Semana en el Oratorio

Desprecio de los bienes mundanos

23.12.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (100)



CAPÍTULO 2.
Se explican las aprehensiones naturales de la memoria, y se va mostrando la forma en la que el espiritual se ha de vaciar de ellas para que el alma se pueda unir con Dios según esta potencia.


1. Necesario le es al lector advertir en cada uno de estos libros el propósito sobre el vamos tratando porque, de lo contrario, le podrán surgir muchas dudas acerca de lo que va leyendo, como ahora las podría tener en lo que hemos dicho del entendimiento y ahora diremos de la memoria, y más adelante diremos de la voluntad. Y es que, viendo cómo aniquilamos las potencias respecto de sus operaciones, quizá la parecerá que antes destruimos el camino del ejercicio espiritual que lo edificamos, lo cual sería verdad si quisiesemos instruir aquí no más que a principiantes, a los cuales conviene disponerse por esas aprehensiones discursivas y aprehensibles.

2. Pero, dado que aquí vamos dando doctrina para ir avanzando en la contemplación hacia la unión con Dios (para lo cual todos esos medios y ejercicios sensitivos de potencias han de quedar atrás y en silencio, para que Dios de suyo obre en el alma la divina unión), conviene ir por este estilo desprendiéndose, vaciándose y haciendo negar a las potencias su jurisdicción natural y operaciones, para que se dé lugar a que sean infundidas e ilustradas de lo sobrenatural, pues su capacidad no puede llegar a negocio tan alto, antes lo estorban, e incluso puede que hagan perderlo de vista.

3. Y así, siendo verdad, como lo es, que a Dios el alma antes le ha de ir conociendo por lo que no es que por lo que es, de necesidad para ir a Él uno debe negarse y no admitir hasta lo último que pudiere negar de sus aprehensiones, así naturales como sobrenaturales. Por lo cual así lo haremos ahora respecto a la memoria, sacándola de sus límites y quicios naturales y elevándola sobre sí, esto es, sobre toda noticia distinta y posesión aprehensible, hacia la suma esperanza de Dios incomprehensible.

4. Comenzando, pues, por las comunicaciones naturales, este tipo de noticias naturales en la memoria son todas aquellas que se pueden formar de los objetos de los cinco sentidos corporales, que son: oído, vista, olor, gusto y tacto, y todas las que con esos sentidos ella pudiere fabricar y formar. Y de todas estas noticias y formas se ha de desnudar y vaciar, y procurar perder la aprehensión imaginaria de ellas, de manera que en ella no le dejen impresa noticia ni rastro de cosa, sino que se quede limpia y rasa, como si no hubiese pasado por ella, olvidada y suspendida de todo.
Y no puede ser menos sino que acerca de todas las formas se aniquile la memoria si se ha de unir con Dios. Porque esto no puede ser si no se desnuda totalmente de todas las formas que no son Dios, pues Dios no cabe ni se le puede reducir debajo de forma ni noticia alguna distinta a Él, como lo hemos dicho en la noche del entendimiento. Y, pues ninguno puede servir a dos señores, como dice Cristo (Mt. 6, 24), no puede la memoria estar juntamente unida en Dios y a su vez en las formas y noticias mundanas, que son distintas, y como Dios no tiene forma ni imagen que pueda ser comprendida ni retenida ni contenida por la memoria, de aquí se desprende que cuando está la memoria unida con Dios, como también por experiencia se ve cada día, se queda sin forma y sin figura, perdida la imaginación, embebida la memoria en un sumo bien, en gran olvido, sin recordar nada, porque aquella divina unión le vacía la fantasía y barre de ella todas las formas y noticias, y la sube a lo sobrenatural.

5. Y así es cosa notable lo que a veces pasa en esto, ya que en ocasiones, cuando Dios hace estos toques de unión en la memoria, súbitamente le da un vuelco en el cerebro, que es donde ella tiene su asiento, de forma tan sensible que le parece se desvanece toda la cabeza y que se pierde el juicio y el sentido. Y esto a veces de una forma más notoria que otras, según el grado más o menos fuerte del mencionado toque. Y entonces, a causa de esta unión, se vacía y purga la memoria, como decimos, de todas las noticias, y queda olvidada (y a veces olvidadísima), tanto que se tiene que obligar a hacerse gran fuerza y esforzarse para acordarse de algo.







| Preparación: Oratorio Carmelitano.com / OratorioCarmelitano.blogspot.com




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