Semana en el Oratorio

Desprecio de los bienes mundanos

20.4.20

Cristo siempre en mí




No le hacen falta a las almas que están unidas al Señor largos razonamientos para excitarse a la paciencia, a la humildad, a la caridad, al olvido de sí. Todo el programa del alma está condensado y concentrado en una idea principal, que es, al propio tiempo, un ideal magnífico: "Renúnciate a ti para dejar a Cristo vivir enteramente en ti. A cada hora, en cada acción, dite a ti misma: 'no quiero yo vivir esto, sino que Cristo lo viva en mí'" (Gal. 2,20). Esta sola idea abarca la práctica de todas las virtudes, práctica tanto más perfecta cuanto que añade, a cada acto de virtud, un acto de amor.

La sola conciencia de la presencia de su Amado en ella, su solo recuerdo le basta.



(de Identificación con Jesucristo).