Semana en el Oratorio

Desprecio de los bienes mundanos

17.6.18

El combate espiritual: cómo orar con ayuda de Nuestra Señora


- De un modo de orar fundado en la intención de María santísima, nuestra Señora. -

Aparte de lo que ya hemos dicho anteriormente hay otro modo de orar y meditar, que se dirige particularmente a María santísima, levantando el espíritu primeramente a Dios, después al dulcísimo Jesús, y últimamente a su gloriosísima Madre.

Levantando el espíritu a Dios considerarás dos cosas: la primera, el singular amor que tuvo ab aeterno a esta purísima Virgen, desde antes de haberla sacado de la nada.

La segunda, la eminente santidad de esta Señora, y las heroicas obras que ejercitó desde el instante de su concepción hasta el de su muerte.




Sobre el primer punto meditarás en la forma siguiente: remóntate primero con el pensamiento sobre la esfera y jurisdicción de los tiempos, y de todas las criaturas; y entrando en el abismo de la eternidad, y de la misma mente de Dios, pondera la complacencia y satisfacción con que aquel sumo Bien consideraba a la que destinaba para ser Madre de su Unigénito amado, y en virtud de esta satisfacción y contento inefable, pídele confiadamente que te conceda gracia y fortaleza para vencer y destruir a tus enemigos, y particularmente al que entonces te hiciere la guerra.

Después te representarás las virtudes y las acciones heroicas de esta Virgen incomparable; y ofreciéndolas a Dios, o todas juntamente, o cada una en particular, pedirás en virtud de ellas a su Bondad infinita las cosas de que tuvieres necesidad. Vuelve luego el espíritu a su Hijo santísimo y tráele a la memoria el seno virginal que le sirvió de albergue y tálamo purísimo por espacio de nueve meses; la humildad y profunda reverencia con que, apenas salió a luz, lo adoró la Virgen, y reconoció por verdadero hombre y verdadero Dios, Hijo y Creador suyo; la compasión y ternura con que lo vio nacer pobre, despreciado y desconocido en un pesebre; el amor con que lo estrechó en sus brazos; los ósculos suavísimos que le dio; la purísima leche con que lo alimentó, y las fatigas, tribulaciones y penas que en el curso de su vida mortal padeció por su causa.

Presenta a Jesús estas cosas; y no dudes, hija mía, que con tan eficaces y poderosas consideraciones le harás una dulce violencia, para que te oiga y conceda lo que le pides.

Vuélvete, en fin, a la Virgen santísima, y recuérdale que, entre todas las mujeres, fue escogida y predestinada por la Bondad y eterna Providencia de Dios para ser Madre de gracia y misericordia, y abogada de los pecadores; y que después de su bendito Hijo no tenemos otro más poderoso y seguro asilo que el de su patrocinio. Represéntale también aquella inefable verdad tan constante entre los Doctores, y confirmada con tantos prodigios y maravillas, que ninguno la ha invocado jamás con viva fe, que no haya sido ayudado y socorrido en su necesidad.

Trae a la memoria, a esta Señora, las aflicciones que padeció su santísimo Hijo por nuestra salud, a fin de que te obtenga de su infinita Bondad la gracia de aprovecharte de ellas para gloria suya.

Lorenzo Scúpoli C. R. | Preparación: OratorioCarmelitano.com / OratorioCarmelitano.blogspot.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario