Semana en el Oratorio

Desprecio de los bienes mundanos

18.2.18

Pobre en cosas materiales, pero rico en amor


"Hermana querida, comprende a tu hijita, por favor. Comprende que para amar a Jesús, para ser su víctima de amor, cuanto más débil se es, sin deseos ni virtudes, más cerca se está de las operaciones de este Amor consumidor y transformante...".

"Con el solo deseo de ser victima ya basta; pero es necesario aceptar ser siempre pobres y sin fuerzas, y eso es precisamente lo difícil pues 'al verdadero pobre de espíritu ¿quién lo encontrará? Hay que buscarle muy lejos', dijo el salmista... No dijo que hay que buscarlo entre las almas grandes, sino 'muy lejos', es decir, en la bajeza, en la nada...".




"Mantengámonos, pues, muy lejos de todo lo que brilla, amemos nuestra pequeñez, deseemos no sentir nada. Entonces seremos pobres de espíritu y Jesús irá a buscarnos, por lejos que nos encontremos, y nos transformará en llamas de amor... ¡Ay, cómo quisiera hacerte comprender lo que yo siento...! La confianza, y nada más que la confianza, puede conducirnos al amor... El temor ¿no conduce a la justicia..., a la justicia severa, tal como se la presentan a los pecadores? Pero no es ésta la justicia que Jesús usará con los que le aman". (Santa Teresita. Carta 197).

Teresa escribe esta carta a su hermana María a mediados de septiembre de 1896, a punto de concluir unos días de ejercicios espirituales en completa soledad. Medio año antes, en abril, había entrado en las "más densas tinieblas", la prueba de la fe, acompañada de un progresivo declive físico. Sin embargo ahora en septiembre ha escrito el Manuscrito B y su hermana María lo ha leído. Ha quedado impresionada por la fuerza del amor de Dios que refleja la vida de su hermana. Y considera que ella no podrá jamás alcanzar esa altura espiritual. Ante ello, Teresita le envía la carta 197 que es como el complemento de su "caminito".

Aíslate de tu concepto de justicia
y rumia qué quiere decirte Teresita
con esta frase: "El temor ¿no
conduce a la justicia severa? Pero
no es ésta la justicia que Jesús usará
con los que le aman".

El texto que hemos seleccionado es la invitación a Maria y a todos nosotros a "comprender" a Teresita. A menudo caemos en el error de pensar que nuestras virtudes, nuestras deseos y hasta nuestras obras son el mejor medio para vivir en el amor. De hecho, María se había ofrecido como víctima al amor misericordioso un año antes. Teresita le dice y nos dice que esos deseos, esas virtudes, esas obras se pueden convertir en una riqueza deshonesta, en orgullo, en autocomplacencia.

Y nos propone la debilidad, la impotencia. el ser pobres y sin fuerzas como el mejor camino a la libertad de espíritu. Es entonces cuando el amor de Dios consume y transforma. Queda anulado todo tipo de engreimiento y Dios con su amor se convierte en la única riqueza añorada. No se trata de dar a Dios pues nada nuestro es comparable con Él, sino olvidarnos de nuestros presuntos bienes y acoger como los niños el amor del Padre.

Maria teme lo que Teresita ama. Le cuesta entrar en una relación con Dios donde Él se guie únicamente por su amor. El error de la persona reside en creer que Dios depende, en su actuar, de lo que ella hace, tanto si es bueno como si es malo.

Teresita está experimentando en el momento que escribe estas líneas una profunda aridez espiritual y un descalabro en su salud física. Y lo que otras personas interpretarían como lejanía de Dios, ella lo transforma en el medio más directo y rápido para dejarse llenar del amor de Dios. Los sentimientos amorosos para con Dios y las certezas sobre Él no son ninguna prueba concluyente de que su amor inunde a la persona. Solamente es una etapa en el camino. Más bien llegará otra mucho más rica donde desaparezca esa confianza en las propias seguridades.

Y la respuesta que propone Teresita en esas circunstancias es alejarse de la imagen de un Dios severo, para vivir de confianza en su amor y su bondad. Su frase es extraordinaria: "La confianza, y nada más que la confianza. puede conducirnos al amor... El temor ¿no conduce a la justicia..., a la justicia severa, tal como se la presentan a los pecadores? Pero no es ésta la justicia que Jesús usará con los que le aman".

Ángel M. Briñas, OCD | Preparación: OratorioCarmelitano.com / OratorioCarmelitano.blogspot.com

1 comentario:

  1. No puede encontrarse mejor exhortación al desprendimiento de las riquezas que el ejemplo de Jesucristo, que no poseyó ningún bien temporal. Siempre defendió a los pobres y condenó a los ricos. Inspirándonos el despego de los bienes de este mundo, nos exhorta a la paciencia, demostrándonos que si despreciamos las riquezas no debe apurarnos que las perdamos. De ninguna manera hemos de apetecerlas, pues el Señor no estuvo apegado a ellas, y si disminuyen o llegamos a perderlas totalmente, hemos de soportarlo con paz...

    Tertuliano (197 d.C.)

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