Semana en el Oratorio

Desprecio de los bienes mundanos

8.9.18

De las virtudes y de los vicios: Flaqueza



La Flaqueza espiritual es un vicio que se engendra con el hombre, nace y crece con él y generalmente lo acompaña hasta el sepulcro. Procede como la Debilidad y la Fragilidad del primer pecado, pero se desarrolla y reina en las almas por medio de los vicios.

La flaqueza crece con los vicios y el alma que la lleva consigo para nada vale, ni jamás levantará los pies para recorrer los ásperos caminos del espíritu que conducen a la Santidad.




Las almas flacas que no tienen el vigor y la energía que producen las virtudes, siempre se quedarán ruinas y miserables, sin dar un paso en la vida espiritual que es de continuas y esforzadas luchas.

La Flaqueza lleva en sus venas la sangre de la Debilidad y de la Fragilidad. Todas son de una misma familia y los vicios las hacen culpables. Las tres son innatas en el hombre (Flaqueza, Debilidad y Fragilidad), mas el hombre por los vicios las levanta de naturales a dignas de castigo y de reprobación.

La Flaqueza crece también con la Sensualidad y con suma facilidad hace caer al alma en el pecado. La Flaqueza hace que el espíritu pierda su energía y Fortaleza, y lo debilita para todo bien. Satanás sabe muy bien sostener a esta Flaqueza del alma, con la cual consigue las frecuentes recaídas en el pecado. Ya pueden estas almas confesarse: no tienen fuerzas espirituales para sostener sus tibios propósitos, y caerán mil veces presas de su desfallecimiento moral.

Mientras estas almas no sacudan su Flaqueza y se curen con la higiene del Sacrificio, del Vencimiento, de la Penitencia, Mortificación y constante Abnegación, que son los únicos tónicos del alma, los cuales matan a la Flaqueza, ésta siempre ahogará las fuerzas del espíritu y lo conducirá a innumerables recaídas. A este vicio es preciso derrocarlo de raíz con el hacha de la propia crucifixión y desprecio. El alma que no tenga esta energía para pisarse y vencerse, siempre se quedará en su raquítico estado y nunca dará frutos de vida eterna.

Los vicios que he dictado son una manifestación muy particular de mi grandeza, pues el desenmascarar a Satanás me descubro Yo y me doy gloria. El mundo también me la dará por este medio.

v. Concepción Cabrera de Armida | Preparación: OratorioCarmelitano.com / OratorioCarmelitano.blogspot.com