1.4.20

El tesoro de la castidad


Las cristianas dignas prefieren la virtud a todas las cosas. Ellas, con heroica firmeza, vencen la lógica perversa de sus jueces. "Sea todo lo que Dios quiera", responde la esclava Sabina al neócoro Polemón (Passio S. Afrae 2). "Pienso - dice Teodora al prefecto de Egipto - que tú no ignoras que Dios ve nuestros corazones y considera en nosotros una sola cosa: la firme voluntad de permanecer castas. Si me obligas, pues a sufrir ultraje, padeceré violencia. Estoy dispuesta a entregar mi cuerpo, sobre el que tú tienes poder; pero sólo Dios tiene poder sobre mi alma" (passio S. Pionii 7).

A veces las mártires, para escapar al ultraje de su pudor, provocan furiosamente al juez para conseguir la pena de muerte.

27.3.20

Diálogo de Santa Adriana ante el juez, con ocasión de su martirio


En las Actas del martirio de Santa Adriana, mártir de Frigia, se da este diálogo:

- ¿Cuál es tu nombre? - Le pregunta el juez.

- ¿Qué importa mi nombre? Yo soy cristiana.

- ¿Es éste tu amo?

- Es solamente dueño de mi cuerpo, pero el señor de mi alma es Dios.

- ¿Cómo no adoras a los dioses que tu dueño adora?

- Yo soy cristiana, y no adoro a ídolos mudos, sino al Dios vivo y verdadero, al Dios eterno.

Estas respuestas desconcertaban totalmente la mentalidad pagana de la época.

Nota: Santa Adriana (Santa Ariana o Santa Ariadna) de Frisia o de Prymnesso, mártir del siglo I. Celebra su festividad el 17 de septiembre.

26.3.20

San Luis María Grignion de Monfort y su amor a la cruz


La devoción a la cruz es absolutamente central en la espiritualidad de San Luis María Grignion de Monfort, como en tantos otros santos cristianos. Encabeza con frecuencia sus cartas con el lema: "¡Viva Jesús, viva su cruz!". En una de sus obras principales, "El amor de la Sabiduría eterna", ofrece un programa completo de vida cristiana fundamentado en la cruz de Cristo (capítulos XII-XIV). Son también muy hermosos los cánticos que dedica a la cruz, especialmente el 11, "La fuerza de la paciencia", de treinta y nueve estrofas; el 13, "La necesidad de la penitencia", y el 19, "El triunfo de la cruz".

En la Francia de 1700 existe en muchas diócesis una asociación de fieles llamada "Los Amigos de la Cruz", y Montfort la establece en Nantes, en 1708, al terminar la misión que dio allí en una parroquia.

25.3.20

Envía a tu ángel a escuchar la Santa Misa por ti


Oración para enviar a tu ángel de la guarda cuando no puedas ir a la Santa Misa:



Oh Santo ángel que estás a mi lado, acude a la Santa Misa por mí.

Arrodíllate en mi lugar, que tu presencia ocupe el sitio que yo quisiera ocupar frente al sagrario.

En el ofertorio, toma todo lo que soy y tengo y colócalo como un sacrificio sobre el trono del altar.

En la sagrada consagración, adora con amor seráfico al Señor escondido bajo las especies del vino y del pan, bajado desde el cielo por nuestro amor.

Ora por aquellos que me aman entrañablemente, y por los que me causan dolor, que la sangre de Jesús pueda limpiar todos los corazones que sufren, dé alivio a las almas, y consuelo a las ánimas del Purgatorio.

Cuando el sacerdote tome la Comunión tráeme a mi Señor, para que su dulce corazón pueda estar en el mío y yo ser su templo.

Ora para que el divino sacrificio borre todos mis pecados, me una cada día más a Dios, y cumpla siempre y en todo su Santa Voluntad.

Luego tráeme a casa la bendición de Jesús y su paz, y suplícale sepa yo aprovechar todas sus gracias.

Te agradezco, finalmente, el servicio prestado, así como tu compañía durante todos los días de mi vida, hasta hoy y desde hoy. Ayúdame a ser dócil, paciente y humilde, para que no te desagrade nunca y pueda así adorar y alabar a la Santísima Trinidad en tu compañía por toda la eternidad.

Santo ángel de mi guarda, vigila mis pasos y guárdame bajo el abrigo de tus alas.

Amén


24.3.20

Penitencia en Cuaresma


He aquí el lema propio del tiempo cuaresmal: La penitencia más agradable a Dios es sufrir resignadamente los trabajos, contratiempos y sequedades que El nos envía. Nada de penitencias que opriman el espíritu y menoscaben la salud.

El que se quita lentamente la vida no difiere mucho del que acaba con ella de un solo golpe. La discreción es la virtud más necesaria. Solo un secreto orgullo y una temeraria presunción pueden inducirnos a querer imitar a los santos en sus cosas extraordinarias.