Comunión espiritual


Comunión espiritual

Jesús mío, creo que Tú estás real y verdaderamente en el Cielo y en el Santísimo Sacramento; te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte dentro de mi alma; ya que no te puedo recibir sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

El Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo guarden mi alma para la vida eterna. Amén.

(Pausa)

Y como si ya te hubiese recibido físicamente, te abrazo y me uno del todo a Ti. Nunca te ausentes de mí.

Te suplico, oh Señor mío Jesucristo, que la ardiente y dulce fuerza de tu amor embargue toda mi alma, a fin de que muera de amor por Ti, tal como Tú te dignaste morir de amor por mí. Amén.

Fórmula breve:
Yo te recibo, Cristo Santo, en mi corazón. Quédate siempre conmigo. Estando dentro de mí, yo te amo y te adoro. No permitas nunca que me separe de ti.



- Acto de desagravio a Jesús Sacramentado.
- Visita espiritual al Santísimo.



Qué es la comunión espiritual
La Comunión Espiritual no es primordialmente una sustitución de la Comunión Sacramental, sino más bien anticipación y extensión de sus frutos. Según la doctrina católica, las Comuniones espirituales deben siempre tener la Comunión sacramental como meta.

La Comunión Espiritual puede repetirse muchas veces al día. Puede hacerse en la iglesia o fuera de ella, a cualquier hora del día o de la noche, antes o después de las comidas. Los que están en pecado mortal deben hacer un acto previo de contrición, si quieren recibir el fruto de la Comunión Espiritual.

Un acto de comunión espiritual, expresado mediante cualquier fórmula devota, es recompensado con una indulgencia parcial.

El Sacro Concilio de Trento alaba mucho la Comunión espiritual, y exhorta a los fieles a practicarla.

La Comunión espiritual consiste, según Santo Tomás, en un deseo ardiente de recibir a Nuestro Señor Jesucristo sacramentalmente y en amoroso abrazo, como si se lo hubiera ya recibido.

Juan Pablo II: "Es conveniente cultivar en el animo, el deseo constante del sacramento eucarístico. De aquí ha nacido la práctica de la comunión espiritual".

San Juan María Vianney, el Cura de Ars, decía: "Una Comunión espiritual actúa en el alma como un soplo de viento en una brasa que está a punto de extinguirse. Cada vez que sientas que tu amor por Dios se está enfriando, rápidamente haz una Comunión espiritual".

Decía la beata Juana de la Cruz, que la Comunión espiritual se puede hacer sin que nadie lo note, sin necesidad de ayuno o de permiso del director, y a la hora que nos plazca: con hacer un acto de amor, está hecha. (San Alfonso María de Ligorio, Obras Ascéticas, "El amor de las almas").

Decía S. Antonio María Claret: "Tendré una capilla fabricada en medio de mi corazón y en ella, día y noche, adoraré a Dios con un culto espiritual".

Sta. Catalina de Siena tuvo una visión. Vio a Jesús con dos cálices y le dijo: En este cáliz de oro pongo tus comuniones sacramentales y, en éste de plata, tus comuniones espirituales Los dos cálices me son agradables.

A otra mística, Santa Faustina Kowalska, Jesús Misericordioso le comunicó esto: "Si practicas el santo ejercicio de la Comunión espiritual varias veces al día, en un mes verás tu corazón completamente cambiado".

Santa Teresa de Jesús escribió: "Cuando no comulgáreis y oyédesis misa, podéis comulgar espiritualmente, que es mucho lo que se imprime el amor ansi deste Señor".

San Maximiliano Kolbe, además de recibir la Eucaristía, hacía visitas frecuentes al Santísimo Sacramento: hasta diez veces al día. Esto no fue suficiente para él. Y, siguiendo a San Francisco de Sales, decidió hacer Comuniones Espirituales cada 15 minutos. A veces, dice San Maximiliano, la Comunión espiritual puede traer las mismas gracias que la sacramental.

San Josemaría Escrivá de Balaguer aprendió de un padre escolapio la oración de la comunión espiritual cuando se preparaba para hacer su Primera Comunión en 1912. Esa oración es hoy familiar a miles de personas en el mundo entero. En su predicación aconsejó la práctica de la comunión espiritual avalado por su personal experiencia: "¡Qué fuente de gracias es la Comunión espiritual! Practícala frecuentemente y tendrás más presencia de Dios y más unión con El en las obras".


Hagamos cada día una comunión espiritual, y varias si no te es posible hacer la comunión física.