Semana en el Oratorio

Desprecio de los bienes mundanos

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10.8.17

Oración de San Alfonso María de Ligorio para visitar a Santa María en alguna iglesia u oratorio


El gran santo y doctor de la Iglesia San Alfonso María de Ligorio redactó esta preciosa oración para que los fieles la recen en su visita a algún oratorio, capilla o iglesia:

Inmaculada Virgen y madre mía, Santa María del Monte Carmelo, a Vos que sois la madre de mi salvador, la Reina del purgatorio, la Abogada, la Esperanza y el Refugio de los pecadores, recurro en este día, yo que soy el más miserable de todos los hombres. Os amo, oh gran Reina, y humildemente os agradezco todos los ruegos y mercedes que hasta ahora por mí habéis hecho, especialmente el de haberme librado del infierno, el conseguir apaciguar mis penas si caigo en el purgatorio, a pesar de haber merecido por mis pecados tantas veces ese sufrimiento. Os bendigo y me rindo a tus pies, oh Señora Amabilísima, y por el amor que os tengo, propongo siempre serviros, y hacer todo lo posible para difundir vuestra devoción para que de todos seáis también servida.

En Vos, ¡oh, Madre de misericordia, Hermosura del Carmelo, Reina mía y Madre de mi Señor!, después de en Cristo mi Salvador, pongo todas mis esperanzas; admitidme por vuestro siervo, y defendedme con vuestra protección acogiéndome bajo vuestro manto carmelitano: y pues que sois tan poderosa para con Dios, libradme de todas las tentaciones que me acechan y alcanzadme gracia para vencerlas hasta la muerte. ¡Oh, Madre mía!, por el gran amor que tenéis a Dios os ruego que siempre me ayudéis, nunca me dejés solo ni me abandonéis, sobre todo en el último trance de mi vida: no me desamparéis hasta verme salvo en el Cielo, alabándoos y cantando vuestras misericordias por toda la eternidad. Amén.

30.7.17

Oración de San Alfonso María de Ligorio, para la visita a Jesús Sacramentado


Señor mío Jesucristo, que por el amor que tenéis a los hombres, estáis de noche y de día en ese Sacramento lleno de piedad y de amor, esperando, llamando y recibiendo a todos los que vienen a visitaros: yo creo que estáis presente en el Sacramento del Altar; os adoro desde el abismo de mi nada, y os doy gracias por todas las mercedes que me habéis hecho, especialmente por haberme dado en este Sacramento vuestro Cuerpo, vuestra Sangre, vuestra Alma y vuestra Divinidad; por haberme concedido por mi Abogada a vuestra Santísima Madre la Virgen María, y haberme ahora llamado a visitaros en este lugar santo. Adoro a vuestro amantísimo Corazón, y deseo adorarlo por tres fines: el primero, en agradecimiento de esta preciosa dádiva; el segundo, para desagraviaros de todas las injurias que habéis recibido de vuestros enemigos en ese Sacramento; y el tercero porque deseo en esta visita adoraros en todos los lugares de la tierra, donde estáis sacramentado con menos culto y más desprecio.

¡Jesús mío!, os amo con todo mi corazón: pésame de haber tantas veces ofendido en el pasado a vuestra infinita bondad, y propongo, ayudado de vuestra gracia, enmendarme en lo venidero; y ahora, miserable como soy, me consagro todo a Vos, y entrego y resigno en vuestras divinas manos mi voluntad, afectos, deseos y todo cuanto soy y puedo. Haced, Señor, de mí todo lo que os agrade: lo que yo quiero y lo que os pido es vuestro santo amor, la perfecta obediencia a vuestra santísima voluntad, y la perseverancia final. Os recomiendo las ánimas del purgatorio, especialmente las más devotas del Santísimo Sacramento y de Santa María del Carmelo, y os ruego también por todos los pecadores. Amado Salvador mío, uno todos mis afectos y deseos con los de vuestro amorosísimo Corazón, y así unidos los ofrezco a vuestro Eterno Padre, y por el amor que os tiene, le pido en vuestro nombre que los oiga y reciba. Amén.

22.7.17

Ejercicio devoto de San Alfonso de Ligorio por las ánimas del Purgatorio


El ejercicio devoto ha sido compuesto por San Alfonso María de Ligorio para la novena u octavario de la conmemoración de los difuntos, en sufragio de las ánimas del purgatorio.

La devoción hacia las ánimas del purgatorio, rogando a Dios por ellas a fin de que las alivie en las grandes penas que padecen, y las lleve pronto a su gloria, es muy agradable al Señor y a la vez muy útil para nosotros. Porque aquellas benditas ánimas son sus eternas esposas, y además muy agradecidas hacia los que les obtienen su libertad de aquella cárcel, o al menos algún alivio en sus tormentos, por lo que reunidas que se hallen una vez en el cielo, no se olvidarán ciertamente de los que hubieren rogado por ellas. Y se cree piadosamente que Dios les manifiesta nuestras oraciones, a fin de que rueguen por nosotros aun antes de salir del purgatorio.