Desprecio de los bienes mundanos

25.9.21

Luces Vespertinas: 13. Mis horas



¡Oh, el tiempo! ¡El tiempo es oro! ¡El tiempo es cielo! ¡Dichoso quien aprovecha bien el tiempo!

Hora de acostarse... ¿A qué hora me acuesto? Esta es la raíz del orden en el tiempo: acostarse a buena hora. El tiempo de la noche es el más perdido por regla general. El retirarse tarde a casa es detestable.

Hora de levantarse... ¿A qué hora me levanto? Esta es otra de las raíces del orden del tiempo. Conviene dormir alrededor de ocho horas, algo más los jóvenes, algo menos los adultos.

Horas de Dios... ¿Doy algún tiempo a Dios? ¿A la oración matutina y vespertina? ¿A la misa y a la comunión? ¿A hacerle algunas visitas al Señor? ¿A estudiar algo de religión?

Horas del trabajo... ¿Le doy el tiempo conveniente al trabajo? ¿A mi obligación? El trabajar es un deber, una felicidad para quien puede hacerlo, y una fuente de virtudes. Milagro será que un hombre que no trabaja sea virtuoso. Si un hombre es muy trabajador, es probable que tenga bastantes virtudes.

Horas de diversión... Hay que dar cada día a la diversión, al esparcimiento o al descanso, algún tiempo, sobre todo después de comer o de cenar. Y los domingos más tiempo aún. Pero, ¿me doy demasiadas horas de diversión? ¿Dejo por ellas el trabajo conveniente o mis obligaciones, u otros actos de cultura humana más importantes? Y, ¿qué clase de diversiones son las mías? ¿Son diversiones mundanas o decentes, dignas o imprudentes?

Horas de comer... ¿Paso demasiado tiempo comiendo y bebiendo? ¿Como y bebo sin razón fuera de sus horas? ¿Tengo orden en las horas de comida?

Hora de amistad... ¿Paso con la familia y amigos las horas convenientes? No hay mejor diversión que la familia. No hay mejor placer que la amistad.

¿Tengo orden, exactitud, oportunidad?

No olvides la regla sana de los tres ochos: "ocho horas de dormir, ocho horas de trabajar, y ocho horas para todo lo demás". No olvides este principio, puesto que el día tiene 24 horas y lo que puedas hacer hoy, no lo dejes para mañana.

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24.9.21

Luces Vespertinas: 12. Mi estado



Una de las cosas de más transcendencia para el hombre es el estado de vida. Elegirlo bien es el mayor acierto; cumplir sus obligaciones es la mayor perfección.

Dios, cuanto está de su parte, desea que cada uno siga el estado que más cuadre con sus propias cualidades, y donde con éstas mejor pueda servirle y perfeccionar su alma.

A unos señala el estado de perfección, de religiosos, de sacerdotes, de apóstoles. A los más señala el estado general de casados. Dentro de cada estado de éstos, a unos les convendrá una confesión religiosa u Orden, a otros otra; y a unos un casamiento, y a otros otro. Y todo esto es muy de considerar a tiempo.

- 1º. Elegir.
Si aún estás a tiempo de elegir estado, mira bien lo que eliges, y elige lo que Dios quiera de ti, que será lo más perfecto. Antes de elegir estado, haz los ejercicios de San Ignacio de Loyola.

¿Pienso qué estado voy a elegir? ¿Y lo pienso mirando a mi gusto, o mirando a la perfección y a la voluntad de Dios? ¿Busco un estado donde pueda vivir sin pecado y practicar yo bien la virtud, dado mi carácter y condiciones?

¿Que me conviene ser? ¿Sacerdote? ¿Religioso? Y, ¿de qué confesión? ¿Casado? Y cuando se me presenta la ocasión, ¿pienso si aquello me conviene a mi alma, para poder cumplir mis obligaciones y servir a Dios, o sólo busco mi placer, mi capricho, la riqueza, la ilusión, la vanidad? ¿Qué será de mí en ese estado de aquí a un año, o a dos años, a cinco, a diez...?

- 2º. Ejercer.
Si no estoy en tiempo de elegir estado, ¿qué estado tengo? ¿Qué obligaciones? ¿Qué obligaciones tengo además conmigo, con mi consorte, con mi familia? ¿Las conozco? ¿Las estudio? ¿Las sopeso? ¿Cumplo como buen esposo, buen hijo, o padre, o hermano, según lo que sea?

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22.9.21

Luces Vespertinas: 11. Mi profesión



La perfección la ha de adquirir el hombre en el ejercicio de las obras de cada día, sobre todo en el ejercicio de su profesión.

- 1º. Elegir.
Lo primero que debo pensar (si aún estoy a tiempo y no he elegido profesión, o puedo elegir otra) es qué profesión debo elegir. Y lo mismo se dice del oficio, o sitio en que practicarlo, oficina, taller, y aún ciudad, pueblo o casa.

Debo elegir una profesión u oficio que me permita con toda libertad practicar mis obligaciones de cristiano y de hombre, y en que no tenga peligro de pecar ni condenarme. ¿Lo he hecho así? Si no lo he hecho, ¿puedo rectificar lo hecho?

Para hacer bien esta elección son muy convenientes los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. Y convendría hacerlos después de tomar el grado de bachiller, y antes de elegir profesión o modo de vida.

Esto mismo debe decirse de los cargos y dignidades, como de gobernador, de alcalde, de superior de cualquier cosa, de consejero... ¿Valgo yo para ello? ¿Podré ejercerlo sin pecar?

- 2º. Ejercer.
Además tengo que examinar cómo ejerzo mi profesión. ¿Qué obligaciones y de qué importancia tengo? ¿Procuro cumplir bien con ellas como debo? ¿Estudio lo que es necesario para practicarlas bien ? ¿Soy diligente y activo, y prudente en su ejecución? ¿Abuso de mi cargo, o de mi crédito, o de la ignorancia de los demás? ¿Me dejo sobornar o seducir, o hago trampas y las oculto?

Sobre todo ciertas profesiones son muy responsables, como médicos, jueces, fiscales, magistrado, profesores, escritores, comerciantes, superiores...

En cambio el que ejerce su profesión cristianamente, con diligencia y pureza de intención, adquiere muchos méritos ante Dios y gana mucha recompensa para la otra vida.

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21.9.21

Luces Vespertinas: 10. Mis peligros



Todos tenemos peligros de pecar, de los que no podemos salir. Pero además hay otros peligros, de los que sí podemos salir. Para los primeros, cautela; para los segundos, huída.

¿Tengo yo algunos peligros especiales de pecar? ¿Son necesarios y de los que no puedo escapar? ¿Son voluntarios y de los que puedo librarme?

Peligros habituales:
¿Vivo en mala casa? ¿Vivo en mala familia? ¿Ando en malas compañías? ¿Ando en malas sociedades? ¿En malas oficinas? ¿Tengo malos amigos que me influencian negativamente? ¿Tengo malos condiscípulos? ¿Tengo malos profesores? ¿Tengo malos jefes? ¿Sufro malos compañeros?

¿Tengo que soportar malos empleos? ¿Tengo compromisos de estafas, de sobornos, de fraudes, de deshonestidad, de complicidad, de conversaciones, de peligros contra la fe y contra la libertad de mi conciencia y prácticas religiosas?

¿Tengo que soportar la política? ¿Tengo que soportar las armas, a los militares? ¿Tengo malas lecturas? ¿Sufro malas cátedras? ¿Asisto a espectáculos peligrosos? ¿A diversiones desaconsejables?

¿Puedo evitar estos peligros? Entonces, ¿qué hago para evitarlos? ¿No puedo evitarlos? Pues, ¿qué cautelas tomo y cómo me fortalezco contra esas tentaciones?

El que no tiene más remedio que vivir en peligro, tendrá gracia de Dios para librarse, si nosotros queremos; pero tendrá que vivir con mucho cuidado y una constante oración.

Es obligatorio evitar los peligros, cuando se pueda. Y quien no deja las ocasiones o se mete en ellas sin razón suficiente, a voluntad y sin necesidad, peca leve o gravemente, según sea el peligro de pecar, y de ordinario acabará realmente por pecar y depravarse.

Sobre todo son muy de evitar las ocasiones de pecados deshonestos e impuros, por el sumo peligro de caer, y las de perder la fe, por la suma importancia de esta virtud para la vida religiosa y para salvarse.

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19.9.21

Luces Vespertinas: 9. Mis vicios



Vicio es el hábito de obrar mal y la inclinación fuerte de la voluntad al pecado. Se adquiere con la repetición de actos malos. Los pecados repetidos engendran el vicio. Fácilmente se cae en el vicio, pero difícilmente se sale de él. Sin embargo, es posible preservarse del vicio, y también salir de él, con diligencia y gracia de Dios.

El hombre más desgraciado es el vicioso; el vicio oscurece el pensamiento y esclaviza la voluntad. Es frecuente llamar pasiones a los vicios; pero el vicio es una pasión dominante y desordenada.

¿Tengo yo algunos vicios? Y, ¿cuales? ¿Empiezo a tenerlos? ¿Los descuido y los voy dejando crecer? ¿Estoy a tiempo para no caer en ellos? Y si los he contraído, ¿cómo me desenredaré?

Los vicios principales son los siete pecados capitales.

- ¿Soy soberbio? ¿Me estimo en más de lo que soy? ¿Quiero que me estimen en más de lo que soy? ¿Me antepongo a otros iguales o mayores? ¿Visto, gasto, vivo, mando, hablo con más lujo, dignidad, gloria, que lo que puedo o me pertenece? ¿Tengo ambición de honores? ¿Ocupo puestos para los que no valgo? ¿Trato con altivez y orgullo a mis prójimos? ¿Blasfemo? ¿Digo palabras soeces?

- ¿Soy avaro? ¿Quiero lo que no me pertenece? ¿Soy demasiado afanoso en ganar y negociar? ¿Soy mezquino y cicatero? ¿Hago fraudes? ¿Estafo de esas maneras sociales tan comunes? ¿Juego? ¡Mal vicio!

- ¿Soy deshonesto? ¿Soy casto y digno en los pensamientos, espectáculos, lecturas, conversaciones, trato, amistades? ¡Mal vicio también el de la lujuria!

- ¿Soy iracundo? ¿Me dejo llevar de la cólera por poca cosa y frecuentemente? ¿Me incomodo y tengo mal humor? ¿Riño? ¿Grito? ¿Insulto? ¿Maltrato? ¿Soy áspero de trato? ¿Oigo explicaciones y disculpas? ¿Tengo malas ideas contra otros? ¿Tomo las cosas por el mal lado? ¿Soy rencoroso y vengativo? ¿Soy suspicaz y celoso?

- ¿Tengo gula? ¿Soy demasiado aficionado a comer, y a comer bien? ¿Y a beber, sobre todo? ¿Soy aficionado al alcohol o a las drogas? ¡Mal vicio también? ¡Líbrenos Dios de él!

- ¿Soy envidioso? ¿Tengo pesar y sentimiendo de que otros suban y sean felices? ¿Y hago algo por impedir el bien ajeno? ¿Doy malos informes, quito la fama, rebajo el mérito, oculto la excelencia de mis prójimos?

- ¿Soy perezoso? ¿Soy negligente en cumplir mis obligaciones, mi oficio, mi carrera? ¿Estudio o trabajo lo necesario? ¿Soy negligente en tener bien a mi familia, en educarla y formarla? ¿Pienso lo necesario en mi modo de obrar? ¿Soy sobre todo tibio y negligente en mis prácticas religiosas? Este vicio es el más extendido y causa de muchísimos pecados.

Los peores de estos vicios son la impureza, el juego, la embriaguez. Los más comprometidos son la codicia y la impureza. Los más radicales y causas de los demás son la soberbia y la pereza.

Ten mucho cuidado con las mujeres, con el vicio, con el dinero y con el juego.

¿Eres escandaloso? ¿Das mal ejemplo en la familia o/y fuera de casa?

¿Voy cayendo en alguno de estos vicios? ¿Estoy ya en él? ¿Qué hago para no caer o para salir de él?

Los remedios para no caer y para salir del vicio son: el trabajo, huir de las ocasiones, la oración, un buen confesor, y la frecuencia en los sacramentos. Es infalible la victoria. Pero se necesita para ello constancia, y ésta suele faltar a muchos. Tenlo muy presente.

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