Desprecio de los bienes mundanos

2.11.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (49)



CAPÍTULO 8.
Se explica cómo, de manera general, ninguna criatura ni noticia alguna que llegue al entendimiento le puede servir de próximo medio para la divina unión con Dios.


1. Antes que tratemos del propio y acomodado medio para la unión de Dios, que es la fe, conviene que mostremos cómo ninguna cosa criada ni pensada puede servir al entendimiento de propio medio para unirse con Dios, y cómo todo lo que el entendimiento puede alcanzar, más que de medio le sirve de impedimento, si a ello se quisiese sujetar.
Y ahora, en este capítulo, mostraremos esto de una forma general, y después iremos hablando más explícitamente, descendiendo por todas las noticias que el entendimiento puede recibir de parte de cualquier sentido exterior e interior, y los inconvenientes y daños que puede recibir de todos estos conocimientos interiores y exteriores por no ir avanzando de la mano del propio medio, que es la fe.

2. Es, pues, de saber que, según regla de filosofía, todos los medios han de ser proporcionados al fin, es a saber: que han de tener alguna conveniencia y semejanza con el fin, tal que baste y sea suficiente para que por ellos se pueda conseguir el fin que se pretende. Por ejemplo: quiere uno llegar a una ciudad. Necesariamente ha de ir por el camino, que es el medio que dirije y junta con la misma ciudad. Otro ejemplo: se ha de mezclar y unir el fuego en el madero. Es necesario que el calor, que es el medio, disponga al madero primero con tantos grados de calor que tenga gran semejanza y proporción con el fuego. De donde, si quisiesen disponer al madero con otro medio que el propio, que es el calor, así como con aire, o agua, o tierra, sería imposible que el madero se pudiera unir con el fuego; así como tambien lo sería llegar a la ciudad si no se va por el propio camino que va hacia ella. De donde, para que el entendimiento se venga a unir en esta vida con Dios, según se pueda, necesariamente ha de tomar aquel medio que junta con el fin y tiene con ese fin su próxima semejanza.

3. En lo cual hemos de advertir que, de entre todas las criaturas superiores ni inferiores, ninguna hay que próximamente una con Dios ni tenga semejanza con su ser. Porque, aunque es verdad que todas ellas tienen, como dicen los teólogos, cierta relación a Dios y rastro de Dios -unas más y otras menos, según su más principal o menos principal ser-, de Dios a ellas ningún respecto hay ni semejanza esencial, antes la distancia que hay entre su divino ser y el de ellas es infinita, y por eso es imposible que el entendimiento pueda llegar a Dios por medio de las criaturas, ahora sean celestiales, ahora terrenas, por cuanto no hay proporción de semejanza.
De donde, hablando David (Sal. 85, 8) de las celestiales, dice: "No hay semejante a ti en los dioses, Señor", llamando dioses a los ángeles y almas santas. Y en otra parte (Sal. 76, 14): "Dios, tu camino está en lo santo; ¿qué dios grande hay como nuestro Dios?". Que es como si dijera: el camino para venir a ti, Dios, es camino santo, esto es, pureza de fe. Porque ¿qué dios habrá tan grande, es a saber, qué ángel tan levantado en ser y qué santo tan levantado en gloria será tan grande, que sea camino proporcionado y magnificado para venir a ti? Y hablando tambien el mismo David (Sal. 137, 6) de las terrenales y celestiales juntamente, dice: "Alto es el Señor y mira las cosas bajas, y las cosas altas conoce desde lejos". Como diciendo: siendo Él alto en su ser, son de muy bajo el ser de las cosas de acá abajo, comparándolas con su alto ser; y las cosas altas, que son las criaturas celestiales, las ve y las conoce estar de su ser muy lejos. Luego todas las criaturas no pueden servir de proporcionado medio al entendimiento para dar en Dios.


1.11.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (48)



11. En cuanto a lo segundo, cierto está que en el momento de la muerte quedó tambien aniquilado en el alma sin consuelo y alivio alguno, dejándole el Padre así en íntima sequedad, según la parte inferior, por lo cual angustiosamente se vio necesitado a clamar diciendo: "¡Dios mío, Dios mío!, ¿por que me has desamparado?" (Mt. 27, 46). Éste fue el mayor desamparo sensitivamente hablando que había tenido en su vida. Y así, en este acto hizo la mayor obra que en toda su vida con milagros y obras había hecho, ni en la tierra ni en el cielo, que fue reconciliar y unir al genero humano por gracia con Dios. Y esto fue, como digo, al tiempo y punto que este Señor estuvo mas aniquilado en todo, conviene a saber: acerca de la reputación de los hombres porque, como lo veían morir, antes hacían burla de Él que le estimaban en algo; y acerca de la naturaleza, pues en ella se aniquilaba muriendo; y acerca del amparo y consuelo espiritual del Padre, pues en aquel tiempo le desamparó con el fin de que completamente pagase la deuda y uniese al hombre con Dios, quedando así aniquilado y convertido como en nada. De donde David (Sal. 72, 22) dice de Él: "Ad nihilum redactus sum, et nescivi" ("Fui reducido a la nada y sin conocimiento"). Para que entienda el buen espiritual el misterio de la puerta y del camino de Cristo para unirse con Dios, y sepa que cuanto más se aniquilare por Dios, según estas dos partes, sensitiva y espiritual, tanto más se une a Dios y tanto mayor obra hace. Y cuando viniere a quedar resuelto en nada, que será la suma humildad, quedará hecha la unión espiritual entre el alma y Dios, que es el mayor y más alto estado a que en esta vida se puede llegar. No consiste, pues, en recreaciones, gustos, y sentimientos espirituales, sino en una viva muerte de cruz sensitiva y espiritual, esto es, interior y exterior.

12. No me quiero alargar más en esto, aunque no quisiera acabar de hablar sobre ello, porque veo que es muy poco conocido Cristo de los que se tienen por sus amigos. Pues los vemos andar buscando en Él sus gustos y consolaciones, amándose mucho a sí, mas no sus amarguras, angustia y muerte, amándole con ello mucho a Él. De estos hablo, que se tienen por sus amigos, y no de aquellos otros que viven allá a lo lejos, apartados de Él, los grandes letrados y personas poderosas, y otros cualesquiera que viven allá con el mundo en el cuidado de sus pretensiones y mayorías (que podemos decir que no conocen a Cristo, cuyo fin, por bueno que sea, harto amargo será), no hace de ellos mención estas letras. Pero sí que lo verán en el día del juicio, porque a ellos les convenía primero hablar y buscar estas palabras de Dios, pues son personas que Dios puso con más jerarquía, son más letrados y se encuentran en más alto estado (cf. Act. 13, 46).

13. Pero hablemos ahora hacia el espiritual con entendimiento, y particularmente de aquel a quien Dios ha hecho merced de poner en el estado de contemplación porque, como he dicho, ahora voy especialmente refiriéndome a ellos, y digamos cómo se han de enderezar a Dios en fe y purgarse de las cosas contrarias, achicándose para entrar por esta senda angosta de oscura contemplación.


31.10.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (47)



5. ¡Oh, quién pudiera aquí dar ahora a entender y a ejercitar y gustar en qué consiste este consejo que nos da sobre ello nuestro Salvador, en cuanto a negarnos a nosotros mismos, para que vieran los espirituales cuán diferente es el modo que en este camino deben llevar del que muchos de ellos piensan! Que entienden que basta cualquier manera de retiro y reformación en las cosas, y otros se contentan con ejercitarse de alguna manera en las virtudes y continuar la oración y seguir la mortificación, mas no llegan a la desnudez y pobreza, o enajenación o pureza espiritual, que todo es la misma cosa, que aquí nos aconseja el Señor. Porque todavía se ocupan en cebar y vestir su naturaleza de consolaciones y sentimientos espirituales, en lugar de desnudarla y negarla en lo uno y en lo otro por Dios, que piensan que basta negarla en lo del mundo, y no aniquilarla y purificarla en la propiedad espiritual. De donde les nace que en ofreciendoseles algo de este alimento sólido y perfecto, que es la aniquilación de toda suavidad en Dios, en sequedad, en sinsabor, en trabajos (lo cual es la pura cruz espiritual y desnudez de espíritu pobre de Cristo) huyen de ello como de la muerte, y sólo se afanan en buscar dulzuras y comunicaciones sabrosas en Dios. Y esto no es la negación de sí mismo y desnudez de espíritu, sino golosina de espíritu. En lo cual, espiritualmente, se hacen enemigos de la cruz de Cristo, porque el verdadero espíritu antes busca lo desabrido en Dios que lo sabroso, y más se inclina al padecer que al consuelo, y más a carecer de todo bien por Dios que a poseer bienes, y a las sequedades y aflicciones que a las dulces comunicaciones, sabiendo que esto es seguir a Cristo y negarse a sí mismo, y el resto no es más que el buscarse a sí mismo en Dios, lo cual es harto contrario al amor. Porque buscarse a sí en Dios es buscar los regalos y recreaciones de Dios; mas buscar a Dios en sí es no sólo querer carecer de todo por Dios, sino inclinarse a escoger por Cristo todo lo más desabrido, lo más molesto y amargo, ahora de Dios, ahora del mundo. Eso es amor de Dios.

6. ¡Oh, quién pudiese dar a entender hasta dónde quiere nuestro Señor que llegue esta negación de uno mismo! La negación, ciertamente, ha de ser como una muerte mediante la aniquilación temporal, natural y espiritual en todo, de manera voluntaria, pues es en la voluntad en la cual se halla toda negación. Y esto es lo que aquí quiso referirse nuestro Salvador (Jn. 12, 25) cuando dice: "El que quiere salvar su alma, ese la perderá", es a saber: el que quisiere poseer algo o buscarlo para sí, ese perderá su alma, y el que perdiere su alma por Él, ese la ganará. O dicho de otra manera: el que renunciare por Cristo a todo lo que puede apetecer y gustar, escogiendo lo que más se parece a la cruz, lo cual el mismo Señor por san Juan lo llama aborrecer su alma, ese la ganará. Y esto enseñó Su Majestad a aquellos dos discípulos que le iban a pedir sentarse a su diestra y siniestra, cuando, no dándoles ninguna salida a la demanda de la tal gloria, les ofreció el cáliz que Él había de beber como cosa más preciosa y más segura en esta tierra que el gozar (Mt. 20, 22).

7. Este cáliz es morir a nuestra naturaleza, desnudándola y aniquilándola, para que pueda caminar por esta angosta senda en todo lo que le puede pertenecer según el sentido, como hemos dicho, y según el alma, como ahora diremos, que es en su entender, y en su gozar, y en su sentir. De manera que no sólo quede desnudada de todo ello, sino que con este segundo abandono espiritual no quede cargada de cadenas para recorrer el angosto camino, pues en ese camino no cabe más que la negación, como da a entender el Salvador, y la cruz, que es el báculo para poder llegar, con el cual grandemente la aligera y le facilita el tránsito.
De donde nuestro Señor por san Mateo (11, 30) dijo: "Mi yugo es suave y mi carga ligera", la cual es la cruz. Porque, si el hombre se determina a sujetarse a llevar esta cruz, que es un determinarse de veras a querer hallar y llevar trabajo en todas las cosas por Dios, en todas ellas hallará gran alivio y suavidad para moverse en este camino, yendo desnudo de todo, sin querer nada. Empero, si pretende tener algo, ahora de Dios, ahora de otra cosa, con propiedad alguna, no va desnudo ni negado en todo y así ni cabrá por la puerta ni podrá subir por esta senda angosta hacia arriba.

8. Es de esta manera como querría yo persuadir a los espirituales, diciéndoles que este camino de Dios no consiste en multiplicidad de consideraciones, ni modos, ni maneras, ni gustos (aunque esto, en su manera, sea necesario a los principiantes) sino en una sola cosa necesaria, que es saberse negar de veras, según lo exterior e interior, dándose al padecer por Cristo y aniquilarse en todo porque, ejercitándose en esto, todo lo demás y más aún que ello se obra y se halla. Y si en este ejercicio falta algo de ello, que es el germen y la raíz de las virtudes, todas las otras maneras que se lleven a cabo es como andar por las ramas y sin provecho, aunque tengan tan altas consideraciones y comunicaciones como los ángeles. Porque el aprovechar no se halla sino imitando a Cristo, que es el camino y la verdad y la vida, y ninguno viene al Padre sino por Él, según nuestro Señor mismo dice por san Juan (14, 6). Y en otra parte (10, 9) dice: "Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, se salvará", de donde se desprende que todo espíritu que quiere ir por dulzuras y facilidades y huye de imitar a Cristo, no se encontraría en buen camino.

9. Y porque he dicho que Cristo es el camino, y que este camino es morir a nuestra naturaleza en lo sensitivo y espiritual, quiero dar a entender cómo es esto a ejemplo de Cristo, porque Él es a quien debemos tomar como referencia, y de quien tenemos que tomar la luz.

10. Cuanto a lo primero, cierto está que Él murió a lo sensitivo, espiritualmente en su vida y naturalmente en su muerte porque, como Él dijo (Mt. 8, 20), en la vida no tuvo dónde reclinar su cabeza, y en la muerte aún menos.


30.10.22

Mes de noviembre, mes de ánimas



Iniciamos un nuevo mes de noviembre, el mes dedicado por excelencia a las ánimas del purgatorio. No dejes de ofrecerles tus oraciones, actos de virtud, merecimiento y sacrificio, es una obra de caridad muy necesaria para la Iglesia Purgante.

En la sección del Oratorio del mes de noviembre encontrarás la novena, una corona de difuntos, diversas oraciones y devocionales para ayudarte en tus rezos y tus devociones y, además, el mes de noviembre al completo que puedes empezar ya por el día primero.

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (46)



CAPÍTULO 7.
Se explica lo angosta que es la senda que lleva a la vida eterna y lo desnudos y liberados que conviene que estén los que han de caminar por ella. Se comienza a hablar sobre la desnudez del entendimiento.


1. Para poder ahora tratar de la desnudez y pureza de las tres potencias del alma, sería necesario otro mayor saber y espíritu que el mío, con que pudiese bien dar a entender a los espirituales cuán angosto es este camino que dijo nuestro Salvador que guía a la vida para que, persuadidos en esto, no se maravillen del vacío y desnudez en que en esta noche hemos de dejar las facultades del alma.

2. Para lo cual se deben notar con advertencia las palabras que por san Mateo, en el capítulo 7 (v. 14), nuestro Salvador dijo de este camino: "¡Cuán angosta es la puerta y estrecho el camino que guía a la vida, y qué pocos los que van por él!". En latín sería: "Quam angusta porta, et arcta via est, quae ducit ad vitam, et pauci sunt qui inveniunt eam", po lo que debemos prestar mucha atención a la importancia y encarecimiento que contiene en sí la partícula "quam" porque es como si dijera: "de verdad es mucho más angosta de lo que pensáis". Y también hay que destacar que primero dice que es angosta la puerta, para dar a entender que para entrar el alma por esta puerta de Cristo, que es el principio del camino, primero se ha de angostar y desnudar la voluntad que tengamos puesta en todas las cosas sensuales y temporales, amando a Dios sobre todas ellas, lo cual pertenece a la noche del sentido de la que ya hemos hablado con anterioridad.

3. Y luego dice que es estrecho el camino, conviene a saber: de la perfección, para dar a entender que, para ir por el camino de perfección, no sólo se ha de acceder por la puerta angosta, vaciándose de lo sensitivo, sino también se ha de estrechar, desapropiándose y desanudándose específicamente en lo que es de parte del espíritu. Y así, lo que dice de la puerta angosta podemos referirlo a la parte sensitiva del hombre; y lo que dice del camino estrecho, podemos entender se refiere a la parte espiritual o racional; y lo que dice sobre que pocos son los que hallan ese camino se debe notar la causa, que es porque pocos hay que sepan y quieran entrar en esta suma desnudez y vacío de espíritu. Porque esta senda del alto monte de perfección, como quiera que ella vaya hacia arriba y sea angosta, requiere unos guías que ni lleven carga que les haga peso cuanto a lo inferior ni cosa alguna que les haga engancharse en cuanto a lo superior ya que, pues de lo que se trata aquí es a sólo Dios buscar y aspirar, ninguna otra cosa y nada más que a Dios es el que se ha de buscar y granjear.

4. De esto se ve claro que no sólo de todo lo que es de parte de las criaturas ha de ir el alma desembarazada, mas también de todo lo que es de parte de su espíritu ha de caminar desapropiada y aniquilada. De donde, instruyendonos e induciendonos nuestro Señor en este camino, dijo por san Marcos, capítulo 8 (v. 34­35) aquella tan admirable doctrina, no se si diré tanto menos ejercitada de los espirituales cuanto les es más necesaria la cual, por serlo tanto y tan a nuestro propósito, la referiré aquí al completo, y declararé según el humano y espiritual sentido de ella. Dice, pues, así: "Si alguno quiere seguir mi camino, nieguese a sí mismo y tome su cruz y sígame. Porque el que quisiere salvar su alma, la perderá, pero el que por mí la perdiere, la ganará".