25.6.19

Salutación al Corazón de Jesús


Salutación inspirada por Nuestro Señor a Santa Matilde, para reparar sus negligencias en el servicio a Dios:

Os saludo, ¡oh Corazón dulcísimo de Jesús, harmonioso instrumento de la Santísima Trinidad! Os saludo, Corazón más dulce que la miel, fuente viva de toda bondad y gracia. Os saludo, Corazón amantísimo de Jesús, noble tesoro de las riquezas de Dios. Mil y mil veces os bendigo y Os saludo en la bondad divina por la cual sois la fuente y el origen de donde brota toda bondad y misericordia.

¡Oh dulce y precioso Corazón de Jesucristo!, por la mutua complacencia que la adorable Trinidad encuentra en sí misma, Os saludo y Os adoro en la abundancia de todas las gracias, que se han derramado y se derramarán sin término sobre las almas santas y devotas, a quienes tantas veces habéis inundado y embriagado en el torrente de Vuestras divinas delicias.





ORATORIO CARMELITANO



¡Oh Corazón de Jesús, Corazón dulcísimo! ¡Oh Corazón suavísimo! ¡Oh Corazón amabilísimo! ¡Oh Corazón, fuente de toda dulzura, lleno de suavidad, océano de amor! Sumerjo mi alma en lo más íntimo de Vuestros senos, y sepulto la multitud de mis iniquidades y negligencia en el abismo de Vuestra misericordia. Os ofrezco mis sudores y trabajos, Os ofrezco mis angustias y miserias, y Os encomiendo mi vida y el fin de ella. ¡Oh Corazón!, perfume el más delicioso, incienso el más suave, sacrificio por excelencia, ofreceos Vos mismo sobre el altar de oro de la reconciliación humana, para llenar el vacío de los días que he pasado sin producir ningún fruto para Dios.

Os bendigo, Corazón nobilísimo de Jesús, por el amor con que el Espíritu Santo Os formó de la sangre purísima de la Virgen María. Os glorifico, ¡oh Corazón dulcísimo de Jesús!, por el amor con que la Santísima Trinidad Os ha adornado con todos los dones celestiales. Os ensalzo, ¡oh Corazón benignísimo de Jesús!, por el amor en que estáis ardiendo siempre por el género humano. Os venero, Corazón benevolentísimo de Jesús, por el amor que Os abrasaba cuando moríais en la Cruz. Os alabo, Corazón fidelísimo, por el amor con que habéis querido ser traspasado por la lanza, y por la sangre y agua que vertisteis de Vuestro Corazón.

Y ahora, ¡oh augusta Trinidad!, en este Corazón entre todos bendito, Os alabo, Os glorifico, Os bendigo, porque habéis podido, querido y sabido, derramar en este nobilísimo Corazón tantos dones y tan gran abundancia de gracias. Con todo el afecto y respeto de que soy capaz, ofrezco a Vuestra suprema Majestad este mismo dulcísimo Corazón, único en su infinita dignidad, lleno de divinas gracias y que posee para siempre la perfección de la suprema beatitud, suplicándoos Os dignéis por Él compensar y reparar el mal que he cometido, y el bien que he descuidado hacer.

Amén.

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