Desprecio de los bienes mundanos

1.9.22

Ven, Espíritu de Dios



Luz de Dios, disipa las tinieblas de mis dudas y guíame.

Fuego de Dios, derrite el hielo de mi indiferencia y abrásame.

Torrente de Dios, fecunda los desiertos de mi vida y renuévame.

Fuerza de Dios, rompe las cadenas de mis esclavitudes y libérame.

Alegría de Dios, aleja los fantasmas de mis miedos y confórtame.

Aliento de Dios, despliega las alas de mi espíritu y lánzame.

Vida de Dios, destruye las sombras de mi muerte y resucítame.

Ven, Espíritu Paráclito,
Espíritu creador y santificador,
Espíritu renovador y consolador,
Espíritu sanador y pacificador.

Ven y concede hoy a tu Iglesia, reunida en el Cenáculo con María, la experiencia de Pentecostés.

Amén.

30.8.22

Santos Panine y Paneu (mártires de los siglos III y IV)



La memoria de estos dos santos africanos es recordada en el Sinaxario Alejandrino. El nombre verdadero de Panine era Sinfronio, y vivía en Terot-Smun, en Antinoe. Como estudiante destacó por su talento e inteligencia, lo que suscitó la envidia de Alejandro, sobrino del gobernador arriano. Alejandro le rompió los dos dedos pulgares, motivo por el que se le conoce como Panine (que significa "el de los pólices").

El arcángel san Miguel se apareció una noche a Panine y le sanó los dedos. Luego, en compañía de Paneu, se entregó a la vida religiosa en el valle de Fayum, en compañía de los ascetas Timoteo, Teófilo y Cristóforo, donde recibieron el hábito monástico.

En Ebot ayudaron a construir una iglesia, y el obispo los consagró sacerdotes. Panine y Paneu se marcharon a Adribah, donde se encontraron con la oposición de los sacerdotes de los ídolos. Durante la persecución de Maximiano (303-313) fueron decapitados.


Aquel a quien se ha encomendado la autoridad y es tenido como el mayor, sea como el menor y siervo de los otros hermanos.
Y no se irrite contra el hermano por su delito sino que, con toda paciencia y humildad, amonéstelo benignamente y sopórtelo.


San Francisco de Asís


27.8.22

Muerta la muerte



Mi cuerpo no sucumbe ante la muerte.
Sembrado en cruz, en fría losa oscura,
ya es espiga de luz fuerte y madura,
ya es pan de trigo tostado al sol y fuerte.

Mi cuerpo se levanta para verte.
¿Quién a mi amor pondrá una sepultura de olvido, o a este fuego una atadura?
A cara o cruz el sino de la suerte.

Pero la muerte pierde su partida.
La vencí, doblegué, he pisoteado su aguijón. ¡Muerte, estás de muerte herida!

Mira qué cruz, qué clavos me ha costado conquistar el botín de nuestra vida. ¡Ven, acuéstate, amor, en mi costado!

24.8.22

Madre mía del Carmelo



Madre mía del Carmelo,
llena eres de gracia.

Madre mía del Carmelo,
llena eres de gracia.


Madre mía del Carmelo,
llévanos contigo al cielo.

Madre mía del Carmelo,
llena eres de gracia.


Madre mía del Carmelo,
ruega por tus escuderos.

Madre mía del Carmelo,
llena eres de gracia.


Madre mía del Carmelo,
eres tú nuestro consuelo.

Madre mía del Carmelo,
llena eres de gracia.


Madre mía del Carmelo,
guíanos por este suelo.

Madre mía del Carmelo,
llena eres de gracia.

Madre mía del Carmelo,
llena eres de gracia.

22.8.22

No temáis



La verdadera razón por la cual no llegas a poder meditar es ésta, ¡y no me equivoco! Comienzas la meditación agitado y lleno de ansiedad. Esto es suficiente para que nunca alcances lo que buscas, porque tu espíritu no está concentrado sobre la verdad que meditas y no hay amor en tu corazón.

Esta ansiedad es vana. No sacarás de ella más que un gran cansancio espiritual y una frialdad de alma, sobre todo a nivel afectivo. Contra ello no conozco otro remedio que éste: salir de ese estado de ansiedad. Éste es, en efecto, uno de los mayores obstáculos para la práctica religiosa y la vida de oración.

De ninguna manera quiero dispensarte de la meditación simplemente porque te parece que no sacas ningún provecho de ella. A medida que vayas haciendo vacío en ti mismo, verás cómo te irás desprendiendo de este apego, y el Señor te hará el don de la oración que tiene guardado en su diestra.


San Pío de Pietrelcina (1887-1968).
Sacerdote capuchino italiano. Se le atribuyen hechos sobrenaturales, estigmas, bilocaciones, y lectura de conciencias de los fieles que se confesaban con él.