Semana en el Oratorio

Desprecio de los bienes mundanos

12.10.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (28)



4. No se puede explicar con palabras, ni aún entenderse con la razón, la variedad de inmundicia que los diversos apetitos causan en el alma. Porque, si se pudiese decir y dar a entender, sería cosa admirable y también de enorme compasión ver cómo cada apetito, conforme a su cualidad y calidad, mayor o menor, hace su mancha y asiento de inmundicia y fealdad en el alma, y cómo en una sola desorden de razón puede tener en sí innumerables diferencias de suciedades mayores y menores, y cada una a su manera. Porque, así como el alma del justo en una sola perfección, que es la rectitud del alma, tiene innumerables dones riquísimos y muchas virtudes hermosísimas, cada una diferente y graciosa en su manera, según la multitud y diferencia en los afectos de amor que ha tenido en Dios, así el alma desordenada, según la variedad de los apetitos que tiene en las criaturas, tiene en sí una gran y miserable variedad de inmundicias y bajezas, tal cual en ella la marcan los mencionados apetitos.

5. Esta variedad de apetitos está bien figurada en Ezequiel (8, 10­16), donde se escribe que mostró Dios a este profeta en el interior del templo, pintadas en derredor de las paredes, todas las semejanzas de sabandijas que se arrastran por la tierra, y allí toda la abominación de animales inmundos. Y entonces dijo Dios a Ezequiel: "Hijo del hombre, ¿de veras no has visto las abominaciones que hacen estos, cada uno en lo secreto de su escondrijo?" (3, 12). Y mandando Dios al profeta que entrase más adentro y vería mayores abominaciones, dice que vio allí las mujeres sentadas llorando al dios de los amores, Adonis (8, 15). Y mandándole Dios entrar más profundo todavía, donde vería aún mayores abominaciones, dice que vio allí veinticinco viejos que tenían vueltas las espaldas contra el templo (8, 16).

6. Las diferencias de sabandijas y animales inmundos que estaban pintados en el primer espacio del templo, son los pensamientos y concepciones que el entendimiento hace de las cosas bajas de la tierra y de todas las criaturas, las cuales, tales cuales son -o sea, viles-, se pintan en el templo del alma cuando con ellas sujeta su entendimiento, que es el primer aposento del alma.
Las mujeres que estaban más adentro, en el segundo aposento, llorando al dios Adonis, son los apetitos que están en la segunda potencia del alma, que es la voluntad. Los cuales están como llorando, en cuanto codician a lo que está aficionada la voluntad, que son las sabandijas ya impregnadas en el entendimiento.
Y los varones que estaban en el tercer aposento son las imágenes y representaciones de las criaturas, que guarda y revuelve en sí la tercera parte del alma, que es la memoria. Las cuales se dice que están vueltas las espaldas contra el templo porque, cuando ya según estas tres potencias sujetan al alma con alguna cosa de la tierra de forma firme y resueltamente, se puede decir que tiene las espaldas contra el templo de Dios, que es la recta razón del alma, la cual no admite en sí cosa ni parte de criatura.

7. Y para entender algo de este feo desorden del alma en sus apetitos, baste por ahora lo dicho porque, si hubiésemos de tratar en particular de la menor fealdad que hacen y causan en el alma las imperfecciones, y su gran variedad, y las marcas que dejan los pecados veniales -que es ya mayor que la de las imperfecciones- y su mucha variedad, y tambien la que hacen los apetitos de pecado mortal, que es la total fealdad del alma, y su mucha variedad de formas y maneras, según la variedad y multitud de todas estas tres cosas, sería nunca acabar, ni entendimiento angélico bastaría para poderlo entender. Lo que digo y hace al caso para mi propósito es que cualquier apetito, aunque sea de la más mínima imperfección, mancha y ensucia al alma.







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