Semana en el Oratorio

Desprecio de los bienes mundanos

16.4.20

Todo el bien es de Dios




Su oración consiste ahora principalmente en contemplar amorosamente las perfecciones divinas y en deleitarse en ellas. Su amor no solamente le hace amar a Dios, sino que le hace amarlo como a su propio bien. Goza deleitosamente de Dios. Y ésta es la razón de por qué su felicidad consiste menos en servir y agradar a Dios -felicidad en cierto sentido demasiado subjetiva-, que en gozarse de la felicidad misma de Dios. Todo, en la vida y en la naturaleza, le alegra, porque todo le habla de la grandeza, belleza, sabiduría y felicidad divinas. Su humildad está toda hecha también de amor unitivo. Se desprecia con alegría y se tiene en nada porque Dios le es todo.



(de Identificación con Jesucristo).