Semana en el Oratorio

Desprecio de los bienes mundanos

29.11.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (76)



6. Y sobre que también Dios, aunque responda a las tales pretensiones algunas veces, se enoje, aunque con lo anterior queda bastante dado a entender, todavía será bueno probarlo con algunas autoridades de la sagrada Escritura.
En el primer libro de los Reyes (28, 6­15) se dice que, pidiendo el rey Saúl que le hablase el profeta Samuel que estaba ya muerto, se le apareció el dicho profeta y, con todo eso, se enojó Dios porque luego le reprendió Samuel por haber solicitado tal cosa diciendo: "¿Por que me has inquietado en hacerme resucitar?".
También sabemos que, no porque respondió Dios a los hijos de Israel dándoles las carnes que pedían se dejase de enojar mucho contra ellos, porque luego les envió fuego del cielo en castigo, según se lee en el Pentateuco (Núm. 11, 32­33) y lo cuenta David (Sal. 77, 30­31) diciendo: "Aún teniendo ellos los bocados en sus bocas, descendió la ira de Dios sobre ellos".
Y tambien leemos en los Números (22, 32) que se enojó Dios mucho contra Balam profeta porque fue a los madianitas llamado por Balac, rey de ellos, aunque Dios le dijo que fuese sólo porque Balam tenía ganas de ir y así se lo había pedido a Dios, puesto que estando ya en el camino se le apareció el ángel con la espada y le quería matar, diciéndole: "Tu camino es perverso y a Mí contrario". Y por eso le quería matar.

7. De esta manera y de otras muchas condesciende Dios enojado con los apetitos de las almas. De lo cual tenemos muchos testimonios en la sagrada Escritura, y sin eso muchos ejemplos. Pero no son menester ir describiéndolos en algo que está tan claro. Sólo digo que es cosa peligrosísima, más peligrosa de lo que yo sabría decir, el querer tratar con Dios por tales vías y que no dejará de errar mucho y hallarse muchas veces confuso el que fuere aficionado a tales modos. Y esto el que hubiere hecho caso de ellos me entenderá por la experiencia. Porque aparte de la dificultad que hay en saber no errar en las locuciones y visiones que provienen de Dios, hay ordinariamente entre ellas muchas que son del demonio, porque comúnmente anda en el alma en aquel traje que anda Dios con ella, poniendole cosa tan verosímil y parecidas a las que Dios le comunica, por injerirse él a vueltas y mezclarse entre ellas como el lobo entre el ganado con pellejo de oveja (Mt. 7, 15), que apenas se puede discernir. Porque como dice muchas cosas verdaderas y conformes a razón y cosas que resultan luego salir verdaderas, las gentes se pueden engañar fácilmente pensando que, pues sale verdad y cierta en lo que está por venir, que no será entonces sino Dios. Porque no saben que es cosa facilísima, a quien tiene clara la luz natural, conocer las cosas, o muchas de ellas, que fueron o que serán, en sus causas. Y como quiera que el demonio tenga esta lumbre tan viva, puede facilísimamente deducir tal efecto de tal causa, aunque no siempre salga así, pues todas las causas dependen en última instancia de la voluntad de Dios.

8. Pongamos ejemplo: conoce el demonio que la disposición de la tierra y aires y término que lleva el sol, van de manera y en tal grado de disposición, que necesariamente, llegado tal tiempo, habrá llegado la disposición de estos elementos, según el término que llevan, a inficionarse, y así a inficionar la gente con pestilencia, y en las partes que será más y en las que será menos. Ve aquí conocida la pestilencia en su causa. ¿Qué mucho es que, revelando el demonio esto a una alma, diciendo: "De aquí a un año o medio habrá pestilencia", que salga verdadero? Y es profecía del demonio. Por la misma manera puede conocer los temblores de la tierra, viendo que se van hinchiendo los senos de ella de lava, y decir: "En tal tiempo temblará la tierra", lo cual es conocimiento natural, para el cual basta tener el ánimo libre de las pasiones del alma, según lo dice Boecio por estas palabras: "Si vis claro lumine cernere verum, gaudia pelle, timorem spemque fugato, nec dolor adsit", esto es: "Si quieres con claridad natural conocer las verdades, echa de ti el gozo y el temor, y la esperanza y el dolor".

9. Y también se pueden conocer eventos y casos sobrenaturales en sus causas acerca de la Providencia divina, que justísima y certísimamente acude a lo que piden las causas buenas o malas de los hijos de los hombres. Porque se puede conocer naturalmente que tal o tal persona, o tal o tal ciudad, u otra cosa, llega a tal o tal necesidad, o tal o tal punto que Dios, según su providencia y justicia, ha de acudir con lo que compete a la causa y conforme a ella, en castigo o en premio o como fuere la causa, y entonces decir: "En tal tiempo os dará Dios esto, o hará esto, o acontecerá eso otro ciertamente". Lo cual dio a entender la santa Judit (11, 12) a Holofernes, la cual, para persuadirle que los hijos de Israel habían de ser destruidos sin falta, le contó muchos pecados de ellos primero y miserias que hacían, y luego dijo: "Pues hacen estas cosas, está cierto que serán destruidos". Lo cual es conocer el castigo en la causa, que es tanto como decir: "cierto está que tales pecados han de causar tales castigos de Dios, que es justísimo". Y, como dice la Sabiduría divina (Sab. 11, 17): "En aquello o por aquello que cada uno peca, es castigado".







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