8.12.19

Oraciones en casa del difunto. Al colocar el cadáver en el féretro


A/. Señor, tú has dicho: "Si el grano de trigo muere da mucho fruto". Haz que este cuerpo, humillado ahora por la muerte, descanse de sus fatigas y, como semilla de resurrección, espere tu venida mientras su alma goza entre los santos por los siglos de los siglos.

T/. Amén.

A/. Por el amor y alegría que irradió su mirada.

R/. Concédele, Señor, contemplar tu rostro.

A/. Por el dolor y las lágrimas que oscurecieron sus ojos.

R/. Concédele, Señor, contemplar tu rostro.

A/. Por haber creído en ti sin haber visto.

R/. Concédele, Señor, contemplar tu rostro.

A/. Señor, este rostro que nos ha sido tan querido va a desaparecer para siempre de nuestros ojos; ahora levantamos hacia ti nuestra mirada: haz que este(a) hermano(a) nuestro(a) pueda contemplarte cara a cara en tu reino, y aviva en nosotros la esperanza de que volveremos a ver este mismo rostro glorificado junto a ti y gozaremos de él en tu presencia por los siglos de los siglos.

T/. Amén.

A/. Señor, escucha nuestra oración por tu siervo(a) N.

R/. Señor, ten piedad.

A/. Ilumina sus ojos con la luz de tu gloria.

R/. Señor, ten piedad.

A/. Perdónale sus pecados y concédele la vida eterna.

R/. Señor, ten piedad.

A/. Atiende a los que te suplican y escucha la voz de los que lloran.

R/. Señor, ten piedad.

A/. Consuélanos en nuestra tribulación.

R/. Señor, ten piedad.

A/. Oremos como nos enseñó el Señor.

T/ Padre nuestro... | Ave María... | Gloria al Padre...

Nota: Estas oraciones están tomadas del "Ritual de Exequias" de la Comisión Episcopal Española de Liturgia (2ª edición 1989). Dada la escasez de sacerdotes, están pensadas para ser dirigidas por laicos. Si el difunto es un niño, un joven, un accidentado o suicida se hacen las adaptaciones convenientes. La letra A/ significa "Animador" (el que dirige la celebración), T/ significa "Todos", L/ significa "Lector", R/. "Respuesta", y N. es para decir el nombre del difunto.

7.12.19

Oraciones en casa del difunto. A la hora de expirar


(Algún familiar o amigo puede hacer la señal de la cruz en la frente del difunto y decir):

A/. Que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo estén contigo, te infundan esperanza y te conduzcan a la paz de su reino.

Concede, Señor, a nuestro(a) hermano(a) N., cuyos ojos no verán más la luz de este mundo, contemplar eternamente tu belleza y gozar de tu presencia por los siglos de los siglos.

T/. Amén.

A/. Este primer mundo ha pasado definitivamente para nuestro(a) hermano(a) N. Pidamos al Señor que le conceda gozar ahora del cielo nuevo y de la tierra nueva que él ha dispuesto para sus elegidos.

A/. Vengan en su ayuda, santos de Dios; salgan a su encuentro, ángeles del Señor.

R/. Reciban su alma y preséntenla ante el Altísimo.

A/. Cristo que te llamó te reciba, y los ángeles te conduzcan al seno de Abrahán.

R/. Amén.

A/. Dale, Señor, el descanso eterno.

R/. Y brille para él (ella) la luz perpetua.

A/. Hacia ti, Señor, levantamos nuestros ojos; contempla nuestra tristeza, fortalece nuestra fe en este momento de prueba y concede a nuestro(a) hermano(a) N. el descanso eterno.

T/. Amén.

· Que Cristo, que sufrió la muerte de cruz por N. le conceda la felicidad verdadera, roguemos al Señor.

Todos: Te lo pedimos, Señor.

· Que Cristo, el Hijo de Dios vivo, lo (la) reciba en su paraíso, roguemos al Señor.

T/. Te lo pedimos, Señor.

· Que Cristo, el buen Pastor, lo (la) cuente entre sus ovejas, roguemos al Señor.

T/. Te lo pedimos, Señor.

· Que le perdone todos sus pecados y lo (la) agregue al número de los elegidos, roguemos al Señor.

T/. Te lo pedimos, Señor.

· Que pueda contemplar cara a cara a su Redentor y gozar de la visión del Señor por lo siglos de los siglos, roguemos al Señor.

T/. Te lo pedimos, Señor.

A/. Oremos como Jesús nos enseñó.

T/. Padre nuestro...

A/. Te pedimos, Señor, que tu siervo(a) N. que ha muerto ya para este mundo, viva ahora para ti y que tu amor misericordioso borre los pecados que cometió por fragilidad humana. Por Jesucristo nuestro Señor.

T/. Amén.

Nota: Estas oraciones están tomadas del "Ritual de Exequias" de la Comisión Episcopal Española de Liturgia (2ª edición 1989). Dada la escasez de sacerdotes, están pensadas para ser dirigidas por laicos. Si el difunto es un niño, un joven, un accidentado o suicida se hacen las adaptaciones convenientes. La letra A/ significa "Animador" (el que dirige la celebración), T/ significa "Todos", L/ significa "Lector", R/. "Respuesta", y N. es para decir el nombre del difunto.

6.12.19

Las exequias por los difuntos


El Concilio Vaticano II decidió que las exequias "debían expresar más claramente el sentido pascual de la muerte cristiana" (SC 81). La Congregación para el Culto divino publicó el nuevo "Ritual de exequias" el 1 de junio de 1970 que ofrece muy variados materiales para este fin. "Es necesario que los cristianos recuperen el sentido pascual de la celebración cristiana de la muerte y que, a través de las exequias, afirmen su fe y esperanza en la vida eterna y en la resurrección" (Ritual 11).

Más que subrayar los aspectos lúgubres, habrá que insistir en el sentido de fe y esperanza. Las exequias o conjunto de celebraciones de la muerte cristiana ofrecen múltiples aspectos.

4.12.19

El sentido de la muerte cristiana


La muerte del cristiano halla su sentido en la muerte de Cristo en tres planos. En el plano sacramental se incorpora a la muerte y resurrección de Cristo por el bautismo, pues muere al hombre viejo heredado de Adán y resucita a un hombre nuevo según Cristo (Rom 6, 1s) y la actualiza en la eucaristía que es el sacramento que hace presente la muerte del Señor. En el plano moral comparte la muerte de Cristo en el dolor, la enfermedad y los sufrimientos de la vida diaria, llevando la cruz en seguimiento del Señor (Mc 8, 34). Por último en el plano físico, en la muerte corporal, se une a Cristo en su muerte con la esperanza de compartir con él su resurrección (Ritual 7).

Por la muerte, el cristiano participa en el Misterio Pascual de Cristo; es su paso de esta vida a la vida de Dios a través de la muerte y con la esperanza de participar en la resurrección. Es importante valorar este sentido consolador de la muerte cristiana. Y a la vez la unión existente entre la Iglesia peregrina y la Iglesia del cielo (la Iglesia triunfante).

3.12.19

La muerte y resurrección de Cristo


El centro de nuestra fe es Jesucristo. En él reconocemos al Hijo de Dios hecho hombre como nosotros, menos en el pecado. Él nos enseñó una manera nueva de vivir, se hizo obediente hasta la muerte en cruz (Fil 2, 8) y al resucitar venció la muerte y nuestro pecado. La muerte de Jesús supuso para sus seguidores una crisis profunda que provocó su huida y el fin de sus esperanzas. No les fue fácil asimilar que el Mesías tenía que morir (Mc 8, 31). Era para ellos la manifestación de un Dios débil y a merced del hombre en el que no podían creer. La muerte de su enviado era un escándalo. A la luz de la nueva realidad de la resurrección pudieron comprender los designios de Dios ("estaba escrito", "debía suceder") y reflexionar sobre el sentido de esa muerte.

La muerte de Jesús es consecuencia de su fidelidad a Dios y de su solidaridad con los hombres. Él es el inocente que ocupó el lugar de los culpables, que somos nosotros; su muerte fue "por nuestros pecados" (1 Cor 15, 3). En su cruz se manifiesta Dios como débil, solidario con los dolores y muerte de la humanidad, como el Dios que ama hasta el extremo de la muerte. En esa muerte Cristo nos consiguió el perdón y nuestra amistad y reconciliación con Dios que establece con los hombres una alianza "nueva y eterna" sellada con su propia muerte. En la eucaristía, por mandato de Jesús, hacemos presente su cuerpo entregado a la muerte por nosotros y su sangre derramada por nuestra salvación y renovamos esta alianza definitiva entre Dios y los hombres.