9.9.21

Luces Matutinas: 29. ¡Ora!



Si tú supieses, amigo mío, lo que vale la oración, seguro que orarías y rezarías más. Tenéis una desgracia muy grande muchos de los cristianos, y es pensar que la oración vale poco. Pero te aseguro que cuanto más se estudia la teología y la doctrina cristiana, más claro se ve una cosa, a saber: que la oración es, en fin de todo, lo que más vale en el mundo.

La oración es necesaria. Dios, aunque sabe y aunque quiere darnos lo que necesitamos, no quiere dárnoslo muchas veces, sino después de pedírselo nosotros. Sobre todo en el orden de la gracia.

Fíjate bien en este axioma formulado por Gennadio y admitido por toda la teología: "Creemos que nadie viene a su salvación, sino llamado por Dios; que nadie después de llamado realiza su salvación, sino con el auxilio de Dios, y que nadie logra este auxilio si no ora".

Fíjate en este otro texto de San Agustín, que hizo suyo el Concilio de Trento: "Dios no manda imposibles, sino que al mandar exhorta que hagáis lo que podáis y que pidáis lo que no podéis".

Por eso muchos no son buenos o no son mejores, porque no oran, no rezan, no piden gracia a Dios.

En cambio te diré otra cosa, que muchísimo te importa. ¿Quieres salvarte seguro? ¿Sin equivocación ninguna? ¿Infaliblemente? Te doy un medio infalible para lograrlo: "Pedid y reicibiréis; llamad y os abrirán". Orad frecuente y constantemente pidiendo a Dios vuestra salvación, y yo os aseguro que os salvaréis. Si esto no es verdad..., no es verdad entonces nada en el Evangelio.

Es segurísimo que quien pide a Dios formalmente, frecuentemente, constantemente su salvación, se salvará. Mi alma con la suya.

Pues ya sabes: reza, no te pesará.

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8.9.21

Luces Matutinas: 28. ¡Teme!



¿Por qué tienen a los cristianos por tímidos?

El cristiano no teme más que a una cosa: pecar, ofender a Dios.

A los hombres, no; a Dios, sí.

"No temáis a los que pueden matar el cuerpo, y no pueden ir más allá, no pueden matar el alma. Sino a quien habéis de temer es al que puede mandar vuestro cuerpo y alma al fuego eterno".

Este temor, sí, hemos de tener bien metido en nuestro corazón.

Aunque amamos a Dios, hay ocasiones en la vida en que este amor se entibia, y las tentaciones arrecian; entonces teme a Dios, teme su justicia, teme sus castigos.

Dios es bueno y prefiere ser amado, pero como nosotros somos malos y no entendemos muchas veces el amor, por nuestro bien se hace temer y nos amenaza.

Teme a Dios, que es santo y no puede tolerar, a pesar de toda su bondad, el pecado, ni admitir al pecador en su gloria. Y no temas a los hombres, que son pecadores y gozan en el pecado.

Teme a Dios, que es justo y castiga lo que merece castigo, y no temas a los hombres, que son injustos y maltratan la virtud y premian al vicio.

Teme a Dios, que es sabio y te ve todo lo que haces. Y no temas a los hombres, que son tontos y no entienden lo que juzgan.

Teme a Dios, que es tu padre, y no temas a los hombres, que son unos pobretes, como tú, y menos que tú.

Teme a Dios, no servilmente, sino filialmente, por amor.

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7.9.21

Luces Matutinas: 27. ¡Espera!



Ya sabes que hay otra vida. Espérala. No quieras tener aquí demasiada felicidad en este mundo. Déjala para el otro. Haz buenamente prosperar aquí sin demasiado afán y atiende más a tu alma.

No tengas demasiado afán por lo presente, porque pasa. No tengas demasiado empeño por lo mundano, porque no llena. No quieras ganar demasiado dinero, porque no está la felicidad en tener.

Antes muchas veces en la riqueza está la infelicidad propia o de los hijos, que salen unos viciosos y holgazanes.

No quieras ganar mucho, porque es terrible tentación, y raros son los que se enriquecen mucho y no desagradan a Dios.

No quieras ser opulento, porque en la opulencia brota espontáneamente la flor de la soberbia y de muchos vicios.

Piensa menos en esta vida que pasa y es breve, y más en la vida que esperas, que viene y es eterna.

Oye la verdadera economía que te dicta Jesús:

- "Busca ante todo el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se te dará por añadidura". Es decir, lo primero procura ser bueno y ganar la vida eterna, luego trabaja por lo terreno, con prudencia, y Dios te dará lo que convenga.

- "De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si sufre en detrimento su alma".

- "No os forméis tesoros en la tierra, donde la roña y la polilla los roen; donde los ladrones los socavan y roban. Formaos vuestro tesoro en el cielo, donde ni la roña ni la polilla lo roen, ni los ladrones lo socavan y roban".

- "Da a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo", y "si perdéis algo por mí, recibiréis el ciento en esta vida, y después la vida eterna". Aunque hay varios modos de ganar para el cielo, uno de ellos es muy bueno, dar a los pobres, o dejarlo por amor de Cristo.

Esta es buena economía. Hacer menos por esta vida breve, y más por la vida eterna.

Y entretanto, puestos los ojos en ella, ¡espera!

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6.9.21

Luces Matutinas: 26. ¡Cree!



Cree lo que Nuestra Santa Madre la Iglesia nos enseña y créelo sin vacilación, porque es verdad.

Lo que Jesucristo enseñó y probó con muchos milagros patentes, y especialmente con su propia resurrección.

Lo que se propagó por todo el mundo rapidísimamente, sin armas, sin auxilios, contra todo el poder del Imperio Romano, contra todas las filosofías, contra todas las concupiscencias y herejías, contra mil persecuciones.

Lo que han sellado con su sangre millones de mártires, adornado con su castidad millones de vírgenes, iluminado con su virtud millones de Santos, explicado con sus libros millones de sabios.

Lo que, según la profecía de Cristo, dura y durará hasta el fin del mundo en medio de todas las persecuciones.

Lo que no ha mudado ni variado en los veinte siglos. Lo que se confirma con mil profecías del Antiguo y Nuevo Testamento. Lo que se confirma en todos los siglos con milagros estupendos. Lo que hace buenos a quienes creen y practican. Lo que aborrecen y dejan los que quieren ser malos.

Lo que abrazan los incrédulos cuando quieren ser buenos.

Lo que al morir nadie de los creyentes reniega.

Lo que al morir muchos incrédulos abrazan.

Lo que contiene una moral severa e intachable.

Lo que es sobre la razón, pero no contra la razón.

Lo que cuanto más se estudia, más bien parece.

Lo que aborrecen y persiguen los malos.

Lo que no se deja sin caer en muchos absurdos.

Lo que da tranquilidad a la conciencia.

Lo que da consuelo al alma en la vida.

Lo que es tan hermoso de creer.

Lo que ha civilizado tanto al mundo.

Lo que hoy sin comparación cree más gente.

Lo que cada día tiene más y mejores creyentes.

Lo que es verdad, porque el mismo Dios lo ha revelado y la Santa Madre Iglesia nos lo prueba con muchísimas razones y milagros.

"¡Y quien no lo crea será condenado!", dice Jesucristo. ¡Cree, pues, y obra según tu fe!

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5.9.21

Luces Matutinas: 25. La Santa Madre la Iglesia



Es lo mejor que hay en el mundo. ¡Qué gran beneficio nos ha hecho Jesucristo al fundarla!

La Iglesia es la sociedad en que Jesucristo nos ha reunido a los bautizados y fieles cristianos, para que en esta sociedad tengamos facilidad de salvarnos y santificarnos.

Esta Iglesia es gloriosísima. En nuestra sociedad hemos tenido y tenemos a los mejores hombres del género humano, en todos los sentidos, pero sobre todo en virtud, en santidad, en heroísmo, en ciencia de Dios. Todo lo mejor y en cantidad enorme ha sido y es católico. Apóstoles, mártires, doctores, vírgenes, santos de todo género... ¡Cuánta historia!

En nuestra sociedad ha puesto Jesucristo auxilios y abundancia increíble de medios para salvarnos y santificarnos.

Una doctrina de fe riquísima y abundantísima sin un error, una moral elevadísima y purísima sin un desliz, un culto espléndido y dignísimo sin ninguna superstición.

Una jerarquía aptísima. Y primero un Papa que nunca puede faltar en la Iglesia, el cual en su cátedra es infalible por la gracia de Jesucristo al enseñarnos. Y luego para irradiar su acción a todo el mundo, prelados y sacerdotes en abundancia por todas partes. Por doquiera se predica y ofrece sacrificio augusto, se administran sacramentos, se perdonan pecados, se dan comuniones y se pone al pueblo en comunicación con Dios.

Los sacramentos, fuentes de la gracia de Cristo, están en la Iglesia nuestra y por ellos se nos comunica continuamente la misma gracia, el más alto don que da el cielo a la tierra.

El culto lo ha dispuesto con la gracia de Jesucristo del modo más suave, más digno, más bello y más insinuante. Desde el bautismo hasta el entierro, desde Navidad hasta Pascua y Todos los Santos, es un drama del corazón.

¡Cuánto debemos a Nuestra Santa Madre la Iglesia! ¡Cuántas virtudes! ¡Cuánta luz! ¡Cuánta doctrina! ¡Cuántos consuelos! ¡Cuántas alegrías! ¡Cuánta civilización! ¡Cuánta educación! ¡Cuánta inocencia! ¡Cuánto heroísmo! ¡Cuánta caridad!, y sobre todo, ¡cuánta seguridad de salvarnos!

¡Creo y amo a Nuestra Santa Madre la Iglesia Católica! Y lejos de nosotros toda persona, partido, sociedad, periódico o libro que sea contrario a Nuestra Santa Madre la Iglesia.

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