Semana en el Oratorio

Desprecio de los bienes mundanos

19.8.18

A Jesús crucificado


Ven, ven a mis brazos, mi Cristo santo,
déjame que, postrado ante tus plantas
bese una y otra vez tus llagas santas
vertiendo por mis culpas amplio llanto.

¡Cuánto te hice sufrir, oh Jesús mío!
Y a la voz de tu amor que me decía:
"Ven a mí". "No quiero", respondía,
haciéndote penar con mi desvío.

En prenda de perdón por tanto agravio
un último favor quiero me hagas:
morir besando tus sagradas llagas
con actos de dolor y desagravio.


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