19.9.21

Luces Vespertinas: 9. Mis vicios



Vicio es el hábito de obrar mal y la inclinación fuerte de la voluntad al pecado. Se adquiere con la repetición de actos malos. Los pecados repetidos engendran el vicio. Fácilmente se cae en el vicio, pero difícilmente se sale de él. Sin embargo, es posible preservarse del vicio, y también salir de él, con diligencia y gracia de Dios.

El hombre más desgraciado es el vicioso; el vicio oscurece el pensamiento y esclaviza la voluntad. Es frecuente llamar pasiones a los vicios; pero el vicio es una pasión dominante y desordenada.

¿Tengo yo algunos vicios? Y, ¿cuales? ¿Empiezo a tenerlos? ¿Los descuido y los voy dejando crecer? ¿Estoy a tiempo para no caer en ellos? Y si los he contraído, ¿cómo me desenredaré?

Los vicios principales son los siete pecados capitales.

- ¿Soy soberbio? ¿Me estimo en más de lo que soy? ¿Quiero que me estimen en más de lo que soy? ¿Me antepongo a otros iguales o mayores? ¿Visto, gasto, vivo, mando, hablo con más lujo, dignidad, gloria, que lo que puedo o me pertenece? ¿Tengo ambición de honores? ¿Ocupo puestos para los que no valgo? ¿Trato con altivez y orgullo a mis prójimos? ¿Blasfemo? ¿Digo palabras soeces?

- ¿Soy avaro? ¿Quiero lo que no me pertenece? ¿Soy demasiado afanoso en ganar y negociar? ¿Soy mezquino y cicatero? ¿Hago fraudes? ¿Estafo de esas maneras sociales tan comunes? ¿Juego? ¡Mal vicio!

- ¿Soy deshonesto? ¿Soy casto y digno en los pensamientos, espectáculos, lecturas, conversaciones, trato, amistades? ¡Mal vicio también el de la lujuria!

- ¿Soy iracundo? ¿Me dejo llevar de la cólera por poca cosa y frecuentemente? ¿Me incomodo y tengo mal humor? ¿Riño? ¿Grito? ¿Insulto? ¿Maltrato? ¿Soy áspero de trato? ¿Oigo explicaciones y disculpas? ¿Tengo malas ideas contra otros? ¿Tomo las cosas por el mal lado? ¿Soy rencoroso y vengativo? ¿Soy suspicaz y celoso?

- ¿Tengo gula? ¿Soy demasiado aficionado a comer, y a comer bien? ¿Y a beber, sobre todo? ¿Soy aficionado al alcohol o a las drogas? ¡Mal vicio también? ¡Líbrenos Dios de él!

- ¿Soy envidioso? ¿Tengo pesar y sentimiendo de que otros suban y sean felices? ¿Y hago algo por impedir el bien ajeno? ¿Doy malos informes, quito la fama, rebajo el mérito, oculto la excelencia de mis prójimos?

- ¿Soy perezoso? ¿Soy negligente en cumplir mis obligaciones, mi oficio, mi carrera? ¿Estudio o trabajo lo necesario? ¿Soy negligente en tener bien a mi familia, en educarla y formarla? ¿Pienso lo necesario en mi modo de obrar? ¿Soy sobre todo tibio y negligente en mis prácticas religiosas? Este vicio es el más extendido y causa de muchísimos pecados.

Los peores de estos vicios son la impureza, el juego, la embriaguez. Los más comprometidos son la codicia y la impureza. Los más radicales y causas de los demás son la soberbia y la pereza.

Ten mucho cuidado con las mujeres, con el vicio, con el dinero y con el juego.

¿Eres escandaloso? ¿Das mal ejemplo en la familia o/y fuera de casa?

¿Voy cayendo en alguno de estos vicios? ¿Estoy ya en él? ¿Qué hago para no caer o para salir de él?

Los remedios para no caer y para salir del vicio son: el trabajo, huir de las ocasiones, la oración, un buen confesor, y la frecuencia en los sacramentos. Es infalible la victoria. Pero se necesita para ello constancia, y ésta suele faltar a muchos. Tenlo muy presente.

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18.9.21

Luces Vespertinas: 8. Mis virtudes



Virtudes son los hábitos y costumbres de obrar bien de oridinario, las fuerzas que algunos tienen para practicar el bien habitualmente. ¿Tengo yo alguna virtud? ¿Tengo muchas o pocas? ¿Son endebles o sólidas?

- 1º. Virtudes teologales.
¿Tengo fe? Y fe viva, no débil, muerta o apagada. ¿Tengo fe instruida, no ignorante? ¿Fe completa, no parcial, tímida y oculta? ¿Tengo fe sólo teórica, o manifiesta, práctica, aplicada a todas las cosas y en todos los aspectos de mi vida?

¿Tengo esperanza? Mis aspiraciones, mis bienes, mis ideales, ¿están todos en esta vida, o en la otra?

¿Tengo caridad? ¿Tengo amor de Dios verdadero, sobre todas las cosas, queriendo antes perderlas todas que ofenderle? ¿Le tengo amor por ser Él quien es? ¿O tengo amor sólo cuando me salen bien las cosas? ¿Tengo caridad con el prójimo, verdadera, sincera y práctica?

- 2º. Virtudes cardinales.

Son las principales virtudes a las que se refieren otras muchas:

¿Tengo prudencia? ¿Procedo con reflexión, con calma, con cautela? ¿O procedo con precipitación, inconstancia, negligencia e inconsideración? ¿Tengo demasiada prudencia? ¿Tengo demasiada astucia, trampa y doblez? ¿O tengo demasiada solicitud de lo temporal y de lo porvenir? ¿O demasiada timiedez que no veo sino los inconvenientes?

¿Tengo justicia? ¿Doy a cada uno lo suyo? ¿Juzgo y hablo de cada uno como es justo? ¿O atiendo al favoritismo, adulo, abuso de mi posición, y soy parcial? ¿Respeto los derechos de todos, incluso de los inferiores?

¿Tengo fortaleza? ¿Soy valiente para emprender? ¿Soy magnánimo para ejecutar? ¿Soy paciente para resistir? ¿Soy entero para no ceder? ¿Soy consecuente para terminar lo empezado? ¿Soy demasiado fuerte, o/y terco, o/y ambicioso?

¿Tengo templanza? ¿Guardo la debida moderación en los placeres? ¿Guardo moderación en la honestidad y continencia en mi estado y condición? ¿Tengo mansedumbre y bondad? ¿Tengo clemencia y generosidad? ¿Tengo modestia en el vestir y en el proceder? ¿Tengo humildad en el pensar y obrar, y moderación en todo lo que me gusta y atrae?

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17.9.21

Luces Vespertinas: 7. Mis mortificaciones



Todo cristiano debe mortificarse algo en la vida:

- 1º: ¿Me mortifico lo necesario para cumplir mis deberes, o dejo de cumplirlos cuando me cuesta?

- 2º: ¿Me mortifico lo que manda la ley, en los ayunos, en las vigilias, en la promiscuación?

- 3º: ¿Me mortifico algo también voluntariamente para ejercitar las virtudes, o para castigar mis pecados, o por imitar a Nuestro Señor Jesucristo, o por acostumbrarme, como en gimnasia, para cuando tenga la necesidad de mortificarme, o para evitar la sensualidad?

Un hombre inmortificado es insoportable, es un degenerado. Un hombre mortificado es un verdadero hombre: esta es su mejor alabanza, es un hombre libre, feliz, dueño de sí mismo.

· En el cuerpo: ¿Cómo uso de los placeres de los sentidos, curiosidad de la vista, deleite de la música, sueño, frío y calor, rigores de la vida, miserias de la sociedad? ¿Uso de alguna mortificación y aspereza, con consejo y prudencia?

· En el entendimiento: ¿Mortifico mi curiosidad de saber lo que no me conviene, o porque me induce al vicio, o porque me aparta de la fe, o porque me lleva al error, o porque me está prohibido? ¿Soy terco de juicio y no lo doblego cuando hay motivo?

· En la imaginación: ¿La dejo fantasear libremente lo que quiere, o la refreno para que no divague inútil y perjudicialmente? ¿Me doy demasiado a los placeres de la imaginación? ¿A las lecturas de novelas y ficciones? ¿Al teatro, cine, juegos fantásticos?

· En la voluntad: ¿Sé sufrir las contrariedades de la vida, los sucesos desagradables? ¿Sé sonreír a la adversidad? ¿Sé hacer frente a la dificultad? ¿Sé mantenerme sereno en la desgracia? ¿Sé dominar mi carácter?

· En el corazón: ¿Mortifico mis excesivas vehemencias, sea en mis afectos, deseos, simpatías, inclinaciones sensuales, sea en mis aversiones, repugnancias, antipatías y odios? ¿Mortifico mis siete pasiones? ¿O me dejo llevar de ellas fácilmente?

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16.9.21

Luces Vespertinas: 6. Mi carácter



Carácter es el modo propio y particular de ser y obrar que habitualmente tiene cada persona.

En parte es natural: cada uno nace con un carácter y modo de ser suyo, propio.

En parte es obra nuestra: virtud o defecto, según lo hayamos hecho. Y así juzgamos y decimos: "¡Qué buen carácter tiene!", o: "¡qué mal carácter tiene!".

El carácter, tal como nos lo da Dios, suele ser bueno con defectos. Y si lo cultivamos y formamos, se libra de los defectos y aumenta lo bueno que tiene de su naturaleza, aumentando así nuestros méritos. Educa, pues, tu carácter.

Lo primero que debo hacer es conocer mi carácter. ¿Me conozco? ¿Qué carácter tengo? ¿Bueno o malo? ¿Enérgico o débil? ¿Valiente o tímido? ¿Vehemente o apático? ¿Impetuoso o parado? ¿Alegre o triste? ¿Sincero y noble, o doblado y tramposo? ¿Variable y caprichoso, o constante y formal? ¿Flexible o inflexible y terco? ¿Entero o blando? ¿Afable y risueño, o áspero y hosco? ¿Humilde y servicial, o soberbio y desdeñoso? ¿Leal o falso? ¿Perezoso y dejado, o diligente y trabajador? ¿Digno o degradado? ¿Fuerte o débil? ¿Animoso o apocado? ¿Razonable o alocado?

¿Qué pensarán otros de mi carácter?

Lo segundo que debo hacer es educar mi carácter; para lo cual me hace falta reflexionar siempre al obrar, tomarme cuentas después de obrar, castigarme cuando obro mal, sin perdonarme; corregirme y siempre ir adelante a lo bueno. El mejor medio es examinarse la conducta todos los días unos minutos, o al acostarse, o a la mañana siguiente.

Tal vez no tengo carácter, ninguna energía, ninguna cualidad en mi modo de ser, sino las generales y muy generales, indefinidas y vagas. ¡Qué gran desgracia!

El hombre es lo que es el carácter y vale lo que vale su carácter. Si el carácter es bueno, el hombre es bueno; si el carácter es malo, el hombre es malo; si el carácter es rico en cualidades buenas, el hombre vale mucho; si es nulo, el hombre no vale nada.

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15.9.21

Luces Vespertinas: 5. Mis oraciones



¡Qué poco rezamos los hombres! ¿Y por qué? Porque obligación tenemos, y los hombres más que las mujeres ya que somos más vehementes en las pasiones, tenemos cargos y responsabilidades que, de ordinario, nos llevan a cometer más pecados.

La doctrina católica enseña:

- 1º, que para salvarnos nos es necesario orar;

- 2º, que sin orar no podemos permanecer sin pecado mucho tiempo;

- 3º, que aún para muchas cosas humanas nos es muy necesaria o conveniente la oración;

- 4º, y que si oramos frecuentemente pidiendo a Dios nuestra salvación, nos salvaremos de seguro. Yo, ¿oro? ¿Rezo algo? ¿Sé las oraciones comunes de la Iglesia?

¿Rezo algunas oraciones al levantarme, al acostarme y después de comer? ¿Invoco a Dios en las tentaciones de pecar, y/o en los casos apurados?

¿Oigo misa los domingos? ¿Y por qué no, además, otros días? ¿No podría? Esta sería una de las mejores devociones. Y en la misa, ¿estoy distraido? ¿O llevo devocionario? ¿Y por qué no? Y, ¿estoy en buena postura?

¿Visito al Santísimo siquiera una vez al día?

¿Rezo algo en familia, por ejemplo, el rosario?

¿Comulgo frecuentemente? ¿O una sola vez al año? ¿Y por qué no con más frecuencia? La misa y la comunión diaria sería la mejor devoción de un cristiano.

Y si caigo en pecado mortal, ¿estoy mucho tiempo en él? ¿Por qué no hago pronto un acto de contrición pidiendo a Dios mi perdón? ¿Y por qué, si puedo, no me confieso pronto y comulgo?

En mi casa, ¿hay imágenes que me inciten a orar? ¿Cuadros cristianos? ¿Agua bendita? ¿Un crucifijo decente, que no debe faltar en ninguna casa cristiana?

¿Tengo una piedad egoísta, inútil, sensual, hipócrita, supersticiosa, nimia, ñoña, con lo que desacredito la verdadera devoción? ¿Tengo mucha piedad y poca caridad? ¿Muchas devociones y descuido de mis obligaciones?

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