado a reconocer que Dios es su Dios, su padre, su creador, su conservador, su señor, su juez, su último fin y suprema felicidad. Y por tanto a reverenciarle como a tal, a darle culto, y en fin, a obedecerle.

Es evidente que no todas las religiones son iguales. Porque todas ellas son muy diversas y contrarias entre sí. ¿Tengo yo la verdadera?

La única verdadera es la religión cristiana. Y entre las que se llaman cristianas, la única verdaderamente cristiana es la católica, porque las otras se prueban evidentemente en sus orígenes que son falsas y desviadas. ¿Soy yo católico? Y si no lo soy, ¿por qué no lo soy? ¿Cuándo empecé a no serlo? ¿Y por qué? ¿Acaso he dejado de ser católico por razones convincentes? ¿O por pasión, o por vicios, o por ignorancia, o por vanidad, o por medrar, o por egoísmo, o por atender sólo a los negocios de este mundo, o por ligereza, o por descuido, o por no practicarla? ¿Tengo negligencia en buscar la fe? ¿Miro como secundarios y superfluos los problemas del espíritu, de la vida futura, de la virtud, de la religión?

Acaso dices: "¡Vaya usted a saber cuál es la verdadera!". Pero, ¿he procurado yo averiguarlo? ¿He consultado con alguno que entienda de esto? ¿He leído o leo algún libro sabio en esta materia?

Si yo no soy católico por mi culpa, no me salvo.

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10.9.21

Luces Matutinas: y30. Haz bien lo de cada día



He aquí un buen consejo que te doy al acabar el mes de estas "Luces Matutinas" de cada mañana. Decía uno de los Siete Sabios de Grecia: "Age quod agis". "Haz bien lo que haces". Y mejor lo decía el Eclesiástico: "Haz todas tus obras de un modo excelente". Y de Jesucristo decía el pueblo: "Todo lo hace bien".

Haz bien tú todas las cosas ordinarias.

Créeme que el mérito de los hombres no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en hacer bien las cosas ordinarias y de cada día. Las cosas extraordinarias son, claro está, extraordinarias, y no ocurren sino raras veces; y si estamos aguardando a ellas, poco haremos. Pero haciendo bien lo ordinario nos podremos perfeccionar y santificar.

Lo más extraordinario es hacer bien lo ordinario.

La santidad de lo ordinario es una santidad sólida, segura, constante, provechosa, al alcance de todos. No causa vanagloria, no halaga el amor propio, no choca, pero es muy perfecta. Jesucristo casi toda su vida se pasó haciendo bien las cosas ordinarias, y San José y la Virgen lo mismo.

Es un compendio de la vida santa que simplifica mucho los cuidados y atenciones de la virtud, y un camino que no tiene enredos ni equivocaciones. Haz bien lo de cada día, y sufre bien lo de cada día, y así insensiblemente irás amontonando riquezas de méritos y virtudes sin igual.

Piensa un poco en el porvenir, proque es prudencia; pero no pienses mucho.

Piensa un poco en el pasado, porque es lección; pero no pienses mucho.

¿Para qué quieres pensar demasiado en el mañana, que no sabes si llegará, ni en el ayer, que ya pasó y no tiene remedio? Piensa en el hoy, que es lo único de que puedes disponer al alcance de tu mano.

Ten pureza de intención en tus obras, haciéndolas por agradar a Dios; ten orden en ellas, ten perfección, haciendo bien el principio, el medio y el fin.

Haz bien tus obligaciones diarias y serás virtuoso, feliz, perfecto, por un método el más sencillo de la ascética que darse puede.

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9.9.21

Luces Matutinas: 29. ¡Ora!



Si tú supieses, amigo mío, lo que vale la oración, seguro que orarías y rezarías más. Tenéis una desgracia muy grande muchos de los cristianos, y es pensar que la oración vale poco. Pero te aseguro que cuanto más se estudia la teología y la doctrina cristiana, más claro se ve una cosa, a saber: que la oración es, en fin de todo, lo que más vale en el mundo.

La oración es necesaria. Dios, aunque sabe y aunque quiere darnos lo que necesitamos, no quiere dárnoslo muchas veces, sino después de pedírselo nosotros. Sobre todo en el orden de la gracia.

Fíjate bien en este axioma formulado por Gennadio y admitido por toda la teología: "Creemos que nadie viene a su salvación, sino llamado por Dios; que nadie después de llamado realiza su salvación, sino con el auxilio de Dios, y que nadie logra este auxilio si no ora".

Fíjate en este otro texto de San Agustín, que hizo suyo el Concilio de Trento: "Dios no manda imposibles, sino que al mandar exhorta que hagáis lo que podáis y que pidáis lo que no podéis".

Por eso muchos no son buenos o no son mejores, porque no oran, no rezan, no piden gracia a Dios.

En cambio te diré otra cosa, que muchísimo te importa. ¿Quieres salvarte seguro? ¿Sin equivocación ninguna? ¿Infaliblemente? Te doy un medio infalible para lograrlo: "Pedid y reicibiréis; llamad y os abrirán". Orad frecuente y constantemente pidiendo a Dios vuestra salvación, y yo os aseguro que os salvaréis. Si esto no es verdad..., no es verdad entonces nada en el Evangelio.

Es segurísimo que quien pide a Dios formalmente, frecuentemente, constantemente su salvación, se salvará. Mi alma con la suya.

Pues ya sabes: reza, no te pesará.

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8.9.21

Luces Matutinas: 28. ¡Teme!



¿Por qué tienen a los cristianos por tímidos?

El cristiano no teme más que a una cosa: pecar, ofender a Dios.

A los hombres, no; a Dios, sí.

"No temáis a los que pueden matar el cuerpo, y no pueden ir más allá, no pueden matar el alma. Sino a quien habéis de temer es al que puede mandar vuestro cuerpo y alma al fuego eterno".

Este temor, sí, hemos de tener bien metido en nuestro corazón.

Aunque amamos a Dios, hay ocasiones en la vida en que este amor se entibia, y las tentaciones arrecian; entonces teme a Dios, teme su justicia, teme sus castigos.

Dios es bueno y prefiere ser amado, pero como nosotros somos malos y no entendemos muchas veces el amor, por nuestro bien se hace temer y nos amenaza.

Teme a Dios, que es santo y no puede tolerar, a pesar de toda su bondad, el pecado, ni admitir al pecador en su gloria. Y no temas a los hombres, que son pecadores y gozan en el pecado.

Teme a Dios, que es justo y castiga lo que merece castigo, y no temas a los hombres, que son injustos y maltratan la virtud y premian al vicio.

Teme a Dios, que es sabio y te ve todo lo que haces. Y no temas a los hombres, que son tontos y no entienden lo que juzgan.

Teme a Dios, que es tu padre, y no temas a los hombres, que son unos pobretes, como tú, y menos que tú.

Teme a Dios, no servilmente, sino filialmente, por amor.

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7.9.21

Luces Matutinas: 27. ¡Espera!



Ya sabes que hay otra vida. Espérala. No quieras tener aquí demasiada felicidad en este mundo. Déjala para el otro. Haz buenamente prosperar aquí sin demasiado afán y atiende más a tu alma.

No tengas demasiado afán por lo presente, porque pasa. No tengas demasiado empeño por lo mundano, porque no llena. No quieras ganar demasiado dinero, porque no está la felicidad en tener.

Antes muchas veces en la riqueza está la infelicidad propia o de los hijos, que salen unos viciosos y holgazanes.

No quieras ganar mucho, porque es terrible tentación, y raros son los que se enriquecen mucho y no desagradan a Dios.

No quieras ser opulento, porque en la opulencia brota espontáneamente la flor de la soberbia y de muchos vicios.

Piensa menos en esta vida que pasa y es breve, y más en la vida que esperas, que viene y es eterna.

Oye la verdadera economía que te dicta Jesús:

- "Busca ante todo el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se te dará por añadidura". Es decir, lo primero procura ser bueno y ganar la vida eterna, luego trabaja por lo terreno, con prudencia, y Dios te dará lo que convenga.

- "De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si sufre en detrimento su alma".

- "No os forméis tesoros en la tierra, donde la roña y la polilla los roen; donde los ladrones los socavan y roban. Formaos vuestro tesoro en el cielo, donde ni la roña ni la polilla lo roen, ni los ladrones lo socavan y roban".

- "Da a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo", y "si perdéis algo por mí, recibiréis el ciento en esta vida, y después la vida eterna". Aunque hay varios modos de ganar para el cielo, uno de ellos es muy bueno, dar a los pobres, o dejarlo por amor de Cristo.

Esta es buena economía. Hacer menos por esta vida breve, y más por la vida eterna.

Y entretanto, puestos los ojos en ella, ¡espera!

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