Semana en el Oratorio

Desprecio de los bienes mundanos

16.12.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (93)



CAPÍTULO 29.
Se explican detalles sobre el primer género de palabras que algunas veces el espíritu recogido forma en sí, y se muestra su causa y el provecho y daño que puede haber en ellas.


1. Estas palabras sucesivas siempre que acontecen es cuando está el espíritu recogido y embebido en alguna consideración de manera muy atenta. Y, de esa misma materia que piensa, él mismo va discurriendo entre un tema y el otro y formando palabras y razones muy a propósito con enorme facilidad y distinción, y tales cosas de forma imprevisible sobre sí, va razonando y descubriendo también acerca de lo que medita, hasta el punto que le parece que no es él quien lo hace, sino que alguna otra persona interiormente lo va razonando, o respondiendo, o enseñando.
Y, a la verdad, hay gran causa para pensar esto, porque él mismo se razona y se responde consigo mismo como si fuese una persona con otra. Realmente en alguna manera es así de forma que aunque el mismo espíritu de la peronas es el que esto hace como instrumento, el Espíritu Santo le ayuda muchas veces a producir y formar aquellos conceptos, palabras y razones verdaderas, inspirándole. Y así se las habla, como si fuese tercera persona, a sí mismo. Porque como entonces el entendimiento está recogido y unido con la verdad de aquello que piensa, y el Espíritu Divino también está unido con él en esa misma verdad, como lo está siempre en toda verdad, entonces ocurre que va comunicando al entendimiento en esta manera. Así se van hilvanando los razonamientos y verdades con las que trata, dándole iluminación y yéndole guiando por este mismo Espíritu Santo enseñador. Porque esta es una de las maneras en las que enseña el Espíritu Santo.

2. De esta forma, alumbrado y enseñado de este Maestro el entendimiento, comprendiendo aquellas verdades, juntamente va formando aquellos dichos la misma persona de suyo con las verdades que de otra parte se le comunican. De manera que podemos decir que la voz es de Jacob y las manos son de Esaú (Gn. 27, 22). E incluso puede que no crea el que experimenta esa comunicación que lo hace por sí mismo, sino que los dichos y palabras son de tercera persona, ya que su mismo entendimiento puede formar palabras de tercera persona con suma facilidad, sobre conceptos y verdades que se le comunican también de tercera persona.

3. Y aunque es verdad que en esta forma de comunicación e ilustración del entendimiento sobre sí mismo no hay engaño de suyo, lo puede haber -y lo hay- muchas veces en las formales palabras y razones que sobre ello forma el entendimiento que, por cuanto aquella luz a veces que se le da es muy sutil y espiritual, llega el espíritu a no alcanzar bien ni tener información sobre ella, y acaba como decimos formando él mismo las razones de suyo, de aquí es que muchas veces forma esas razones de manera falsa, otras poco reales o defectuosas. Y es que como ya comenzó a tomar hilo de la verdad que le fue mostrada al principio, y luego pone de suyo la habilidad o rudeza de su bajo entendimiento, es muy fácil a partir de ahí ir variando conforme a su capacidad e imaginación y todo, en este modo, como si le hablase una tercera persona.

4. Yo conocí una persona que, teniendo estas locuciones sucesivas, entre algunas harto verdaderas y sustanciales que formaba del Santísimo Sacramento de la Eucaristía, había algunas que eran harto herejía. Y me sorprendo mucho de lo que pasa en estos tiempos, en los cuales cualquier alma de por ahí con tener una ínfima consideración de sí misma, si siente algunas locuciones de este tipo en algún recogimiento lo achacan enseguida a que todo le viene de Dios, y suponen que es así, diciendo: "Me dijo Dios", "me respondió Dios"..., y no será así sino que más bien, como hemos dicho, ellas las más veces son las que se lo dicen a sí mismas.







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