Semana en el Oratorio

Desprecio de los bienes mundanos

Mostrando entradas con la etiqueta suplica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta suplica. Mostrar todas las entradas

15.10.19

Oraciones jaculatorias con las pequeñas acciones y momentos diarios


Al vestirse:
Cubridme, oh Jesús mío, con los méritos de Vuestro divino Corazón; adornadme con Vuestras tan amables virtudes de la dulzura y de la humildad.

Al peinarse:
Yo quisiera, oh amado Salvador mío, a ejemplo de la Esposa de los Cantares, complacer a Vuestro Corazón con uno de mis cabellos, es decir: con las más pequeñas acciones de este día. Concededme animarlas de un gran amor.

13.10.19

La Escuela del Sagrado Corazón de Jesús: 10. Santificación de las pequeñas acciones del día


Además de los grandes trazos que señalan, por decirlo así, la vida o el camino de vida que debe seguir todo fiel cristiano, hay una multitud de acciones pequeñas de suyo indiferentes que importa mucho santificar, e importa tanto más cuanto que, teniendo en cuenta su número, constituyen para el alma una gran pérdida o una gran ganancia espiritual, según sea el caso.

Jamás se repetirá bastante: para hacernos santos, el Sagrado Corazón de Jesús no quiere que cambiemos en todo rigor nuestro modo de vida. Quiere tan sólo que aprendamos a hacer dignos de una eterna recompensa nuestros deberes más vulgares, es decir, las acciones que estamos obligados a practicar todos los días por nuestro trabajo, nuestro estado, o nuestras necesidades. Y a este fin, animarlas de una intención pura y de un amor divino que las transforme y eleve a un orden sobrenatural.

11.10.19

La Escuela del Sagrado Corazón de Jesús: 9. El examen particular


El verdadero creyente y fiel seguidor de Cristo, deseoso, como debe suponerse, de su adelantamiento espiritual y su avance en esta senda, debe hacer con regularidad el examen particular.

Este examen se debe llevar sobre el defecto dominante que uno quiere combatir, o sobre la virtud especial que se desea adquirir.

1º.: Por la mañana se toma una firme resolución de trabajar, o en destruir aquel vicio, o en adquirir esta virtud.

2º.: Hacer al medio día un momento de reflexión sobre este punto, objeto del examen, para ver si ha sido fiel o si ha faltado durante la mañana, y luego hacer un acto fervoroso de contrición de las faltas cometidas.

3º.: Practicar lo mismo por la noche, al mismo tiempo que se hace el examen general de conciencia de las faltas de todo el día.

Quienes tengan poco tiempo libre, podrán hacer su examen particular recogiéndose por el tiempo de una Ave María.

Con una simple mirada a la conciencia se dará cuenta del estado de su alma, y se levantará o fortificará para el resto del día.

9.10.19

La Escuela del Sagrado Corazón de Jesús: 8. Visita al Santísimo Sacramento


Un fervoroso seguidor del Maestro debe vivir dentro del Tabernáculo; su corazón debe llevarle allá lo más frecuentemente posible. Asociado a los ángeles que rodean sin cesar al divino Cautivo, si no le es dado permanecer como ellos en adoración perpetua delante de Nuestro Señor, debe al menos ir con alegría a unir sus homenajes a los de ellos, tan pronto tenga la libertad y la oportunidad de hacerlo.

Muy propio es al creyente presentarse delante del trono Eucarístico con una confianza de hijo, hablar a Nuestro Señor con la sencillez de niño y la sinceridad de amigo. ¿No es El como su más fiel compañero, su dulce Consolador? ¡Oh!, sí: el ojo incisivo de la fe penetra hasta el fondo de la oscuridad del velo que oculta a las miradas mundanas al Maestro más amable, al Padre más tierno, al Amigo más generoso; esto es muy factible.

Representémonos al amantísimo Jesús, tan realmente presente (como lo está de hecho), tan dulce, tan amable, tan poderoso y bueno como lo era cuando vestido de carne mortal recorría Judea, derramando beneficios por todas partes.

Después de adorarle humildemente, expongámosle nuestras penas, nuestras necesidades con entera confianza, diciendo algo semejante:

"Mi buen Jesús, yo vuestro servidor, tengo este negocio espinoso, este temor, esta dificultad, este deseo...; vengo a consolarme en la ternura de Vuestro divino Corazón, y a suplicaros me ayudéis".

Ocupémonos también en los intereses de Jesús:

"¡Qué solo estás!" - le diremos - ", mi dulce Maestro, cómo Os abandonamos y Os desconocemos, a Vos, el más hermoso de los hijos de los hombres. Aceptad en compensación mis pobres homenajes y todo el amor de mi corazón. Daos a conocer, amabilísimo Jesús, haceos amar. Yo quisiera que todos los corazones fuesen conquistas y víctimas de Vuestro amor".

Y añadiremos:

"¡Oh amor!, amor desconocido, amor olvidado, desechado; triunfad, triunfad pronto de mi dureza y de la dureza de todos los hombres. Haced que vengamos a Vuestros pies constantemente, encadenadnos con los dulces lazos de Vuestro amor, y no nos dejéis en la perdición que supondría alejarnos de Vos".

7.10.19

La Escuela del Sagrado Corazón de Jesús: 7. La Sagrada Comunión


El creyente debería vivir de manera que pudiera comulgar todos los días si su confesor se lo permitiese. Al menos, no omitir por su culpa una sola de sus comuniones. Comulgar frecuentemente es corresponder al deseo más dulce e imperioso del Corazón de Jesús, porque el amor quiere la unión, no reposa sino en la unión.

Demos, pues, a nuestro amabilísimo Salvador, tan lleno de amor por nosotros, esta suma complacencia que anhela. La pequeña forma que nos está destinada, y que desde hace algunos días quizá reposa en el Copón, allí está ocultando un Corazón que late de amor por nosotros, que arde de deseo de unirse con nuestro corazón tan miserable, tan indigno. Si pudiéramos comprender sus palpitaciones inefables, las suaves emociones del Corazón de un Dios herido de amor por su ingrata y frágil criatura, ciertamente moriríamos de felicidad.

El creyente que vive cerca del Corazón de Jesús, es el que debe conocerle mejor y amar más, es el ser afortunado a quien toca corresponder plenamente a un tal amor. Nuestras comuniones deben ser frecuentes, humildes, fervorosas. Preparémonos, pues, desde la víspera con piadosas oraciones jaculatorias, y algún pequeño sacrificio ofrecido a un Dios tan bueno, que nos viene a enriquecer con sus dones.

Cuando tengamos a Jesús en el corazón, esforcémonos con ternura filial en consolar a este dulce Salvador del olvido e ingratitud de los hombres, que tan mal pagan su incomparable amor. En el día y durante la hora de adoración, multipliquemos las jaculatorias de acción de gracias, evitemos las menores faltas y, si se puede, hagamos por la tarde una visita al divino prisionero del Tabernáculo para darle gracias de haberse dado de nuevo a nosotros en la sagrada comunión.

5.10.19

La Escuela del Sagrado Corazón de Jesús: 6. La confesión


Quien más ha recibido debe amar más, debe concebir un pesar más grande de las menores faltas cometidas contra su divino Bienhechor, y debe purificarse lo más pronto posible; nunca se recomendará bastante a los devotos adoradores que se confiesen cada poco tiempo, según les aconseje su confesor, a poder ser cada mes.

Debemos excitarnos a una viva contrición de nuestras faltas, confesarlas humildemente, y esforzarnos cada día en que sean menos numerosas y más ligeras.

3.10.19

La Escuela del Sagrado Corazón de Jesús: 5. La Santa Misa


Hay una multitud de métodos excelentes para asistir con fruto al santo Sacrificio de la Misa, no hay necesidad de indicar al verdadero creyente ninguno en particular. La Santa Misa es la continuación del Sacrificio cruento ofrecido en el árbol de la Cruz por Nuestro Señor Jesucristo. Por consiguiente, siendo nosotros hijos del Calvario, tenemos nuestro puesto al pie del altar, donde debemos permanecer como lo hubiéramos hecho al pie de la Cruz, en compañía de la Santísima Virgen, de San Juan, y de Santa Magdalena, consolando y acompañando a Jesús víctima durante tres horas de agonía, como si se nos hubiera sido concedido hallarnos realmente presentes al gran sacrificio de la Cruz.

Debemos unirnos a las disposiciones interiores de los corazones purísimos y constantemente inmolados de Jesús y María, ofrecerse con ellos en sacrificio a la Santísima Trinidad, glorificar a Dios y darle gracias por todos sus beneficios y su compasión para con nosotros.

1.10.19

La Escuela del Sagrado Corazón de Jesús: 4. La meditación y el acto de presentación


Cualquiera que sea la posición o las ocupaciones de un fiel adorador, no hay circunstancia ninguna en que no se pueda hacer alguna meditación. El método indicado más adelante es accesible a todos, y esta santa práctica es más fácil de lo que generalmente se cree.

Toda persona, aún la más sencilla, reflexiona lo que quiere hacer, piensa en lo que ama. Esta es la meditación en el orden natural de las cosas. Respecto a Nuestro Señor, es más fácil todavía, sobre todo cuando se tiene algún amor a este dulce Maestro, algún deseo de imitarle y agradarle.

29.9.19

La Escuela del Sagrado Corazón de Jesús: 3. La oración de la mañana


Para fijar nuestra imaginación y nuestro corazón, presentémonos delante del dulcísimo Jesús, como un niño arrodillado delante de su amorosa madre, con las dos manos entre sus manos, y comencemos nuestra oración. Hagamos una oración corta, pero fervorosa, desechando toda preocupación de negocios y todo pensamiento inútil. Cinco minutos bastan para este ejercicio.

Y, ¿qué imaginación, por ligera que sea, no puede fijarse durante un tiempo tan corto y empleando el método indicado arriba?

No entristecerse, ni menos desalentarse por las distracciones involuntarias. El Corazón de Jesús no se ofende por ellas; como una madre que ve a su hijo niño volver la cabeza una y otra vez a cada palabra que le dirige: es enfermedad, debilidad. Y nuestro Señor nos perdona de buen grado. Pero una actitud o posición indolente, divagación continua de espíritu, esto es lo que desagrada a su Corazón y seca la fuente de sus gracias. La oración es el canal que nos las trae, si se hace mal, es un canal que no vuelve a su origen, el Corazón de Dios, y deja nuestra alma seca, árida, sin fuerza para practicar la virtud durante el resto del día.

27.9.19

La Escuela del Sagrado Corazón de Jesús: 2. Al despertar


Presentémonos a Jesús presenciando nuestro despertar como una madre el de su hijo. Arrojémonos en sus brazos con filial confianza, y digamos desde el fondo del alma: "Dios mío, Os adoro, Os amo, Os doy mi corazón; ocultadme en la Llaga de Vuestro dulcísimo Corazón, oh Jesús, y durante este día preservadme de la desgracia de incurrir en Vuestro desagrado".

Hágase luego la señal de la Cruz en la frente, en la boca, y en el corazón diciendo:

"Padre eterno, Os consagro todos los pensamientos† de mi alma; Verbo encarnado, Os ofrezco todas mis palabras†; Espíritu Santo de Amor, Os dedico todos los afectos† de mi corazón".

Armados así para el diario combate, levantémonos prontamente, desechando toda pereza. Este primer sacrificio fortifica el alma y atrae sobre ella una especial bendición del Señor para el día entero.

26.9.19

La Escuela del Sagrado Corazón de Jesús: 1. Introducción


"Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón".

El amor no es conocido, el amor no es amado..., exclamaba San Francisco de Asís, derramando torrentes de lágrimas. ¿Qué diría si viera a los hombres ingratos alejarse más y más del tierno y generoso Salvador que los ha rescatado con el precio de toda su sangre?

¡Ah!, que haya al menos corazones abnegados que se levanten y rodeen a nuestro divino Maestro, diciéndole a cada hora: "Señor, si nuestros hermanos ingratos rechazan Vuestro amor, Os llenan de ultrajes, tratan de que se olvide Vuestro santo Nombre, nosotros queremos, por nosotros mismos y por ellos, amaros, glorificaros y, si es posible, conquistar para Vos todos los corazones".

Con este objeto, el verdadero adorador debe, no sólo santificar su hora dedicada al Señor, sino distinguirse por una vida ejemplar y por el fiel cumplimiento de la voluntad de Dios. Con este fin vaya a la escuela del Corazón de Jesús, y trate de copiar trazo por trazo y rasgo por rasgo este divino Modelo, puesto que nadie entrará en la gloria si no se parece a este original.

24.9.19

Rezo del Vía Crucis


Oración preparatoria

¡Oh Jesús! Deseamos seguir con Vos el camino del Calvario. Hacednos comprender la grandeza de Vuestros sufrimientos, y moved nuestros corazones para detestar nuestros pecados y amaros siempre más. Dignaos aplicarnos los méritos infinitos de Vuestra pasión, y con memoria de Vuestros dolores, tened misericordia de las benditas ánimas del Purgatorio, sobre todo del alma de (dígase el nombre del difunto que se desee), y de las que están más abandonadas en aquel lugar de alejamiento de Vos. A esta intención Os ofrecemos las indulgencias concedidas a este tan piadoso ejercicio de caridad.

¡Oh divina María del Carmelo!, que fuisteis la primera en enseñarnos el camino de la Cruz; obtenednos la gracia de seguir a Jesucristo con los afectos de los que Vuestro Corazón estaba lleno, cuando le acompañásteis en el camino del Calvario. Haced que lloremos con Vos, y que como Vos amemos a Vuestro divino Hijo. Os lo pedimos por su sagrado Corazón, tan profundamente herido por el olvido, la ingratitud y los pecados de los hombres.

Así sea.

22.9.19

Oración de intenciones generales


Señor Jesucristo, por el poder de tu Pasión y Resurrección, toca a los que están heridos en su corazón, a los que han sido heridos por las injusticias de la vida, sana las heridas de su memoria, para que ningún recuerdo del pasado pueda mantener en ellos tristeza o temor, y llénalos de paz, llénalos de tu Santo Espíritu.

Sana a los que sufren en su alma por culpa del pecado, dándoles un profundo arrepentimiento, y sana a los enfermos físicos para que puedan extender con su testimonio tu reino de Amor entre los hombres.

Amén.

17.9.19

Conclusión de la Hora Santa


¡Padre Santo, que habéis amado tanto al mundo que le habéis entregado y sacrificado a Vuestro Hijo único, nosotros Os bendecimos por esta incomprensible misericordia! No pudiendo hacerlo dignamente, Os damos gracias por medio del Corazón de nuestra dulce y santa Víctima. ¡Después de hacerse nuestra redención, se hará nuestra acción de gracias! Y a Vos, oh Salvador, oh Cordero, oh amor nuestro inmolado, Os alabamos, Os bendecimos, Os glorificamos por todos los siglos, por haberos sacrificado por la salvación de Vuestras pobres criaturas.

Por medio del Corazón de María inmolada al pie de la Cruz, por la voz elocuente de sus lágrimas de Madre, Os damos gracias, y Os rogamos, oh Jesús amadísimo, que con tu gracia podamos huir del pecado, combatir nuestras perversas inclinaciones, vencer nuestra repugnancia y resistencia para el bien, y nuestro apego al mundo y sus falsos placeres, repitiendo con Vuestra fiel amante Santa Margarita María:

"El amor divino me ha vencido, él solo poseerá mi corazón".

Concedednos también, ¡oh Jesús, Pan de Vida!, la perseverancia hasta el final.

Amén.

15.9.19

Último cuarto de hora de la Hora Santa


"Ya el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vamos".

Jesús había orado tres veces diciendo: "Padre, si es posible, pase de mí este cáliz", añadiendo luego: "No se haga mi voluntad, sino la Vuestra". Ahora bien, esta voluntad santa era que el adorable agonizante muriese, "porque la muerte es la paga del pecado".

"Levantaos - dijo a sus discípulos -, y vamos". "¿A dónde, mi dulce Maestro y Señor". "Al beso de Judas, al Pretorio, a la Columna, al Calvario, al patíbulo infame...". Y, adelantándose a la tropa enemiga que viene a prenderle: "¿A quién buscáis?", - les preguntó. "-A Jesús de Nazaret...". "Yo soy".

¡Oh gran Combatiente de amor! ¡Oh Luchador magnánimo que nos convidáis a seguiros! "Henos aquí", vuestros adoradores Os escoltarán debidamente, subirán con Vos a la montaña santa de los dolores, que es "el monte de los amantes". Bajo Vuestras órdenes, oh Rey inmortal de los siglos, queremos pelear el buen combate, vencer al príncipe de las tinieblas, triunfar del mundo, y morir resueltamente a nosotros mismos, a fin de vivir solo para Vos.

"Vamos y muramos con él".

Transportémonos en espíritu al Calvario. Adoremos al divino ajusticiado expirando en el árbol de la Cruz: Él es el Amor muerto de amor. ¿No viviremos en adelante para amarle únicamente? Sí, en retorno entreguémonos todos a Jesús, y por Él, con Él y en Él, al beneplácito divino.

Unamos nuestras pobres inmolaciones a su continua inmolación en el altar. Volvamos sacrificio por sacrificio, amor por amor, al Corazón herido de Jesús, y entremos en seguimiento de la Santísima Virgen María, San Juan y Santa María Magdalena, en su Llaga adorable, para no salir jamás de ella.

Haec Requies Mea.

Haec requies mea in saeculum saeculi; hic habitabo, quoniam elegi eam.

Señor, mi corazón no es soberbio, ni mis ojos altivos;
no ando tras las grandezas,
ni en cosas demasiado difíciles para mí;

sino que he calmado y acallado mi alma;
como niño destetado en el regazo de su madre,
como niño destetado reposa en mí mi alma.

Espera, oh Israel, en el Señor,
desde ahora y para siempre.

| Preparación: OratorioCarmelitano.com / OratorioCarmelitano.blogspot.com

12.9.19

Tercer cuarto de hora de la Hora Santa


"¡Qué! ¿No habéis podido velar una hora conmigo?".

La Víctima santa, inundada en su sangre, se levanta buscando quien la consuele... Pero, ¡ay!, el gran Justo abandonado en Getsemaní hubo de exprimir solo el lagar... Sus tres más queridos e íntimos amigos, Pedro, Santiago y Juan, dormían a algunos pasos de allí. ¿Quién podrá decir el dolor que sintió Jesús por semejante abandono, a tal hora, en tal lugar? Pero su amantísimo Corazón debía conocer todos los dolores y cubrirnos con toda su indulgencia: "¡Qué! ¿No habéis podido verla ni una hora conmigo?". Qué dulce reprimenda, seguida de aquella caritativa advertencia: "Velad y Orad, para que no caigáis en tentación".

¡Oh Maestro agonizante, y siempre paciente y bondadoso, no permitáis que Vuestros escogidos, Vuestros adoradores, se adormezcan jamás cobardemente en el puesto de amor en que Vos los habéis tan misericordiosamente colocado!

En Vuestro tabernáculo, como en el Huerto de los Olivos, sufrís aún todos los horrores de una lenta agonía. Allí Os persiguen las traiciones, la ingratitud de los hombres Os hace gemir, lloráis nuestros crímenes, y los confesáis día y noche a Vuestro Padre Celestial. ¡Oh Jesús, dulcísimo Jesús que, careciendo de los divinos consuelos, nos habéis convidado a consolaros!, hacednos vigilantes y esforzados, generosos y enteramente dedicados a Vuestro sagrado Corazón. Enseñadnos a orar y velar, para no caer en la tentación y para que así nos libremos de todos los peligros de la hora presente.

Por el incomparable desamparo de Vuestro Corazón en Getsemaní, tened piedad, ¡oh, Jesús!, de los afligidos. Consoladlos, sostenedlos y santificadlos en la hora de la prueba.

Piedad también, Señor, para los agonizantes, y para nosotros mismos, cuando llegue la terrible hora de comparecer delante de Vos, y de recibir la sentencia que nos hará dichosos o desgraciados por toda una eternidad.

Amén.

10.9.19

Segundo cuarto de hora de la Hora Santa


"Padre, si es posible, que pase de mí este cáliz".

No solamente Jesús se ha revestido de nuestras iniquidades y las ha confesado a la Majestad divina, sino que las ha expiado en su Corazón, en el Huerto, en su carne santísima, sobre la Cruz.

Consideremos, lo primero, que sobre el Corazón santísimo de su muy amado Hijo va a descargar el Eterno Padre su enojo, y a ejercer todo el rigor de su justicia.

Consideremos a Jesús, dulce Cordero, mansedumbre infinita, entregado al terror de la vista de su Padre irritado. El temor, el tedio, la tristeza, se apoderan de su alma santísima. Comienza a temer, "pavere", a la vista de los tormentos que le esperan, a sentir un tedio mortal, "taedere", causado por la ingratitud de los hombres y por la inutilidad de su Pasión para tantos, y a afligirse, "maestus esse", con amarga tristeza mirando nuestros innumerables pecados, los cuales ha tomado sobre sí, abrevado de amargura.

Y el alma santísima del Salvador, llena de temor, pide misericordia: "Padre, si es posible, pase de mí este cáliz"... Su espíritu se turba, su cuerpo tiembla y suda sangre hasta regar con ella la tierra.

Escuchemos lo que el mismo Nuestro Señor reveló a santa Margarita María acerca de la lucha formidable que sostuvo en el huerto de Getsemaní:

"He comparecido - dijo - ante la Santidad de Dios, quien, sin atender a mi inocencia, me ha anonadado en su santa ira, haciéndome beber el cáliz lleno de la hiel y de la amargura de su justa indignación, como si hubiera olvidado el nombre de Padre para sacrificarme a su justa cólera".

"No hay criatura alguna - añadió Nuestro Señor -, que pueda comprender los grandes tormentos que sufrí entonces, y este mismo dolor es el que experimenta el alma criminal cuando comparece ante el tribunal de la santidad divina, que pesa en algún modo sobre ella, la lastima con su peso, la oprime y la destroza porque así lo pide la divina justicia".

¡Oh!, pensemos que un día tendremos nosotros que comparecer también ante la santidad de Dios; preparémonos a sufrir sus rigores, porque "si esto se hace en el leño verde, ¿en el seco qué se hará?".

Y sobre todo, seamos indulgentes con nuestros hermanos, no los juzguemos y no seremos juzgados. Con la misma medida con que midiéramos, seremos medidos.

Miserere mei Deus... In te Domine speravi. ("Misericordia mi Dios. En tí espero").

8.9.19

Primer cuarto de hora de la Hora Santa


"Mi alma está triste hasta la muerte".

Consideremos a Jesús, el gran penitente de amor, al Cordero inmaculado presentándose delante de su Padre, cargado con todas las iniquidades del mundo: "se hizo pecador por nosotros", dice San Pablo. Se hizo nuestro fiador, y ha de pagar hasta el último cuadrante de nuestra deuda.

Todas las abominaciones, impurezas, traiciones, atentados, maldades, sacrilegios..., todos los crímenes, para decirlo en una palabra, que han manchado y mancharán a la humanidad entera, Él, la Santidad infinita, se ha revestido de ellos como de una lepra asquerosa.

Cubierto con este manto de ignominia, se arrodilla para confesar, en el tribunal de la Justicia divina, todos los pecados de los hombres.

Confiteor Deo omnipotenti...
Yo confieso ante Dios omnipotente...


Y no solamente los confiesa uno a uno, sino que le producen una vergüenza inexplicable y contrición infinita, e implora desde el fondo del abismo de humillación y de dolor en que está sumergido, el más humilde perdón de ellos.

De profundis clamavi ad te Domine...
Desde lo hondo a ti clamo, Señor...


¡Ah!, el pecado, ese lodo inmundo, ese mal abominable con que el nobilísimo Hijo de Dios se siente como impregnado hasta lo más íntimo de su sustancia, le llena de tan gran angustia que, cayendo postrado sobre su rostro, exclama: "Tristis est anima mea usque ad mortem!" ("Mi alma está triste hasta la muerte").

Dulcísimo Cordero que quitáis los pecados del mundo, preservadnos para siempre de este único y supremo mal. Por el mortal desamparo a que nuestras iniquidades Os redujeron en Getsemaní, hacednos concebir un vivo dolor de nuestros pecados y la enérgica resolución de no ofenderos más en adelante.

Perdón, Señor, para nosotros; perdón para los pobres pecadores, nuestros hermanos.


Acto de contrición. - Parce Domine.

6.9.19

Oración de preparación para la Hora Santa


¡Oh amantísimo Jesús, inmolado por nosotros! ¡Oh amado Salvador nuestro!, permitid que me arrodille a vuestro lado, en el huerto de los Olivos, y que pase íntimamente unido a vuestro corazón agonizante, la Hora Santa que habéis pedido a vuestra fidelísima amante y víctima, Santa Margarita María.

Concededme, oh adorable Salvador, una íntima participación de vuestros incomprensibles dolores, y de los sentimientos de compasión que llenaron el alma de vuestra Santísima Madre en aquella noche de mortales angustias. Os ofrezco, para suplir mi insuficiencia, los afectos de esta Madre amantísima, los de los Santos, y los de todas las almas que más os han consolado en este Misterio de dolor y de amor; y también los de todos vuestros fieles que, en esta misma hora, se asocian al amarguísimo desamparo de vuestra santísima Alma en el huerto de Getsemaní.

Oh Jesús, misericordia y dulzura mía, oh suavísimo y afligidísimo Maestro, toleradme en vuestra presencia, escuchadme, bendecidme y sumergidme en el océano de amargura que va a invadir y llenar de vuestro dulcísimo Corazón.

Amén.

3.9.19

Origen de la devoción de la Hora Santa


La devoción de la Hora Santa tuvo su origen en la oración que Jesús hizo en Getsemaní, la víspera de su muerte en la noche del Jueves al Viernes Santo.

Consiste en pasar una hora entera en oración, de las once a las doce de la noche de ese día, todas las semanas.

Su institución se debe a Nuestro Señor mismo, que la pidió a su fiel sierva Santa Margarita María en estos términos:

"Todas las noches del Jueves al Viernes, te haré participante de aquella mortal tristeza que quise sentir en el huerto de los Olivos... Y para acompañarme en la humilde oración que presenté entonces a mi Padre, te levantarás entre las once y las doce de la noche, y prosternada, pegando el rostro con la tierra, procurarás no solo aplacar la ira divina pidiendo la gracia para los pecadores, sino también endulzar de alguna manea la amargura que sentí por el abandono de mis Apóstoles, a quienes reprendí por no haber podido velar una hora conmigo".