Desprecio de los bienes mundanos

24.10.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (40)



4. Y aún la fe excede mucho más de lo que dan a entender los mencionados ejemplos, porque no solamente no hace conocimiento y ciencia, sino que además y como hemos explicado priva y ciega de otros cualesquiera que sean conocimientos y ciencias, para que puedan bien juzgar de ella. Porque otras ciencias con la luz del entendimiento se alcanzan, mas esta de la fe sin la luz del entendimiento se alcanza negándose por la fe, y con propia luz se pierde si no se es oscurecida antes. Por lo cual dijo Isaías (7, 9): "Si no creyeseis, no entendereis".
Luego claro está que la fe es noche oscura para el alma, y es de esta manera que le da luz, y cuanto más la oscurece más luz la da de sí, porque cegándola le da su luz, según se menciona en Isaías (7, 9): "Porque si no creyeseis no entendereis", esto es, no tendréis luz. Y así fue figurada la fe por aquella nube que dividía a los hijos de Israel y a los egipcios al punto de entrar en el Mar Rojo, de la cual dice la sagrada Escritura (Ex. 14, 20) que era nube tenebrosa y luminosa noche; quiere decir que aquella nube era tenebrosa y alumbradora a la noche.

5. Admirable cosa es que, siendo tenebrosa, alumbrase la noche; esto era porque la fe, que es nube oscura y tenebrosa para el alma -la cual es también noche, pues, en presencia de la fe, de su luz natural queda privada y ciega-, con su tiniebla alumbra y da luz a la tiniebla del alma. Porque así convenía que fuese semejante al maestro el discípulo (Lc. 6, 40). Porque la persona que está en tiniebla no podía convenientemente ser alumbrada sino por otra tiniebla, según nos lo enseña David (Sal. 18, 3), diciendo: "El día comunica y susurra su palabra al día, y la noche muestra ciencia a la noche". Que, hablando más claro, quiere decir: el día, que es Dios, en la bienaventuranza, donde ya es de día, a los bienaventurados ángeles y almas que ya son día les comunica y pronuncia la Palabra, que es su Hijo, para que la conozcan y la gocen. Y la noche, que es la fe en la iglesia militante, donde aún es de noche, muestra ciencia a la Iglesia y, por consiguiente, a cualquier alma, la cual le es noche, pues está privada de la clara sabiduría beatífica; y en presencia de la fe la consecuencia es que de su luz natural está ciega.

6. De manera que lo que de aquí se ha de concluir es que la fe, ya que es noche oscura, da luz al alma, que está a oscuras, como se verifica en lo que tambien dice David (Sal. 138, 11) a este propósito, diciendo: "En los deleites de mi pura contemplación y unión con Dios, la noche de la fe será mi guía". En lo cual claramente da a entender que el alma ha de estar en tiniebla para tener la luz para este camino.


23.10.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (39)



CAPÍTULO 3.
Se explica cómo es que la fe es noche oscura para el alma, y se muestra con razonamientos y aclaraciones autorizadas, así como por los ejemplos de la Sagrada Escritura.


1. La fe dicen los teólogos que es un hábito del alma cierto y oscuro. Y la razón de ser hábito oscuro es porque hace creer verdades reveladas por el mismo Dios, las cuales son sobre toda luz natural y exceden sin proporción alcanzable todo humano entendimiento.
Por eso es que, para el alma, esta excesiva luz que se le da de fe le es oscura tiniebla, porque lo más potente oculta, vence y supera lo menos, así como la luz del sol supera a otras cualesquiera luces, de manera que no parezcan luces cuando ella alumbra, y vence nuestra potencia visiva, de manera que antes la ciega y priva de la vista que se le da por cuanto su luz es muy desproporcionada y excesiva a la vista directa. Así, la luz de la fe, por ser grande en exceso, oprime y vence la del entendimiento, la cual sólo se extiende y alumbra hacia su propia ciencia natural, aunque eso no descarta el que tenga visión para lo sobrenatural en cuanto Nuestro Señor la quisiere poner en acto sobrenatural.

2. De donde ninguna cosa, de suyo, puede saber esta luz natural que no sea por su propia vía natural, la cual es sólo la que alcanza por los sentidos y para conseguir verlos ha de tener las formas y las figuras de los objetos presentes en sí o en sus semejantes, ya que de otra manera no le sería posible. Porque, como dicen los filósofos, "del objeto presente y de su visión nace en el alma la noticia". De donde, si a uno le dijesen cosas que él nunca alcanzó a conocer ni jamás vio semejanza de ellas, en ninguna manera le quedaría más luz de ellas que si no se las hubiesen dicho.
Pongo ejemplo: si a uno le dijesen que en cierta isla hay un animal que él nunca vio, si no le dicen de aquel animal alguna semejanza que él ya haya visto en otros, no le quedará más imagen ni figura de aquel animal que antes, por más que le cuenten del fantástico animal.
Con este ejemplo más claro se entenderá mejor: si a uno que nació ciego, el cual nunca vio color alguno, le estuviesen diciendo cómo es el color blanco o el amarillo, por más que le explicasen no entendería sino una incierta idea, porque nunca vio los tales colores ni sus semejanzas, para poder juzgar de ellos, por lo que solamente se le quedaría el nombre de ellos ya que sus nombres los puede percibir con el oído, mas la forma, la figura, el tono y el color no, porque nunca lo vio.

3. De esta manera es la fe para con el alma, que nos dice cosas que nunca vimos ni entendimos en sí ni en sus semejanzas, pues no la tienen. Y así, de ella no tenemos luz de ciencia natural, pues a ningún sentido es proporcionado lo que nos dice, sin embargo lo sabemos por el oído creyendo lo que se nos enseña, sujetando y cegando nuestra luz natural. Porque, como dice San Pablo (Rm. 10, 17), "la fe entra por oír", no es ciencia que entra por ningún sentido, sino sólo es consentimiento del alma de lo que entra por el oído al escucharla por alguien que nos la da a conocer.


22.10.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (38)



CAPÍTULO 2.
Se empieza a tratar de la segunda parte de esta noche, que es la fe, y se muestra con dos razonamientos cómo es más oscura que la primera y que la tercera.


1. Seguimos ahora a tratar de la segunda parte de esta noche, que es la fe, la cual decíamos que es el admirable medio para ir al término que es Dios, el cual explicamos también que era para el alma una natural tercera causa o parte de esta noche.
Porque la fe, que es el medio, es comparada a la medianoche. Y así podemos decir que para el alma es más oscura que la primera y, en cierta manera, que la tercera. Porque la primera, que es la del sentido, es comparada a las primeras horas de la noche, que es cuando cesa la vista de todo objeto sensitivo, y así no está la luz tan ausente como la medianoche.
La tercera parte, que es el antelucano, o sea lo que ya está próximo a la luz del día, no es tan oscuro como la medianoche, pues ya está inmediata a la ilustración e iluminación de la luz del día, y esta luz es comparada a Dios. Porque, aunque es verdad que Dios es para el alma tan oscura noche como la fe, hablando naturalmente, pero, una vez acabadas ya estas tres partes de la noche, que para el alma lo son naturalmente, ya va Dios ilustrando al alma sobrenaturalmente con el rayo de su divina luz, lo cual es el principio de la perfecta unión que se sigue pasada la tercera noche, y por ello se puede decir que es menos oscura.

2. Es también más oscura esta segunda noche que la primera, porque esta pertenece a la parte inferior del hombre, que es la sensitiva y, por consiguiente, más exterior, mientras que esta segunda de la fe pertenece a la parte superior del hombre, que es la racional y, por consiguiente, más interior y más oscura, porque la priva de la luz racional o, por definirlo mejor, la ciega. Y así es justamente comparada a la medianoche, que es lo más profundo y lo más oscuro de la noche.

3. Pues entrando a tratar esta segunda parte de la fe debemos ahora probar cómo es noche para el espíritu, así como la primera lo es para el sentido. Y luego tambien diremos los contrarios que tiene, y cómo se ha de disponer el alma activamente para entrar en ella. Porque de lo pasivo, que es lo que Dios hace sin que el alma se esfuerce, para introducirla en esta noche, ya entraremos a tratar en su lugar, que sería en el tercer libro.


21.10.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (37)



LIBRO SEGUNDO



RESUMEN


Tratamos sobre el próximo medio para ascender a la unión de Dios, que es la fe; y con esto tocamos la segunda parte de esta noche, que como decíamos es la que pertenece al espíritu, contenida en la segunda canción, que es la siguiente:

CAPÍTULO 1


A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.


SEGUNDA ESTROFA

1. En esta segunda estrofa canta el alma la dichosa ventura que tuvo en desnudar el espíritu de todas las imperfecciones espirituales y apetitos que poseía en lo espiritual. Lo cual le fue de muy mayor ventura, por la mayor dificultad que hay en sosegar esta casa de la parte espiritual, y poder entrar en esta oscuridad interior, que es la desnudez espiritual de todas las cosas, así sensuales como espirituales, sólo quedando en pura fe y subiendo por ella a Dios.
Que, por eso precisamente, la llama aquí "escalera secreta", porque todos los grados y artículos que ella tiene son secretos y escondidos a todo sentido y entendimiento. Y así, se quedó ella a oscuras de toda lumbre de sentido y entendimiento, saliendo de todo límite natural y racional para subir por esta divina escala de la fe, que asciende y penetra hasta lo profundo de Dios (1 Cor. 2, 10).
Por lo cual dice que iba disfrazada, porque llevaba el traje y vestido y aspecto natural mudado en divino, subiendo por fe. Y así era causa este disfraz de no ser conocida ni detenida de lo temporal, ni de lo racional, ni del demonio, porque ninguna de estas cosas pueden ya dañar al que camina en fe.
Y no sólo eso, sino que va el alma tan encubierta y escondida y ajena de todos los engaños del demonio, que verdaderamente camina, como tambien aquí dice, a oscuras y en celada, es a saber, emboscada o escondida para el demonio, al cual la luz de la fe le es más que tinieblas. Y así, el alma que por ella camina le podemos decir que emboscada y encubierta al demonio camina, como adelante se verá más claro.

2. Por eso dice que salió a oscuras y segura, porque el que tal ventura tiene que puede caminar por la oscuridad de la fe, tomándola por guía de ciego, saliendo él de todas las fantasmas naturales y razones espirituales, camina muy al seguro, como hemos dicho.
Y así dice que también salió por esta noche espiritual estando ya su casa sosegada, es a saber, la parte espiritual y racional de la cual, cuando el alma llega a la unión de Dios, tiene sosegadas sus potencias naturales, así como los ímpetus y ansias en la parte espiritual. Que por eso no dice aquí que salió con ansias, como en la primera noche del sentido porque, para ir en la noche del sentido y desnudarse de lo sensible, eran menester ansias de amor sensible para acabar de salir. Sin embargo para terminar de sosegar la casa del espíritu sólo se requiere negación de todas las potencias y de los gustos y de los apetitos espirituales, yendo en pura fe. Lo cual hecho, se junta el alma con el Amado en una unión de sencillez y pureza, y amor y semejanza.

3. Y es de saber que la primera estrofa, hablando acerca de la parte sensitiva, dice que salió en noche oscura; y aquí, hablando acerca de la parte espiritual, dice que salió a oscuras, por ser mucho mayor la tiniebla de la parte espiritual, así como la oscuridad es mayor tiniebla que la de la noche, porque, por oscura que una noche sea, todavía se ve algo, pero envuelto uno en la oscuridad no se ve nada. Y así, en la noche del sentido todavía queda alguna luz, porque queda el entendimiento y razón, que no se ciega. Pero esta noche espiritual, que es la fe, todo lo priva, así en entendimiento como en sentido. Y por eso dice el alma en esta que iba a oscuras y segura, que como vimos no lo mencionó en la otra estrofa, porque cuanto menos el alma obra con habilidad propia, va más segura, porque va más en fe, sólo fiándose de Dios.
Y esto se irá declarando extensa y pormenorizadamente en este segundo libro, en el cual será necesario que el devoto lector vaya con atención, porque en él se han de decir cosas muy importantes para el verdadero espíritu. Y, aunque ellas son algo oscuras, de tal manera se abre camino de unas hacia las otras, que entiendo se comprenderá todo sin problema.


20.10.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (36)



CAPÍTULO 15.
Se explican los demás versos del poema.


¡Oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.


1. Toma por metáfora el mísero estado del cautiverio, del cual el que se libra tiene por dichosa ventura, sin que se lo impida alguno de los prisioneros. Porque el alma, despues del primer pecado original, verdaderamente está como cautiva en este cuerpo mortal, sujeta a las pasiones y apetitos naturales, de cuyo cerco y sujeción tiene ella por dichosa ventura haber salido sin ser notada, esto es, sin ser de ninguno de ellos impedida ni aprehendida.

2. Porque para esto le aprovechó salir en la noche oscura, que es en la privación de todos los gustos y mortificación de todos los apetitos, de la manera en que ya hemos dicho. Y esto, estando ya su casa sosegada, conviene a saber, la parte sensitiva, que es la casa de todos los apetitos, ya sosegada por el vencimiento y adormecimiento de todos ellos. Porque hasta que los apetitos se adormezcan por la mortificación en la sensualidad, y la misma sensualidad este ya sosegada de ellos, de manera que ninguna guerra haga al espíritu, no sale el alma a la verdadera libertad, a gozar de la unión de su Amado.

FIN DEL LIBRO PRIMERO