Semana en el Oratorio

Desprecio de los bienes mundanos

17.6.18

De las virtudes y de los vicios: Cuarta familia. Sencillez


Habla Jesús: La Sencillez es hija de la Humildad. Es una virtud muy amada de mi Corazón. Ella atrae las miradas de Dios y sus complacencias sobre el alma dichosa que la posee. La Inocencia es su apoyo y un corazón puro su albergue.

Es una flor muy delicada que se conserva en el invernadero de la obscuridad o del alejamiento del mundo. Crece con la Gracia y se desarrolla y afina con el propio conocimiento. La Pureza es su vida y la Oración su delicia. Es una virtud que acorta la distancia, diré, entre Dios y la criatura. El Espíritu Santo desciende al alma que la posee con un torrente de gracias para enriquecerla, pero gracias ocultas que ella no ve aunque las posea.




La Sencillez tiene una mirada con la que me ve a Mí, y otra con la que se ve a ella... Esta es una gran gracia con que enriquezco al alma y es ella como el pararrayos de la Soberbia.

Su seguridad está en la obediencia; su riqueza, en la pobreza; su tesoro es Jesucristo; su consuelo, María; su crisol, el sacrificio. Sus escollos están en el mundo y en el imprudente trato con la criaturas. Su defensa se encuentra en la soledad. Esta virtud escala la Santidad, pasa a la Perfección y llega muchas veces a la Unión...

El alma sencilla es una tierra dispuesta para grandes cosechas espirituales, en manos de un Director santo. La Sencillez es una joya poco común y de inapreciable valor: un Director entendido y santo puede aquilatar su precio y, ¡ay si no trabaja en pulirla! Yo le pediré estrecha cuenta.

El enemigo principal de esta virtud candorosa es Satanás con toda su astucia y malicia, pero su refugio inquebrantable es María; porque María es el Refugio del alma sencilla; porque María fue la sencillez misma en todo el esplendor de su belleza.

v. Concepción Cabrera de Armida | Preparación: OratorioCarmelitano.com / OratorioCarmelitano.blogspot.com

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