Desprecio de los bienes mundanos

9.12.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (86)



CAPÍTULO 26.
Se aborda el conocimiento de las verdades desnudas en el entendimiento, se explican de dos maneras y se muestra cómo se ha de comportar el alma acerca de ellas.


1. Para hablar propiamente de este conocimiento de verdades desnudas que se da al entendimiento, era necesario que Dios tomase la mano y moviese la pluma, porque sepa el lector que excede toda palabra lo que ellas son para el alma en sí mismas. Mas, pues yo no hablo aquí de ellas de propósito, sino sólo para ilustrar y dirigir el alma en ellas a la divina unión, deberemos abordar la difícil cuestión de hablar de ellas aquí breve y modificadamente, por lo menos cuanto baste para el dicho intento.

2. Esta manera de visiones o, por decirlo mejor, de ilustraciones de verdades desnudas, es muy diferente de la que acabamos de decir en el capítulo 24, porque no es como ver las cosas corporales con el entendimiento, sino que consiste en entender y ver verdades de Dios o de las cosas que son, fueron y serán, lo cual es muy conforme al espíritu de profecía, como por ventura se declarará después.

3. De donde es de notar que este género de conocimientos se distinguen de dos formas: unos abordan el alma con elementos acerca del Creador, otras acerca de las criaturas, como hemos dicho. Y aunque las unas y las otras son muy sabrosas para el alma, el deleite que causan en ella las que son de Dios no hay cosa a que se le pueda comparar, ni vocablos ni términos con qué describirlo, porque son conocimiento del mismo Dios y deleite del mismo Dios que, como dice David (Sal. 39, 6), no hay como Él ninguna otra cosa. Y es que estas experiencias nos llegan directamente con conocimiento acerca de Dios, sintiendo altísimamente de algún atributo de Dios, ahora de su omnipotencia, ahora de su fortaleza, ahora de su bondad y dulzura, etc., y todas las veces que se siente, se impregna en el alma aquello que se siente. Que, por cuanto es pura contemplación, ve claro el alma que no hay cómo se podría explicar algo de ello, si no fuese decir algunos términos generales que la abundancia del deleite y bien que allí sintieron les hace decir a las almas a quienes les ocurre, mas no lo suficiente como para terminar de entender por completo lo que allí el alma gustó y sintió.

4. Y así David (Sal. 18, 10­11), tras haber pasado algo de esto, sólo dijo de ello con palabras comunes y generales: "Los juicios de Dios" -esto es, las virtudes y atributos que sentimos en Dios-, "son verdaderos, en sí mismos justificados, mucho más deseables que el oro y que la piedra preciosa, y sobradamente más dulces que el panal y la miel". Y de Moises leemos (Ex. 34, 6­7) que en una altísima noticia que Dios le dio de sí, una vez que pasó delante de el, sólo dijo lo que se puede decir por los mencionados términos comunes y fue que, pasando el Señor por él en aquella experiencia, se postró Moises muy aprisa en la tierra, diciendo: "Emperador, Señor, Dios misericordioso y clemente; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares". Donde se ve que, no pudiendo Moises declarar lo que en Dios conoció en una sola comunicación, lo dijo y rebosó por todas aquellas palabras.
Y aunque a veces sobre las tales comunicaciones se dicen palabras, bien ve el alma que no ha dicho nada de lo que sintió, porque ve que no hay palabra acomodada para poder nombrar aquello. Y así san Pablo (2 Cor. 12, 4), cuando tuvo aquella suprema comunicación de Dios, procuró no decir nada, solo decir que no era lícito al hombre tratar de ello.


8.12.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (85)



CAPÍTULO 25.
Se explica qué son y cómo se distinguen las revelaciones.


1. Por el orden que aquí llevamos se sigue ahora tratar de la segunda manera de aprehensiones espirituales, que arriba llamamos revelaciones, las cuales propiamente pertenecen al espíritu de profecía. Acerca de lo cual lo primero que hay que saber es que revelación no es otra cosa que descubrimiento de alguna verdad oculta o manifestación de algún secreto o misterio, como si Dios diese al alma a entender alguna cosa, como es declarando al entendimiento la verdad de ella, o descubriese al alma algunas cosas que Él hizo, hace o piensa hacer.

2. Y, según esto, podemos decir que hay dos maneras de revelaciones: unas, que son descubrimiento de verdades al entendimiento, que propiamente se llaman noticias intelectuales o inteligencias; otras, que son manifestación de secretos, y estas se llaman propiamente, y más que las otras, revelaciones. Porque las primeras no se pueden llamar en rigor revelaciones, porque aquellas consisten en hacer Dios al alma verdades desnudas, no sólo acerca de las cosas temporales, sino también de las espirituales, mostrándoselas clara y manifiestamente, aunque de las cuales he querido no obstante tratar también debajo de nombre de "revelaciones", primero por tener mucha cercanía y alianza con ellas, y segundo por no multiplicar muchos nombres de distinciones.

3. Pues, según esto, bien podremos distinguir ahora las revelaciones en dos generos de aprehensiones. Al uno llamaremos noticias intelectuales, y al otro, manifestación de secretos y misterios ocultos de Dios, y concluiremos con ellos en dos capítulos lo más brevemente que pudiésemos, aparte de este mismo que hace las veces de introducción.


7.12.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (84)




6. El efecto que hacen en el alma estas visiones es quietud, iluminación y alegría a manera de gloria, suavidad, limpieza y amor, humildad e inclinación o elevación del espíritu en Dios, unas veces más, otras menos, unas más en un aspecto, otras en el otro, según el espíritu en que se reciben y Dios decida.

7. Puede también el demonio causar estas visiones en el alma mediante alguna luz natural, en que por sugestión espiritual aclara al espíritu las cosas, ahora sean presentes, ahora ausentes. Sobre este asunto recordemos el Evangelio de san Mateo (4, 8) donde dice que el demonio a Cristo le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de esos reinos; algunos doctores aseguran que el maligno lo hizo por sugestión espiritual, porque con los ojos corporales no era posible abarcar a ver tanto, ya que es imposible que se pudiera ver todos los reinos del mundo y su gloria en una única y sola visión corporal.
Pero de estas visiones que causa el demonio a las que son de parte de Dios hay mucha diferencia. Porque los efectos que estas hacen en el alma no son como los que hacen las buenas, antes hacen sequedad de espíritu acerca del trato con Dios e inclinación a estimarse, y a admitir y tener en algo las dichas visiones, y en ninguna manera causan inclinación a la humildad y amor de Dios. Ni las formas de estas se quedan impresas en el alma con aquella claridad suave que las otras, ni duran, antes se arrastran luego del alma, salvo si el alma las estima mucho que, entonces, la propia estimación hace que se acuerde de ellas de forma material e imaginativa, mas es muy secamente y sin hacer aquel efecto de amor y humildad que las buenas causan cuando se acuerda uno de ellas.

8. Estas visiones, por cuanto son de criaturas, con quien Dios ninguna proporción ni conveniencia esencial tiene, no pueden servir al entendimiento de medio cercano para la unión de Dios. Y así, conviene al alma mostrarse rotundamente negativa en ellas, como en las demás que hemos dicho, para ir hacia adelante por el medio más próximo, que es la fe. Por lo tanto de aquellas formas de las tales visiones que se quedan en el alma impresas no ha de hacer archivo ni acopio el alma, ni ha de querer arrimarse a ellas, porque sería estarse con aquellas formas, imágenes y personajes, que respecto de su interior reciben, aprisionada, y no iría por negación de todas las cosas a Dios. Y dado caso que aquellas formas siempre se representan en su interior, no la impedirán mucho si el alma no quisiere hacer caso de ellas. Porque aunque es verdad que la memoria de ellas incita al alma a algún amor de Dios y contemplación, mucho más incita y levanta la pura fe y desnudez en la oscuridad de todo eso, sin saber el alma cómo ni de dónde le viene.
Y así, acontecerá que ande el alma inflamada con ansias de amor de Dios muy puro, sin saber de dónde le vienen ni qué fundamento tuvieron esas ansias. Y fue que así como la fe se arraigó e infundió más en el alma mediante aquel vacío y tiniebla y desnudez de todas las cosas, pobreza espiritual (que todo lo podemos llamar una misma cosa), también juntamente con ella se arraiga e infunde más en el alma la caridad de Dios. De donde, cuanto más el alma se quiere oscurecer y aniquilar acerca de todas las cosas exteriores e interiores que puede recibir, tanto más se infunde de fe y por consiguiente, de amor y esperanza en esa fe, por cuanto estas tres virtudes teologales andan en uno. (Nota del corrector: fe, esperanza y caridad).

9. Pero este amor algunas veces no lo comprende la persona ni lo siente, porque no tiene este amor su asiento en el sentido con ternura, sino en el alma con fortaleza y más ánimo y osadía que antes, aunque algunas veces redunde en el sentido y se muestre tierno y apacible. Por lo tanto para llegar a ese amor, alegría y gozo que le hacen y causan las tales visiones al alma, le conviene que tenga fortaleza y mortificación y amor para querer quedarse en vacío y a oscuras de todo ello, y fundar aquel amor y gozo en lo que no ve ni siente ni puede ver ni sentir en esta vida, que es Dios, el cual es incomprehensible y sobre todo conocimiento. Por eso nos conviene ir a Él por negación de todo, porque si no, dado caso que el alma se vuelve tan sagaz, humilde y fuerte, que el demonio no la pueda engañar en ellas ni hacerla caer en alguna presunción como lo suele hacer, no dejarán de todos modos ir al alma hacia adelante por cuanto pone obstáculo a la desnudez espiritual y pobreza de espíritu, y vacío en fe, que es lo que se requiere para la unión del alma con Dios.

10. Y, porque acerca de estas visiones sirve tambien la misma doctrina que en los capítulos 19 y 20 dimos para las visiones y aprehensiones sobrenaturales del sentido, no dedicaremos aquí más tiempo en abundar sobre ellas.


6.12.22

Reflexión de Adviento. Lo que damos...



¿Pienso en los demás cuando disfruto de algo o cuando padezco algo? ¿Juzgo a los demás únicamente según el colectivo al que pertenecen, es decir, mujeres, pobres, ricos, negros, partido político, derechas o izquierdas, inmigrantes, católicos, agnósticos...?

¿Prefiero "quitarlos de encima" con un regalo, un detalle, un cumplido..., e ir "a lo mío"?

¿Cómo intento responder a la única pregunta del final de nuestra vida: "cada vez que lo hicisteis con un hermano, lo hicisteis conmigo"?

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (83)



CAPÍTULO 24.
Se explican los dos tipos de visiones espirituales por vía sobrenatural.


1. Hablando ahora propiamente de las que son visiones espirituales sin intervención de algún sentido corporal, digo que dos maneras de visiones pueden caer en el entendimiento: unas son de sustancias corpóreas, otras de sustancias separadas o incorpóreas.
Las corpóreas se refiere a todas las cosas materiales que hay en el cielo y en la tierra, las cuales puede ver el alma aun estando en el cuerpo, mediante cierta luz sobrenatural derivada de Dios, en la cual puede ver todas las cosas ausentes, del cielo y de la tierra, según leemos haber visto san Juan en el capítulo 21 del Apocalipsis, donde cuenta la descripción y excelencia de la celestial Jerusalen, que vio en el cielo; y cual también se lee de san Benito, que en una visión espiritual vio todo el mundo. La cual visión dice santo Tomás en el primero de sus Quodlibetos que fue mediante la iluminación celestial que hemos mencionado.

2. Las otras visiones, que son de sustancias incorpóreas, no se pueden ver mediante esta luz derivada que decíamos, sino con otra iluminación más alta que se llama "luz de gloria". Y así, estas visiones de sustancias incorpóreas, como son ángeles y almas, no son de esta vida ni se pueden ver en cuerpo mortal porque, si Dios las quisiese comunicar al alma esencialmente, como ellas son, luego saldría de las carnes y se desataría de la vida mortal. Que por eso dijo Dios a Moises (Ex. 33, 20) cuando le rogó le mostrase su esencia: "No me verá hombre que pueda quedar vivo". Por lo cual, cuando los hijos de Israel pensaban que habían de ver a Dios, o que le habían visto, o algún ángel, temían morir, según se lee en el Exodo (20, 19) donde, temiendo esas consecuencias dijeron: "No se nos comunique Dios manifiestamente, no sea que muramos". Y también en los Jueces (13, 22), pensando Manue, padre de Sansón, que había visto esencialmente el ángel que hablaba con él y con su mujer, el cual se les había aparecido en forma de varón muy hermoso, dijo a su mujer: "Morte moriemur, quia vidimus Dominum", que quiere decir: "Moriremos, porque hemos visto al Señor". Nota del corrector: se dice "Señor" porque el mismo ángel representa al Señor.

3. Y así estas visiones no son de esta vida, si no fuese alguna vez de pasada y aún y esto dispensando Dios o salvando la condición y vida natural, abstrayendo totalmente al espíritu de ella, y que con su favor se suplan las fuerzas naturales del alma acerca del cuerpo. Que por eso, cuando se piensa que las vio san Pablo (es a saber: las presencias separadas en el tercer cielo), dice el mismo santo: "Sive in corpore, sive extra corpus nescio; Dominus scit" (2 Cor. 12, 2); esto es: que fue arrebatado a ellas, y lo que vio dice que no sabe si era en el cuerpo o fuera del cuerpo, que eso Dios lo sabe. En lo cual se ve claro que se traspuso de la vía natural, haciéndolo Dios posible. De esto se desprende también que cuando se cree haberle mostrado Dios su esencia a Moises, se lee (Ex. 33, 22) que le dijo Dios que Él le pondría en el hueco de la piedra y le ampararía cubriéndole con la diestra, y protegiéndole de tal manera que no muriese cuando pasase su gloria, lo cual es mostrarse de pasada y fugazmente, amparando Él con su diestra la vida corporal de Moises.
Mas estas visiones tan sustanciales, como la de san Pablo y Moises y nuestro padre Elías cuando cubrió su rostro al susurro suave de Dios (3 Re. 19, 11­13), aunque son por vía de paso, rarísimas veces acontecen, es algo que casi nunca ocurre y a muy pocos, porque lo hace Dios en aquellos que son muy fuertes del espíritu de la Iglesia y ley de Dios, como fueron las tres personas arriba mencionadas

4. Pero, aunque estas visiones de sustancias espirituales no se pueden desnudar y claramente ver en esta vida con el entendimiento, se pueden sin embargo sentir en la sustancia del alma con suavísimos toques y contactos, lo cual pertenece a los sentimientos espirituales, de que con el divino favor trataremos después. Porque a estos se endereza y encamina nuestra pluma, que es al contacto y a la divina unión del alma con la Sustancia divina, lo cual ha de ser cuando tratemos de la inteligencia mística y confusa u oscura que queda por decir, donde hemos de tratar cómo, mediante esta experiencia amorosa y oscura, se junta Dios con el alma en alto y divino grado. Porque, en alguna manera, esta experiencia oscura amorosa, que es la fe, sirve en esta vida para la divina unión como la lumbre de gloria sirve en la otra de medio para la clara visión de Dios.

5. Por tanto, tratemos ahora de las visiones de corpóreas sustancias que espiritualmente se reciben en el alma, las cuales son a modo de las visiones corporales. Porque, así como ven los ojos las cosas corporales mediante la luz natural, así el alma con el entendimiento, mediante la iluminación derivada sobrenaturalmente, que hemos explicado, ve interiormente esas mismas cosas naturales y otras, cuales Dios quiere, habiendo diferencia en el modo y en la manera. Porque las espirituales e intelectuales mucho más clara y sutilmente acontecen que las corporales porque, cuando Dios quiere hacer esa gracia al alma, le comunica aquella luz sobrenatural que decimos, en que fácilmente y clarísimamente ve las cosas que Dios quiere, ahora del cielo, ahora de la tierra, no haciendo impedimento, ni al caso ausencia ni presencia de ellas. Y es, a veces, como si se le abriese una clarísima puerta y por ella surgiese una luz a manera de un relámpago, cuando en una noche oscura súbitamente esclarece el paisaje y lo hace ver clara y fulgurantemente, y luego lo deja a oscuras, aunque las formas y figuras que se han mostrado se quedan en la fantasía y en la mente. Lo cual en el alma ocurre mucho más y más perfectamente, porque de tal manera se quedan en ella impresas aquellas cosas que con el espíritu vio en aquella luz que, cada vez que las advierte y las rememora, las ve en sí como las vio antes, tal como en el espejo se ven las formas que están reflejadas en él cada vez que se mire. Y es de manera que ya aquellas formas de las cosas que vio nunca jamás se le quitan del todo del alma, aunque a medida que transcurra el tiempo sí se vayan haciendo algo remotas.