Desprecio de los bienes mundanos

24.9.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (10)



PRÓLOGO

1. Para poder explicar y hacer entender esta noche oscura por la cual pasa el alma para llegar a la divina luz de la unión perfecta del amor de Dios, o al menos todo lo que se pueda lograr sobre ello en esta vida, sería necesaria otra mayor luz de ciencia y experiencia que la mía; porque son tantas y tan profundas las tinieblas y trabajos, así espirituales como temporales, por los que ordinariamente suelen pasar las dichosas almas para poder llegar a este alto estado de perfección, que ni basta ciencia humana que lo pueda hacer entender, ni experiencia que lo pueda explicar, ya que sólo el que por ello pasa sabrá sentirlo, pero no explicarlo.

2. Y, por lo tanto, para decir algo de esta noche oscura, no me dejaré llevar ni de experiencia ni de ciencia, porque lo uno y lo otro puede faltar y engañar. No obstante, aunque sin dejar de recurrir en todo lo que me fuera posible a estas dos cosas (la experiencia y el conocimiento), me aprovecharé, con la ayuda divina, para todo lo que he de explicar -al menos para lo más importante y oscuro de entender- de la divina Escritura, por la cual guiándonos no podremos errar, dado que el que en ella habla es el Espíritu Santo. Y si yo en algo errare por no entender al completo lo que en ella se dice, no es mi intención apartarme del sano sentido y doctrina de la santa Madre Iglesia Católica, porque en tal caso totalmente me sujeto y resigno no sólo a su mandato, sino a cualquiera que con conocimiento de esta experiencia en mejor razón juzgare que yo.

3. Para hacer todo este tratado me ha movido no la posibilidad que veo en mí para tarea tan ardua, sino la confianza que en el Señor tengo de que me ayudará a decir algo por la enorme necesidad que tienen muchas almas de guía, las cuales, comenzando el camino de la virtud, y queriendo Nuestro Señor ponerlas en esta noche oscura para que por ella pasen a la divina unión, ellas no logran avanzar. A veces esto les ocurre por no querer entrar o dejarse entrar en esta noche oscura; a veces, por no entenderlo y carecer de guías idóneos y despiertos que las dirijan hasta la cumbre. Y así, es una lástima ver a muchas almas a quien Dios da talento y favor para avanzar que, si ellas quisiesen animarse, llegarían a este alto estado, quedarse sin embargo en un bajo modo de trato con Dios, por no querer, o no saber, o no tener quien las dirija y enseñe a desasirse de aquellos principios. Y aunque Nuestro Señor las favorezca tanto, que aún a pesar de todo ello las haga avanzar, llegan muy tarde y con más trabajo y con menos merecimiento, por no haberse acomodado a Dios, dejándose colocar libremente en el puro y cierto camino de la unión. Porque, aunque es verdad que Dios las lleva -que puede hacerlo aunque ni ellas se esfuercen-, no se dejan ellas llevar; y así por tanto se avanza menos, puesto que se resisten a ser manejadas y, en fin, no logran tantos merecimientos al no poner en esta obra su voluntad, dando como resultado que sufren y padecen más. Porque hay almas que, en vez de dejarse en manos de Dios y permitir que las ayude, en su lugar estorban los planes de Dios, poniéndoles impedimentos por su indiscreto obrar y su rechazo, haciéndose semejantes a los niños que, queriendo sus madres llevarlos cómodamente en brazos, ellos van pateando y llorando tratando de caminar por su propio pie y solo consiguiendo con ello andar de mala manera, o incluso no andar o, si caminasen, sería al paso de un niño, es decir, avanzando muy lentamente y con mucho esfuerzo y agotamiento.

23.9.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (9)



RESUMEN
Trata sobre cómo podrá un alma disponerse para llegar en breve a la divina unión. Da avisos y consejos, así a los principiantes como a los más avanzados, con doctrina muy provechosa para que sepan desprenderse de todo lo temporal y no enredarse con lo espiritual, y quedar en la suma desnudez y libertad de espíritu, como se requiere para la divina unión.

Escrito y redactado por el padre Fr. Juan de la Cruz, Carmelita Descalzo.


ARGUMENTO
Toda la doctrina que entiendo tratar en esta Subida del Monte Carmelo está incluida en las siguientes canciones, y en ellas se contiene el modo de subir hasta la cumbre del monte, que es el estado de perfección más alto, el cual aquí denominamos "unión del alma con Dios". Y porque lo que iré diciendo se va fundando en ellas, las he querido poner todas reunidas, para que se entienda y vea de una sola pasada toda la sustancia de lo que luego se va describiendo; aunque, al tiempo de ir declarando y esbozando su significado convendrá poner cada canción en su contexto y también los versos de cada una, según se exija en la materia a tratar y su explicación.


Dice, pues, así:


CANCIONES
con las cuales el alma canta la dichosa ventura que tuvo en pasar por la oscura noche de la fe, entre su desnudez y purgación, a la unión del Amado.


1. En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

2. A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

3. En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

4. Ésta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
hacia donde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

5. ¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

6. En mi pecho florido,
que entero para Él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

7. El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

8. Me quedé y me olvidé,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y me dejé,
perdiendo mi cuidado
entre las azucenas olvidado.


22.9.22

Santa María Magdalena de Pazzi (1566-1607), religiosa



Esta gran santa de la contrarreforma nació en 1566 en Florencia, Italia, en cuyo monasterio carmelitano ingresó en 1582. Dos años después hizo su profesión religiosa.

Santa María Magdalena de Pazzi estuvo sometida a duras pruebas, tanto físicas como espirituales. Junto a santa Teresa de Jesús y a santa Catalina de Siena es considerada una de las grandes místicas de la Iglesia.

En sus "Revelaciones" plasmó algunas de sus visiones y vivencias. Pasó los tres últimos años de su vida postrada en la cama, aceptando con entereza el dolor físico y espiritual.

Mostrando gran celo por la Iglesia, escribió carta a los cardenales y obispos de su tiempo para que emprendieran reformas que ella consideraba necesarias. Murió en 1607, a los cuarenta y dos años de edad. Fue canonizada por Clemente IX en 1669.


Bienaventurado el siervo que devuelve todos los bienes al Señor Dios,
porque quien retiene algo para sí, esconde en sí el talento dado por su Señor Dios, y lo que creía tener se le quitará.

(San Francisco de Asís).



"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (8)



G. El círculo central está formado por el texto de Jeremías (2, 7):

- Introduxit vos in terram Carmeli ut comederetis fructum eius et bona illius. Hier. 2. (Yo os traje en tierra del Carmelo, para que comieseis su fruto y su bien).

H. Dentro del círculo se encuentra la sentencia profética:
- Sólo mora en este monte la honra y la gloria de Dios.

I. Bordea la línea superior del arco del mencionado círculo esta leyenda:
- Ya por aquí no hay camino porque para el justo no hay ley; para sí él ya es su propia ley (cf. 1 Tim. 1, 9 y Rom. 2, 14).


21.9.22

"Subida al Monte Carmelo", de San Juan de la Cruz, actualizada (7)



E. Formando un arco de izquierda a derecha se colocan los frutos, virtudes y dones, que son a saber:
Paz, gozo, alegría, deleite, sabiduría, justicia, fortaleza, caridad, piedad.


F. A la altura del círculo central y flanqueándolo se puede leer el estado de santa indiferencia:
- A la izquierda: No me da gloria nada.
- A la derecha: No me da pena nada.