Desprecio de los bienes mundanos

28.8.21

Luces Matutinas: 16. Jesucristo en el taller. Imítale



Mira a ese joven que crece en Nazaret, y habiendo venido a darnos ejemplo de actitudes, pasa una vida común y oscura en el oficio de carpintero. Gran ejemplo nos da desde ese taller, aunque no sabemos de él más que tres rasgos:

- Rasgo 1º. Era sujeto a sus padres. Obedecía. ¿Eres niño? Obedece como Jesús a tus padres. ¿Eres adolescente? Sigue obedeciendo y no sacudas el yugo hasta que sea voluntad de Dios. ¿Muere tu padre y quedas hijo de la viuda, como Jesús? Obedécela, hónrala, susténtala. De todos modos, sea como fuera, algún superior tendrás. Aprende de Jesucristo a obedecer.

- Rasgo 2º. Trabajaba de carpintero. Trabaja tú también; estudia, aprende un oficio, sé laborioso, no seas de los que en este mundo comen el pan de balde. ¿Necesitas para comer? Trabaja para ti. ¿No necesitas trabajar para comer? Tampoco lo necesitaba Dios; trabaja para comer con honra, trabaja para otros. ¡A cuántos podría aprovechar tu trabajo material o intelectual!

- Rasgo 3º. Progresaba en estatura, en sabiduría y en gracia ante Dios y los hombres. Deber es del hombre progresar y perfeccionarse en cuerpo y en alma. En salud y en fuerzas corporales, en discrección, entendimiento y discurso, en virtud y en santidad. Así crecía Jesús y cada día se presentaba más perfecto, y siempre modelo de su edad. Niño perfecto, adolescente perfecto, joven perfecto, varón perfecto, mostrando cada día más perfección y sabiduría, haciendo cada vez, según era propio de la edad por que pasaba, obras más graciosas y más perfectas. En cada una de sus edades se podía decir: todo lo hace bien. Tal debemos hacer nosotros. Tomar la vida en serio, aprovechar el tiempo, crecer en perfección de todas clases a medida que avanza nuestra edad, servir para algo en el mundo.

- Rasgo final. Esto no impedía que Jesucristo fuese alegre, jovial, amigo, ni que hubiese en su casa dicha completa aún sin barullos mundanos.

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27.8.21

Luces Matutinas: 15. Jesucristo en la cuna. ¡Ámale!



¡Mira al mismo Dios hecho niño en un pesebre!

¿Para qué? Para hacerse más amable. Los pueblos cristianos han desfilado por Belén ante esa cuna, y nadie que haya tenido corazón ha dejado de amarle siquiera un instante. El capitán de Pamplona se imaginaba que se hacía esclavito, criadito del niño Jesús y de la Sagrada Familia para servirles.

Recoge tu mirada en ese punto, en ese niño; que no es mucho recojamos nuestra mirada donde Dios recogió su infinita majestad.

Mira cuántos ejemplos nos da:

- 1º. De cumplir la voluntad divina del Padre. Al entrar en el mundo dijo en su corazón según San Pablo: "No has querido víctimas, ni holocaustos. Pero me has formado a mí un cuerpo. Los holocaustos por el pecado no te han agradado. Así que he dicho: 'Aquí estoy yo, según está escrito de mí en el libro, para hacer tu voluntad'".

- 2º. De amor nuestro. Porque ahí está y se ofrece a cumplir la voluntad del Padre, por nuestro amor, por salvarnos y darnos la paz. Y así dicen los ángeles: "Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad".

- 3º. De pobreza y desprecio del mundo. ¡Qué poco toma Dios para venir al mundo! Una cueva, un pesebre, unas pajas, unos pañales... ¿De qué nos quejaremos?

- 4º. De castidad y mortificación. Fíjate cómo ha escogido madre castísima y padre castísimo también. Además, carece de todo regalo de los sentidos: es de noche, les han rechazado en la posada, tiene frío, duerme sobre pajas...

- 5º. De obediencia y humildad. El Verbo calla. El omnipotente está impotente. El Dios se hace criatura, todo se lo tienen que hacer José y María, y él no hace más que dejarse llevar.

¿Para qué anhelamos tanto las riquezas, los regalos, los honores...?

Dios inmenso se hace niño pequeñito por mí.

Y nosotros, ¡ruines!, queremos hacernos dioses y que nos traten como dioses.

Mira, mira bien a ese Niño, y ámale.

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26.8.21

Luces Matutinas: 14. Jesucristo



¿Sois cristiano?
- Soy cristiano por la gracia de Dios.

¿Qué quiere decir cristiano?
- Cristiano quiere decir "hombre de Cristo", hombre que profesa la fe de Cristo que recibió en el bautismo, y está obligado a su santo servicio.

¿Quién es Jesucristo?
- Jesucristo es el Hijo de Dios vivo, que se hizo hombre para redimirnos y darnos ejemplo de vida.

Piensa, pues, tres cosas que cuando se convertía pensaba el capitán Ignacio de Loyola enfermo en su castillo.

1ª: ¿Qué ha hecho Cristo por mí?
¿¡Qué ha hecho!? Encarnarse, nacer pobre, vivir trabajando, predicar, ser perseguido y humillado, padecer muerte y pasión, fundar la Iglesia, y en ella los sacramentos, sostenerla perpetuamente, probarla con miles de milagros, dotarla de santos y de sabios, quedarse Él en la Eucaristía, en todas partes... "Me amó y se entregó por mí". Todo eso hizo por ti.

Jesucristo es todo para mí. Es mi maestro, es mi redentor, es mi padre, es mi amigo, es mi hermano, es mi protector, es la causa de todo mi bien, y ha de ser mi juez. Él me ha de condenar o me ha de salvar, y quiere salvarme.

Jesucristo es sobre todo mi Dios, y al mismo tiempo hombre. Esto para mí es muchísimo, porque si es Dios es todo bien. Y si es Dios hecho hombre por mí, es Dios que quiere unirse conmigo, hacerse mi igual, dárseme todo a mí, o mejor dicho, hacerme su igual y tomarme todo dentro de sí, en su corazón.

2ª: ¿Y qué he hecho yo por Cristo?
A esta pregunta respóndete tú a ti mismo. ¿Qué de bueno has hecho por Cristo?... Y acaso: ¿qué de malo has hecho contra Cristo?...

3ª: ¿Qué debo yo hacer por Cristo?
También a esta pregunta has de responder tú mismo. Únicamente te diré la recíproca de San Pablo: Ama a Cristo y entrégate por Cristo, como Él por ti. ¿No eres cristiano?

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25.8.21

Luces Matutinas: 13. Cuando miro al cielo...



"¡Qué sórdida me parece la tierra cuando miro al cielo!". Así decía San Ignacio de Loyola, el cual después que cayó en la cuenta de esto, miraba tanto al cielo que algunos le conocían por este rasgo: "aquel señor que mira mucho al cielo".

El sitio debe ser precioso. Porque si en este mundo, que es de prueba para buenos y malos, hay tantas preciosidades, ¿qué habrá en aquel sitio hecho para regalo, para felicidad, para gloria, y un lugar que ha sido ganado por los méritos de Jesucristo? Luz, bienestar, esplendor, lujo, delicias, bellezas sin igual...

La compañía será deliciosa. Todos buenos. Ni uno sólo con pecado. Todos santos. Los mejores hombres y las mejores mujeres. Los ángeles, los confesores de Cristo, las santas vírgenes, los santos mártires, los apóstoles... Abraham, Moisés, David, Isaías, los Macabeos, San Agustín, San Jerónimo, Santo Domingo, San Ignacio, San Luis, San Estanislao, Santa Inés, Santa Cecilia, Santa Teresa de Jesús, etc. etc. ¡El glorioso Patriarca San José!, el santo más amable de todos. ¡La gloriosísima y buenísima Virgen María, nuestra Madre del Carmelo! ¡Nuestro Señor Jesucristo! Dios, en fin, con toda su bondad y santidad.

La unión con esta compañía será íntima. De la más estrecha amistad y más alegre caridad, conociéndonos, tratándonos y amándonos todos.

La vida la más deleitosa y alegre en todos los sentidos, llena de amor sin concupiscencia, llena de afecto sin peligro, llena de deleite sin bajeza, llena de placer sin hastío, llena de libertad sin tropiezo, llena de todo lo bueno, sin sombra de malo.

La ocupación, amar. Amar y alabar a Dios. Amar y conversar con los santos. Y gozar. Gozar de la vista siempre nueva de Dios, y de las infinitas cosas que Dios nos enseñará en toda una eternidad segura que nos resta... ¿Qué hará Dios en toda esa eternidad? En fin, gozar en el alma y en el cuerpo, en las potencias y sentidos. Pero todo con suma dignidad y limpieza, con insigne pureza y delicadeza, aunque con sumo placer en todo.

Sobre todo ver a Dios, amar a Dios, verle que nos ve, verle que nos ama, verle que se complace en todos y cada uno de nosotros, en que le veamos, le amemos y seamos felices...

Cuando miro al cielo..., ¡qué sórdida es la tierra!

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24.8.21

Luces Matutinas: 12. Purgatorio



¿Será digno de detenerse a meditar en el purgatorio todo un caballero? ¡Oh, sí, ya lo creo! Porque pareciera que la meditación es más de beatas... ¡Pero no, es más de caballeros y de personas mundanas!

Porque las personas de delicada conciencia han de tener poco purgatorio, y suave.

El purgatorio se ha hecho principalmente para los que aquí viven mundanamente, sobre todo cometiendo pecados, y por la misericordia de Dios se salvan, se convierten lo bastante para no condenarse, o poco más, y pasada una vida regalada, casi sin pensar en Dios, casi sin religión, casi sin caridad, casi sin cristiandad, casi se condenan y apenas se salvan.

Para estos es el purgatorio. Para estos el purgatorio de fuego. Para esto el purgatorio largo, de años y acaso de muchos años.

Los que viven vida mundana, disipada, lujosa. Los que van a todos los espectáculos, reuniones y peligros sensuales. Los que difieren su conversión hasta la vejez o incluso hasta el momento de la muerte.

Los que, dueños de grandes riquezas, no dan a los pobres, o no dan sino poco, y todo lo devoran ellos en su gusto y regalo.

Los que cometen, sin mirar, toda clase de pecados veniales y alguna vez mortales, y descuidan mucho sus obligaciones.

Estos muchas veces se condenan. Pero muchas veces o por sus mujeres, o por sus hijos y madres, o por sus amigos, y siempre por la misericordia de Dios, se salvan.

Se salvan del infierno, pero no del purgatorio.

En el purgatorio hay que pagar el castigo temporal que señale la justicia divina por el pecado aún perdonado.

En el purgatorio hay penas terribles. El fuego es el mismo que el del infierno, sólo que tiene fin.

También hay penas suaves, y muchos no irán al fuego. Pero estos son los que aquí sirven a Dios con sinceridad.

No deje usted de meditar en el purgatorio, sea o no caballero.

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