Desprecio de los bienes mundanos

11.12.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (88)



12. De lo uno y de lo otro tenemos testimonios claros en la sagrada Escritura. Porque, acerca del conocimiento espiritual que se puede tener de las cosas, dice el Sabio (Sab. 7, 17­21) estas palabras: "Me dio Dios ciencia verdadera de las cosas que son: la constitución del universo y las propiedades de los elementos, el comienzo, el fin y el entretiempo; las posiciones del sol y la alternancia de las estaciones, los ciclos del año y el movimiento de las estrellas; las diferentes especies y el comportamiento de las fieras salvajes; el poder de los espíritus y los problemas de los hombres; la variedad de las plantas y las propiedades de sus raíces. Supe, pues, todo lo que está oculto y todo lo que se ve, puesto que la sabiduría que lo ha hecho todo me lo enseñaba. En ella se encuentra un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, ágil, móvil, penetrante, puro, límpido, no puede corromperse, orientado al bien y eficaz".
Y, aunque este conocimiento que dice aquí el Sabio que le dio Dios de todas las cosas fue infuso y general, por esta autoridad se prueban suficientemente todas las experiencias que particularmente infunde Dios en las almas por vía sobrenatural cuando Él quiere. No porque les de hábito general de ciencia, como se dio a Salomón en lo mencionado anteriormente, sino descubriendoles a veces algunas verdades acerca de cualesquiera de todas estas cosas que aquí cuenta el Sabio.
Cierto es que Nuestro Señor acerca de muchas cosas infunde hábitos a muchas almas (aunque nunca tan generales como el de Salomón), tal como aquellas diferencias de dones que cuenta san Pablo (1 Cor. 12, 8­10) que reparte Dios, entre los cuales pone sabiduría, ciencia, fe, profecía, discreción o conocimiento de espíritus, inteligencia de lenguas, declaración de las palabras, etc. Todas esas destrezas o conocimientos son hábitos infusos, que gratis los da Dios a quien quiere, ahora natural, ahora sobrenaturalmente. En forma natural como a Balam y otros profetas idólatras y muchas sibilas a quien dio espíritu de profecía; y sobrenaturalmente, como a los santos Profetas y Apóstoles y otros santos.

Pero, aparte de estos hábitos o gracias "gratis data", lo que decimos es que las personas perfectas o las que ya van avanzando en perfección, muy ordinariamente suelen tener ilustración y noticia de las cosas presentes o ausentes, lo cual conocen por el espíritu que tienen ya ilustrado y purgado. Acerca de esto podemos entender aquella autoridad de los Proverbios (27, 19), que dice: "De la manera que en las aguas se reflejan los rostros de los que en ellas se miran, así los corazones de los hombres son manifiestos a los prudentes", por lo que se entiende referirse a aquellos que tienen ya sabiduría de santos, de lo cual dice la sagrada Escritura que es prudencia (Pv. 9, 10). Y a este modo, también estos espíritus conocen a veces sobre las demás cosas, aunque no siempre que ellos quieren, que eso es sólo para los que tienen el hábito, y aun esos no tampoco siempre en todo, porque es como Dios quiere dotarles.

14. Pero es de saber que estos que tienen el espíritu purgado, con mucha facilidad llegan a tener la habilidad natural para conocer, y unos más que otros, lo que hay en el corazón o espíritu interior, y las inclinaciones y talentos de las personas, siendo esto por indicios exteriores, aunque sean muy pequeños, como por palabras, movimientos y otras muestras. Porque, así como el demonio puede esto, porque es espíritu, así también lo puede el espiritual, según el dicho del Apóstol (1 Cor. 2, 15) que dice: "El espiritual todas las cosas juzga". Y otra vez (1 Cor. 2, 10) dice: "El espíritu todas las cosas penetra, hasta las cosas profundas de Dios". De donde, aunque materialmente no pueden los espirituales conocer los pensamientos o lo que hay en el interior de las personas, por ilustración sobrenatural del Espíritu Santo o por indicios bien lo pueden entender. Y aunque en el conocimiento hecho por los indicios que les llegan muchas veces se pueden engañar, la mayoría de las veces aciertan. Mas ni de lo uno ni de lo otro hay que fiarse, porque el demonio se entromete aquí enormemente y con mucha sutileza, como luego diremos, y así siempre se han de renunciar y rechazar las tales inteligencias y noticias.


10.12.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (87)



5. Estas comunicaciones divinas que son acerca de Dios nunca son de cosas particulares, por cuanto son acerca del Sumo Principio y, por eso, no se pueden transmitir en personal si no fuese en alguna manera alguna realidad de cosa menos que Dios, que juntamente se mostrase en ver allí; mas las comunicaciones divinas no, en ninguna manera, porque alcanzan elementos muy elevados. Y estas altas noticias no las puede tener sino el alma que llega a unión de Dios, porque ellas mismas son la misma unión, puesto que consiste el tenerlas en cierto toque que se hace del alma en la Divinidad, y así el mismo Dios es el que allí es sentido y gustado. Y, aunque no se manifiesta tan claramente como en la gloria, es tan sublime y alto toque esta experiencia y su sabor que penetra la sustancia del alma, por lo que el demonio no se puede entrometer ni simular algo semejante, porque no existe cosa alguna que se compare, ni infundir sabor ni deleite semejante. Porque esas experiencias saben a esencia divina y vida eterna, y el demonio no puede fingir cosa tan elevada.

6. Podría él, empero, hacer alguna apariencia similar, representando al alma algunas grandezas y henchimientos muy sensibles, procurando persuadir al alma que aquello es Dios, más de ninguna manera que podrían acceder a la sustancia del alma y renovándola y enamorándola súbitamente, como hacen las que proceden de Dios. Porque hay algunas experiencias y toques de este tipo que hace Dios en la sustancia del alma que de tal manera la enriquecen, que no sólo basta una de ellas para quitar al alma de una vez todas las imperfecciones que ella no había podido quitar en toda la vida, sino que además es capaz de dejarla llena de virtudes y bienes de Dios.

7. Y le son al alma tan sabrosos y tan íntimo deleite estos toques, que con uno de ellos se daría por bien pagada de todos los trabajos que en su vida hubiese padecido, aunque fuesen innumerables, y queda tan animada y con tanto brío para padecer muchas cosas por Dios, que le es particular tortura ver que no padece mucho.

8. Y a estas altas experiencias no puede el alma llegar por alguna comparación ni imaginación suya, porque son sobre todo eso y así, sin la habilidad del alma las obra Dios en ella. De donde, a veces, cuando ella menos piensa y menos lo pretende suele Dios dar al alma estos divinos toques, en que le causa ciertos recuerdos de Dios. Y estos a veces se causan súbitamente en ella sólo en acordarse de algunas cosas, y a veces harto mínimas. Y son tan sensibles, que algunas veces no sólo al alma, sino tambien al cuerpo hacen estremecer. Pero otras veces acontecen en el espíritu muy sosegado sin estremecimiento alguno, con súbito sentimiento del deleite y refrigerio interiormente, en el mismo espíritu.

9. Otras veces surgen en alguna palabra que dicen u oyen decir, ahora de la sagrada Escritura, ahora de otra cosa. Mas no siempre son de una misma eficacia y sentimiento, porque muchas veces son experiencias enormemente discretas pero, por mucho que sean, vale más uno de estos recuerdos y toques de Dios al alma que otras muchas comunicaciones y consideraciones de las criaturas y obras de Dios. Y por cuanto estas noticias se dan al alma de repente y sin albedrío de ella, no tiene el alma que hacer en ellas en quererlas o no quererlas, sino hayarse humilde y resignadamente respecto a ellas, que Dios hará su obra cómo y cuándo el quisiese.

10. Y de este tipo de experiencias no digo que se tenga que actuar negándolas, como ocurre en las demás aprehensiones, porque ellas son parte de la unión, como hemos dicho, en que vamos encaminando al alma, por la cual la enseñamos a desnudarse y desasirse de todas las otras. Y el medio para que Dios lo haga es el de la humildad y el padecimiento por amor de Dios con resignación de toda retribución, porque estas gracias no se hacen al alma propietaria y cerrada, por cuanto son hechas con muy particular amor de Dios que tiene con la tal alma, y por tanto dicha alma también le tiene un amor a Dios totalmente incondicional. Esto es lo que quiso decir el Hijo de Dios por san Juan (14, 21), cuando dijo: "El que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a mí mismo a él". En lo cual se incluyen las experiencias y toques que vamos mencionando que manifiesta Dios al alma que se acerca a Él y que de veras le ama sin paliativos.

11. La segunda manera de experiencias o visiones de verdades interiores es muy diferente de esta que hemos explicado, porque es de cosas más bajas que Dios y en estas se encierra el conocimiento de la verdad de las cosas en sí y el de los hechos y casos que acontecen entre los hombres. Y es de tal manera este conocimiento que, cuando se le dan al alma a conocer estas verdades, de tal manera se le asientan en el interior sin que nadie la diga nada que, aunque la digan otra cosa, no puede dar a cambiar su parecer y mudar su interior a otras cuestiones, aunque se quiera hacer fuerza para hacerlo, porque está el espíritu conociendo otra cosa en el conocimiento que con su espíritu tiene presente, lo cual es como verlo mucho más claro y patente. Esto pertenece al espíritu de profecía y a la gracia que llama san Pablo (1 Cor. 12, 10) "don de discreción de espíritus". Y aunque el alma tiene aquello que entiende por tan cierto y verdadero como hemos dicho, y no puede dejar de tener aquel consentimiento interior pasivo, no por eso ha de dejar de creer y dar el consentimiento de la razón a lo que le dijere y mandare su maestro espiritual, aunque sea muy contrario a aquello que siente, para enderezar de esta manera el alma en fe a la divina unión, a la cual ha de caminar el alma más creyendo que entendiendo.


"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (87)



5. Estas comunicaciones divinas que son acerca de Dios nunca son de cosas particulares, por cuanto son acerca del Sumo Principio y, por eso, no se pueden transmitir en personal si no fuese en alguna manera alguna realidad de cosa menos que Dios, que juntamente se mostrase en ver allí; mas las comunicaciones divinas no, en ninguna manera, porque alcanzan elementos muy elevados. Y estas altas noticias no las puede tener sino el alma que llega a unión de Dios, porque ellas mismas son la misma unión, puesto que consiste el tenerlas en cierto toque que se hace del alma en la Divinidad, y así el mismo Dios es el que allí es sentido y gustado. Y, aunque no se manifiesta tan claramente como en la gloria, es tan sublime y alto toque esta experiencia y su sabor que penetra la sustancia del alma, por lo que el demonio no se puede entrometer ni simular algo semejante, porque no existe cosa alguna que se compare, ni infundir sabor ni deleite semejante. Porque esas experiencias saben a esencia divina y vida eterna, y el demonio no puede fingir cosa tan elevada.

6. Podría él, empero, hacer alguna apariencia similar, representando al alma algunas grandezas y henchimientos muy sensibles, procurando persuadir al alma que aquello es Dios, más de ninguna manera que podrían acceder a la sustancia del alma y renovándola y enamorándola súbitamente, como hacen las que proceden de Dios. Porque hay algunas experiencias y toques de este tipo que hace Dios en la sustancia del alma que de tal manera la enriquecen, que no sólo basta una de ellas para quitar al alma de una vez todas las imperfecciones que ella no había podido quitar en toda la vida, sino que además es capaz de dejarla llena de virtudes y bienes de Dios.

7. Y le son al alma tan sabrosos y tan íntimo deleite estos toques, que con uno de ellos se daría por bien pagada de todos los trabajos que en su vida hubiese padecido, aunque fuesen innumerables, y queda tan animada y con tanto brío para padecer muchas cosas por Dios, que le es particular tortura ver que no padece mucho.

8. Y a estas altas experiencias no puede el alma llegar por alguna comparación ni imaginación suya, porque son sobre todo eso y así, sin la habilidad del alma las obra Dios en ella. De donde, a veces, cuando ella menos piensa y menos lo pretende suele Dios dar al alma estos divinos toques, en que le causa ciertos recuerdos de Dios. Y estos a veces se causan súbitamente en ella sólo en acordarse de algunas cosas, y a veces harto mínimas. Y son tan sensibles, que algunas veces no sólo al alma, sino tambien al cuerpo hacen estremecer. Pero otras veces acontecen en el espíritu muy sosegado sin estremecimiento alguno, con súbito sentimiento del deleite y refrigerio interiormente, en el mismo espíritu.

9. Otras veces surgen en alguna palabra que dicen u oyen decir, ahora de la sagrada Escritura, ahora de otra cosa. Mas no siempre son de una misma eficacia y sentimiento, porque muchas veces son experiencias enormemente discretas pero, por mucho que sean, vale más uno de estos recuerdos y toques de Dios al alma que otras muchas comunicaciones y consideraciones de las criaturas y obras de Dios. Y por cuanto estas noticias se dan al alma de repente y sin albedrío de ella, no tiene el alma que hacer en ellas en quererlas o no quererlas, sino hayarse humilde y resignadamente respecto a ellas, que Dios hará su obra cómo y cuándo el quisiese.

10. Y de este tipo de experiencias no digo que se tenga que actuar negándolas, como ocurre en las demás aprehensiones, porque ellas son parte de la unión, como hemos dicho, en que vamos encaminando al alma, por la cual la enseñamos a desnudarse y desasirse de todas las otras. Y el medio para que Dios lo haga es el de la humildad y el padecimiento por amor de Dios con resignación de toda retribución, porque estas gracias no se hacen al alma propietaria y cerrada, por cuanto son hechas con muy particular amor de Dios que tiene con la tal alma, y por tanto dicha alma también le tiene un amor a Dios totalmente incondicional. Esto es lo que quiso decir el Hijo de Dios por san Juan (14, 21), cuando dijo: "El que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a mí mismo a él". En lo cual se incluyen las experiencias y toques que vamos mencionando que manifiesta Dios al alma que se acerca a Él y que de veras le ama sin paliativos.

11. La segunda manera de experiencias o visiones de verdades interiores es muy diferente de esta que hemos explicado, porque es de cosas más bajas que Dios y en estas se encierra el conocimiento de la verdad de las cosas en sí y el de los hechos y casos que acontecen entre los hombres. Y es de tal manera este conocimiento que, cuando se le dan al alma a conocer estas verdades, de tal manera se le asientan en el interior sin que nadie la diga nada que, aunque la digan otra cosa, no puede dar a cambiar su parecer y mudar su interior a otras cuestiones, aunque se quiera hacer fuerza para hacerlo, porque está el espíritu conociendo otra cosa en el conocimiento que con su espíritu tiene presente, lo cual es como verlo mucho más claro y patente. Esto pertenece al espíritu de profecía y a la gracia que llama san Pablo (1 Cor. 12, 10) "don de discreción de espíritus". Y aunque el alma tiene aquello que entiende por tan cierto y verdadero como hemos dicho, y no puede dejar de tener aquel consentimiento interior pasivo, no por eso ha de dejar de creer y dar el consentimiento de la razón a lo que le dijere y mandare su maestro espiritual, aunque sea muy contrario a aquello que siente, para enderezar de esta manera el alma en fe a la divina unión, a la cual ha de caminar el alma más creyendo que entendiendo.


"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (87)



5. Estas comunicaciones divinas que son acerca de Dios nunca son de cosas particulares, por cuanto son acerca del Sumo Principio y, por eso, no se pueden transmitir en personal si no fuese en alguna manera alguna realidad de cosa menos que Dios, que juntamente se mostrase en ver allí; mas las comunicaciones divinas no, en ninguna manera, porque alcanzan elementos muy elevados. Y estas altas noticias no las puede tener sino el alma que llega a unión de Dios, porque ellas mismas son la misma unión, puesto que consiste el tenerlas en cierto toque que se hace del alma en la Divinidad, y así el mismo Dios es el que allí es sentido y gustado. Y, aunque no se manifiesta tan claramente como en la gloria, es tan sublime y alto toque esta experiencia y su sabor que penetra la sustancia del alma, por lo que el demonio no se puede entrometer ni simular algo semejante, porque no existe cosa alguna que se compare, ni infundir sabor ni deleite semejante. Porque esas experiencias saben a esencia divina y vida eterna, y el demonio no puede fingir cosa tan elevada.

6. Podría él, empero, hacer alguna apariencia similar, representando al alma algunas grandezas y henchimientos muy sensibles, procurando persuadir al alma que aquello es Dios, más de ninguna manera que podrían acceder a la sustancia del alma y renovándola y enamorándola súbitamente, como hacen las que proceden de Dios. Porque hay algunas experiencias y toques de este tipo que hace Dios en la sustancia del alma que de tal manera la enriquecen, que no sólo basta una de ellas para quitar al alma de una vez todas las imperfecciones que ella no había podido quitar en toda la vida, sino que además es capaz de dejarla llena de virtudes y bienes de Dios.

7. Y le son al alma tan sabrosos y tan íntimo deleite estos toques, que con uno de ellos se daría por bien pagada de todos los trabajos que en su vida hubiese padecido, aunque fuesen innumerables, y queda tan animada y con tanto brío para padecer muchas cosas por Dios, que le es particular tortura ver que no padece mucho.

8. Y a estas altas experiencias no puede el alma llegar por alguna comparación ni imaginación suya, porque son sobre todo eso y así, sin la habilidad del alma las obra Dios en ella. De donde, a veces, cuando ella menos piensa y menos lo pretende suele Dios dar al alma estos divinos toques, en que le causa ciertos recuerdos de Dios. Y estos a veces se causan súbitamente en ella sólo en acordarse de algunas cosas, y a veces harto mínimas. Y son tan sensibles, que algunas veces no sólo al alma, sino tambien al cuerpo hacen estremecer. Pero otras veces acontecen en el espíritu muy sosegado sin estremecimiento alguno, con súbito sentimiento del deleite y refrigerio interiormente, en el mismo espíritu.

9. Otras veces surgen en alguna palabra que dicen u oyen decir, ahora de la sagrada Escritura, ahora de otra cosa. Mas no siempre son de una misma eficacia y sentimiento, porque muchas veces son experiencias enormemente discretas pero, por mucho que sean, vale más uno de estos recuerdos y toques de Dios al alma que otras muchas comunicaciones y consideraciones de las criaturas y obras de Dios. Y por cuanto estas noticias se dan al alma de repente y sin albedrío de ella, no tiene el alma que hacer en ellas en quererlas o no quererlas, sino hayarse humilde y resignadamente respecto a ellas, que Dios hará su obra cómo y cuándo el quisiese.

10. Y de este tipo de experiencias no digo que se tenga que actuar negándolas, como ocurre en las demás aprehensiones, porque ellas son parte de la unión, como hemos dicho, en que vamos encaminando al alma, por la cual la enseñamos a desnudarse y desasirse de todas las otras. Y el medio para que Dios lo haga es el de la humildad y el padecimiento por amor de Dios con resignación de toda retribución, porque estas gracias no se hacen al alma propietaria y cerrada, por cuanto son hechas con muy particular amor de Dios que tiene con la tal alma, y por tanto dicha alma también le tiene un amor a Dios totalmente incondicional. Esto es lo que quiso decir el Hijo de Dios por san Juan (14, 21), cuando dijo: "El que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a mí mismo a él". En lo cual se incluyen las experiencias y toques que vamos mencionando que manifiesta Dios al alma que se acerca a Él y que de veras le ama sin paliativos.

11. La segunda manera de experiencias o visiones de verdades interiores es muy diferente de esta que hemos explicado, porque es de cosas más bajas que Dios y en estas se encierra el conocimiento de la verdad de las cosas en sí y el de los hechos y casos que acontecen entre los hombres. Y es de tal manera este conocimiento que, cuando se le dan al alma a conocer estas verdades, de tal manera se le asientan en el interior sin que nadie la diga nada que, aunque la digan otra cosa, no puede dar a cambiar su parecer y mudar su interior a otras cuestiones, aunque se quiera hacer fuerza para hacerlo, porque está el espíritu conociendo otra cosa en el conocimiento que con su espíritu tiene presente, lo cual es como verlo mucho más claro y patente. Esto pertenece al espíritu de profecía y a la gracia que llama san Pablo (1 Cor. 12, 10) "don de discreción de espíritus". Y aunque el alma tiene aquello que entiende por tan cierto y verdadero como hemos dicho, y no puede dejar de tener aquel consentimiento interior pasivo, no por eso ha de dejar de creer y dar el consentimiento de la razón a lo que le dijere y mandare su maestro espiritual, aunque sea muy contrario a aquello que siente, para enderezar de esta manera el alma en fe a la divina unión, a la cual ha de caminar el alma más creyendo que entendiendo.


"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (87)



5. Estas comunicaciones divinas que son acerca de Dios nunca son de cosas particulares, por cuanto son acerca del Sumo Principio y, por eso, no se pueden transmitir en personal si no fuese en alguna manera alguna realidad de cosa menos que Dios, que juntamente se mostrase en ver allí; mas las comunicaciones divinas no, en ninguna manera, porque alcanzan elementos muy elevados. Y estas altas noticias no las puede tener sino el alma que llega a unión de Dios, porque ellas mismas son la misma unión, puesto que consiste el tenerlas en cierto toque que se hace del alma en la Divinidad, y así el mismo Dios es el que allí es sentido y gustado. Y, aunque no se manifiesta tan claramente como en la gloria, es tan sublime y alto toque esta experiencia y su sabor que penetra la sustancia del alma, por lo que el demonio no se puede entrometer ni simular algo semejante, porque no existe cosa alguna que se compare, ni infundir sabor ni deleite semejante. Porque esas experiencias saben a esencia divina y vida eterna, y el demonio no puede fingir cosa tan elevada.

6. Podría él, empero, hacer alguna apariencia similar, representando al alma algunas grandezas y henchimientos muy sensibles, procurando persuadir al alma que aquello es Dios, más de ninguna manera que podrían acceder a la sustancia del alma y renovándola y enamorándola súbitamente, como hacen las que proceden de Dios. Porque hay algunas experiencias y toques de este tipo que hace Dios en la sustancia del alma que de tal manera la enriquecen, que no sólo basta una de ellas para quitar al alma de una vez todas las imperfecciones que ella no había podido quitar en toda la vida, sino que además es capaz de dejarla llena de virtudes y bienes de Dios.

7. Y le son al alma tan sabrosos y tan íntimo deleite estos toques, que con uno de ellos se daría por bien pagada de todos los trabajos que en su vida hubiese padecido, aunque fuesen innumerables, y queda tan animada y con tanto brío para padecer muchas cosas por Dios, que le es particular tortura ver que no padece mucho.

8. Y a estas altas experiencias no puede el alma llegar por alguna comparación ni imaginación suya, porque son sobre todo eso y así, sin la habilidad del alma las obra Dios en ella. De donde, a veces, cuando ella menos piensa y menos lo pretende suele Dios dar al alma estos divinos toques, en que le causa ciertos recuerdos de Dios. Y estos a veces se causan súbitamente en ella sólo en acordarse de algunas cosas, y a veces harto mínimas. Y son tan sensibles, que algunas veces no sólo al alma, sino tambien al cuerpo hacen estremecer. Pero otras veces acontecen en el espíritu muy sosegado sin estremecimiento alguno, con súbito sentimiento del deleite y refrigerio interiormente, en el mismo espíritu.

9. Otras veces surgen en alguna palabra que dicen u oyen decir, ahora de la sagrada Escritura, ahora de otra cosa. Mas no siempre son de una misma eficacia y sentimiento, porque muchas veces son experiencias enormemente discretas pero, por mucho que sean, vale más uno de estos recuerdos y toques de Dios al alma que otras muchas comunicaciones y consideraciones de las criaturas y obras de Dios. Y por cuanto estas noticias se dan al alma de repente y sin albedrío de ella, no tiene el alma que hacer en ellas en quererlas o no quererlas, sino hayarse humilde y resignadamente respecto a ellas, que Dios hará su obra cómo y cuándo el quisiese.

10. Y de este tipo de experiencias no digo que se tenga que actuar negándolas, como ocurre en las demás aprehensiones, porque ellas son parte de la unión, como hemos dicho, en que vamos encaminando al alma, por la cual la enseñamos a desnudarse y desasirse de todas las otras. Y el medio para que Dios lo haga es el de la humildad y el padecimiento por amor de Dios con resignación de toda retribución, porque estas gracias no se hacen al alma propietaria y cerrada, por cuanto son hechas con muy particular amor de Dios que tiene con la tal alma, y por tanto dicha alma también le tiene un amor a Dios totalmente incondicional. Esto es lo que quiso decir el Hijo de Dios por san Juan (14, 21), cuando dijo: "El que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a mí mismo a él". En lo cual se incluyen las experiencias y toques que vamos mencionando que manifiesta Dios al alma que se acerca a Él y que de veras le ama sin paliativos.

11. La segunda manera de experiencias o visiones de verdades interiores es muy diferente de esta que hemos explicado, porque es de cosas más bajas que Dios y en estas se encierra el conocimiento de la verdad de las cosas en sí y el de los hechos y casos que acontecen entre los hombres. Y es de tal manera este conocimiento que, cuando se le dan al alma a conocer estas verdades, de tal manera se le asientan en el interior sin que nadie la diga nada que, aunque la digan otra cosa, no puede dar a cambiar su parecer y mudar su interior a otras cuestiones, aunque se quiera hacer fuerza para hacerlo, porque está el espíritu conociendo otra cosa en el conocimiento que con su espíritu tiene presente, lo cual es como verlo mucho más claro y patente. Esto pertenece al espíritu de profecía y a la gracia que llama san Pablo (1 Cor. 12, 10) "don de discreción de espíritus". Y aunque el alma tiene aquello que entiende por tan cierto y verdadero como hemos dicho, y no puede dejar de tener aquel consentimiento interior pasivo, no por eso ha de dejar de creer y dar el consentimiento de la razón a lo que le dijere y mandare su maestro espiritual, aunque sea muy contrario a aquello que siente, para enderezar de esta manera el alma en fe a la divina unión, a la cual ha de caminar el alma más creyendo que entendiendo.