Desprecio de los bienes mundanos

12.3.23

"Subida al Monte Carmelo" y "Noche Oscura", de San Juan de la Cruz, actualizada (176)



CAPÍTULO 6
Sobre otras formas de pena que el alma padece en esta noche oscura.


1. La tercera forma de pasión y pena que el alma aquí padece es a causa de otros dos extremos, conviene a saber: divino y humano, que aquí se juntan.

El divino es esta contemplación purgativa, y el humano es el alma del sujeto. Y puesto que el divino incide a fin de renovarla para hacerla divina, desnudándola de las afecciones habituales y propiedades del hombre viejo con las cuales el alma está muy unida, conglutinada y conformada, de tal manera la desarma y la reordena en su sustancia espiritual, absorbiéndola en una profunda y honda tiniebla, que el alma se siente estar deshaciendo y derritiendo con la muestra y la vista de sus miserias en una muerte cruel de espíritu. Es como si hubiese sido tragada de una bestia y en su vientre tenebroso se sintiese estar digiriéndose, padeciendo estas angustias como Jonás (2, 1) en el vientre de aquella marina bestia. Porque en este sepulcro de oscura muerte la conviene estar para la espiritual resurrección que espera.

2. La manera de esta pasión y pena, aunque de verdad ella es extrema, la describe David (Sal. 17, 5-7) diciendo: "Me cercaron los gemidos de la muerte, los dolores del infierno me rodearon, en mi tribulación clamé".

Pero lo que esta doliente alma aquí más siente es el parecerle claro que Dios la ha desechado y, aborreciéndola, la ha arrojado en las tinieblas, que para ella es grave y lastimera pena creer que la ha dejado Dios. Esta experiencia también David, sintiéndola mucho en este caso, dice (Sal. 87, 6-8): "De la manera que los llagados están muertos en los sepulcros, dejados ya de tu mano, de los que no te acuerdas más, así me pusieron a mí en el lago más hondo e inferior en tenebrosidades y sombra de muerte, y está sobre mí confirmado tu furor, y todas tus olas descargaste sobre mí". Porque verdaderamente, cuando esta contemplación purgativa aprieta, sombra de muerte y gemidos de muerte y dolores de infierno siente el alma muy vivamente, los cuales consisten en sentirse sin Dios y castigada y arrojada e indigna de Él, y que está enojado. Todo ello se siente en este punto y aún más, hasta el extremo que le parece que ya es un penar para siempre.

3. Y el mismo desamparo siente de todas las criaturas y desprecio procedente de ellas, particularmente de los amigos. Que por eso prosigue luego David (Sal. 87, 9), diciendo: "Alejaste de mí mis amigos y conocidos, me tuvieron por abominación". Todo lo cual, como quien tan bien lo experimentó en el vientre de la bestia corporal y espiritualmente, el mismo Jonás (2, 4-7), lo testifica así: "Me arrojaste al profundo en el corazón de la mar, y la corriente me cercó; todos sus golfos y olas pasaron sobre mí y dije: arrojado estoy de la presencia de tus ojos; pero otra vez veré tu santo templo" - lo cual dice porque aquí purifica Dios al alma para ver al Señor - "me cercaron las aguas hasta el alma, el abismo me ciñó, el piélago me cubrió mi cabeza, a los extremos de los montes descendí; los cerrojos de la tierra me encerraron para siempre". Estos "cerrojos" se entienden aquí a este propósito por las imperfecciones del alma, que la impiden el gozar de esta sabrosa contemplación [La comparación de Jonás con el abandono y encarcelamiento del alma (nn. 1 y 3) y su referencia secreta a la cárcel toledana sufrida por el Santo (cf. carta 1ª), confirma que el simbolismo básico de la noche arranca genéticamente de la situación vivida por el Santo en Toledo, pero transportada espiritualmente a la secreta escala disfrazada del alma].

4. La cuarta forma de pena causa en el alma otra excelencia de esta oscura contemplación, que es a su vez la majestad y grandeza de ella. Y es que hace sentir en el alma otro extremo que hay en ella de íntima pobreza y miseria, siendo esta una de las principales penas que se padecen en esta purgación. Porque siente en sí un profundo vacío y pobreza de tres maneras de bienes que se ordenan al gusto del alma, que son temporal, natural y espiritual, viéndose puesta en los males contrarios, conviene a saber: miserias de imperfecciones, sequedades y vacíos de las aprensiones de las potencias y desamparo del espíritu en tiniebla. Que, por cuanto aquí purga Dios al alma según la sustancia sensitiva y espiritual y según las potencias interiores y exteriores, conviene que el alma sea puesta en vacío y pobreza y desamparo de todas estas partes, dejándola seca, vacía y en tinieblas, con el fin de que la parte sensitiva sea purificada en sequedad, y las potencias en su vacío de sus propias aprensiones, y el espíritu en tiniebla oscura.

5. Todo lo dicho hace Dios por medio de esta oscura contemplación, en la cual no sólo padece el alma el vacío y suspensión de estos apoyos naturales y aprensiones, que es un padecer muy tormentoso como si a uno le suspendiesen o detuviesen el aire dejándole sin respirar, mas también está purgando el alma, aniquilando y vaciando o consumiendo en ella, así como hace el fuego al orín y moho del metal, todas las afecciones y hábitos imperfectos que ha contraído durante toda la vida. Y puesto que por estar estos hábitos muy arraigados en la sustancia del alma, sobrepadece grave deshacimiento y tormento interior, además de la dicha pobreza y vacío natural y espiritual, con lo que se hace patente aquí lo escrito en Ezequiel: "Juntaré los huesos, y los encenderé en el fuego, se consumirán las carnes y toda la composición se cocerá, y se desharán los huesos" (Ez. 24, 10). En lo cual se entiende la pena que padece en el vacío y pobreza de la sustancia del alma sensitiva y espiritual. Y sobre esto dice luego (24, 11): "Ponedla también así vacía sobre las ascuas, para que se caliente y se derrita su metal, y se deshaga en medio de ella su inmundicia y sea consumido su moho". En lo cual se da a entender la grave pasión que el alma aquí padece en la purgación del fuego de esta contemplación, pues dice el profeta que para que se purifiquen y deshagan las impurezas de las afecciones que están en medio del alma es menester en cierta manera que ella misma se aniquile y se deshaga, según estén en ella de naturalizadas estas pasiones e imperfecciones.

6. De todo ello, para que en esta fragua se purique el alma como el oro en el crisol, según el Sabio dice (Sab. 3,6), siente este gran desmenuzamiento en la misma sustancia del alma, con extremada pobreza, en cuyo proceso se siente como acabando, como se puede ver por lo que a este propósito dijo David (Sal. 68,2-4) por estas palabras, clamando a Dios: "Sálvame, Señor, porque han entrado las aguas hasta el alma mía; fijado estoy en el limo del profundo, y no hay donde me sustente; vine hasta el profundo del mar, y la tempestad me anegó; trabajé clamando, se enronquecieron mis gargantas, desfallecieron mis ojos en tanto que espero en mi Dios".

En este proceso Dios humilla mucho al alma para ensalzarla mucho también después y, si Él no ordenase que estos sentimientos, cuando se avivan en el alma, se adormeciesen presto, el alma moriría muy en breves días. Sin embargo son intercalados los ratos en que se siente su íntima viveza. Lo cual algunas veces se siente tan a lo vivo, que le parece al alma que ve abierto el infierno y la perdición. Porque de éstos son los que de veras descienden al infierno viviendo (Sal. 54,16), pues aquí se purgan a la manera que allí, puesto que al fin y al cabo esta purgación es la que allí se había de hacer (nota del actualizador: según las experiencias del Purgatorio, aquí podría también sustituirse el término "infierno" por "purgatorio", dado que en el primero las penas no tienen final, como sí lo tienen en el purgatorio y, obviamente, también en esta noche contemplativa. En la siguiente frase se nos aclara mejor este punto, ya que vemos cómo el Santo se refiere al purgatorio, ya que del infierno no se sale una vez que el alma condenada entre en él, tal y como nos enseña la Iglesia). Y así el alma que por aquí pasa, o no entra en aquel lugar, o se detiene allí muy poco, porque aprovecha más una hora aquí que muchas allí.


11.3.23

"Subida al Monte Carmelo" y "Noche Oscura", de San Juan de la Cruz, actualizada (175)



5. Cuanto a lo primero, debido a que la luz y sabiduría de esta contemplación es muy clara y pura y el alma en que ella impacta está oscura e impura, da como resultado que el alma pena mucho recibiéndola en sí, como cuando los ojos están dañados, impuros y enfermos, y se ven desbordados del deslumbramiento de la clara luz, con lo cual reciben pena.

Y esta pena en el alma, a causa de su impureza, es inmensa cuando de veras es embestida de esta divina luz, porque impactando en el alma esta luz pura a fin de expeler la impureza del alma se siente el alma tan impura y miserable que le parece estar Dios contra ella y que ella está hecha contraria a Dios. Lo cual es de tanto sentimiento y pena para el alma, porque le parece aquí que la ha arrojado Dios de sí, el cual era uno de los mayores disgustos que sentía Job (7, 20) cuando Dios le tenía en este ejercicio, diciendo: "¿Por qué me has puesto contrario a ti, y soy grave y pesado para mí mismo?". Y es que viendo el alma claramente aquí por medio de esta pura luz, aunque a oscuras, su impureza, conoce claro que no es digna de Dios ni de criatura alguna. Y lo que más le entristece es que piensa que nunca lo será, y que ya se le acabaron sus bienes. Esto le causa también pesadumbre por la profunda inmersión que tiene de la gente en el conocimiento y sentimiento de sus males y miserias, porque aquí se las muestra todas al entendimiento esta divina y oscura luz, y de modo que vea claro cómo de suyo propio no podría tener ya otra cosa que miserias. Podemos entender en este sentido aquellas palabras de David (Sal. 38, 12): "Por la iniquidad corregiste al hombre, e hiciste deshacer y consumirse su alma; como la araña se desentraña" (nota del actualizador: dado que en la tradición Septuaginta/Vulgata el salmo 9 y el 10 del hebreo forman uno solo, a partir del 11 todos los salmos tienen un número menos que la numeración hebrea, de manera que este salmo correspondería al 39 actual que, en la traducción Reina-Valera de 1960 se leería de la siguiente manera: "Con castigos por el pecado corriges al hombre, y deshaces como polilla lo más estimado de él").

6. La segunda manera en que pena el alma es a causa de su flaqueza natural, moral y espiritual porque, como esta divina contemplación embiste en el alma con cierta fuerza al fin de irla robusteciendo y amansando, de tal manera infiere en su flaqueza que poco menos se siente desfallecer, particularmente algunas veces cuando con cierta intensidad embiste. Y es que el sentido y el espíritu, así como si estuviese debajo de una inmensa y oscura carga, está penando y agonizando tanto que tomaría por alivio y recompensa el morir. Lo cual habiendo experimentado el profeta Job (23, 6), decía: "No quiero que trate conmigo con mucha fortaleza, para que no me oprima con el peso de su grandeza".

7. En la fuerza de esta opresión y peso se siente el alma tan ajena de ser favorecida y agraciada que le parece, y así es, que aun en lo que solía hallar algún apoyo se acabó junto con todo lo demás, y que no hay quien se compadezca de ella. A cuyo propósito dice también Job (19, 21): "Compadeceos de mí, a lo menos vosotros mis amigos, porque me ha tocado la mano del Señor".

¡Cosa de gran maravilla y también lástima que sea aquí tanta la flaqueza e impureza del alma que, siendo la mano de Dios de suyo tan blanda y suave, la sienta el alma aquí tan pesada, contundente y contraria, y con todo aún sin colisionar ni asentarse con todo su peso, sino solamente tocando, y eso misericordiosamente, pues lo lleva a cabo a fin de hacer favores al alma y no de castigarla!


10.3.23

"Subida al Monte Carmelo" y "Noche Oscura", de San Juan de la Cruz, actualizada (174)




CAPÍTULO 4

Se muestra la primera estrofa y su explicación.


Estrofa 1ª:

En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.


Explicación
1. Entendiendo ahora esta estrofa respecto de la purgación contemplativa, o desnudez y pobreza de espíritu (puesto que en ese sentido todo ello, llegados a este punto, es casi una misma cosa), la podemos aclarar de esta manera, en donde el alma dice así:

En pobreza, desamparo y desapego de todas las aprensiones de mi alma, esto es, en oscuridad de mi entendimiento y aprieto de mi voluntad, en afición y angustia acerca de la memoria, dejándome a oscuras en pura fe (la cual es noche oscura para las mencionadas potencias naturales), sólo la voluntad tocada de dolor y aflicciones y ansias de amor de Dios, salí de mí misma, esto es, de mi bajo modo de entender, y de mi débil forma de amar, así como de mi pobre y escasa manera de gustar de Dios, sin que la sensualidad ni el demonio me lo estorben.

2. Lo cual fue una gran dicha y buena ventura para mí porque, en terminando de aniquilarse y sosegarse las potencias, pasiones, apetitos y afecciones de mi alma, con los que bajamente sentía y gustaba de Dios, salí del trato y de mis operaciones de formas humanas a la operación y el trato de Dios, es a saber:

Mi entendimiento salió de sí, volviéndose de humano y natural en divino porque, uniéndose por medio de esta purgación con Dios, ya no entiende por su vigor y luz natural, sino por la divina Sabiduría con que se unió.

Y mi voluntad salió de sí, haciéndose divina porque, unida con el divino amor, ya no ama bajamente con su fuerza natural, sino con fuerza y pureza del Espíritu Santo, y así la voluntad no obra humanamente en cuanto a Dios. Y, ni más ni menos, la memoria se ha trocado en aprensiones eternas de gloria.

Y, finalmente, todas las fuerzas y afectos del alma, por medio de esta noche y purgación del viejo hombre, todas se renuevan en temples y deleites divinos.

Se continúa ahora con el verso:

En una noche oscura.


CAPÍTULO 5
Se comienza a explicar respecto a ese verso, y cómo esta contemplación oscura no sólo es noche para el alma, sino también pena y tormento


1. Esta noche oscura es una influencia de Dios en el alma, que la purga de sus ignorancias e imperfecciones habituales, naturales y espirituales, que llaman los contemplativos contemplación infusa o mística teología, en que de secreto enseña Dios al alma y la instruye en perfección de amor, sin ella hacer nada ni entender cómo ocurre semejante transformación. Esta contemplación infusa, por cuanto es sabiduría de Dios amorosa, hace dos principales efectos en el alma, porque la dispone purgándola e iluminándola para la unión de amor de Dios. De donde la misma sabiduría amorosa que purga los espíritus bienaventurados ilustrándolos es la que aquí purga al alma y la ilumina.

2. Pero podría surgir la duda: ¿por qué, pues es lumbre divina que, como decimos, ilumina y purga el alma de sus ignorancias, la llama aquí el alma "noche oscura"? A lo cual se responde que por dos cosas es esta divina Sabiduría no sólo noche y tiniebla para el alma, mas también pena y tormento. La primera es debido a la superioridad de la Sabiduría divina, que excede al talento del alma, y de esta manera le parece tiniebla. La segunda, es pena y tormento por la bajeza e impureza del alma humana, y de esta manera le es penosa y aflictiva, y también oscura [Incide aquí el Santo con los principios en que se basa su doctrina de la noche oscura. Pueden reducirse al clásico axioma de los dos contrarios que no caben en un sujeto: Dios con su pureza no puede conjugarse con la miseria del hombre, puesto que necesariamente chocan, y debe realizarse una adaptación radical. Son principios repetidos o supuestos habitualmente].

3. Para probar la primera conviene suponer cierta doctrina de Aristóteles, que dice que cuanto las cosas divinas son en sí más claras y manifiestas, tanto más son al alma natural oscuras y ocultas. De la misma manera que la luz, cuanto más clara es, tanto más ciega y oscurece la pupila de la lechuza [el Santo llama a Aristóteles "el Filósofo" (con mayúsculas), al que recurre para demostrar su teoría y probar la incompatibilidad entre la luz divina y la capacidad humana; el exceso de luz natural ciega la vista del cuerpo, mientras que el exceso de luz interior ciega la de las potencias del alma], y cuanto el sol se mira más directamente, tanto más tinieblas causa a la potencia visiva y la priva, excediéndola por su flaqueza.

De donde, cuando esta divina luz de contemplación embiste en el alma que aún no está ilustrada totalmente, le hace parecer tinieblas espirituales, porque no sólo la excede sino que también la priva y oscurece el acto de su inteligencia natural. Precisamente por esta causa san Dionisio y otros místicos teólogos llaman a esta contemplación infusa "rayo de tiniebla", conviene a saber: tiniebla para el alma no ilustrada y purgada, porque de su gran luz sobrenatural es vencida la fuerza natural intelectiva y privada (es decir, personal).

Por lo cual David (Sal. 96, 2) también dijo que cerca de Dios y alrededor de Él está oscuridad y nube, no porque en sí ello sea de esa manera, sino desde el punto de vista de nuestros débiles entendimientos, que en tan inmensa luz se oscurecen y quedan ofuscados, no alcanzando a ver la magnitud de la luz divina. También por ello el mismo David (Sal. 17, 13) lo declaró luego, diciendo: "Por el gran resplandor de su presencia se atravesaron nubes", es a saber, entre Dios y nuestro entendimiento. Y ésta es la causa por la que, en derivando de sí Dios este esclarecido rayo de su sabiduría secreta hacia el alma que aún no está transformada, le hace tinieblas oscuras en el entendimiento.

4. Y que esta oscura contemplación también le sea al alma penosa en estos inicios es algo claro porque, como esta divina contemplación infusa tiene muchas excelencias en extremo buenas y el alma que las recibe, por no estar purgada, tiene muchas miserias también en extremo malas, de aquí es que, no pudiendo caber dos contrarios en el mismo sujeto del alma, de necesidad haya de penar y padecer el alma, siendo ella el sujeto o el terreno en el que contra sí se ejercitan y pugnan estos dos contrarios, haciendo los unos contra los otros por razón de la purgación que de las imperfecciones del alma por medio de esta contemplación se realiza. Lo cual probaremos por inducción en esta manera.


9.3.23

"Subida al Monte Carmelo" y "Noche Oscura", de San Juan de la Cruz, actualizada (173)




CAPÍTULO 3
Notas a tener en cuenta para los temas que luego se abordarán.

1. Estando ya, pues, estas personas espirituales ya aprovechados gracias al tiempo que han pasado alimentando los sentidos con dulces comunicaciones, con lo cual la parte sensitiva se ve atraída y saboreada del espiritual gusto, una relación que del espíritu le manaba, llega la mencionada parte sensitiva a unirse y acomodarse en armonioso conjunto con el espíritu, comiendo cada uno en su manera de ser de un mismo manjar espiritual y en un mismo plato, así como de un solo supuesto y sujeto. Con esto ambas naturalezas, la sensitiva y espiritual, en alguna manera juntos y conformes en uno, se encuentran entonces colocados también para que juntos estén en disposición para sufrir la áspera y dura purgación del espíritu que les espera. Porque en esta purgación se han de encontrar expiando cumplidamente estas dos partes del alma, espiritual y sensitiva, porque la una nunca se purga de manera adecuada sin la otra ya que la purgación válida para el sentido se realiza cuando, de propósito, comienza la del espíritu. Con lo cual la noche que hemos dicho del sentido, más se la puede y debe llamar cierta reformación y enfrenamiento del apetito que purgación. La causa es porque todas las imperfecciones y desórdenes de la parte sensitiva tienen su fuerza y raíz en el espíritu, donde se sujetan todos los hábitos buenos y malos y así, hasta que éstos no sean purgados, las rebeliones y siniestros del sentido no se pueden purgar tampoco bien [en consecuencia, la noche, en su sentido pleno, es algo global del sentido y espíritu: "entrambas partes se purgan juntas" (nn. 2-3). No conviene, pues, forzar las divisiones en detrimento del conjunto].

2. Por todo ello en esta noche que se sigue se purgan las dos partes juntas, que éste es el fin para el cual convenía haber pasado por la reformación de la primera noche y la bonanza que de ello se obtiene para que, aunado con el espíritu el sentido, en cierta manera se purgue y padezca aquí con más fortaleza, porque para tan fuerte y dura purga es menester (o sea, disposición) tan grande. Y es que, sin haberse reformado antes la flaqueza de la parte inferior y cobrado fortaleza en Dios por el dulce y sabroso trato que con Él después ha tenido, no se conseguirían las fuerzas ni las disposiciones el ser natural para poder sufrirla.

3. Por tanto téngase en cuenta que estos aprovechados todavía el trato y operaciones que tienen con Dios son muy bajas y muy naturales (a causa de no tener purificado e ilustrado el oro del espíritu), por lo cual todavía entienden de Dios como pequeñuelos, y saben y sienten de Dios como pequeñuelos, según dice san Pablo (1 Cor. 13, 11), por no haber llegado a la perfección, que es la unión del alma con Dios. Mediante la unión se logrará el que, como grandes, obren grandezas en su espíritu, siendo ya sus obras y potencias más divinas que humanas, como después se dirá. Queriendo Dios desnudarlos de hecho de este viejo hombre y vestirlos del nuevo, que según Dios es creado en la novedad del sentido, que dice el Apóstol, les desnuda las potencias y afecciones y sentidos, así espirituales como sensitivos, así exteriores como interiores, dejando a ocuras el entendimiento y la voluntad a secas, vacía la memoria, y las afecciones del alma en suma aflicción, amargura y aprieto, privándola del sentido y gusto que antes experimentaba de los bienes espirituales, dada que esta privación es uno de los principios que se requiere en el espíritu para que se introduzca y una en él la forma espiritual del espíritu, que es la unión de amor.

Todo lo cual opera el Señor en ella por medio de una pura y oscura contemplación, como el alma lo da a entender por la primera poesía. La cual, aunque está declarada al propósito de la primera noche del sentido, principalmente la entiende el alma por esta segunda del espíritu, por ser la principal parte de la purificación del alma. Y así, a este propósito la pondremos y declararemos aquí otra vez.


8.3.23

"Subida al Monte Carmelo" y "Noche Oscura", de San Juan de la Cruz, actualizada (172)



CAPÍTULO 2
Se continúan mostrando otras imperfecciones que tienen estos contemplativos ya aprovechados.

1. Dos maneras de imperfecciones tienen estos aprovechados: unas son habituales, otras actuales.

Las imperfecciones habituales son las afecciones y hábitos imperfectos que todavía, como raíces, han quedado en el espíritu, donde la purgación del sentido no pudo llegar. En esta purgación del sentido la diferencia que hay con la otra es como la diferencia existente entre la raíz a la rama, o sacar una mancha fresca o una muy asentada y vieja. Porque, como dijimos, la purgación del sentido sólo es puerta y principio de contemplación para la del espíritu que, como también hemos dicho, más sirve de acomodar el sentido al espíritu, que de unir el espíritu con Dios. Mas todavía se quedan en el espíritu las manchas del hombre viejo, aunque a él no se lo parezca ni se dé cuenta de ellas, las cuales si no salen por el jabón y fuerte lejía de la purgación de esta noche, no podrá el espíritu llegar a la pureza de la unión divina.

2. Tienen éstos también la "hebetudo mentis" [es decir, "el embotamiento de la mente", similar al "spiritus vertiginis" -espíritu de confusión- que antes mencionamos. En realidad, es poca la diferencia existente entre los males ahora apuntados y los señalados en el lib. 1º. Aquí apunta más bien la raíz de los mismos, que se eliminan únicamente a través de la purificación del espíritu, que es donde están asentados. Afirma con claridad el Santo que la raíz más profunda de esos males es el pecado, lo que ha de tenerse presente para comprender su antropología] y la rudeza natural que todo hombre contrae por el pecado, así como la distracción y exterioridad del espíritu, lo cual conviene que se ilustre, clarifique y recoja por la penalidad y aprieto de esta noche. Estas habituales imperfecciones, todos los que no han pasado de este estado de aprovechados las tienen; las cuales no pueden estar, como decimos, con el estado perfecto de unión por amor.

3. En las imperfecciones actuales (nota del actualizador: que podrían definirse también como "de actividad") no caen todos de la misma manera. Mas algunos, como traen estos bienes espirituales tan afuera y tan al alcance de su mano en el sentido, caen en mayores inconvenientes y peligros que a sus inicios mencionamos. Porque, como ellos hallan tan a manos llenas tantas comunicaciones y aprehensiones espirituales al sentido y espíritu, donde muchas veces ven visiones imaginarias y espirituales (porque todo esto, con otros sentimientos sabrosos, acontece a muchos de éstos en este estado, en lo cual el demonio y la propia fantasía muy ordinariamente hace trampantojos -es decir, artificios, engaños...- al alma), y como con tanto gusto suele imprimir y sugerir el demonio al alma las aprensiones dichas y sentimientos, con gran facilidad la embelesa y engaña, no teniendo ella cautela para resignarse y defenderse fuertemente en fe (nota del actualizador: o "agarrándose en la fe") de estas visiones y sentimientos.

Porque aquí hace el demonio a muchos creer visiones vanas y profecías falsas. Es en este puesto donde les procura hacer presumir que habla Dios y los santos con ellos, y creen muchas veces a su fantasía. Aquí también los suele llenar el demonio de presunción y soberbia y, atraídos de la vanidad y arrogancia, se dejan ser vistos en actos exteriores que parezcan de santidad, como son arrobamientos y otras apariencias. Se hacen así atrevidos a Dios, perdiendo el santo temor, que es llave y custodia de todas las virtudes, y llegan a tantas falsedades y engaños, las cuales suelen multiplicarse en algunos de éstos, y tanto se enraízan en ellos, que es muy dudosa la vuelta de ellos al camino puro de la virtud y verdadero espíritu. En las cuales miserias vienen a dar, comenzando a darse con demasiada confianza a las aprensiones y sentimientos espirituales, cuando comenzaban a aprovecharse en el camino correcto.

4. Habría tanto que decir sobre las imperfecciones de éstos y de cómo les son más incurables por tenerlas ellos como más espirituales que las primeras, que prefiero dejarlo. Sólo digo, para fundar la necesidad que hay de la noche espiritual -que es la purgación para el que ha de avanzar adelante- que casi ninguno de estos aprovechados, por bien que le hayan ido las cosas en su camino de elevación, deja de tener muchas de ese tipo de afecciones naturales y hábitos imperfectos, que dijimos primero ser necesario que preceda la purificación para pasar a continuación a la divina unión.

5. Y, demás de esto, lo que ya dejamos dicho líneas arriba, a saber: que, por cuanto todavía participa la parte inferior en estas comunicaciones espirituales, no pueden ser ellas tan intensas, puras y fuertes como se requieren para la dicha unión. Con lo cual, para poder llegar a esa unión le conviene al alma entrar en la segunda noche del espíritu, donde desnudando al sentido y espíritu de forma perfectamente de todas estas aprensiones y sabores, le han de hacer caminar en oscura y pura fe, que es el propio y el adecuado medio por donde el alma se une con Dios, según vemos por Oseas (2, 20), diciendo: "Yo te desposaré", esto es, te uniré conmigo, por fe.