21.11.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (68)



CAPÍTULO 18.
Se muestra el daño que algunos maestros espirituales pueden hacer a las almas por no llevarlas con buen estilo respecto a las mencionadas visiones. Además se advierte también cómo, aunque sean de Dios, se pueden en ellas engañar.


1. No podemos en esta materia de visiones ser tan breves como querríamos, por lo mucho que acerca de ellas hay que decir. Aunque en sustancia queda dicho lo que hace al caso para dar a entender al espiritual cómo se ha de comportar respecto de las mencionadas visiones, y al maestro que le gobierna el modo que ha de tener con el discípulo, no será demasiado abundar un poco más en esta doctrina y dar más luz del daño que se puede infringir, así a las almas espirituales como a los maestros que las gobiernan, si son muy crédulos a ellas, aunque estas experiencias sean de parte de Dios.

2. Y la razón que me ha movido a alargarme ahora en esto un de forma breve es la poca discreción que he observado sobre el particular en algunos maestros espirituales, a lo que yo entiendo, los cuales, asegurándose acerca de las dichas aprehensiones sobrenaturales, por entender que son buenas y de parte de Dios vinieron unos y otros a errar mucho y a hallarse muy limitados, cumpliendose en ellos la sentencia de Nuestro Salvador (Mt. 15, 14), que dice: "Si un ciego guiare a otro ciego, ambos caen en el hoyo". Y no dice que "caerán", sino que "caen", porque no es menester esperar que haya caída de error para que caigan, porque sólo el atreverse a gobernarse el uno por el otro ya es un error en sí, por ello ya sólo en eso caen cuanto a lo menos y de principio. Hay además algunos que llevan tal modo y estilo con las almas que tienen estas experiencias, que las hacen errar, o las enredan con ellas, o no las llevan por camino de humildad, sino que las dan mano a que pongan los ojos de alguna manera en lo que experimentan, que es causa de quedar sin verdadero espíritu de fe y con lo cual no las edifican en la fe, poniéndose a hacer mucho lenguaje de aquellas cosas. En lo cual las dan a sentir que hacen ellos alguna presa o caso de aquello y, por el consiguiente también se lo hacen ellas, quedándose sus almas puestas en aquellas aprehensiones, en lugar de quedarse como deberían, que es edificadas en fe y vacías, y desnudas y desasidas de aquellas cosas, para poder volar en altura dentro de la oscura fe. Y todo esto nace del término y lenguaje que el alma ve en su maestro acerca de esto, que sin saber cómo, facilísimamente se le pega un lleno y estimación de sus experiencias sin éstas ser en su mano ni por sus logros, y quitando los ojos del abismo de fe.

3. Y debe de ser la causa de esta facilidad de quedar el alma tan ocupada con ello que, como son cosas de sentido a que el mortal naturalmente es inclinado, y como también está ya saboreado y dispuesto con la aprehensión de aquellas cosas distintas y sensibles, basta ver en su confesor o en otra persona alguna estima y precio de ellas para que no solamente el alma haga esa misma estima con lo que siente, sino que también se le engolosine más el apetito en ellas sin notarlo, y se cebe más de ellas, y quede más inclinada a ellas, y haga en ellas alguna presa. Y de aquí surgen muchas imperfecciones, por lo menos porque el alma ya no queda tan humilde, pensando que aquello es algo y que tiene algo bueno, y que Dios hace caso de ella, y anda contenta y algo satisfecha de sí, lo cual es contra humildad. Y luego el demonio le va aumentando esto secretamente sin entenderlo ni percatarse ella, y le comienza a poner un concepto acerca de los otros, en si tienen o no tienen las tales experiencias, o son o no son, lo cual es contra la santa simplicidad y soledad espiritual.

4. Mas, de estos daños, y de cómo no crecen en fe estas almas si no se apartan de ellos, y cómo tambien, aunque no sean los daños tan palpables y reconocibles como estos, hay otros en el mismo término que son más sutiles y más odiosos a los divinos ojos por no ir en desnudez de todo, lo dejamos de momento hasta que lleguemos a tratar en el vicio de gula espiritual y de los otros seis donde, Dios mediante, se tratarán muchas cosas de este tipo, tan sutiles y delicadas mancillas que se pegan al espíritu por no saber guiarle en desnudez y abandono.







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