Desprecio de los bienes mundanos

6.11.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (53)



CAPÍTULO 11.
Del impedimento y daño que puede haber en las aprehensiones del entendimiento por vía de lo que sobrenaturalmente se representa a los sentidos corporales exteriores y cómo el alma se ha de desenvolver en ellas.


1. Las primeras noticias que hemos dicho en el precedente capítulo son las que pertenecen al entendimiento por vía natural. De las cuales, porque hemos ya tratado en el primer libro donde encaminamos al alma en la noche del sentido, no hablaremos aquí palabra, porque allí dimos doctrina congrua para el alma acerca de ellas.
Por tanto, lo que debemos de tratar en el presente capítulo será sobre aquellas noticias y aprehensiones que solamente pertenecen al entendimiento sobrenaturalmente por vía de los sentidos corporales exteriores, que son: ver, oír, oler, gustar y tocar. Acerca de todas las cuales pueden y suelen producir en los espirituales representaciones y objetos sobrenaturales.
Porque acerca de la vista se les suele representar figuras y personajes de la otra vida, de algunos santos y figuras de ángeles, buenos y malos, y algunas luces y resplandores extraordinarios.
Y con los oídos oír algunas palabras extraordinarias, ahora dichas por esas figuras que ven, ahora sin ver quien las dice.
En el olfato sienten a veces olores suavísimos sensiblemente, sin saber de dónde proceden.
Tambien en el gusto acontece sentir muy suave sabor, y en el tacto gran deleite, y a veces tanto, que parece que todas las medulas y huesos gozan y florecen y se bañan en deleite, a lo cual algunos llaman unción del espíritu, que procede de Él a los miembros de las almas limpias. Y este gusto del sentido es muy ordinario a los espirituales, porque del afecto y devoción del espíritu sensible les procede más o menos a cada cual en su manera.

2. Y es de saber que, aunque todas estas cosas pueden acontecer a los sentidos corporales por vía de Dios, nunca jamás se han de asegurar en ellas ni las han de admitir, antes totalmente han de huir de ellas, sin querer examinar si son buenas o malas. Porque así como son más exteriores y corporales, así tanto menos ciertas son de Dios. Porque más propio y ordinario le es a Dios comunicarse al espíritu, en lo cual hay más seguridad y provecho para el alma, que al sentido, en el cual ordinariamente hay mucho peligro y engaño, por cuanto en ellas se hace el sentido corporal juez y estimador de las cosas espirituales, pensando que son así como lo siente, siendo ellas tan diferentes como el cuerpo del alma y la sensualidad de la razón. Porque tan ignorante es el sentido corporal de las cosas espirituales, como un jumento de las cosas racionales, y aún más.

3. Y así, yerra mucho el que las tales cosas estima, y en gran peligro se pone de ser engañado o, por lo menos, tendrá en sí total impedimento para ir a lo espiritual, puesto que todas aquellas cosas corporales no tienen, como hemos dicho, proporción alguna con las espirituales. Y así, siempre se han de tener las tales cosas por más cierto ser del demonio que de Dios, el cual en lo más exterior y corporal tiene más mano, y más fácilmente puede engañar en esto que en lo que es más interior y espiritual.

4. Y estos objetos y formas corporales, cuanto ellos en sí son más exteriores, tanto menos provecho hacen al interior y al espíritu, por la gran distancia y poca proporción que hay entre lo que es corporal y espiritual. Porque aunque de ellas se comunique algún espíritu (como se comunica siempre que son de Dios) es mucho menos que si las mismas cosas fueran más espirituales e interiores. Y así, son muy fáciles y ocasionadas para crear error y presunción, y vanidad en el alma porque, como son tan palpables y materiales, mueven mucho al sentido, y le parece a juicio del alma que es más por ser más sensible, y corre tras ello desamparando a la fe, pensando que aquella luz es la guía y medio de su pretensión, que es la unión de Dios, por lo que pierde aún más el camino y el medio que es la fe, cuanto mayor caso haga de las tales cosas.


El purgatorio



El Purgatorio es el lugar donde acaban de purificarse las almas que han de entrar en el Cielo, y que aún no han satisfecho la pena temporal acumulada. Esta pena temporal es la que queda por compensar cuando tras cometer un pecado mortal o venial nos arrepentimos y confesamos, quedando nuestra alma limpia, pero con una imperfección que purgar; es como cuando una prenda manchada queda limpia tras ser lavada pero con arrugas que hay que planchar para que desaparezcan. Esta satisfacción puede realizarse en esta vida mediante oraciones, buenas obras, limosnas, sacrificios, etc., pero si la persona muere sin haber purgado totalmente esta pena temporal, aunque su alma esté salvada va al Purgatorio para eliminar toda impureza, pues en el Paraíso no puede entrar nadie imperfecto.

La más pequeña pena del Purgatorio es mayor que la más grande de este mundo.

Nosotros podemos aliviar a esas almas que sufren en el Purgatorio, y tenemos a nuestro alcance medios fáciles y de valor infinito. Una misa que oigas, una pequeña mortificación que hagas, un Padrenuestro que reces, una indulgencia que ganes..., todo esto puede aliviarlas muchísimo, y aún incluso librarlas completamente de aquellas terribles penas y hacerlas entrar enseguida en el Cielo.

5.11.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (52)



CAPÍTULO 10.
Se hace distinción de todas las aprehensiones e inteligencias que pueden recabar en el entendimiento.


1. Para poder tratar en particular del provecho y daño que pueden hacer al alma, acerca de este medio que hemos dicho de fe para la divina unión, las noticias y aprehensiones del entendimiento, es necesario poner aquí una distinción de todas las aprehensiones, así naturales como sobrenaturales que puede recibir, para que luego por su orden más específicamente vayamos enderezando en ellas al entendimiento en la noche y oscuridad de la fe, lo cual será con la mayor brevedad que se pueda.

2. Es, pues, de saber que por dos vías puede el entendimiento recibir noticias e inteligencias: la una es natural y la otra sobrenatural. La natural es todo aquello que el entendimiento puede entender, ahora por vía de los sentidos corporales, ahora por sí mismo. La sobrenatural es todo aquello que se da al entendimiento sobre su capacidad y habilidad natural.

3. De estas noticias sobrenaturales unas son corporales, otras son espirituales. Las corporales son de dos maneras: unas las que por vía de los sentidos corporales exteriores las recibe, y otras por vía de los sentidos corporales interiores, en que se incluye todo lo que la imaginación puede conjeturar, fingir y fabricar.

4. Las espirituales son también de dos maneras: una es distinta e individual, y otra es confusa, oscura y general. Entre las distintas e individuales entran cuatro maneras de aprehensiones particulares, que se comunican al espíritu no mediante algún sentido corporal, y son: visiones, revelaciones, locuciones y sentimientos espirituales. La inteligencia oscura y general está en una sola, que es la contemplación que se da en fe. En esta hemos de poner al alma, encaminándola a ella por todas las otras, comenzando por las primeras, y desnudándola de ellas.


4.11.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (51)



CAPÍTULO 9.
Cómo la fe es el más cercano y proporcionado medio al entendimiento para que el alma pueda llegar a la divina unión de amor. Se explica con aclaraciones autorizadas y figuras de la divina Escritura.


1. De lo dicho se colige que, para que el entendimiento este dispuesto para esta divina unión, ha de quedar limpio y vacío de todo lo que pueda caer en el sentido, y desnudo y desocupado de todo lo que pueda caer directamente en el mismo entendimiento, manteniéndose íntimamente sosegado y acallado, puesto en fe, la cual es por sí sola el más cercano y proporcionado medio para que el alma se una con Dios. Porque es tanta la semejanza que hay entre ella y Dios, que no hay otra diferencia sino ver a Dios o creer en Él. Porque, así como Dios es infinito, así ella nos lo propone infinito; y así como es Trino y Uno, nos lo propone ella Trino y Uno; y así como Dios es tiniebla para nuestro entendimiento, así ella también ciega y deslumbra nuestro entendimiento. Y así, por este solo medio se manifiesta Dios al alma en divina luz, que excede todo entendimiento. Y por tanto, cuanto más fe el alma tiene, más unida está con Dios.
Que eso es lo que quiso decir san Pablo en las palabras que anteriormente expusimos (Heb. 11, 6), diciendo: "El que se ha de unir con Dios, le conviene creer", esto es: que vaya por fe caminando a Él, lo cual ha de ser con el entendimiento ciego y a oscuras y solo guiado por la fe, porque debajo de esta niebla se junta con Dios el entendimiento, y debajo de ella está Dios escondido, según lo dijo David (Sal. 17, 10) por estas palabras: "La oscuridad puso debajo de sus pies. Y subió sobre los querubines y voló sobre las plumas del viento. Y puso por escondrijo las tinieblas y el agua tenebrosa".

2. En lo que dijo que puso oscuridad debajo de sus pies, y que a las tinieblas tomó por escondrijo, y aquel su tabernáculo en derredor de Él es agua tenebrosa, se denota la oscuridad de la fe en que el Señor está encerrado. Y en decir que subió sobre los querubines y voló sobre las plumas de los vientos, se da a entender cómo vuela sobre todo entendimiento. Porque querubines quiere decir inteligentes o contemplantes, y las plumas de los vientos significan las sutiles y levantadas corrientes y conceptos de los espíritus, sobre todas las cuales es su ser, al cual ninguno puede de suyo alcanzar.

3. En figura de lo cual leemos en la sagrada Escritura (3 Re. 8, 12) que, acabando Salomón de edificar el templo, bajó Dios en tiniebla e hinchió el templo de manera que no podían ver los hijos de Israel; y entonces habló Salomón y dijo: "El Señor ha prometido que debe morar en tiniebla". Tambien a Moises en el monte se le aparecía en tiniebla (Ex. 24, 15­18), en que estaba Dios encubierto. Y todas las veces que Dios se comunicaba parecía en densa tiniebla, como es de ver en Job (38, 1; 40, 1), donde dice la sagrada Escritura que habló Dios con él desde el aire tenebroso. Todas estas tinieblas significan la oscuridad de la fe en que está cubierta la Divinidad, comunicándose al alma de forma velada o parcial, como cuando dice san Pablo (1 Cor. 13, 10) "se acabará lo que es en parte" - que es esta tiniebla de fe -, "y vendrá lo que es perfecto", que es la divina luz. De lo cual también tenemos bastante ejemplo en la milicia de Gedeón (Jc. 7, 16), donde todos los soldados se dice que tenían las luces en las manos y no las veían, porque las tenían escondidas en las tinieblas de los vasos, y una vez fueron éstos quebrados fue cuando luego apareció la luz. Y así, la fe, que es figurada por aquellos vasos, contiene en sí la divina luz, la cual colmada y quebrada por la ruptura y fin de esta vida mortal, aparecerá entonces la gloria y luz de la Divinidad que en sí contenía.

4. Luego claro está que, para venir el alma en esta vida a unirse con Dios y comunicar inmediatamente con Él, tiene necesidad de unirse con la tiniebla que dijo Salomón (3 Re. 8, 12) en que había Dios prometido morar, y de ponerse junto al aire tenebroso en que fue Dios servido de revelar sus secretos a Job, y tomar en las manos a oscuras las urnas de Gedeón, para tener en sus manos, esto es, en las obras de su voluntad, la luz, que es la unión de amor, aunque a oscuras en la fe, para que luego, en quebrándose los vasos de esta vida, que sólo impedía la luz de la fe, se vea cara a cara en gloria.

5. Resta, pues, ahora declarar en concreto cómo, de todas las inteligencias y aprehensiones que puede recibir el entendimiento, el impedimento y daño que puede recibir en este camino de fe, y cómo también se ha de desenvolver el alma en ellas para que antes le sean provechosas que dañosas, así de las que son de parte de los sentidos como de las que son del espíritu.


3.11.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (50)



4. Ni más ni menos, todo lo que la imaginación puede imaginar y el entendimiento recibir y entender en esta vida, no es ni puede ser un medio para aproximarse a la unión de Dios. Porque, si hablamos naturalmente, como quiera que el entendimiento no puede entender cosa si no es lo que cabe y está debajo de las formas y fantasías de los elementos que por los sentidos corporales se reciben, los cuales elementos, como hemos dicho, no pueden servir de medio, no se puede aprovechar de la inteligencia natural. Pues, si hablamos de la sobrenatural, según se puede en esta vida, de potencia ordinaria no tiene el entendimiento disposición ni capacidad en la cárcel del cuerpo para recibir inspiraciones claras y precisas de Dios, porque esa noticia no es de este estado puesto que, de recibirlas o ha de morir, o no la ha de recibir.
De donde se entiendo cómo, pidiendo Moises a Dios esa visión clara, le respondió que no le podía ver, diciendo: "No me verá hombre que pueda quedar vivo" (Ex. 33, 20); por lo cual san Juan (1, 18) dice: "A Dios ninguno jamás le vio, ni cosa que le parezca". Que, por eso, san Pablo (1 Cor. 2, 9) con Isaías (64, 4) dice: "Ni ojo lo vio, ni oído oyó, ni cayó en corazón de hombre". Y esta es la causa por la que Moises en la zarza, como se dice en los Hechos de los Apóstoles (7, 32), no se atrevió a considerar, estando Dios presente, porque conocía que no había de poder considerar su entendimiento de Dios como convenía, conforme a lo que de Dios sentía. Y de Elías nuestro padre se dice (3 Re. 19, 13) que en el monte se cubrió el rostro en la presencia de Dios, que significa cegar el entendimiento, lo cual hizo allí sin atreverse a ver con su natural y mortal parecer una cosa tan alta, viendo claro que todo aquello que considerara y entendiera de forma personal era muy distante y disímil a Dios.

5. Por tanto, ninguna noticia, conocimiento ni aprehensión sobrenatural en este mortal estado le puede servir de medio próximo para la alta unión de amor con Dios, ya que todo lo que puede entender el entendimiento, y gustar la voluntad, y fabricar la imaginación, es muy disímil, alejado y desproporcionado, como hechos dicho, a lo que en realidad es Dios. Todo esto lo dio a entender Isaías (40, 18­19) admirablemente en aquella tan notable autoridad, diciendo: "¿Qué cosa habeis podido hacer semejante a Dios? ¿O qué imagen le hareis que se le parezca? ¿Por ventura podrá fabricar alguna escultura el oficial de hierro? ¿O el que labra el oro podrá fingirle con el oro, o el platero con lañas de plata?". El término "el oficial del hierro" es símil del entendimiento, el cual tiene por oficio formar las inteligencias y desnudarlas del hierro de las especies y fantasías. Por "el oficial del oro" se entiende la voluntad, la cual tiene habilidad de recibir figura y forma de deleite, causado del oro del amor. Por "el platero", que dice que no le figurará con las lañas de plata, se entiende la memoria con la imaginación, lo cual bien propiamente se puede decir que sus noticias y las imaginaciones que puede fingir y fabricar son como lañas de plata. Y así, es como si dijera: "ni el entendimiento con sus inteligencias podrá entender cosa semejante a Él, ni la voluntad podrá gustar deleite y suavidad que se parezca a la que es Dios, ni la memoria podrá colocar en la imaginación noticias e imágenes que le representen". Luego, claro está que al entendimiento ninguno de estos conocimientos le pueden inmediatamente encaminar a Dios y que, para llegar a Él, antes ha de ir no entendiendo que queriendo entender, y antes cegándose y poniéndose en tiniebla que abriendo los ojos, para así poder llegar a acercarse más al divino rayo.

6. Y de aquí es que a la contemplación por la cual el entendimiento tiene más alta noticia de Dios llaman teología mística, que quiere decir secreta sabiduría de Dios, porque es secreta al mismo entendimiento que la recibe y por eso la llama san Dionisio rayo de tiniebla. De la cual dice el profeta Baruc (3, 23): "No hay quien sepa el camino de ella ni quien pueda pensar las sendas de ella". Por lo tanto claro está que el entendimiento se ha de cegar a todas las sendas para poder alcanzar el unirse con Dios. Aristóteles dice que de la misma manera que los ojos del murcielago se ciegan con el sol, el cual totalmente le hace tinieblas, así nuestro entendimiento se a de cegar a lo que es más luz en Dios, que totalmente nos es tiniebla para nosotros. Y dice más, que cuanto las cosas de Dios son en sí más altas y más claras, son para nosotros más ignotas y oscuras. Lo cual también afirma el Apóstol (1 Cor. 3, 19), diciendo: "Lo que es alto de Dios, es de los hombres menos sabido".

7. Y no acabaríamos en este punto de traer autoridades y muestras para probar y manifestar cómo no hay escalera de entre todas las cosas creadas que con el entendimiento y desde el entendimiento puedan llegar a este alto Señor, antes es necesario saber que, si el entendimiento se quisiera aprovechar de todas estas cosas, o de algunas de ellas, por medio auxiliar para la tal unión, no sólo le serían impedimento sino que además encima le serían ocasión de numerosos errores y engaños en la subida de este monte.