Semana en el Oratorio

Desprecio de los bienes mundanos

21.2.18

¡Puedes hablar nada menos que con Dios!


"La oración es comunicación. ¡Puedes tener conversación no menos que con Dios!".

La verdad es que esta tesis no es mía, aunque la asumo totalmente, sino de mi amiga Teresa. La desarrolla en un precioso librito del que tal vez hayas oído hablar, se llama Castillo Interior aunque casi todo el mundo lo conoce por Las Moradas. A un amigo le contó que trataba de lo que es El, Jesucristo, claro.

Allí asegura, basándose en su experiencia, que es posible, totalmente posible la comunicación de Dios con el ser humano aunque, como es un poco socarrona, dice que si no lo crees no lo experimentarás. Se apoya en la Sagrada Escritura para aseverar que apenas podemos llegar a entender la gran hermosura del ser humano, del alma dice ella, y su gran capacidad, pues está creado a imagen y semejanza de Dios.




Como es amiga de comparaciones, nos regala una bellísima: nuestro interior es como un castillo de cuento de hadas con muchas, millones de estancias (moradas), en cuyo centro y mitad está la más principal, donde mora Dios, que es donde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el ser humano.

Nos invita a tomar conciencia de nuestra verdadera identidad, del inmenso valor de un ser humano, de la riqueza que llevamos dentro, verdadero antídoto contra la mundanidad espiritual porque... ¿Quién seria capaz, sabiendo que tiene un tesoro dentro, de abandonarlo para buscar baratijas fuera?

En este castillo interior, cuya puerta es la oración, hay sorpresas, novedades, alegría, bellezas que colmarán cualquier vida. Allí es muy sencillo comunicarse con Dios, "no ha menester hablar a voces. Por bajo que hable está tan cerca que nos oirá".

"Por cierto - dice Teresa - cuando no hubiera otra cosa de ganancia en este camino de oración sino entender el particular cuidado que Dios tiene de comunicarse con nosotros y andarnos rogando, que no parece otra cosa, que nos estemos con él, me parece eran bien empleados cuantos trabajos se pasan". Si no das crédito a las palabras de esa mujer, porque has oído que además de mujer era "ruin" y sin letras, según confiesa ella misma, no tendré más remedio que proporcionarte otro testimonio que no podrás refutar: "El genuino y único centro del Cristianismo y de su mensaje es para mi la real autocomunicación de Dios".

Como ves, Karl Rahner y Teresa de Jesús dicen lo mismo: que es posible, absolutamente posible la comunicación con Dios. Aunque Teresa, con la que yo me entiendo mejor, añade una cosita más, que a lo mejor te resulta interesante: "es suyo aquel recaudo o billete escrito con tanto amor, y de manera que sólo vos quiere entendáis aquella letra y lo que por ella os pide: en ninguna manera dejéis de responder a su Majestad". De nuevo con un símil, aquí la correspondencia epistolar, nos avisa de que esta comunicación, personal e intransferible, necesita una respuesta también personal e intransferible. Nadie puede hacerlo por ti.

Olga de la Cruz, CMD. | Preparación: OratorioCarmelitano.com / OratorioCarmelitano.blogspot.com

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