Desprecio de los bienes mundanos

16.5.23

Un momento de paz en el Mes de María



Santa María, Madre y Virgen, mira a los pueblos que más sufren. Mira sobre todo al cercano y martirizado pueblo ucraniano y al pueblo ruso, consagrados a ti.

Tú eres la Reina de la paz, infunde en los corazones de las personas y de los responsables de las naciones el deseo de construir la paz, de dar a las jóvenes generaciones un futuro de esperanza, no de guerra;

un futuro lleno de cunas, no de tumbas;

un mundo de hermanos, no de muros.

1.5.23

Un único pastor



Tú eres el único Pastor de nuestra vida. Solo Tú puedes ser nuestro Pastor. Nadie en la Iglesia es más que nadie, todos somos "el rebaño" que Tú amorosamente congregas.

Pastor enérgico que nos sacas del vallado y nos pones a caminar contigo. Andábamos despistados por ahí, cada uno en su casa, para sí y a lo suyo, cuando Tú nos llamaste a la comunidad.

En tu compañía hemos abierto los ojos a nuevos horizontes. Hemos despertado y pasamos de la sumisión a la fe personal y consciente. Ya nada ni nadie nos puede separar de Ti. Tú eres nuestro único Pastor.

25.4.23

Las puertas cerradas



Los seres humanos viven siempre con las almas cerradas, se encastillan entre sus propios miedos, se tapian, se tabican la vida, se barrican detrás de sus temores, aseguran los puentes levadizos, se rodean de fosos con pirañas, ponen puertas, cerrojos y pasadores.

Así estaban los Apóstoles, acurrucados en sus llantos, avergonzados casi de haber creído en Él.

Le miraban y no sabían si huir o abrazarle, si esconderse o cantar. Sólo de algo estaban ciertos: tendrían que nacer otra vez para quererle.

23.4.23

Quédate con nosotros



Quédate, Señor, que se hace ya tarde, que el camino es largo y el cansancio grande. Quédate a decirnos tus vivas palabras, que aquietan la mente y encienden el alma.

Lava las heridas de estos pies cansados, despiértanos del sueño con gestos humanos. Quédate y límpianos rostro y entrañas; quema esta tristeza, danos esperanza.

Pártenos el pan de tu compañía, ábrenos los ojos de la fe dormida. Quédate y renueva valores y sueños, danos tu alegría y tu paz de nuevo.

Condúcenos siempre a salir a la vida, para ver tu rostro en rostros cada día. Quédate, Señor, que se hace ya tarde, que el camino es largo y el cansancio es grande.